Lectura del Día

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13 julio del 2019

13 sábado
Verde / Blanco

Feria o SAN ENRIQUE, Emperador
MR pp. 748 y 921 [772 y 960] / Lecc. II p. 553

Nació en 973, fue coronado como emperador de Occidente en Roma el año 1014 y murió en 1024. Lo sepultaron en la catedral de Bamberg, fundada por él. Él y su esposa Cunegunda vivieron una vida casi monástica. No descuidó sus deberes de emperador y se empeñó activamente en la reforma de la Iglesia en Alemania y en Italia.

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 20, 2-3

De tu poder, Señor, se alegra el justo, se alegra en el triunfo que le has dado. Le otorgaste lo que él tanto anhelaba.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que con la abundancia de tu gracia ayudaste a san Enrique a pasar admirablemente del cuidado del gobierno temporal a las realidades del cielo, concédenos, por su intercesión, en medio de la inestabilidad de este mundo, que avancemos hacia ti con un corazón puro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Dios cuidará de ustedes y los sacará de este país.]
Del libro del Génesis 49, 29-32; 50, 15-26
En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dio estas instrucciones: “Yo voy a reunirme con los míos. Sepúltenme junto a mis padres, en la cueva del campo de Makpelá, frente a Mambré, en Canaán. Es el campo que Abraham le compró a Efrón, el hitita, para que lo enterraran. Ahí sepultaron a Abraham y a su esposa Sara, a Isaac y a su esposa Rebeca, y ahí sepulté yo a Lía”. Cuando terminó de dar este encargo a sus hijos, Jacob expiró y fue a reunirse con los suyos. Los hermanos de José, al ver que había muerto su padre, dijeron: “A ver si José no nos guarda rencor y no nos hace pagar todo el daño que le hicimos”. Por eso le mandaron este recado: “Antes de morir, tu padre nos encargó que te dijéramos esto: ‘Perdona, por favor, a tus hermanos su crimen, su pecado y el daño que te hicieron’. También nosotros, siervos del Dios de tu padre, te pedimos que nos perdones”. Cuando José oyó el recado se puso a llorar. Fueron después sus hermanos personalmente a verlo y, postrados ante él, le dijeron: “Aquí nos tienes. Somos esclavos tuyos”. José les replicó: “No tengan miedo. ¿Podemos acaso oponernos a los designios de Dios? Ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios lo convirtió en un bien para hacer sobrevivir a un pueblo numeroso, como pueden ver. Así que no tengan miedo; yo los mantendré a ustedes y a sus pequeñuelos”. Y los consoló y les habló con mucho cariño. José permaneció en Egipto junto con la familia de su padre y vivió hasta los ciento diez años; vio a los bisnietos de Efraín y en sus brazos nacieron los hijos de Makir, hijo de Manasés. Finalmente José les dijo a sus hermanos: “Yo voy a morir ya, pero ciertamente Dios cuidará de ustedes y los hará salir de este país a la tierra que juró dar a Abraham, a Isaac y a Jacob”. José los hizo jurar diciendo: “Cuando Dios los haga salir de esta tierra, se llevarán mis huesos de aquí”. Y luego murió José. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 104, 1-2. 3-4. 6-7

R. Cantemos la grandeza del Señor. Aclamen al Señor y denle gracias, relaten sus prodigios a los pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos celebren sus portentos. R. Del nombre del Señor enorgullézcanse, y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder, y a su presencia acudan. R. Descendientes de Abraham, su servidor; estirpe de Jacob, su predilecto, escuchen: el Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus decretos. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO 1 Pedro 4, 14

R. Aleluya, aleluya. Dichosos ustedes, si los injurian por ser cristianos, porque el Espíritu de Dios descansa en ustedes. R. Aleluya.

EVANGELIO

[No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.]
Del santo Evangelio según san Mateo 10, 24-33
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores! No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo. ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo. A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • La lectura nos ofrece la conclusión del ciclo narrativo dedicado a José y a su familia. La lección fundamental aquí es expresada por José, con una notable y optimista profesión de fe en los designios divinos y en las antiguas promesas: «No tengan miedo… Ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios lo convirtió todo en un bien». Al igual que Jacob, José exige ser llevado, después de la muerte, a la tierra de sus antepasados. Por eso él mismo predice a sus familiares el seguro retorno a un país que les fue prometido por Dios… • El discípulo ha de superar las pruebas y contradicciones, con la certeza de que tiene ya asegurado el éxito y de que –en lógica consecuencia– será reconocido por Cristo frente a su Padre del cielo, que cuida hasta de los seres aparentemente más insignificantes, como son los despreocupados pajarillos del campo. Muy sintomática, por lo demás, es la espontánea invitación que Él les hace hasta por tres veces a “no tener miedo”. Audacia y valentía han de ser las actitudes indispensables de sus auténticos seguidores.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por esta ofrenda que te presentamos, Señor, en la conmemoración de san Enrique, concede a tus fieles los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Mt 16, 24

El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y que me siga, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que los sacramentos recibidos, Señor, en la conmemoración de san Enrique, santifiquen nuestras mentes y nuestros corazones, para que merezcamos participar de la naturaleza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Acosta Aguila Javier Eduardo · Gómez González Víctor · Hernández Serrano Daniel Edauco · Orozco Espinoza Luis Fernando ·

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