6 martes
Blanco
FERIA
MR p. 180 [192] / Lecc. I p. 468
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 117, 26-27
Bendito el que viene en nombre del Señor. El Señor es Dios,
él nos ilumina.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, cuyo Unigénito se manifestó en la realidad
de nuestra carne, concédenos, por aquel que hemos conocido
semejante a nosotros en lo exterior, que merezcamos quedar
interiormente renovados. Él, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
[Dios es amor.]
De la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-10
Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor
viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a
Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor.
El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al
mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.
El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a
Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como
víctima de expiación por nuestros pecados. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 71
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo
de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a
tu pueblo justamente. R.
Justicia y paz ofrecerán al pueblo las colinas y los montes. El
rey hará justicia al oprimido y salvará a los hijos de los pobres. R.
Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era.
De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de
la tierra. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena
nueva y proclamar la liberación a los cautivos. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Al multiplicar los panes, Jesús se manifiesta como profeta.]
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 34-44
En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa
multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos,
porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles
muchas cosas.
Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron:
«Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente
para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren
algo de comer». Él les replicó: «Denles ustedes de comer». Ellos
le dijeron: «¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de
pan para darles de comer?» Él les preguntó: «¿Cuántos panes
tienen? Vayan a ver». Cuando lo averiguaron, le dijeron: «Cinco
panes y dos pescados».
Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre
la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta.
Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al
cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos
para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.
Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de
pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron
fueron cinco mil hombres. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Las multitudes seguían a Jesús para
escuchar ávidamente su palabra, hasta el grado de
olvidarse de sí mismos. Es entonces cuando el Señor
siente compasión de quienes «andaban como ovejas
sin pastor» y, cuando cae la tarde, les proporciona
una comida milagrosa. Estamos aquí ante un prodigio
que es signo y manifestación de la vida divina que Dios nos
ofrece en Cristo. Banquete mesiánico que recuerda el «maná» del
desierto y –como un venturoso anticipo– nos remite al
Pan de la «Eucaristía» que ha de unirnos en fraternidad
y en comunión de vida.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta benignamente, Señor, los dones de tu pueblo, para que
recibamos, por este sacramento celestial, aquello mismo que el fervor
de nuestra fe nos mueve a proclamar. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Ef 2, 4; Rom 8, 3
Por el gran amor con que nos amó, Dios envió a su propio
Hijo con una naturaleza semejante a la del pecado.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor Dios, que nos unes a ti al permitirnos participar en tus
sacramentos, realiza su poderoso efecto en nuestros corazones,
y que la misma recepción de este don tuyo nos haga más dignos
de seguirlo recibiendo. Por Jesucristo, nuestro Señor.




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