8 domingo
Morado
III DOMINGO DE CUARESMA
[Se omite la Conmemoración de
SAN JUAN DE DIOS, Religioso]
MR p. 216 [228] / Lecc. I p. 60.
LH Semana III del Salterio.
En este domingo se celebra el primer escrutinio preparatorio
para el Bautismo de los catecúmenos que van a ser admitidos
a los sacramentos de la Iniciación Cristiana en la Vigilia
Pascual. Se emplean las oraciones y las intercesiones propias,
que aparecen en las pp. 937-939 [976-978].
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 24, 15-16
Mis ojos están siempre fijos en el Señor, pues él libra mis
pies de toda trampa. Mírame, Señor, y ten piedad de mí, que
estoy solo y afligido.
No se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, fuente de misericordia y de toda bondad, que
enseñaste que el remedio contra el pecado está en el ayuno,
la oración y la limosna, mira con agrado nuestra humilde
confesión, para que a quienes agobia la propia conciencia
nos reconforte siempre tu misericordia. Por nuestro Señor
Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Tenemos sed: danos agua para beber.]
Del libro del Éxodo 17, 3-7
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a
protestar contra Moisés, diciéndole: “¿Nos has hecho salir de
Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos
y a nuestro ganado?” Moisés clamó al Señor y le dijo: “¿Qué
puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen”.
Respondió el Señor a Moisés: “Preséntate al pueblo, llevando
contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano
el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante
ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella
agua para que beba el pueblo”.
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel
y puso por nombre a aquel lugar Masa y Meribá, por la
rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al
Señor, diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de
nosotros?” Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 94
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que
nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle
gracias. R.
Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos
al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros,
su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No
endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en
el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque
habían visto mis obras”. R.
SEGUNDA LECTURA
[Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio
del Espíritu Santo.]
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 5, 1-2. 5-8
Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe,
mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro
Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada
al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por él,
podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en
la gloria de Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su
amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo,
que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no
teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los
pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo,
aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por
una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios
nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún
éramos pecadores. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Cfr. Jn 4, 42. 15
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor, tú eres el Salvador del mundo. Dame de tu agua
viva para que no vuelva a tener sed. R. Honor y gloria a
ti, Señor Jesús.
EVANGELIO
[Un manantial capaz de dar la vida eterna.]
Del santo Evangelio según san Juan 4, 5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria,
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo
José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado
del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca
del mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y
Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido
al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó:
“¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí,
que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los
samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios
y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te
daría agua viva”.
La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué
sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua
viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos
dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?”
Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener
sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más
tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él
en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no
vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”.
[Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le
contestó: “No tengo marido’’. Jesús le dijo: “Tienes razón
en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora
no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.
La mujer le dijo:] “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros
padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio
donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo:
“Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte
ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no
conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la
salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está
aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al
Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre
quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir,
Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le
dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.
[En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que
estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno
le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces
la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a
la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo
que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo
y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro,
come”. Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que
ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí:
“¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi
alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a
término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan
cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten
los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para
la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos
para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el
sembrador y el segador.
Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro
el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían
trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.]
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en
Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he
hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba,
le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la
mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues
nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de
veras, el salvador del mundo”. Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Instruidos por el ejemplo de Jesús, el Señor, que en
el desierto se entregaba a la oración, oremos también
nosotros con insistencia a nuestro Dios y Padre:
1. Para que todos los fieles –por medio de las penitencias
y prácticas cuaresmales– sean purificados de sus culpas
y vean fortalecida su vida cristiana, roguemos al Señor.
2. Para que todos los pueblos alcancen la paz y el
bienestar necesario y puedan así buscar más fácilmente
los bienes del cielo, roguemos al Señor.
3. Para que el Señor conceda su fuerza a los que se ven
tentados, infunda el deseo de la conversión a los pecadores
y otorgue el consuelo del cielo a los que están tristes,
roguemos al Señor.
4. Para que infunda en todos nosotros el deseo de
una verdadera conversión, a fin de que nos preparemos
a celebrar debidamente el sacramento pascual de la
penitencia, roguemos al Señor.
Señor nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de
ofrecernos el agua viva de la gracia –que brota de la roca,
que es Cristo– concédenos el don del Espíritu, para que
manifestemos con valentía nuestra fe y anunciemos con
gozo a nuestros hermanos las maravillas de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Por estas ofrendas, Señor, concédenos benigno el perdón
de nuestras ofensas, y ayúdanos a perdonar a nuestros
hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO: I o II de Cuaresma, pp. 492-493 [493-494].
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Sal 83, 4-5
El gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido
donde poner sus polluelos: junto a tus altares, Señor de los
ejércitos, Rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en
tu casa y pueden alabarte siempre.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados en la tierra con el pan del cielo, prenda
de eterna salvación, te suplicamos, Señor, que lleves a su
plenitud en nuestra vida la gracia recibida en este sacramento.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Dirige, Señor, los corazones de tus fieles y da en tu bondad
a tus siervos una gracia tan grande que, cumpliendo en
plenitud tus mandamientos, nos haga permanecer en tu amor
y en el de nuestro prójimo. Por Jesucristo, nuestro Señor.




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