23 martes
Verde
Feria o
Misa por el progreso de los pueblos
MR p. 1086 [1132] / Lecc. II p. 480
ANTÍFONA DE ENTRADA 1 Jn 3, 17
Si alguno, teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar
necesidad, y sin embargo, no lo ayuda, ¿cómo habitará el
amor de Dios en él?
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que diste un origen idéntico a todos los
pueblos y de ellos quisiste congregar una sola familia
para ti, llena los corazones de todos con el fuego de tu
amor y enciende en ellos el deseo de un justo progreso
de sus hermanos, para que, por medio de los bienes que
en abundancia das para todos, se realice cada uno como
persona humana y, suprimida toda división, se afiancen
en el mundo la igualdad y la justicia. Por nuestro Señor
Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Protegeré esta ciudad y la salvaré, por ser yo quien soy
y por David, mi siervo.]
Del segundo libro de los Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-
35a. 36
En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió
mensajeros para decir a Ezequías: “Díganle esto a
Ezequías, rey de Judá: ‘Que no te engañe tu Dios, en el
que confías, pensando que no será entregada Jerusalén
en manos del rey de Asiria. Sabes bien que los reyes de
Asiria han exterminado a todos los países, ¿y crees que
sólo tú te vas a librar de mí?’ “
Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y
la leyó. Luego se fue al templo, y desenrollando la carta
delante del Señor, hizo esta oración:
“Señor, Dios de Israel, que estás sobre los querubines,
tú eres el único Dios de todas las naciones del mundo, tú
has hecho los cielos y la tierra. Acerca, Señor, tus oídos y
escucha; abre, Señor, tus ojos y mira. Oye las palabras con
que Senaquerib te ha insultado a ti, Dios vivo. Es cierto,
Señor, que los reyes de Asiria han exterminado a todas
las naciones y han entregado sus dioses al fuego, porque
ésos no son dioses, sino objetos de madera y de piedra,
hechos por hombres, y por eso han sido aniquilados. Pero
tú, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano para que
sepan todas las naciones que sólo tú, Señor, eres Dios”.
Entonces el profeta Isaías, hijo de Amos, mandó decir
a Ezequías: “Esto dice el Señor, Dios de Israel: ‘He
escuchado tu oración’. Esta es la palabra que el Señor
pronuncia contra Senaquerib, rey de Asiria:
‘Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de
Sión; a tus espaldas se ríe de ti la ciudad de Jerusalén.
De Jerusalén saldrá un pequeño grupo y del monte Sión
unos sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos lo
cumplirá’.
Por eso, esto dice el Señor contra el rey de Asiria: ‘No
entrará en esta ciudad. No lanzará sus flechas contra ella.
No se le acercará con escudos ni levantará terraplenes
frente a ella. Por el camino por donde vino se volverá. No
entrará en esta ciudad’. Palabra del Señor. ‘La protegeré y
la salvaré por ser yo quien soy y por David, mi siervo’ “.
Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió
a ciento ochenta y cinco mil hombres en el campamento
asirio. Por la mañana, al contemplar los cadáveres,
Senaquerib, rey de Asiria, levantó su campamento y
regresó a Nínive. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 47
R. Recordamos, Señor, tu gran amor.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza, en la
ciudad de nuestro Dios. Su monte santo, altura hermosa,
es la alegría de toda la tierra. R.
El monte Sión, en el extremo norte, es la ciudad del rey
supremo. Entre sus baluartes ha surgido Dios como una
fortaleza inexpugnable. R.
Recordamos, Señor, tu gran amor en medio de tu templo.
Tu renombre, Señor, y tu alabanza, llenan el mundo entero. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 8, 12
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue
tendrá la luz de la vida. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Traten a los demás como quieren que ellos los traten a
ustedes.]
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 6. 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No den
a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los
cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra
ustedes y los despedacen.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a
ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas.
Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la
puerta y amplio el camino que conduce a la perdición,
y son muchos los que entran por él. Pero ¡qué estrecha
es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la
vida, y qué pocos son los que lo encuentran!” Palabra
del Señor.
REFLEXIÓN: El texto evangélico reúne aquí tres
sentencias que, en principio, no parecen guardar
ninguna relación entre sí. Ellas nos hablan de lo
«santo», de la «regla de oro» y de la «puerta estrecha».
Es ciertamente difícil precisar quién es esa gente no
merecedora de lo santo, comparada aquí incluso con
los animales impuros. La tan conocida regla de oro es
una universal norma de conducta civilizada y moral.
La «puerta estrecha» es Jesús mismo (Cfr. Jn 10, 9)
que –al abrazar el camino de la Cruz– nos invita a
seguirlo, esforzándonos por ser fieles a los principios
evangélicos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Escucha complacido, Señor, las oraciones de los que te
suplican, y, al recibir la oblación de tu Iglesia, concédenos
que todos los hombres sean colmados del espíritu de hijos
de Dios, de manera que, superada toda injusticia por la
caridad, los pueblos lleguen a ser una sola familia, en tu
paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc 11, 9
Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y
se les abrirá, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados con un mismo pan, mediante el cual
renuevas sin cesar a la familia humana, te rogamos,
Señor, que de la participación del sacramento de unidad,
obtengamos un amor genuino y puro para ayudar al
progreso de los pueblos y cumplir, movidos por la caridad,
las exigencias de la justicia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
23 martes
Blanco
Solemnidad,
NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
MISA VESPERTINA DE LA VIGILIA
MR p. 733 [755] / Lecc. II p. 1078
Esta Misa se utiliza en la tarde del día 23 de junio,
antes o después de las primeras vísperas
de la solemnidad.
REFLEXIÓN: • Desde esta tarde nos disponemos
a honrar solemnemente a San Pedro y a San Pablo
“Apóstoles de Cristo, columnas y fundamento de la
ciudad de Dios”, como canta la liturgia de hoy. Su
martirio es considerado como la auténtica acta de
nacimiento de la Iglesia de Roma… Estos dos Apóstoles
dieron su testimonio supremo a poca distancia de
tiempo y de espacio uno de otro: aquí, en Roma,
fue crucificado San Pedro y, sucesivamente, fue
decapitado San Pablo. Su sangre se fundió en un
único testimonio de Cristo, de forma que impulsó
a San Ireneo, obispo de Lyon, a mediados del siglo
II, a hablar de la “Iglesia fundada y constituida en
Roma por los dos gloriosísimos Apóstoles Pedro y
Pablo” (Adversus haereses, III, 3, 2). Precisamente
por esto, el Obispo de Roma, Sucesor del apóstol
Pedro, desempeña un ministerio peculiar al servicio
de la unidad doctrinal y pastoral del pueblo de Dios
esparcido por todo el mundo. [Sintetizado de BXVI,
Ángelus, 29-VI-2006].




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