20 miércoles
Blanco
FERIA DE PASCUA
o SAN BERNARDINO DE SIENA, Presbítero
MR pp. 715 y 904 [735 y 944] / Lecc. I p. 947
Se puede decir que este franciscano prosiguió la obra del
dominico Vicente Ferrer, como predicador popular que
exhortaba a los cristianos a levantar la vista por encima
de los conflictos de este mundo. Desde Milán hasta Roma
recorría aldeas y ciudades predicando el amor infinito de
Dios y ofreciendo el nombre de Jesús como la protección
para toda clase de males.
ANTÍFONA DE ENTRADA
Éstos son los hombres santos que se hicieron amigos
de Dios, insignes predicadores del Evangelio. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, tú que diste a san Bernardino de Siena,
presbítero, un extraordinario amor al santo nombre de
Jesús, concédenos también a nosotros, por su intercesión
y sus méritos, vivir siempre inflamados por el espíritu de
tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Ahora los dejo en manos de Dios, que puede hacerlos
crecer y alcanzar la herencia prometida.]
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 20, 28-38
En aquellos días, Pablo dijo a los presbíteros de la
comunidad cristiana de Éfeso: “Miren por ustedes mismos
y por todo el rebaño, del que los constituyó pastores el
Espíritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquirió
con la sangre de su Hijo.
Yo sé que después de mi partida, se introducirán entre
ustedes lobos rapaces, que no tendrán piedad del rebaño
y sé que, de entre ustedes mismos, surgirán hombres que
predicarán doctrinas perversas y arrastrarán a los fieles
detrás de sí. Por eso estén alerta. Acuérdense que durante
tres años, ni de día ni de noche he dejado de aconsejar,
con lágrimas en los ojos, a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo a Dios y a su palabra salvadora,
la cual tiene fuerza para que todos los consagrados a Dios
crezcan en el espíritu y alcancen la herencia prometida.
Yo no he codiciado ni el oro ni la plata ni la ropa de nadie.
Bien saben que cuanto he necesitado para mí y para mis
compañeros, lo he ganado con mis manos. Siempre he
mostrado que hay que trabajar así, para ayudar como se
debe a los necesitados, recordando las palabras del Señor
Jesús: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir”.
Dicho esto, se arrodilló para orar con todos ellos.
Todos se pusieron a llorar y abrazaban y besaban a Pablo,
afligidos, sobre todo, porque les había dicho que no lo
volverían a ver. Y todos lo acompañaron hasta el barco.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 67
R. Reyes de la tierra, canten al Señor. Aleluya.
Señor, despliega tu poder, reafirma lo que has hecho
por nosotros, desde Jerusalén, desde tu templo, a donde
vienen los reyes con sus dones. R.
Cántenle al Señor, reyes de la tierra, denle gloria al
Señor que recorre los cielos seculares, y que dice con voz
como de trueno: “Glorifiquen a Dios”. R.
Sobre Israel su majestad se extiende y su poder, sobre
las nubes. Bendito sea nuestro Dios. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Cfr. Jn 17, 17
R. Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad: santifícanos en la
verdad. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Padre, que ellos sean uno, como nosotros.]
Del santo Evangelio según san Juan 17, 11b-19
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
“Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has
dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba
con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo
velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el
que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo,
digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud
en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los
odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del
mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que
los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco
yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así
como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también,
al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que
también ellos sean santificados en la verdad”. Palabra
del Señor.
REFLEXIÓN: La efusión del Espíritu será la
decisiva ratificación de los discípulos en la verdad.
Esta singular «consagración» dará al creyente acceso a
la santidad de Dios y a una alegría rebosante, capaz de
sacarlos victoriosos frente a los ataques del «mundo».
Tales acechanzas se contrapondrán a Cristo y a los
suyos, lo mismo que las tinieblas se contrastan con la
luz. Con la fuerza de la fe en Él –y con la vida nueva
que brota de su Santo Espíritu– ellos serán finalmente
capaces de transformarlo todo, lo mismo dentro de
sí que a su alrededor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Dios todopoderoso, las ofrendas que presentamos
en la festividad de san Bernardino de Siena, y concédenos
expresar en la vida los misterios de la pasión del Señor,
que ahora celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Ez 34, 15
Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré
reposar, dice el Señor. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Por la eficacia de este sacramento, confirma, Señor, a
tus siervos en la verdad de la fe, por la que san Bernardino
de Siena nunca cesó de trabajar, dedicándole toda su vida,
para que en todas partes la profesemos, de palabra y de
obra. Por Jesucristo, nuestro Señor.




Informes Parroquiales
Informes Especiales


