26 domingo
Verde
XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
[Se omite la Memoria de Memoria de los
SANTOS JOAQUÍN y ANA,
Padres de la Virgen María]
MR p. 429 [427] / Lecc. II p. 38. LH
Semana I del Salterio.
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 67, 6-7. 36
Dios habita en su santuario; él nos hace habitar juntos
en su casa; es la fuerza y el poder de su pueblo.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, protector de los que en ti confían, sin ti, nada
es fuerte, ni santo; multiplica sobre nosotros tu misericordia
para que, bajo tu dirección, de tal modo nos sirvamos ahora
de los bienes pasajeros, que nuestro corazón esté puesto en
los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Por haberme pedido sabiduría.]
Del primer libro de los Reyes 3, 5-12
En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón
en sueños y le dijo: «Salomón, pídeme lo que quieras, y
yo te lo daré».
Salomón le respondió: «Señor, tú trataste con
misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó
contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más
aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia,
porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí,
tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera
en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un
muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro
perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que
es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas
sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y
distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será
capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?»
Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido
sabiduría y le dijo: «Por haberme pedido esto, y no una
larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino
sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido.
Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido
antes, ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además,
lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá
rey que se pueda comparar contigo”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 118
R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
A mí, Señor, lo que me toca es cumplir tus preceptos.
Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas
de oro y plata. R.
Señor, que tu amor me consuele, conforme a las promesas que me has hecho. Muéstrame tu ternura y viviré,
porque en tu ley he puesto mi contento. R.
Amo, Señor, tus mandamientos más que el oro purísimo;
por eso tus preceptos son mi guía y odio toda mentira. R.
Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los
sigo. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento
a los sencillos. R.
SEGUNDA LECTURA
[Nos predestina para que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su Hijo.]
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 8, 28-30
Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien
de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados
por él, según su designio salvador.
En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para
que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo,
a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A
quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y
a quienes justifica, los glorifica. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Cfr. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino a la gente
sencilla. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Vende cuanto tiene y compra aquel campo.]
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Reino
de los cielos se parece a un tesoro escondido en un
campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno
de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante
en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va
y vende cuanto tiene y la compra.
[También se parece el Reino de los cielos a la red que los
pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces.
Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa
y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en
canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de
los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos
de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será
el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí».
Entonces él les dijo: «Por eso, todo escriba instruido en
las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de
familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas
antiguas».] Palabra del Señor.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Pidamos el auxilio del Espíritu Santo, a fin de
que inspire nuestras oraciones e interceda por las
necesidades de todo el mundo.
1. Por los que empiezan a conocer a Cristo y por
los que desean la gracia del bautismo para ellos o
para sus hijos, roguemos al Señor.
2. Por nuestra comunidad parroquial y por todos
los que habitan en ella, a fin de que gocen de paz y
prosperidad abundantes, roguemos al Señor.
3. Por los que persiguen a la Iglesia o se han alejado
de la práctica de su fe, y por los pecadores que viven
intranquilos por no abrirse a la luz del Espíritu y a
la gracia de la conversión, roguemos al Señor.
4. Por todos los que estamos aquí reunidos y por
aquellos por los que queremos rezar, para que el Señor
nos guarde a todos en la fe y nos reúna en el Reino
de su Hijo, roguemos al Señor.
Señor Dios, que en Cristo, nos has hecho descubrir
el tesoro escondido y la perla de gran valor, concédenos la luz de tu Espíritu, para que sepamos valorar
las riquezas inestimables de tu Reino y estemos dispuestos a renunciar a todo a fin de poseerlas. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, los dones que por tu generosidad
te presentamos, para que, por el poder de tu gracia,
estos sagrados misterios santifiquen toda nuestra vida
y nos conduzcan a la felicidad eterna. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 102, 2
Bendice, alma mía, al Señor, y no te olvides de sus
beneficios.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Habiendo recibido, Señor, el sacramento celestial, memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo, concédenos que
este don, que él mismo nos dio con tan inefable amor, nos
aproveche para nuestra salvación eterna. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos.




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