9 viernes
Blanco
FERIA
MR p. 185 [195] / Lecc. I p. 475
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 111, 4
Una luz se levanta en las tinieblas para los hombres de corazón
recto: el Señor clemente, justo y compasivo.
ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento del
Salvador del mundo, manifestado por la estrella, sea comprendido
por nuestras mentes cada vez con mayor profundidad. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
[El Espíritu, el agua y la sangre.]
De la primera carta del apóstol san Juan 5, 5-13
Queridos hijos: ¿Quién es el que vence al mundo? Sólo el que
cree que Jesús es el Hijo de Dios. Jesucristo se manifestó por
medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con
agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque
el Espíritu es la verdad. Así pues, los testigos son tres: el Espíritu,
el agua y la sangre. Y los tres están de acuerdo.
Si aceptamos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios
vale mucho más y ese testimonio es el que Dios ha dado de su Hijo.
El que cree en el Hijo de Dios tiene en sí ese testimonio. El
que no le cree a Dios, hace de él un mentiroso, porque no cree
en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. Y el testimonio es
éste: que Dios nos ha dado la vida eterna y esa vida está en su
Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo,
no tiene la vida.
A ustedes, los que creen en el nombre del Hijo de Dios, les
he escrito estas cosas para que sepan que tienen la vida eterna.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 147
R. Demos gracias y alabemos al Señor.
Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores,
Israel. El refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus
hijos en tu casa. R.
Él mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia
tu hambre. Él envía a la tierra su mensaje y su palabra corre
velozmente. R.
Le muestra a Jacob su pensamiento, sus normas y designios
a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo, ni le ha
confiado a otro sus proyectos. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya.
Predicaba Jesús la buena nueva del Reino y sanaba toda
enfermedad en el pueblo. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Al momento desapareció la lepra.]
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 12-16
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un
leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo:
«Señor, si quieres, puedes curarme». Jesús extendió la mano y lo
tocó, diciendo: «Quiero. Queda limpio» Y al momento desapareció
la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y
añadió: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación
lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio».
Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían
a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba
a lugares solitarios para orar. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Al compadecerse y al curar a un
leproso, Jesús, se manifiesta como Señor de la vida.
De esta forma Él declara que los tiempos mesiánicos
de la liberación y de la gracia finalmente han llegado.
Liberando a este hombre de tan grande miseria, no
sólo le devuelve su autoestima y su dignidad, sino
que, además, lo reintegra al ejercicio de una normal
vida comunitaria. También hoy el Señor quiere curar
nuestras muchas “lepras”. Basta que, como este
enfermo, le digamos con fe: «¡Señor, si quieres, puedes
curarme!».
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta benignamente, Señor, los dones de tu pueblo, para
que recibamos, por este sacramento celestial, aquello mismo que
el fervor de nuestra fe nos mueve a proclamar. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Jn 4, 9
En esto se manifiesta el amor que Dios nos tiene: en que envió
al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor Dios, que nos unes a ti al permitirnos participar en tus
sacramentos, realiza su poderoso efecto en nuestros corazones,
y que la misma recepción de este don tuyo nos haga más dignos
de seguirlo recibiendo. Por Jesucristo, nuestro Señor.




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