29 domingo
Rojo
DOMINGO DE RAMOS,
«DE LA PASIÓN DEL SEÑOR»
MR p. 247 [257] / Lecc. I p. 193.
LH Semana II del Salterio.
CONMEMORACIÓN DE LA ENTRADA
DEL SEÑOR EN JERUSALÉN
Primera forma: Procesión
A la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia
menor o en algún otro lugar adecuado, fuera del templo hacia
el cual va a dirigirse la procesión. Los fieles llevan ramos
en las manos. El sacerdote y los ministros, revestidos con
los ornamentos rojos, se acercan al lugar donde el pueblo
está congregado. El sacerdote, en lugar de casulla, puede
usar la capa pluvial, que dejará después de la procesión, y se
pondrá la casulla. Entretanto se canta la siguiente antífona
u otro canto adecuado:
ANTÍFONA Mt 21, 9
Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre
del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.
Enseguida el sacerdote saluda al pueblo de la manera
acostumbrada y hace una breve exhortación, invitando a los
fieles a participar activa y conscientemente en la celebración
de este día. Puede hacerlo con éstas o semejantes palabras.
Queridos hermanos: Después de haber preparado nuestros
corazones desde el principio de la Cuaresma con nuestra
penitencia y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos
para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebración anual
del Misterio Pascual, es decir, de la pasión y resurrección
de nuestro Señor Jesucristo, misterios que empezaron con
su entrada a Jerusalén, su ciudad.
Por eso, recordando con toda fe y devoción esta entrada
salvadora, sigamos al Señor, para que participando de su
cruz, tengamos parte con él en su resurrección y su vida.
BENDICIÓN DE LAS PALMAS
Después de esta monición, el sacerdote, teniendo
extendidas las manos, dice una de las dos oraciones
siguientes:
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu
bendición + estos ramos, para que, quienes acompañamos
jubilosos a Cristo Rey, podamos llegar, por él, a la Jerusalén
del cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
O bien:
Oremos: Aumenta, Señor Dios, la fe de los que esperan en
ti y escucha con bondad las súplicas de quienes te invocan,
para que, al presentar hoy nuestros ramos a Cristo victorioso,
demos para ti en él frutos de buenas obras. Él, que vive y
reina por los siglos de los siglos. R. Amén.
Y, en silencio, rocía los ramos con agua bendita. Enseguida
el diácono, o en su ausencia el mismo sacerdote, proclama
del modo acostumbrado el Evangelio de la entrada del Señor
a Jerusalén, según el evangelista correspondiente a cada
Ciclo litúrgico. Si es oportuno se usa el incienso.
EVANGELIO
[Bendito el que viene en nombre del Señor.]
Del santo Evangelio según san Mateo 21, 1-11
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé,
junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus
discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente;
al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con
ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo,
díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá”.
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del
profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene
a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de
animal de yugo.
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les
había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito.
Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó
encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían
a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían
gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el
que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió.
Unos decían: “¿Quién es éste?” Y la gente respondía: “Este es
el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Palabra del Señor.
Después del Evangelio, puede tenerse una breve homilía.
Al iniciar la procesión, el celebrante, el diácono u otro
ministro idóneo puede hacer una monición con estas palabras
u otras parecidas:
Queridos hermanos: Imitando a la multitud que aclamaba
al Señor, avancemos en paz.
O bien: Avancemos en paz. En este caso responden: En el
nombre de Cristo. Amén.
Y se inicia del modo acostumbrado la procesión. Si se
usa el incienso, el turiferario va adelante. Un acólito u otro
ministro con la cruz adornada con ramos, según la costumbre
del lugar, y, a su lado, dos ministros con velas encendidas.
Sigue luego el diácono con el Evangeliario, el sacerdote con
los ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos en las
manos. Al avanzar la procesión, el coro y el pueblo entonan los
siguientes cánticos u otros apropiados en honor a Cristo Rey:
ANTÍFONA 1
Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al
encuentro del Señor, aclamando: “Hosanna en el cielo”.
Si se cree oportuno, pueden alternarse éstas dos Antífona
con los versículos de los Salmos siguientes:
Salmo 23
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y
los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él
fue quien lo asentó sobre los ríos. Se repite la antífona.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá
entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos
puras y que no jura en falso. Se repite la antífona.
Ese obtendrá la bendición de Dios y Dios, su salvador,
le hará justicia. Esta es la clase de hombres que te buscan y
vienen ante ti, Dios de Jacob. Se repite la antífona.
¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el rey de la gloria! Se repite la antífona.
Y ¿quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y
poderoso, el Señor, poderoso en la batalla. Se repite la antífona.
¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones
eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! Se repite la
antífona.
Y ¿quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los
ejércitos, él es el rey de la gloria. Se repite la antífona.
ANTÍFONA 2
Los niños hebreos extendían sus mantos por el camino
y aclamaban: “Hosanna al Hijo de David, bendito el que
viene en nombre del Señor”.
Salmo 46
Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Señor, de gozo
llenos; que el Señor, el Altísimo, es terrible y de toda la
tierra, rey supremo. Se repite la antífona.
Fue él quien nos puso por encima de todas las naciones
y los pueblos, al elegirnos como herencia suya, orgullo de
Jacob, su predilecto. Se repite la antífona.
Entre voces de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende
hasta su trono. Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey
honremos y cantemos todos. Se repite la antífona.
Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de
nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde
su trono santo. Se repite la antífona.
Los jefes de los pueblos se han reunido con el pueblo de
Dios, Dios de Abraham, porque de Dios son los grandes de
la tierra. Por encima de todo Dios está.
Se repite la antífona.Se pueden tomar los Himnos a Cristo
Rey, en latín o en español de las pp.253-255 [264-267].
¡Que viva mi Cristo,
que viva mi Rey,
que impere doquiera
triunfante su ley! (2)
¡Viva Cristo Rey,
Viva Cristo Rey!
1. Mexicanos, un Padre
tenemos
que nos dio de la Patria
la unión,
a ese Padre gozosos cantemos
empuñando con fe su pendón.
2. Demos gracias al Padre
que ha hecho
que tengamos de herencia la luz
y podamos vivir en el reino
que su Hijo nos dio por la cruz.
3. Dios le dio el poder, la
victoria;
pueblos todos, venid y alabad
a este Rey de los cielos y tierra
en quien sólo tenemos la paz.
4. Rey eterno, Rey universal,
en quien todo ya se restauró,
te rogamos que todos los
pueblos
sean unidos en un solo amor.
HIMNO A CRISTO REY
Al entrar la procesión en la iglesia, se canta el siguiente
responsorio u otro canto alusivo a la entrada del Señor
en Jerusalén:
RESPONSORIO
R. Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos,
anunciando con anticipación la resurrección del Señor de la vida,
* con palmas en las manos, aclamaban: Hosanna en el cielo.
V. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén, el pueblo
salió a su encuentro.
R.Con palmas en las manos, aclamaban: Hosanna en el cielo.
El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia
y, si lo juzga oportuno, lo inciensa. Luego se dirige a la sede
donde se quita la capa pluvial, si la usó, y se pone la casulla
y, omitidos los demás ritos iniciales de la Misa, incluso el
Señor, ten piedad, si es oportuno, dice la oración colecta y
prosigue la Misa de la manera acostumbrada.
Segunda forma: Entrada solemne
Los fieles se reúnen ante la puerta de la iglesia o bien
dentro de la misma iglesia, llevando los ramos en la mano.
El sacerdote, los ministros y algunos de los fieles, van a un
sitio adecuado de la iglesia, fuera del presbiterio en donde
pueda ser vista fácilmente la celebración, al menos por la
mayor parte de los fieles.
Tercera forma: Entrada sencilla
Se efectúa corno en la Misa ordinaria, comenzando, si es
posible, cantando la antífona de entrada (u otro canto sobre
el mismo tema). Si no se canta, el sacerdote lee la antífona
después del saludo inicial. Ver la p. 256 [Núms. 12-15 y
16-17] [268 Núms. 12-15 y 16-17].
LA MISA
ANTÍFONA DE ENTRADA
Cfr. Jn 12, 1. 12-13; Sal 23, 9-10
Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró a la
ciudad de Jerusalén, salieron los niños a su encuentro y
llevando en sus manos ramos de palmera aclamaban con
fuerte voz: * Hosanna en el cielo. Bendito tú, que vienes
lleno de bondad y de misericordia. – Puertas, ábranse
de par en par; agrándense, portones eternos, porque va
a entrar el Rey de la gloria. Y ¿quién es ese Rey de la
gloria? El Señor de los ejércitos es el Rey de la gloria.
* Hosanna en el cielo. Bendito tú, que vienes lleno de
bondad y de misericordia.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro
Salvador se hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al
género humano ejemplo de humildad, concédenos, benigno,
seguir las enseñanzas de su pasión y que merezcamos
participar de su gloriosa resurrección. Él, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los
siglos de los siglos.
No se dice Gloria.
PRIMERA LECTURA
[No aparté mi rostro de los insultos, y sé que no quedaré
avergonzado.]
Del libro del profeta Isaías 50, 4-7
En aquel entonces, dijo Isaías: “El Señor me ha dado
una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con
palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que
escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír
sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado
para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a
los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los
insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido,
por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré
avergonzado”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 21
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos
y dicen: “Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de
veras lo ama, que lo libre”. R.
Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos
perros. Mis manos y mis pies han taladrado y se pueden
contar todos mis huesos. R.
Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a
los dados. Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes
de mí tan alejado. R.
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea
te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo; glorifícalo, linaje de
Jacob; témelo, estirpe de Israel. R.
SEGUNDA LECTURA
[Cristo se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó.]
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses 2, 6-11
Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a
las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el
contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de
siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de
ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso
la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el
nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de
Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los
abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo
es el Señor, para gloria de Dios Padre. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó
incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo
exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está
sobre todo nombre. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Se lee la historia de la Pasión del Señor. No se llevan
ciriales ni incienso, ni se hace al principio el saludo, ni
se signa el libro. La lectura la hace un diácono o, en su
defecto, el sacerdote. Puede también ser hecha por lectores,
reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente
a Cristo. Solamente los diáconos piden la bendición del
celebrante antes del canto de la Pasión, como se hace antes
del Evangelio.
EVANGELIO
Mt 26, 14—27. 66; forma breve: 27, 11-54
Cuando la lectura se hace alternada:
C = Cronista; S = “Sinagoga”; y ╬ = Cristo
Puede elegirse la lectura breve de la Pasión por razones
pastorales *
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
SEGÚN SAN MATEO
C En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote,
fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
S “¿Cuánto me dan si les entregó a Jesús?”
C Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y
desde ese momento andaba buscando una oportunidad para
entregárselo… El primer día de la fiesta de los panes Ázimos,
los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
S “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”
C El respondió:
╬ “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El
Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la
Pascua con mis discípulos en tu casa’ “.
C Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon
la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los
Doce, y mientras cenaban, les dijo:
╬ “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”.
C Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle
uno por uno:
S ¿Acaso soy yo, Señor?”
C El respondió:
╬ “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése
va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir,
como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el
Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese
hombre no haber nacido”.
C Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S “¿Acaso soy yo, Maestro?”
C Jesús le respondió:
╬ “Tú lo has dicho”.
C Durante la cena, Jesús tomó un pan, y pronunciada la
bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
╬ “Tomen y coman. Este es mi Cuerpo”.
C Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada
la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo:
╬ “Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre
de la nueva alianza, que será derramada por todos, para
el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más
del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes
el vino nuevo en el Reino de mi Padre”.
C Después de haber cantado el himno, salieron hacia el
monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:
╬ “Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche,
porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las
ovejas del rebaño. Pero después de que yo resucite, iré
delante de ustedes a Galilea”.
C Entonces Pedro le replicó:
S “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me
escandalizaré”.
C Jesús le dijo:
╬ “Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el
gallo cante, me habrás negado tres veces”.
C Pedro le replicó:
S “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”.
C Y lo mismo dijeron todos los discípulos.
Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní
y dijo a los discípulos:
╬ “Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá”.
C Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y
comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
╬ “Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense
aquí y velen conmigo”.
C Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y
comenzó a orar, diciendo:
╬ “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero
que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú”.
C Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los
encontró dormidos. Dijo a Pedro:
╬ “¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen
y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu
está pronto, pero la carne es débil”.
C Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo:
╬ “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo
beba, hágase tu voluntad”.
C Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez
dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los
dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las
mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban
los discípulos y les dijo:
╬ “Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora
y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los
pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me
va a entregar”.
C Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno
de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas
y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del
pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal:
S “Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo”.
C Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
S “¡Buenas noches, Maestro!”
C Y lo besó… Jesús le dijo:
╬ “Amigo, ¿es esto a lo que has venido?”
C Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo
apresaron. Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada,
hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le
dijo entonces Jesús:
╬ “Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada,
a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi
Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de
doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían
entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?”
C Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
╬ “¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con
espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el
templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido
para que se cumplieran las predicciones de los profetas”.
C Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del
sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos
estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta
el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los
criados para ver en qué paraba aquello... Los sumos
sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso
testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero
no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos
falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron:
S “Este dijo: ‘Puedo derribar el templo de Dios y
reconstruirlo en tres días’ “.
C Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
S “¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en
contra tuya?”
C Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo:
S “Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios”.
C Jesús le respondió:
╬ “Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto
verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios,
venir sobre las nubes del cielo”.
C Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
S “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?”
C Ellos respondieron:
S “Es reo de muerte”.
C Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de
bofetadas… Otros lo golpeaban, diciendo:
S “Adivina quién es el que te ha pegado”.
C Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio… Una
criada se le acercó y le dijo:
S “Tú también estabas con Jesús, el galileo”.
C Pero él lo negó ante todos, diciendo:
S “No sé de qué me estás hablando”.
C Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo
a los que estaban ahí:
S “También ése andaba con Jesús, el nazareno”.
C Él de nuevo lo negó con juramento:
S “No conozco a ese hombre”.
C Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí
y le dijeron:
S “No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta
tu modo de hablar te delata”.
C Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que
no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el
gallo… Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho:
‘Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces’.
Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente.
Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y
los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús
para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el
procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron.
Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que
Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido
las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los
ancianos, diciendo:
S “Pequé, entregando la sangre de un inocente”.
C Ellos dijeron: “
S ¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú”.
C Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo,
se fue y se ahorcó.
Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:
S “No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas,
porque son precio de sangre”.
C Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del
alfarero, para sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel
campo se llama hasta el día de hoy “Campo de sangre”.
Así se cumplió lo que-dijo el profeta Jeremías: Tomaron
las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien
pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el
Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor.
* Comienza la lectura breve
C Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien
le preguntó:
S “¿Eres tú el rey de los judíos?”
C Jesús respondió:
╬ “Tú lo has dicho”.
C Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los
sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:
S “¿No oyes todo lo que dicen contra ti?”
C Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador
se quedó muy extrañado… Con ocasión de la fiesta de la
Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad
del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso,
llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos:
S “¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o
a Jesús, que se dice el Mesías?”
C Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia…
Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
S “No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido
mucho en sueños por su causa”.
C Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos
convencieron a la muchedumbre de que pidieran la
libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el
procurador les preguntó:
S “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”,
C ellos respondieron:
S “A Barrabás”.
C Pilato les dijo:
S “¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?”
C Respondieron todos:
S “Crucifícalo”.
C Pilato preguntó:
S “Pero, ¿qué mal ha hecho?”
C Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:
S “¡Crucifícalo!”
C Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el
tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo:
S “Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre
justo. Allá ustedes”.
C Todo el pueblo respondió:
S “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!”
C Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio
a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del procurador llevaron a Jesús al
pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón…
Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura,
trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la
cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha, y
arrodillándose ante él, se burlaban diciendo:
S “¡Viva el rey de los judíos!”,
C y le escupían.
Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la
cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el
manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado
Simón, y lo obligaron a llevar la cruz… Al llegar a un lugar
llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron
a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no
lo quiso beber.
Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando
suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo... Sobre
su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: ‘Este
es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron
a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza
y gritándole:
S “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas,
sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”.
C También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los
escribas y los ancianos, diciendo:
S “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es
el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él… Ha
puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que
de verdad lo ama, pues él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’ “.
C Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo
injuriaban.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció
toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó
con fuerte voz:
╬ “Eli, Eli, ¿lemá sabactaní?”,
C que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?”… Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S “Está llamando a Elías”.
C Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja,
la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció
de beber. Pero los otros le dijeron:
S “Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”.
C Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.
[Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos
instantes].
C Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de
arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se
abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían
muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en
la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.
Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando
a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se
llenaron de un gran temor y dijeron:
S “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.
Fin de la lectura breve
C Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las
mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo.
Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de
Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado
José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se
presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato
dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo
envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro
nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo.
Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y
se retiró… Estaban ahí María Magdalena y la otra María,
sentadas frente al sepulcro.
Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua,
los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato
y le dijeron:
S “Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando
aún en vida, dijo: ‘A los tres días resucitaré’… Manda, pues,
asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan
sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: ‘Resucitó
de entre los muertos’, porque esta última impostura sería
peor que la primera”.
C Pilato les dijo:
S “Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el
sepulcro como ustedes quieran”.
C Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello
sobre la puerta y dejaron ahí la guardia. Palabra del Señor.
Después de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se
cree oportuno, una breve homilía. También se puede guardar
un momento de silencio. Se dice Credo y se hace la oración
universal.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Imploremos a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, que en
la cruz presentó oraciones y súplicas al Padre, y pidámosle
por todos los hombres:
1. Para que el Señor tenga piedad de los fieles que han
caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento
de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la
paz, reguemos al Señor.
2. Para que la sangre de Jesús –que habla más
favorablemente que la de Abel– reconcilie con Dios a los
que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia
o las propias pasiones, roguemos al Señor.
3. Para que el Señor –que en la cruz experimentó la
amargura de sentirse triste y abandonado– se apiade de
los enfermos y los oprimidos a fin que los conforte en su
aflicción, roguemos al Señor.
4. Para que el Señor –que recibió en su Reino al ladrón
arrepentido– se apiade de nosotros y nos admita, después
de la muerte, en su paraíso, roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al
mundo, para que destruyera el pecado y la muerte, y nos
devolviera la vida y la felicidad, escucha las oraciones de
tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de su
redención. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que la pasión de tu Unigénito, Señor, nos atraiga tu
perdón, y aunque no lo merecemos por nuestras obras, por
la mediación de este sacrificio único, lo recibamos de tu
misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO: La Pasión del Señor.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, siendo inocente, se dignó padecer por los
pecadores y fue injustamente condenado por salvar a los
culpables; con su muerte borró nuestros delitos y, resucitando,
conquistó nuestra justificación.
Por eso, te alabamos con todos los ángeles y te aclamamos
con voces de júbilo, diciendo: Santo, Santo, Santo…
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 26, 42
Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este cáliz,
hágase tu voluntad.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio
de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo
que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio
de su resurrección, a la meta de nuestras esperanzas. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Dios y Padre nuestro, mira con bondad a esta familia tuya,
por la cual nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a
sus verdugos y padecer el tormento de la cruz. Por Jesucristo,
nuestro Señor.




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