30 lunes
Morado
LUNES SANTO
MR p. 259 [272] / Lecc. I p. 802
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 34, 1-2; Sal 139, 8
Juzga, Señor, a los que me hacen daño, ataca a los que
me atacan, toma las armas y el escudo, levántate y ven en
mi ayuda. Señor, mi fuerza de salvación.
ORACIÓN COLECTA
Te rogamos, Dios todopoderoso, que quienes
desfallecemos a causa de nuestra debilidad, nos recuperemos
gracias a la pasión de tu Unigénito. Él, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los
siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
[No gritará ni hará oír su voz en las plazas.]
Del libro del profeta Isaías 42, 1-7
Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien
tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para
que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará
ni clamará, no hará oír su voz en las plazas, no romperá la
caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea.
Proclamará la justicia con firmeza, no titubeará ni se
doblegará, hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.
Esto dice el Señor Dios, el que creó el cielo y lo extendió,
el que dio firmeza a la tierra, con lo que en ella brota; el que
dio el aliento a la gente que habita la tierra y la respiración
a cuanto se mueve en ella: “Yo, el Señor, fiel a mi designio
de salvación, te llamé, te tomé de la mano; te he formado y
te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de
la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 26
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle
miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá
hacerme temblar? R.
Cuando me asaltan los malvados para devorarme, ellos,
enemigos y adversarios, tropiezan y caen. R.
Aunque se lance contra mí un ejército, no temerá mi
corazón; aun cuando hagan la guerra contra mí, tendré plena
confianza en el Señor. R.
La bondad del Señor espero ver en esta misma vida.
Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro, sólo tú has tenido compasión de
nuestras faltas. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
EVANGELIO
[Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura.]
Del santo Evangelio según san Juan 12, 1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania,
donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre
los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía
y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó entonces una libra de perfume de nardo
auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él
y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con
la fragancia del perfume.
Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba
a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese
perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?”
Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque
era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que
echaban en ella.
Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado
para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán
siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.
Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de
que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también
para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre
los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar
a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban
y creían en Jesús. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Un día, en medio de una confrontación
con sus eternos adversarios, Jesús evocará la profecía
de Isaías al afirmar que Él no viene «a romper la caña
resquebrajada, ni a apagar la mecha que aún humea» (Mt
12, 20). La amistad sincera en casa de Lázaro es un alivio
para el Señor en medio del odio de sus enemigos –e incluso
frente a uno que, se suponía, era «de los suyos»– pero que
estaba corroído por la mezquina ambición. Nunca duda Él
en salir en oportuna defensa de la “derrochadora” María,
que se adelanta así, con su costosa fragancia, a la devota
unción en su sepultura.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira con bondad, Señor, los sagrados misterios que
estamos celebrando y ya que en tu misericordia dispusiste
que nos sirvieran para desechar nuestros falsos criterios,
concédenos que nos ayuden a producir verdaderos frutos
de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio II de la Pasión del Señor, p. 498 [499].
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 101, 3
No apartes tu rostro de mí. En el día de mi tribulación, inclina
a mí tu oído, y, siempre que te invoque, respóndeme enseguida.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Visita, Señor, a tu pueblo y protege con tu constante
amor a quienes has santificado por estos misterios, para
que recibamos de tu misericordia y conservemos con tu
protección, los auxilios para nuestra salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Dios y Padre nuestro, que tu protección socorra a los
humildes y asista continuamente a quienes confían en tu
misericordia, para que se preparen a celebrar las fiestas
pascuales no sólo con acciones corporales, sino sobre todo
con pureza de corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.




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