11 martes
Blanco
Memoria,
SANTA CLARA, Virgen
MR pp. 767 y 914 [794 y 953] / Lecc. II p. 672
Apenas a los 18 años, suplicó al hermano Francisco de
Asís que le permitiera compartir su vida. Así pues, se
encerró en una casa en ruinas, cerca de la Iglesia de San
Damián, junto a la entrada de Asís. Su hermana Inés y
otras jovencitas se le unieron para vivir en una absoluta
pobreza. Ellas fueron las primeras franciscanas.
ANTÍFONA DE ENTRADA
Ésta es la virgen sabia, a quien el Señor encontró
velando; la que, al tomar su lámpara, llevó consigo aceite
y, cuando llegó el Señor, entró con él a las bodas.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que misericordiosamente condujiste a
santa Clara al amor por la pobreza, concédenos, por su
intercesión, que, siguiendo a Cristo en pobreza de espíritu,
merezcamos llegar a contemplarte en el reino celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Me dio a comer el libro y me supo dulce como la miel.]
Del libro del profeta Ezequiel 2, 8–3, 4
Esto dice el Señor: «Hijo de hombre, escucha lo que
voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre
la boca y come lo que voy a darte».
Vi entonces una mano tendida hacia mí, con un libro
enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por dentro
y por fuera; tenía escritas lamentaciones y amenazas. Y me
dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes aquí; cómete
este libro y vete a hablar a los hijos de Israel».
Abrí la boca y me dio a comer el libro, diciéndome:
«Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas
con este libro que te doy». Me lo comí y me supo dulce
como la miel. Y me dijo: «Hijo de hombre, anda; dirígete a
los hijos de Israel y diles mis palabras». Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 118
R. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Me gozo más cumpliendo tus preceptos que teniendo
riquezas. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría; ellos
son también mis consejeros. R.
Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas
de oro y plata. ¡Qué dulces al paladar son tus promesas!
Más que la miel en la boca. R.
Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de
mi corazón. Hondamente suspiro, Señor, por guardar tus
mandamientos. R.
ACLAMACIÓN ATES DEL EVANGELIO Mt 11, 29
R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor, y aprendan
de mí, que soy manso y humilde de corazón. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños.]
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y
le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino
de los cielos?»
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les
dijo: «Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no
se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los
cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño,
ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que
reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues
yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente
el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se
le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los
montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a
encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que
por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual
modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno
solo de estos pequeños». Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: La sección que ahora comenzamos
–más conocida como «discurso eclesial»– nos ofrece
normas bien concretas para lograr tener buenas
relaciones entre los miembros de la comunidad.
El texto contiene dos partes: Respuesta de Jesús
a una pregunta de sus discípulos y Parábola de la
«oveja extraviada». Aunque aparentemente sin mutua
conexión, ambas son clara expresión de la solicitud del
Buen Pastor y de la comunidad eclesial, respecto a los
«pequeños». Éstos pueden ser lo mismo y literalmente
sus «niños», o quizá también sus miembros más
frágiles y desvalidos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te rogamos, Señor, que podamos alcanzar el fruto de la
ofrenda que te presentamos, para que, a ejemplo de santa
Clara, purificados de la antigua situación de pecado, nos
renueve la participación en la vida divina. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 25, 4. 6
Las cinco vírgenes prudentes llevaron frascos de aceite
junto con sus lámparas. A medianoche se oyó una voz: Ya
viene el esposo; salgan al encuentro de Cristo, el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, que la santa comunión del Cuerpo y la Sangre
de tu Unigénito nos aleje de todas las cosas pasajeras,
para que, a ejemplo de santa Clara, podamos crecer en
la tierra en un auténtico amor a ti y gozar en el cielo,
contemplándote eternamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.




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