Lectura del Día

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6 Marzo del 2019

6 miércoles
Morado

MIÉRCOLES DE CENIZA
Inicia el Tiempo de Cuaresma
MR p. 192 [202] / Lecc. I p. 696

Liturgia de las Horas: Volumen II, Semana IV del Salterio.
Día de Ayuno y de Abstinencia.

RITOS INICIALES Y LITURGIA DE LA PALABRA

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sab 11, 23. 24. 26

Tú, Señor, te compadeces de todos y no aborreces nada de lo que has creado, aparentas no ver los pecados de los hombres, para darles ocasión de arrepentirse, porque Tú eres el Señor, nuestro Dios.
Se omite el acto penitencial, que es sustituido por el rito de la imposición de la ceniza.

ORACIÓN COLECTA

Concédenos, Señor, emprender este tiempo el combate cristiano con santos ayunos, para que en el momento de combatir contra las tentaciones, seamos fortalecidos con los auxilios de la penitencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
O bien:
Que el día de ayuno, con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma, sea el principio de una verdadera conversión a ti, y que nuestros actos de penitencia nos ayuden a vencer el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Enluten su corazón y no sus vestidos.]
Del libro del profeta Joel 2, 12-18
Esto dice el Señor: “Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos. Vuélvanse al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia, y se conmueve ante la desgracia. Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros y nos deje una bendición, que haga posibles las ofrendas y libaciones al Señor, nuestro Dios. Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno, convoquen la asamblea, reúnan al pueblo, santifiquen la reunión, junten a los ancianos, convoquen a los niños, aun a los niños de pecho. Que el recién casado deje su alcoba y su tálamo la recién casada. Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: ‘Perdona, Señor, perdona a tu pueblo. No entregues tu heredad a la burla de las naciones. Que no digan los paganos: ¿Dónde está el Dios de Israel?’ ”. Y el Señor se llenó de celo por su tierra y tuvo piedad de su pueblo. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14. 17

R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados. R.
Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo. R.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu. R.
Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza. R.

SEGUNDA LECTURA

[Aprovechen este tiempo favorable para reconciliarse con Dios.]
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios 5, 20-6, 2
Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es Dios mismo el que los exhorta a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a Él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos. Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor dice: En el tiempo favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí. Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación. Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Sal 94, 8

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón”. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO

[Tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.]
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • La Palabra de Dios, al inicio del camino cuaresmal, dirige a la Iglesia y a cada uno de nosotros dos invitaciones… La primera es la invitación de San Pablo: «Déjense reconciliar con Dios» (2 Cor 5, 20). No es este simplemente un buen consejo o una vaga sugerencia. Es una sentida y solemne súplica «en nombre de Cristo», que sabe cuán frágiles y pecadores somos, y conoce la debilidad de nuestro corazón. Se trata de desandar nuestros pasos y entrar a través de quien es la «Puerta» (Cfr. Jn 10, 1-10), donde nos espera nuestro Salvador para ofrecernos una vida nueva y gozosa… Y hay una segunda invitación de Dios, que –por medio del profeta Joel– nos dice: «Vuélvanse a mí de todo corazón» (2, 12). Es el misterio del pecado: nos hemos alejado de Dios, de los demás y de nosotros mismos. No es difícil darse cuenta de ello… • Afortunadamente junto a esta historia de pecado, Jesús inauguró una historia de salvación… El evangelio que abre la Cuaresma nos invita a ser sus protagonistas abrazando tres remedios, tres medicinas que nos curan del pecado (Cfr. Mt 6, 1-6.16-18). En primer lugar la oración, expresión de apertura y de confianza en el Señor: es el encuentro personal con Él, que acorta las distancias creadas por el pecado… En segundo lugar la caridad, para superar el sentido de extrañeza en la relación con los demás. El amor verdadero consiste en aceptar a quien necesita de nuestro tiempo, de nuestra amistad, de nuestra ayuda. Es vivir el servicio, venciendo la tentación de complacernos... En tercer lugar el ayuno, la penitencia, para liberarnos de las dependencias de las cosas que pasan y ejercitarnos para ser más sensibles y misericordiosos. Es una invitación a la sencillez y a la fraternidad: quitar algo de nuestra mesa y de nuestros bienes para reencontrar el verdadero bien de la libertad… • Jesús nos llama a vivir la oración, la caridad y la penitencia con coherencia y autenticidad, venciendo la hipocresía… Que la Cuaresma sea un tiempo de beneficiosa «podadura» de la falsedad, de la mundanidad y de la indiferencia para volver a encontrar la identidad cristiana, es decir el amor que sirve, no el egoísmo que se sirve… Pongámonos en camino juntos, como Iglesia, recibiendo la Ceniza –también nosotros nos convertiremos en ceniza– y teniendo fija la mirada en el Crucificado. Él, amándonos, nos invita a dejarnos reconciliar con Dios y a volver a Él, para encontrarnos a nosotros mismos. [Sintetizado de: Papa Francisco, Homilía, 10-II-2016].

BENDICIÓN DE LA CENIZA

Después de la homilía, el sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice: Queridos hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre que bendiga con su gracia esta ceniza que, en señal de penitencia, vamos a imponer sobre nuestra cabeza. Y, después de un breve momento de oración en silencio, con las manos extendidas, prosigue:
Señor Dios, que te apiadas de quien se humilla y te muestras benévolo para quien se arrepiente, inclina piadosamente tu oído a nuestras súplicas y derrama la gracia de tu bendición + sobre estos siervos tuyos, que van a recibir la ceniza, para que, perseverando en las prácticas cuaresmales, merezcan llegar, purificada su conciencia, a la celebración del misterio pascual de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Y rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada.

IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

Después, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan a él, y dice a cada uno:

Conviértete y cree en el Evangelio. Mc 1, 15
O bien:
Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver. Cfr. Gn 3, 19 Mientras tanto, se entona un canto apropiado. [O se usan las Antífonas o el Responsorio de las páginas 194-195 del MR]. Terminada la imposición de la ceniza, se concluye con la oración universal.
No se dice Credo.

LITURGIA EUCARÍSTICA
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Al ofrecer el sacrificio con el que iniciamos solemnemente la Cuaresma, te rogamos, Señor, que por nuestras obras de penitencia y de caridad nos veamos libres de los vicios y los malos deseos, para que, purificados de todo pecado, merezcamos celebrar con fervor la pasión de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio III o IV de Cuaresma, pp. 494-495 [495-496].

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 1, 2-3

El que día y noche medita la Ley del Señor, al debido tiempo dará su fruto.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que nos auxilien, Señor, los sacramentos que recibimos, para que nuestro ayuno sea de tu agrado y nos aproveche como remedio saludable. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

Para la despedida, el sacerdote, de pie, vuelto hacia el pueblo y extendiendo las manos sobre él, dice esta oración:

Derrama, propicio, Señor Dios, tu espíritu de arrepentimiento sobre quienes se inclinan ante tu majestad, y que merezcan obtener, por tu misericordia, el premio prometido a los que hacen penitencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. La bendición e imposición de la ceniza puede hacerse también sin Misa. En este caso, conviene celebrar antes la liturgia de la Palabra, usando el canto de entrada, la oración colecta, y las lecturas con sus cánticos, como en la Misa. Enseguida se tienen la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. El rito se concluye con la oración universal, la bendición y la despedida de los fieles.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Chávez Jiménez José de Jesús ·

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