Lectura del Día

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24 Enero del 2018

24 jueves
Blanco

Memoria SAN FRANCISCO DE SALES, Obispo y Doctor de la Iglesia
MR pp. 667 y 896 [682 y 935] / Lecc. I p. 514

Fue esencialmente un pastor de almas (1567-1622). Fue misionero y después obispo de Ginebra (residente en Annecy), fundó la orden de las religiosas de la Visitación junto con santa Juana Francisca Fremiot de Chantal. Se hizo todo a todos por medio de la palabra hablada y escrita, y mantuvo conversaciones teológicas con los protestantes. Se preocupaba de todos, pequeños y grandes, y puso al alcance de todos ellos la vida espiritual.

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Ez 34, 11. 23-24

Buscaré a mis ovejas, dice el Señor, y les daré un pastor que las apaciente, y yo, el Señor, seré su Dios.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que para la salvación de las almas quisiste que el obispo san Francisco de Sales se hiciera todo para todos, concédenos que, a ejemplo suyo, mostremos siempre la mansedumbre de tu amor en el servicio a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Cristo se ofreció a sí mismo en sacrificio de una vez para siempre.]
De la carta a los hebreos 7, 23-8, 6
Hermanos: Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio, Jesucristo tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros. Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque los sacerdotes constituidos por la ley eran hombres llenos de fragilidades; pero el sacerdote constituido por las palabras del juramento posterior a la ley, es el Hijo eternamente perfecto. Ahora bien, lo más importante de lo que estamos diciendo es que tenemos en Jesús a un sumo sacerdote tan excelente, que está sentado a la derecha del trono de Dios en el cielo, como ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, levantado por el Señor y no por los hombres. Todo sumo sacerdote es nombrado para que ofrezca dones y sacrificios; por eso era también indispensable que él tuviera algo que ofrecer. Si él se hubiera quedado en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo ya quienes ofrecieran los dones prescritos por la ley. Pero éstos son ministros de un culto que es figura y sombra del culto celestial, según lo reveló Dios a Moisés, cuando le mandó que construyera el tabernáculo: Mira, le dijo, lo harás todo según el modelo que te mostré en el monte. En cambio, el ministerio de Cristo es tanto más excelente, cuanto que Él es el mediador de una mejor alianza, fundada en mejores promesas. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10. 17

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: “Aquí estoy”. R.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón. R.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor. R.
Que se gocen en ti y que se alegren todos los que te buscan. Cuantos quieren de ti la salvación repiten sin cesar: “¡Qué grande es Dios!”. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. 2 Tim 1, 10

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Los espíritus inmundos gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.]
Del santo Evangelio según san Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba. Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo. En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • Continúa la descripción de la superioridad del sacerdocio de Cristo, fundada en la excelencia de su persona, ya que solo Él es el «Hijo». Y la grandeza de este sacerdocio se evidencia por tres razones básicas: Jesús es santo y sin mancha de pecado (Cfr. Heb 4,15.). Él no ofreció nada material, sino que se ofreció a sí mismo. Y, finalmente, Él ahora ha resucitado y está sentado a la diestra de Dios (Hech 2, 34-35) y, por eso mismo, vive intercediendo incesantemente por nosotros ante el Padre (Cfr. Rm 6, 9; 1 Jn 2, 1-2)… • El texto nos reporta una de las incontables y muy intensas jornadas de la vida de Jesús. La tarea del «Mesías» es la de revelar –con sus palabras y con sus obras– el rostro paterno de Dios. San Marcos nos presenta al Señor profundamente arraigado en el contexto humano. Son especialmente los enfermos, los endemoniados y, sobre todo, las grandes multitudes las que lo rodean y no le dan tregua. El secreto de esta capacidad de atracción radica en su condición de Hijo de Dios, reconocida, sorpresivamente, incluso por los mismos «espíritus inmundos».

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por esta ofrenda de salvación que te presentamos, Señor, enciende nuestro corazón con aquel divino fuego del Espíritu Santo con el que de manera admirable inflamaste el corazón lleno de mansedumbre de san Francisco. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Jn 15, 16

No son ustedes los que me han elegido, dice el Señor, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Dios todopoderoso, que, por este sacramento que acabamos de recibir, imitando en la tierra la caridad y la mansedumbre de san Francisco, consigamos también la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

EN GUADALAJARA
Fiesta, LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE LA PAZ Misas de la Virgen María
N° 45 p. 202 / Lecc. I p. 518

A causa de su íntima y estrecha relación con el Hijo, «Príncipe de la paz» (Cfr. Is 9, 6; Is 9, 1-6), la Santísima Virgen ha sido venerada más y más como «Reina de la paz»: en algunos Calendarios de Iglesias particulares –como es nuestro caso– lo mismo que de algunos Institutos religiosos se halla su memoria bajo esta advocación. Conviene recordar que Benedicto XV, el año 1917, en plena guerra europea, mandó añadir a las Letanías lauretanas esta invocación. Los textos eucológicos de esta misa se han tomado del fascículo Proprio delle messe per le diocesi di Savona e Noli, Tipografía Priamar, Savona 1978, p. 17.

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y es su nombre: «Príncipe de la paz».

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que por medio de tu Hijo Unigénito otorgas la paz a los hombres, por intercesión de la siempre Virgen María, concede a nuestro tiempo la tranquilidad deseada, para que formemos una sola familia en la paz y permanezcamos unidos en el amor fraterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de expiación, al celebrar la memoria de la santísima Virgen María, Reina de la paz, y pedimos para tu familia los dones de la unidad y de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

La Virgen engendró al Dios y hombre, Dios nos devolvió la paz, reconciliando consigo el cielo y la tierra.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Señor, tu Espíritu de caridad, para que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, en esta conmemoración de la Virgen María, Reina de la paz, cultivemos eficazmente entre nosotros la paz que él nos dio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Ramírez Quintana José Alfonso Marcos ·

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