Lectura del Día

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11 julio del 2019

11 jueves
Blanco

Memoria, SAN BENITO, Abad
MR p. 746 [771] / Lecc. II p. 544

Nació en Italia (Nursia). Estudió en Roma y se retiró a una cueva de Subiaco, “anteponiendo el amor de Dios a cualquier otra cosa”. Se le unieron unos discípulos, pero, al cabo de un tiempo, Benito tuvo que mudarse a Monte Casino. Ahí escribió su “Regla” y ahí murió en 547. La Orden benedictina, continuadora de su carisma, ha sido decisiva en la población y civilización de Europa, y en la renovación litúrgica contemporánea.

ANTÍFONA DE ENTRADA

Hubo un varón de vida venerable, Benito, por gracia y por nombre, “bendecido”, que renunció a su casa y a su herencia, para solamente agradar a Dios, llevando una vida santa.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que constituiste a san Benito, abad, como ilustre maestro en la escuela del servicio divino concédenos que, sin anteponer nada a tu amor, avancemos con un corazón generoso en el camino de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Dios me mandó a Egipto para salvarles la vida.]
Del libro del Génesis 44, 18-21. 23-29; 45, 1-5
En aquellos días, se acercó Judá a José y le dijo: “Con tu permiso, señor, tu siervo va a pronunciar algunas palabras a tu oído; no te enojes con tu siervo, pues tú eres como un segundo faraón. Tú, señor, nos preguntaste: ‘¿Tienen padre o algún hermano?’ Nosotros te respondimos: ‘Sí, tenemos un padre anciano, con un hijo pequeño, que le nació en su vejez. Como es el único que le queda de su madre, pues el otro hermano ya murió, su padre lo ama tiernamente’. Entonces tú dijiste a tus siervos: ‘Tráiganmelo para que yo lo vea con mis propios ojos, pues si no viene su hermano menor con ustedes, no los volveré a recibir’. Cuando regresamos a donde está nuestro padre, tu siervo, le referimos lo que nos habías dicho. Nuestro padre nos dijo: ‘Vuelvan a Egipto y cómprennos víveres’. Nosotros le dijimos: ‘No podemos volver, a menos que nuestro hermano menor vaya con nosotros. Sólo así volveríamos, porque no podemos presentarnos ante el ministro del faraón, si no va con nosotros nuestro hermano menor’. Nuestro padre, tu siervo, nos dijo entonces: ‘Ya saben que mi mujer me dio dos hijos: uno desapareció y ustedes me dijeron que una fiera se lo había comido y ya no lo he vuelto a ver. Ahora se llevan también a éste; si le ocurre una desgracia, me van a matar de dolor’ ”. Entonces José ya no pudo aguantarse más y ordenó a todos los que lo acompañaban que salieran de ahí. Nadie se quedó con él cuando se dio a conocer a sus hermanos. José se puso a llorar a gritos; lo oyeron los egipcios y llegó la noticia hasta la casa del faraón. Después les dijo a sus hermanos: “Yo soy José. ¿Vive todavía mi padre?”. Sus hermanos no podían contestarle, porque el miedo se había apoderado de ellos. José les dijo: “Acérquense”. Se acercaron y él continuó: “Yo soy su hermano José, a quien ustedes vendieron a los egipcios. Pero no se asusten ni se aflijan por haberme vendido, pues Dios me mandó a Egipto antes que a ustedes para salvarles la vida”. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 104, 16-17. 18-19. 20-21

R. Recordemos los prodigios del Señor. Cuando el Señor mandó el hambre sobre el país y acabó con todas las cosechas, ya había enviado por delante a un hombre: a José, vendido como esclavo. R. Le trabaron los pies con grilletes y rodearon su cuerpo con cadenas, hasta que se cumplió su predicción y Dios lo acreditó con su palabra. R. El rey mandó que lo soltaran, el jefe de esos pueblos lo libró, lo nombró administrador de su casa y señor de todas sus posesiones. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mc 1, 15

R. Aleluya, aleluya. El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.]
Del santo Evangelio según san Mateo 10, 7-15
En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: “Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente. No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino ni dos túnicas ni’ sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: ‘Que haya paz en esta casa’. Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechará. Y si no los reciben o no escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacudan el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • Este pasaje recuerda el momento culminante del encuentro entre José y sus hermanos en Egipto. Nos encontramos ante una escena conmovedora, donde los reales protagonistas son los más delicadas sentimientos familiares. Una vez que han sido superadas todas las pruebas y que ya no queda lugar para ninguna duda, él puede –finalmente y lleno de emoción– manifestar su verdadera identidad a unos ahora arrepentidos hermanos. Es necesario tener una confianza inquebrantable, seguros de que Dios tendrá siempre un plan amoroso y salvador para todos sus hijos… • Los discípulos – como auténticos “misioneros” de Jesús– han de consagrarse con entrega total al «Reino de Dios», anunciándolo lo mismo con sus palabras que con sus obras. En este su discurso misionero Jesús les exige que vayan “ligeros de equipaje”, capaces de desembarazarse de inútiles estorbos y siempre dispuestos a vivir la gratuidad. Han de comportarse, además, como entusiastas portadores de paz, plenamente seguros de una infaltable y providencial hospitalidad fraterna. Sólo así y bajo estas condiciones podrán lograr sentirse libres de anunciar el alegre mensaje de salvación que se les ha confiado.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, con bondad los dones que te presentamos en la celebración de san Benito, abad, y haz que, a ejemplo suyo, te busquemos únicamente a ti, a fin de que podamos obtener en tu servicio el don de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Lc 12, 42

Éste es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso al frente de su familia, para darles a su tiempo la ración de trigo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Al recibir la prenda de la vida eterna, te suplicamos, Señor, que, siguiendo las enseñanzas de san Benito, nos dediquemos con fidelidad a tu servicio y amemos con ferviente caridad a los hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Acosta Aguila Javier Eduardo · Gómez González Víctor · Hernández Serrano Daniel Edauco · Orozco Espinoza Luis Fernando ·

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