Lectura del Día

Lecturas



4 Enero del 2019

4 viernes
Blanco

FERIA
MR p. 185 [195] / Lecc. I p. 451

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 111, 4

Una luz se levanta en las tinieblas para los hombres de corazón recto: el Señor clemente, justo y compasivo.

ORACIÓN COLECTA

Te rogamos, Señor, que ilumines bondadosamente a tus fieles e inflames siempre sus corazones con el resplandor de tu gloria, para que constantemente reconozcamos a nuestro Salvador y lo acojamos de verdad. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[El que ha nacido de Dios no puede pecar.]
De la primera carta del apóstol san Juan 3, 7-10
Hijos míos: No dejen que nadie los engañe. Quien practica la santidad es santo, como Cristo es santo. Quien vive pecando, se deja dominar por el diablo, ya que el diablo es pecador desde el principio. Pues bien, para eso se encarnó el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. Ninguno que sea hijo de Dios sigue cometiendo pecados, porque el germen de vida que Dios le dio permanece en él. No puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo: todo aquel que no practica la santidad, no es de Dios; tampoco es de Dios el que no ama a su hermano. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 97, 1. 7-8. 9

R. Toda la tierra ha visto al Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. R.
Alégrense el mar y el mundo submarino, el orbe y todos los que en él habitan. Que los ríos estallen en aplausos y las montañas salten de alegría. R.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Heb 1, 1-2

R. Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Hemos encontrado al Mesías.]
Del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?”. Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?”. (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir ‘el ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir, ‘roca’). Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • La lucha entre el bien y el mal implica toda la vida del cristiano. Los seguidores de Cristo cuentan, sin embargo, con un «germen de vida» que les da la posibilidad de resistir a las insidias del Maligno y no pueden pecar «porque han nacido de Dios» y están llamados a practicar la «santidad». Obviamente, esta “imposibilidad de pecar” no es algo ya plenamente adquirido. Es algo que se va logrando poco a poco y día a día. Una actitud que ha de traducirse en disponibilidad a hacer la voluntad de Dios y a ejercitar el amor a los hermanos... • Andrés y Juan dejan al Bautista y siguen decididamente a Jesús, que les viene presentado como el «Cordero de Dios». A partir de esa fecha memorable, ellos van, ven dónde vive, permanecen con Él y atraen luego a otros –entre ellos nada menos que a Pedro– hacia ese tan impresionante y singular «Maestro». Para seguirlo es necesario estar dispuestos a fiarse de Él, dejando que disponga totalmente de sus vidas. Quién no tiene esta confianza ilimitada no puede convertirlo realmente en su Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta benignamente, Señor, los dones de tu pueblo, para que recibamos, por este sacramento celestial, aquello mismo que el fervor de nuestra fe nos mueve a proclamar. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Jn 4, 9

En esto se manifiesta el amor que Dios nos tiene: en que envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por Él.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios, que nos unes a ti al permitirnos participar en tus sacramentos, realiza su poderoso efecto en nuestros corazones, y que la misma recepción de este don tuyo nos haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Ramírez Quintana José Alfonso Marcos ·

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Lectura del miércoles,
23 de enero de 2019

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