24 miércoles
Blanco
Solemnidad,
NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
MR p. 735 [757] / Lecc. II p. 1082
La Iglesia celebra gozosa el nacimiento de Juan el
Bautista, cuya misión fue dar testimonio de la luz en el
umbral de los tiempos nuevos. Jesús mismo destacó el
incomparable papel del Bautista, cuando dijo: “Entre
los hijos de las mujeres no hay ninguno que se pueda
comparar con Juan el Bautista”.
ANTÍFONA DE ENTRADA Jn 1, 6-7; Lc 1, 17
Vino un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Él vino para dar testimonio de la luz y prepararle al Señor
un pueblo dispuesto a recibirlo.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que suscitaste a san Juan Bautista para
prepararle a Cristo, el Señor, un pueblo dispuesto a
recibirlo, concede ahora a tu Iglesia el don de la alegría
espiritual, y guía a tus fieles por el camino de la salvación
y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Te convertiré en luz de las naciones.]
Del libro del profeta Isaías 49, 1-6
Escúchenme, islas; pueblos lejanos, atiéndanme. El
Señor me llamó desde el vientre de mi madre; cuando aún
estaba yo en el seno materno, él pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada filosa, me escondió en la
sombra de su mano, me hizo flecha puntiaguda, me guardó
en su aljaba y me dijo: “Tú eres mi siervo, Israel; en ti
manifestaré mi gloria”. Entonces yo pensé: “En vano me
he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas; en realidad
mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa la
tenía mi Dios”.
Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno
materno, para que fuera su servidor, para hacer que
Jacob volviera a él y congregar a Israel en torno suyo
-tanto así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-.
Ahora, pues, dice el Señor: “Es poco que seas mi siervo
sólo para restablecer a las tribus de Jacob y reunir a los
sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las
naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos
rincones de la tierra”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 138
R. Te doy gracias, Señor, porque me has formado
maravillosamente.
Tú me conoces, Señor, profundamente: tú conoces
cuándo me siento y me levanto, desde lejos sabes mis
pensamientos, tú observas mi camino y mi descanso, todas
mis sendas te son familiares. R.
Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el seno materno
te doy gracias por tan grandes maravillas; soy un prodigio
y tus obras son prodigiosas. R.
Conocías plenamente mi alma; no se te escondía
mi organismo, cuando en lo oculto me iba formando y
entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.
SEGUNDA LECTURA
[Antes de que Jesús llegara, Juan predicó a todo Israel
un bautismo de penitencia.]
De los Hechos de los Apóstoles 13, 22-26
En aquellos días, Pablo les dijo a los judíos: “Hermanos:
Dios les dio a nuestros padres como rey a David, de quien
hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre
según mi corazón, quien realizará todos mis designios.
Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo
nacer para Israel un salvador: Jesús. Juan preparó su
venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo
de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo
no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno
a quien no merezco desatarle las sandalias’.
Hermanos míos, descendientes de Abraham, y cuantos
temen a Dios: Este mensaje de salvación les ha sido
enviado a ustedes”. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 1, 76
R. Aleluya, aleluya.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque
irás delante del Señor a preparar sus caminos. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Juan es su nombre.]
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80
Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a
luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se
enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande
misericordia, se regocijaron con ella.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían
poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso,
diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían:
“Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.
Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería
que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió:
“Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En
ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el
habla y empezó a bendecir a Dios.
Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos
y en toda la región montañosa de Judea se comentaba
este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban
impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo
decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.
El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se
iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que
se dio a conocer al pueblo de Israel. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: • Juan es el hijo de Zacarías, el
mudo, y de Isabel, la estéril. Su aparición anuncia
la llegada de los tiempos mesiánicos en los que la
esterilidad se convertirá en fecundidad y el mutismo
llegará a ser exuberancia profética. Para recalcar esta
pertenencia del Bautista al ilustre linaje del Antiguo
Testamento, san Lucas nos trasmite un relato de su
maravilloso nacimiento, que evoca el perfil de las
grandes vocaciones de los antiguos profetas. Al fiel
testimonio del Bautista en favor de la mesianidad de
Jesús correspondió el aval de Cristo sobre la grandeza
sin igual de su precursor: Juan es “el más grande
de los profetas”, y “el mayor entre todos los nacidos
de mujer”… • Él es un hombre sincero y honesto,
que practica la denuncia del mal aunque en ello le
vaya la vida. Él es un hombre humilde y sensato,
que reconoce que su persona y su anuncio están en
función de otro superior a él, del que él es simple
testigo. Una sola frase condensa todo su mensaje:
«Conviértanse, porque está cerca el Reino de Dios». A
la gente bien dispuesta el Bautista les propone dos
actitudes básicas: amor y justicia.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Presentamos, Señor, en tu altar estos dones, al celebrar con
el debido honor el nacimiento de aquel que no sólo anunció
al Salvador que habría de venir, sino, además, lo mostró ya
presente. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
PREFACIO: La misión del Precursor.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque en la persona de su Precursor, Juan el Bautista,
alabamos tu magnificencia, ya que lo consagraste con el más
grande honor entre todos los nacidos de mujer.
Al que fuera, en su nacimiento, ocasión de gran júbilo,
y aun antes de nacer saltara de gozo ante la llegada de la
salvación humana, le fue dado, sólo a él entre todos los
profetas, presentar al Cordero que quita el pecado del mundo.
Y en favor de quienes habrían de ser santificados, lavó en
agua viva al mismo autor del bautismo, y mereció ofrecerle
el supremo testimonio de su sangre.
Por eso, unidos a los ángeles, te alabamos continuamente
en la tierra, proclamando tu grandeza sin cesar: Santo, Santo,
Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc 1, 78
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha
visitado el sol que nace de lo alto.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Renovados por el banquete celestial del Cordero, te
rogamos, Señor, que tu Iglesia, llena de alegría por el
nacimiento de Juan el Bautista, reconozca en aquel que Juan
anunció que habría de venir al autor de la salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor.




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