4 miércoles
Morado
FERIA DE CUARESMA
o SAN CASIMIRO.
Sólo Conmemoración.
MR p. 212 [224] / Lecc I p. 726
Cuando su padre era rey de Polonia y Lituania, Casimiro
(1458-1484) murió a los 26 años de edad. Su pueblo lo
recordó como un príncipe generoso e inteligente, dedicado
a la penitencia y a la oración, gran devoto de la santísima
Virgen y de Cristo en la Eucaristía.
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 37, 22-23
No me abandones, Señor, Dios mío, no te alejes de mí.
Ven de prisa a socorrerme, Señor mío, mi salvador.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso, a quien servir es reinar, concédenos,
por intercesión de san Casimiro, que te sirvamos siempre en
santidad y justicia. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Vengan, ataquemos al justo.]
Del libro del profeta Jeremías 18, 18-20
En aquellos días, los enemigos del profeta se dijeron entre
sí: “Vengan, tendamos un lazo a Jeremías, porque no le va a
faltar doctrina al sacerdote, consejo al sabio, ni inspiración
al profeta. Vengan, ataquémoslo de palabra y no hagamos
caso de sus oráculos”.
Jeremías le dijo entonces a Dios: “Señor, atiéndeme. Oye
lo que dicen mis adversarios. ¿Acaso se paga bien con mal?
Porque ellos han cavado una fosa para mí. Recuerda cómo
he insistido ante ti, intercediendo en su favor, para apartar
de ellos tu cólera”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 30
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Sácame, Señor, de la trampa que me han tendido, porque
tú eres mi amparo. En tus manos encomiendo mi espíritu y
tú, mi Dios leal, me librarás. R.
Oigo las burlas de la gente y todo me da miedo; se
conjuran contra mí y tratan de quitarme la vida. R.
Pero yo, Señor, en ti confío. Tú eres mi Dios y en tus
manos está mi destino. Líbrame de los enemigos que me
persiguen. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 8, 12
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue
tendrá la luz de la vida. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
EVANGELIO
[Lo condenarán a muerte.]
Del santo Evangelio según san Mateo 20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén,
Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos
camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado
a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a
muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de
él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.
Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de
Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una
petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió:
“Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu
derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús
replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el
cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”.
Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi
derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es
para quien mi Padre lo tiene reservado”.
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron
contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo:
“Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que
los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El
que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los
sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo;
así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Con el tercer anuncio de su pasión
y de su muerte redentoras Jesús choca con la absoluta
incomprensión de lo que esto habría de implicar para
sus seguidores. Él se opone frontalmente a sus burdas
ambiciones terrenales. Asimismo, Él no pierde la ocasión
para adoctrinar a los Doce –futuros guías y pilares de su
Iglesia– acerca de la función de servicio desinteresado que
habrán de desempeñar en el seno de la comunidad. Una
vez más el Maestro invierte la escala de valores y rompe
con los esquemas convencionales, como lo había hecho
antes con la proclamación de las «bienaventuranzas».
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, benigno, Señor, las ofrendas que te presentamos y,
por este santo intercambio de dones, rompe las cadenas de
nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 20, 28
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a
servir y a dar la vida por la redención de la multitud.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que este sacramento que nos has dado, Señor, como
prenda de inmortalidad, sea para nosotros una firme
ayuda para alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Concede, Señor, a tus siervos la abundancia de tu
protección y de tu gracia, la salud de alma y cuerpo, la
plenitud de la caridad fraterna y haz que vivamos siempre
entregados a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.




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