19 viernes
Verde / Blanco
Feria
o SAN ROMUALDO, Abad
MR pp. 731 y 923 [752 y 962] / Lecc. II p. 466
Después de una juventud bastante libertina, Romualdo
entró de monje en Ravena. Pero él quería combinar la
vida de comunidad con la de los ermitaños. Durante
mucho tiempo estuvo buscando su camino hasta que se
estableció en Camáldoli, junto a los montes Apeninos.
Los camaldulenses pueden seguir la regla de san Benito
o vivir como ermitaños, o combinar ambas vidas.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 91, 13-14
El justo florecerá como palmera, y se multiplicará como
cedro del Líbano, plantado en la casa del Señor, en los
atrios de la casa de nuestro Dios.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que por medio de san Romualdo
renovaste en la Iglesia la vida eremítica, concede que,
negándonos a nosotros mismos y siguiendo a Cristo,
merezcamos llegar felizmente al reino celestial. Por
nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Ungieron a Joás y gritaron: “¡Viva el rey!”]
Del segundo libro de los Reyes 11, 1-4. 9-18. 20
Por aquel entonces, Atalía, madre del rey Ocozías,
viendo que había muerto su hijo, decidió exterminar a
toda la familia real. Pero Yehosebá, hija del rey Joram y
hermana de Ocozías, tomó a su sobrino Joás y lo sacó a
escondidas de entre los hijos del rey, cuando los estaban
asesinando, para ocultarlo de Atalía. Escondió al niño y a
su nodriza, y así el niño pudo escapar de la muerte. Seis
años estuvo oculto con ella en el templo del Señor, y entre
tanto Atalía reinó en el país.
El año séptimo, el sacerdote Yehoyadá mandó llamar
a los oficiales del ejército y a los soldados de éstos, los
introdujo en el templo del Señor, les mostró al hijo del
rey e hizo con ellos un pacto con juramento, de cuidar al
hijo del rey.
Los oficiales cumplieron el pacto que habían hecho con
el sacerdote Yehoyadá. Cada cual se puso al frente de sus
hombres, que entraban de guardia el sábado o terminaban
su guardia el sábado, y se presentaron ante el sacerdote
Yehoyadá. Este les entregó las lanzas y los escudos del
rey David, que estaban en el templo del Señor. Cuando
los soldados de la guardia, con las armas en la mano, se
pusieron en fila desde el lado sur hasta el lado norte del
templo, rodeando el altar, Yehoyadá sacó al hijo del rey, le
puso la diadema y las insignias reales y lo ungió. Entonces
todos aplaudieron y gritaron: “¡Viva el rey!”
Cuando Atalía escuchó el clamor popular, fue al templo
del Señor, donde estaba reunida la gente. Entonces vio al
rey, que estaba de pie sobre el estrado, según la costumbre,
a los oficiales del ejército y a los heraldos en torno al rey,
y a todo el pueblo que daba muestras de gran alegría,
mientras sonaban las trompetas. Entonces Atalía rasgó
sus vestiduras y gritó: “¡Traición, traición!”
El sacerdote Yehoyadá dio esta orden a los oficiales:
“Sáquenla del templo y maten al que la siga”. El sacerdote
les había dicho: “No podemos matarla en el templo del
Señor”. Así pues, los guardias la llevaron hasta el palacio
real y le dieron muerte en la puerta de los caballos.
Entonces el sacerdote Yehoyadá renovó la alianza entre
el Señor, el rey y el pueblo, por la cual ellos serían el
pueblo del Señor.
Todo el pueblo penetró en el templo de Baal y lo
destrozaron; destruyeron completamente el altar y sus
estatuas, y a Matán, sacerdote de Baal, le dieron muerte
delante del altar.
El sacerdote Yehoyadá puso centinelas en el templo
del Señor. Todo el pueblo se llenó de alegría y la ciudad
quedó tranquila. Atalía había sido muerta en el palacio
real. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 131
R. Dios le dará el trono de su padre David.
Dios prometió a David –y el Señor no revoca sus
promesas–: “Pondré sobre tu trono a uno de tu propia
descendencia. R.
Si tus hijos son fieles a mi alianza y cumplen los
mandatos que yo enseñe, también ocuparán sus hijos tu
trono para siempre”. R.
Esto es así, porque el Señor ha elegido a Sión como
morada: “Aquí está mi reposo para siempre; porque así
me agradó, será mi casa. R.
Aquí haré renacer el poder de David y encenderé una
lámpara a mi ungido; pondré sobre su frente mi diadema,
ignominia daré a sus enemigos”. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el
Reino de los cielos. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.]
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 19-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No
acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla
y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las
paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el
cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay
ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque
donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus
ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos
están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo
que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué
negra no será tu propia oscuridad!” Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: En el evangelio Jesús ofrece un
conjunto de enseñanzas acerca de la actitud del
discípulo frente a los bienes materiales. De esta
forma ellos aprenderán a servir a un solo Señor y
a evitar la ceguera de acumular por acumular. Hay
gente que logra ser feliz con muy pocas cosas. Ellos
suelen ser los que han asimilado el espíritu de las
Bienaventuranzas, de la pobreza afectiva y efectiva,
como su verdadera «luz» y su auténtico «tesoro». Ellos
saben ser solidarios con los demás en un generoso
compartir. Más que cosas, necesitamos razones para
vivir y para convivir.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Al acercarnos a tu altar, Señor, concédenos aquel
gusto por la piedad del que estuvo inflamado el abad san
Romualdo, para que, limpios de corazón y fervorosos en la
caridad, podamos ofrecerte este sacrificio. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Lc 12, 42
Este es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso
al frente de su familia, para darles a su tiempo la ración
de trigo.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Por la fuerza de este sacramento que recibimos, renueva,
Señor, nuestros corazones, para que, a ejemplo de san
Romualdo, abad, saboreando las cosas de arriba y no las
de la tierra, merezcamos estar en la gloria con Cristo. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos.




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