24 domingo
Rojo
Solemnidad,
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
MR p. 408 [407] / Lecc. I p. 229
ANTÍFONA DE ENTRADA Rom 5, 5; cfr. 8, 11
El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones
por el Espíritu Santo, que habita en nosotros. Aleluya.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que por el misterio de la festividad que hoy
celebramos santificas a tu Iglesia, extendida por todas las
naciones, concede al mundo entero los dones del Espíritu
Santo y continúa obrando en el corazón de tus fieles las
maravillas que te dignaste realizar en los comienzos de
la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron
a hablar.]
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban
reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un
gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un
viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se
encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que
se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos
del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas,
según el Espíritu los inducía a expresarse.
En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos
de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en
masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los
oía hablar en su propio idioma.
Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: “¿No
son galileos, todos estos que están hablando? ¿Cómo,
pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre
nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en
Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia,
en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia
que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos
de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y
árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las
maravillas de Dios en su propia lengua”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 103
R. Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya.
Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa
es tu grandeza. ¡Qué numerosas son tus obras, Señor! La
tierra está llena de tus creaturas. R.
Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al
polvo; pero envías tu espíritu, que da vida, y renuevas el
aspecto de la tierra. R.
Que Dios sea glorificado para siempre y se goce en
sus creaturas. Ojalá que le agraden mis palabras y yo me
alegraré en el Señor. R.
SEGUNDA LECTURA
[Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar
un solo cuerpo.]
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios
12, 3b-7. 12-13
Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús “Señor”, si no
es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo.
Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay
diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos,
es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para
el bien común.
Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos
miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman
un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos
nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres,
hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar
un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo
Espíritu. Palabra de Dios.
SECUENCIA
Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.
Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.
Fuente de todo consuelo,
amable huésped del alma,
paz en las horas de duelo.
Eres pausa en el trabajo;
brisa, en un clima de fuego;
consuelo, en medio del llanto.
Ven, luz santificadora,
y entra hasta el fondo del alma
de todos los que te adoran.
Sin tu inspiración divina
los hombres nada podemos
y el pecado nos domina.
Lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestros desiertos
y cura nuestras heridas.
Doblega nuestra soberbia,
calienta nuestra frialdad,
endereza nuestras sendas.
Concede a aquellos que ponen
en ti su fe y su confianza
tus siete sagrados dones.
Danos virtudes y méritos,
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R. Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y
enciende en ellos el fuego de tu amor. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo:
Reciban el Espíritu Santo.]
Del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer del día de la resurrección, estando
cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los
discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en
medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho
esto, les mostró las manos y el costado.
Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de
alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes.
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.
Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo:
“Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los
pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los
perdonen, les quedarán sin perdonar”. Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Puesto que hemos recibido el Espíritu que nos
hace decir “Padre”, dirijámonos, hermanos, con
sentimientos de filiales al Señor.
1. Para que el Señor Jesús –que, exaltado a la
diestra de Dios, ha recibido el Espíritu Santo– lo envíe
abundantemente sobre la Iglesia que peregrina en
esta tierra hacia la patria eterna, roguemos al Señor.
2. Para que la luz del Espíritu Santo aleje
las tinieblas de los hombres, los lleve al pleno
conocimiento de la verdad, convierta el odio en amor
y los sufrimientos en alegría, roguemos al Señor.
3. Para que la fuerza del Espíritu Santo guíe por
los caminos de la conversión a los que son víctimas
de sus propios engaños o de los errores del mundo,
roguemos al Señor.
4. Para que el Espíritu de sabiduría nos haga
penetrar en los secretos de Dios, nos recuerde
continuamente lo que Cristo dijo y fortalezca más y
más nuestra fe, roguemos al Señor.
Que tu amor de Padre, Señor, Dios todopoderoso,
escuche complacido las súplicas de tu pueblo que,
lleno de gozo, ha recibido ya –como primer don tuyo–
el Espíritu Santo prometido, que contigo y tu Hijo vive
y reina por los siglos de los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, que, conforme a la promesa de tu
Hijo, el Espíritu Santo nos haga comprender con más plenitud el misterio de este sacrificio y haz que nos descubra
toda su verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO: El misterio de Pentecostés.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y
salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tú, para llevar a su plenitud el misterio pascual,
has enviado hoy al Espíritu Santo sobre aquellos a quienes
adoptaste como hijos al injertarlos en Cristo, tu Unigénito.
Este mismo Espíritu fue quien, al nacer la Iglesia, dio a
conocer a todos los pueblos el misterio del Dios verdadero
y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una
misma fe.
Por eso, el mundo entero se desborda de alegría y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo,
Santo…
Si se usa el Canon Romano, se dice Reunidos en comunión,
p. 558 [560]. En las otras Plegarias eucarísticas también
se dicen las partes propias para esta Misa.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Hech 2, 4. 11
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios nuestro, tú que concedes a tu Iglesia dones
celestiales consérvale la gracia que le has dado, para
que permanezca siempre vivo en ella el don del Espíritu
Santo que le infundiste; y que este alimento espiritual nos
sirva para alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Puede utilizarse la fórmula de bendición solemne, pp.
596-597 [604-605]. Para despedir al pueblo, el diácono
o, en su ausencia, el mismo sacerdote canta o dice:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado. Vayan
en paz, aleluya, aleluya. O bien: Pueden ir en paz, aleluya,
aleluya. R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.
ACTIVIDAD DIOCESANA
Santuario de los Mártires:
Ordenaciones sacerdotales.
LECCIONARIO II,
LITURGIA DE LA HORAS TOMO III,
SEMANA VIII DEL TIEMPO ORDINARIO,
IV SEMANA DEL SALTERIO




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Informes Especiales


