15 domingo
Morado / Rosa
IV DOMINGO DE CUARESMA
MR p. 225 [238] / Lecc. I p. 65.
LH Semana IV del Salterio.
En esta Misa se usa el color morado o rosa, pueden tocarse los
instrumentos musicales y se puede adornar el altar con flores.
En este domingo se celebra el segundo escrutinio preparatorio
para el Bautismo de los catecúmenos que van a ser admitidos
a los sacramentos de la Iniciación Cristiana en la Vigilia
Pascual. Se emplean las oraciones e intercesiones propias,
que aparecen en las pp. 939-940 [978-979].
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 66, 10-11
Alégrate, Jerusalén, y que se reúnan cuantos la aman.
Compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a
saciarse con su felicidad.
No se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que por tu Palabra realizas admirablemente
la reconciliación del género humano, concede al pueblo
cristiano prepararse con generosa entrega y fe viva a
celebrar las próximas fiestas de la Pascua. Por nuestro
Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[David es ungido como rey de Israel.]
Del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a
En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “Ve a la casa
de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido
un rey. Llena, pues, tu cuerno de aceite para ungirlo y vete”.
Cuando llegó Samuel a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor
de Jesé, pensó: “Este es, sin duda, el que voy a ungir como
rey”. Pero el Señor le dijo: “No te dejes impresionar por su
aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado,
porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija
en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.
Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de
Jesé; pero Samuel dijo: “Ninguno de éstos es el elegido
del Señor”. Luego le preguntó a Jesé: “¿Son éstos todos
tus hijos?” El respondió: “Falta el más pequeño, que está
cuidando el rebaño”. Samuel le dijo: “Hazlo venir, porque
no nos sentaremos a comer hasta que llegue”. Y Jesé lo
mandó llamar.
El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia.
Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo,
porque éste es”. Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo
ungió delante de sus hermanos. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 22
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas
me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para
reparar mis fuerzas. R.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero
recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo,
porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan
seguridad. R.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis
adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi
copa hasta los bordes. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los
días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin
término. R.
SEGUNDA LECTURA
[Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.]
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5, 8-14
Hermanos: En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero
ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como
hijos de la luz. Los frutos de la luz son la bondad, la santidad
y la verdad. Busquen lo que es agradable al Señor y no tomen
parte en las obras estériles de los que son tinieblas.
Al contrario, repruébenlas abiertamente; porque, si
bien las cosas que ellos hacen en secreto da rubor aun
mencionarlas, al ser reprobadas abiertamente, todo queda
en claro, porque todo lo que es iluminado por la luz se
convierte en luz.
Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate
de entre los muertos y Cristo será tu luz. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Jn 8, 12
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue
tendrá la luz de la vida. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
EVANGELIO
[Fue, se lavó y volvió con vista.]
Del santo Evangelio según san Juan 9, 1-41
En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego
de nacimiento, [y sus discípulos le preguntaron:
“Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o
sus padres?” Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus
padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras
de Dios. Es necesario que yo haga las obras del que me
envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y
ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo
soy la luz del mundo”.
Dicho esto,] escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva,
se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la
piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó
y volvió con vista.
Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes
pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba
a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No
es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. [Y le
preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?” Él
les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me
lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces
fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron: “¿En dónde
está él?” Les contestó: “No lo sé”.]
Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido
ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió
los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había
adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos,
me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese
hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros
replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes
prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron
a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió
los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”.
[Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había
sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a
sus padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, del que
ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”
Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo
y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya
dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene
edad suficiente y responderá por sí mismo”. Los padres del
que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos,
porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga
a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus
padres dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’.
Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron:
“Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es
pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que
yo era ciego y ahora veo”. Le preguntaron otra vez: “¿Qué te
hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Ya se lo dije
a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo
otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos
suyos?” Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron:
“Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de
Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero
ése, no sabemos de dónde viene”.
Replicó aquel hombre: “Es curioso que ustedes no sepan de
dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos
que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y
hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir
que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste
no viniera de Dios, no tendría ningún poder”.] Le replicaron:
“Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes
darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.
Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo
encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él
contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús
le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése
es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.
[Entonces le dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para
que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los
que ven queden ciegos”. Al oír esto, algunos fariseos que
estaban con él le preguntaron: “¿Entonces, también nosotros
estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran ciegos,
no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su
pecado”.] Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Oremos al Señor, que no desea la muerte del pecador,
sino que se convierta y viva, y pidámosle que tenga
misericordia de su pueblo:
1. Para que Dios fortalezca la voluntad de los que se
preparan a recibir en estos días cuaresmales el sacramento
de la penitencia y les conceda un verdadero arrepentimiento
de sus culpas, roguemos al Señor.
2. Para que el Señor abra la inteligencia y el corazón
de los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento
de la verdad, y en la fe encuentren aquel descanso que
tanto desea su corazón, roguemos al Señor.
3. Para que Dios conceda su ayuda a los que se sienten
tentados y a todos aquellos que con su sufrimiento
participan de la cruz de Cristo, roguemos al Señor.
4. Para que todos nosotros perseveremos en el esfuerzo
cuaresmal y lleguemos, purificados a las fiestas de Pascua
que se acercan, roguemos al Señor.
Dios nuestro, Padre de la luz, no permitas que nos
domine el poder de las tinieblas, antes bien abre nuestros
ojos a la luz del Espíritu, para que podamos ver a Aquel
que has enviado para iluminar al mundo, y así creamos
únicamente en tu Hijo Jesucristo. Que vive y reina por
los siglos de los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas ofrendas
para el sacrificio redentor, y pedimos tu ayuda para celebrarlo
con fe sincera y ofrecerlo dignamente por la salvación del
mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO: I o II de Cuaresma pp. 492-493 [493-494].
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Jn 9, 11
El Señor me puso lodo sobre los ojos; yo fui a lavarme.
Ahora veo y creo en Dios.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor Dios, luz que alumbra a todo hombre que viene a
este mundo, ilumina nuestros corazones con el resplandor
de tu gracia, para que podamos siempre pensar lo que es
digno y grato a tus ojos y amarte con sincero corazón. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Protege, Señor, a quienes te invocan, ayuda a los débiles
y reaviva siempre con tu luz a quienes caminan en medio de
las tinieblas de la muerte; concédeles que, liberados por tu
bondad de todos los males, alcancen los bienes supremos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.




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