30 martes
Verde / Rojo
Feria
o LOS PRIMEROS SANTOS MÁRTIRES
DE LA IGLESIA ROMANA
MR pp. 742 y 879 [766 y 918] / Lecc II p. 510
Al día siguiente de la solemnidad de los apóstoles Pedro
y Pablo, se conmemora a los cristianos de Roma que el
emperador Nerón mandó matar de una manera atroz,
acusados de haber incendiado la ciudad en julio de 64.
El historiador romano Tácito dice que “era una inmensa
multitud”. La tradición afirma que Pedro fue una de estas
innumerables víctimas.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Apoc 7, 14; Dn 3, 95
Estos son los que han pasado por la gran persecución, y
han lavado su túnica con la sangre del Cordero. Entregaron
sus cuerpos a los suplicios por Dios y obtuvieron una
corona eterna.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que consagraste con la sangre de los
mártires los fecundos comienzos de la Iglesia de Roma,
concédenos que su valor en tan arduo combate nos
fortalezca, y su gloriosa victoria nos llene siempre de
alegría. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[El Señor ha hablado, ¿quién no profetizará?]
Del libro del profeta Amos 3, 1-8; 4, 11-12
Escuchen estas palabras que el Señor les dirige a ustedes,
hijos de Israel, y a todo el pueblo que hizo salir de Egipto:
“Sólo a ustedes los elegí entre todos los pueblos de la
tierra, por eso los castigaré con mayor rigor por todos sus
crímenes.
¿Acaso podrán caminar dos juntos, si no están de
acuerdo? ¿Acaso no ruge el león en la selva, cuando tiene
ya su presa? ¿Lanza su rugido el cachorro de león desde
su cueva, si no ha cazado nada? ¿Cae el pájaro al suelo,
sin que se le haya tendido una trampa? ¿Se levanta del
suelo la trampa, sin que haya atrapado algo? ¿Se toca la
trompeta en la ciudad, sin que se alarme la gente? ¿Hay
alguna desgracia en la ciudad, sin que el Señor la mande?
Ciertamente el Señor no hace nada sin revelar antes su
designio a sus profetas. Pues bien, ya ha rugido el león,
¿quién no tendrá miedo? El Señor Dios ha hablado, ¿quién
no profetizará?
Los he destruido a ustedes como a Sodoma y a Gomorra;
han quedado como un tizón sacado del incendio y no se
han vuelto a mí, dice el Señor.
Por eso te voy a tratar así, Israel, y porque así te voy
a tratar, prepárate, Israel, a comparecer ante tu Dios”.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 5
R. Enséñame, Señor, tu santidad.
Tú no eres, Señor, un Dios al que pudiera la maldad
agradarle, ni el malvado es tu huésped ni ante ti puede
estar el arrogante. R.
Al malhechor detestas, y destruyes, Señor, al embustero;
aborreces al hombre sanguinario y a quien es traicionero. R.
Pero yo, por tu gran misericordia, entraré en tu casa y
me postraré en tu templo santo con reverencia de alma. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 129, 5
R. Aleluya, aleluya.
Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su
palabra. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Dio una orden terminante a los vientos y al mar, y
sobrevino una gran calma.]
Del santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27
En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con
sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una
tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él
estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole:
“Señor, ¡sálvanos, que perecemos!”
Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de
poca fe?” Entonces se levantó, dio una orden terminante a
los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos
hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien
hasta los vientos y el mar obedecen?” Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Este episodio se vincula con el tema
del seguimiento: Jesús subió a una barca «junto con
sus discípulos». Efectivamente, en la barca de la Iglesia
nunca faltarán los momentos de prueba, similares a
los de esta tormenta en el lago. La súplica desesperada
de los apóstoles ante el acoso del viento y de las olas,
es muestra de una fe incipiente: «Señor, ¡sálvanos, que
perecemos!». Debido a nuestra fe inmadura, también
nosotros podríamos ponernos nerviosos, pero Jesús
por supuesto que no nos falla: «Yo estaré con ustedes
todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20).
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que te sea grata, Señor, la ofrenda que te presentamos en
la celebración de este glorioso martirio para que, además
de purificarnos de nuestros pecados, haga aceptables ante ti
las oraciones de tus siervos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Lc 12, 4
Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos
que los matan.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados con el pan del cielo y hechos un solo cuerpo
en Cristo, concédenos, Señor, que nunca nos apartemos de
su amor y que, a ejemplo de los santos mártires de la Iglesia
Romana, lo superemos todo con valentía por él, que tanto
nos amó. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.




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