13 domingo
Verde
XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
MR p. 436 [434] / Lecc. II p. 58.
LH Semana IV del Salterio.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sir 36, 18
Concede, Señor, la paz a los que esperan en ti, y cumple
así las palabras de tus profetas; escucha las plegarias de
tu siervo, y de tu pueblo Israel.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas,
vuelve a nosotros tus ojos y concede que te sirvamos de
todo corazón, para que experimentemos los efectos de tu
misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Perdona la ofensa a tu prójimo para obtener tú el perdón.]
Del libro del Eclesiástico (Sirácide) 27, 33-28, 9
Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin
embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará
del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados.
Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón
se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor
a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor?
El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide
perdón de sus pecados? Cuando el hombre que guarda
rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará
quien interceda por él?
Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción
del sepulcro y guarda los mandamientos.
Ten presentes los mandamientos y no guardes rencor
a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por
alto las ofensas. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 102
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su
santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides
de sus beneficios. R.
El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades;
él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de
ternura. R.
El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda
rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestras
culpas, ni nos paga según nuestros pecados. R.
Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su
misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos,
así es compasivo el Señor con quien lo ama. R.
SEGUNDA LECTURA
[En la vida y en la muerte somos del Señor.]
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 14, 7-9
Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni
muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos;
y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya
sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del
Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de
vivos y muertos. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 13, 34
R. Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se
amen los unos a los otros, como yo los he amado. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Yo te digo que perdones no sólo siete veces, sino hasta
setenta veces siete.]
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
«Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que
perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No
sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
Entonces Jesús les dijo: «El Reino de los cielos es
semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus
servidores. El primero que le presentaron le debía muchos
millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó
que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus
posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose
a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‹Ten paciencia conmigo
y te lo pagaré todo›. El rey tuvo lástima de aquel servidor,
lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró
con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero.
Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba,
mientras le decía: ‹Págame lo que me debes›. El compañero
se le arrodilló y le rogaba: ‹Ten paciencia conmigo y te lo
pagaré todo›. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que
fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de
indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces
el señor lo llamó y le dijo: ‹Siervo malvado. Te perdoné
toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú
también haber tenido compasión de tu compañero, como
yo tuve compasión de ti?› Y el señor, encolerizado, lo
entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que
pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si
cada cual no perdona de corazón a su hermano». Palabra
del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Imploremos la misericordia de Dios y pidámosle
que escuche las oraciones de los que hemos puesto
en Él nuestra confianza.
1. Para que los obispos, los presbíteros y los diáconos
puedan llevar una vida santa –tal como corresponde
a su ministerio– y logren por ello un día el premio
abundante de su trabajo, roguemos al Señor.
2. Para que los que gobiernan las naciones y tienen
bajo su poder el destino de los pueblos crezcan en
el don de la prudencia y en el espíritu de justicia,
roguemos al Señor.
3. Para que los enfermos e impedidos tengan la
fortaleza necesaria a fin de que no se desanimen ante
las dificultades y vivan en la esperanza de los bienes
eternos, roguemos al Señor.
4. Para que a nosotros y a nuestros familiares,
amigos y bienhechores Dios nuestro Padre nos
conserve los bienes que con tanta generosidad nos
ha concedido, roguemos al Señor.
Señor Dios, compasivo y misericordioso, que
siempre perdonas a los que perdonan, escucha
nuestras oraciones y crea en nosotros un corazón
nuevo –reflejo del de Cristo– que olvide las ofensas
y que recuerde a los demás hasta qué punto tú nos
amas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Sé propicio, Señor, a nuestras plegarias y acepta
benignamente estas ofrendas de tus siervos, para que
aquello que cada uno ofrece en honor de tu nombre
aproveche a todos para su salvación. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. 1 Cor 10, 16
El cáliz de bendición, por el que damos gracias, es
la unión de todos en la Sangre de Cristo; y el pan que
partimos es la participación de todos en el Cuerpo de
Cristo.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que el efecto de este don celestial, Señor, transforme
nuestro cuerpo y nuestro espíritu, para que sea su fuerza, y
no nuestro sentir, lo que siempre inspire nuestras acciones.
Por Jesucristo, nuestro Señor.




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