22 domingo
Morado
V DOMINGO DE CUARESMA
MR p. 235 [247] / Lecc. I p. 71.
LH Semana I del Salterio.
En este domingo se celebra el tercer escrutinio preparatorio
para el Bautismo de los catecúmenos que van a ser admitidos
a los sacramentos de la Iniciación Cristiana en la Vigilia
Pascual. Se emplean las oraciones e intercesiones propias,
que aparecen en las pp. 940-941 [979-980].
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 42, 1-2
Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra la gente
sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado, tú que
eres mi Dios y mi defensa.
No se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Te rogamos, Señor Dios nuestro, que, con tu auxilio,
avancemos animosamente hacia aquel grado de amor con
el que tu Hijo, por la salvación del mundo, se entregó a la
muerte. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
[Les infundiré a ustedes mi espíritu y vivirán.]
Del libro del profeta Ezequiel 37, 12-14
Esto dice el Señor Dios: “Pueblo mío, yo mismo abriré
sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo
a la tierra de Israel.
Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo
mío, ustedes dirán que yo soy el Señor.
Entonces les infundiré a ustedes mi espíritu y vivirán, los
estableceré en su tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo
dije y lo cumplí”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 129
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha
mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante. R.
Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría,
Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso
con amor te veneramos. R.
Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra;
mi alma aguarda al Señor, mucho más que a la aurora el
centinela. R.
Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel al
Señor, porque del Señor viene la misericordia y la abundancia
de la redención, y él redimirá a su pueblo de todas sus
iniquidades, R.
SEGUNDA LECTURA
[El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los
muertos, habita en ustedes.]
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-11
Hermanos: Los que viven en forma desordenada y egoísta
no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase
de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el
Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes.
Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En
cambio, si Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga
sujeto a la muerte a causa del pecado, su espíritu vive a
causa de la actividad salvadora de Dios.
Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los
muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó
a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus
cuerpos mortales por obra de su Espíritu, que habita en
ustedes. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25. 26
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que
cree en mí no morirá para siempre. R. Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
EVANGELIO
[Yo soy la resurrección y la vida.]
Del santo Evangelio según san Juan 11, 1-45
En aquel tiempo, [se encontraba enfermo Lázaro, en
Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta.
María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le
enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano
Lázaro. Por eso] las dos hermanas le mandaron decir a Jesús:
“Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.
Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en
la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que
el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin
embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo,
se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba.
Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a
Judea”. [Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco
que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver
allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas
el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la
luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche
tropieza, porque le falta la luz”.
Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se
ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le
dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”.
Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba
del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente:
“Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber
estado ahí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces
Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás
discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.]
Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en
el sepulcro. [Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a
unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido
a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de
su hermano.] Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a
su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta
a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto
mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te
concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano
resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en
la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la
resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya
muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no
morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí,
Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios, el que tenía que venir al mundo”.
[Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana
María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”.
Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde
estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino
que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado.
Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola,
viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que
iba al sepulcro para llorar ahí y la siguieron.
Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó
a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría
muerto mi hermano”.] Jesús, [al verla llorar y al ver llorar a
los judíos que la acompañaban,] se conmovió hasta lo más
hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron:
“Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos
comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían:
“¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento,
hacer que Lázaro no muriera?”
Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante
el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces
dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que
había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva
cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees,
verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy
gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú
siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta
muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me
has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal
de ahí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y
los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
“Desátenlo, para que pueda andar”.
Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta
y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Pidamos la misericordia del Señor para que –
compadecido de su pueblo– escuche nuestras plegarias:
1. Para que el Redentor del mundo –que se entregó a
la muerte para vivificar a su pueblo– libere a la Iglesia de
todo mal, roguemos al Señor.
2. Para que el Redentor del mundo –que oró en la cruz
por quienes lo crucificaban– interceda ante el Padre por
los pecadores, roguemos al Señor.
3. Para que el Redentor del mundo –que experimentó
en la cruz el sufrimiento y la angustia– se compadezca de
los que sufren, les dé fortaleza y ponga fin a sus dolores,
roguemos al Señor.
4. Para que el Redentor del mundo a nosotros –que
en estos días nos disponemos a recordar con veneración
su pasión y su cruz– nos reconforte con la fuerza de su
resurrección, roguemos al Señor.
Señor Dios, que manifestaste tu compasión en las lágrimas
que tu Hijo derramó ante la tumba de su amigo Lázaro,
contempla los sufrimientos de la Iglesia –que llora por sus
hijos muertos a causa del pecado– y, con la fuerza del Espíritu
Santo, concede a los que han muerto por sus culpas la vida
nueva de la gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Escúchanos, Dios todopoderoso, y concede a tus siervos,
en quienes infundiste la sabiduría de la fe cristiana, quedar
purificados, por la eficacia de este sacrificio. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
PREFACIO: I o II de Cuaresma pp.492-493 [493-494].
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Jn 11, 26
Todo el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre,
dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te rogamos, Dios todopoderoso, que podamos contarnos
siempre entre los miembros de aquel cuyo Cuerpo y Sangre
acabamos de comulgar. Él, que vive y reina por los siglos
de los siglos.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Bendice, Señor, a tu pueblo, que espera los dones de tu
misericordia, y concédele recibir de tu mano generosa lo que
tú mismo lo mueves a pedir. Por Jesucristo, nuestro Señor.




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