Lectura del Día

Lecturas



30 Octubre del 2019

30 miércoles
Verde / Rojo

Feria o Misa del Espíritu Santo “A”
MR p. 1124 [1170] / Lecc. II p. 946

ANTÍFONA DE ENTRADA Rom 5, 5; cfr. 8, 11

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, bajo su inspiración, sepamos discernir lo que es recto y experimentemos siempre el gozo de su consuelo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Todo contribuye al bien de los que aman a Dios.]
De la carta del Apóstol san Pablo a los romanos 8, 26-30
Hermanos: el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen. Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por Él según su designio salvador. En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 12, 4-5a, 5b-6

R. Confío, Señor, en tu bondad. Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío. Sigue dando luz a mis ojos y líbrame del sueño de la muerte, para que no digan mis adversarios que me han vencido ni se alegren de mi derrota. R. Pues yo confío en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. 2 Tes 2, 14

R. Aleluya, aleluya. Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Vendrán del oriente y del poniente y participarán en el banquete del Reino de Dios.]
Del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30
En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”. Jesús le respondió: “Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Pero Él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’. Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero Él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • Nuestra oración es, generalmente, débil e insuficiente, pues ni siquiera sabemos pedir lo que es conforme con la voluntad de Dios. Pero en nosotros habita el Espíritu Santo que –con su divina inspiración y con su ayuda eficaz– intercede por nosotros ante el Padre para que podamos alcanzar los frutos de nuestra filiación divina. Por lo tanto, el cristiano que trata de ser fiel, puede estar seguro de que nada podrá impedir su salvación. En su plan amoroso, Dios nos eligió para ser conformes a la imagen de su Hijo (Cfr. Gal 3, 26)… • Ser cristiano no es una especie de medio “mágico” de salvación. Esta viene, en cambio, del afortunado encuentro del esfuerzo humano con el don divino. No son ciertamente pocos «los que se salvan», porque vendrán de todas partes de la tierra (Cfr. Ap 7). La presente advertencia, sin embargo, de «entrar por la puerta estrecha» nos dice que, en definitiva, no bastan las buenas intenciones ni las bellas palabras, sino que se requiere una vida de fe llevada realmente a la práctica. El único criterio verdaderamente decisivo será entonces el de nuestras buenas obras.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Santifica, Señor, los dones que te ofrecemos y purifica nuestros corazones con la luz del Espíritu Santo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Sal 67, 29-30

Confirma, Señor, las obras que realizaste por nosotros, desde tu templo santo de Jerusalén.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que la efusión de tu Espíritu Santo, Señor, purifique nuestros corazones y los fecunde con la aspersión íntima de su divino rocío. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Coronado Flores Rigoberto · Díaz López José · Hernández Valle Hipólito · Torres Solís Fernando ·

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16 de octubre de 2019

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