Lectura del Día

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12 diciembre del 2017

12 martes
Blanco / Azul

Solemnidad, Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América
MR p. 850 [886] / Lecc. I p. 978

Era el mes de diciembre de 1531, diez años solamente después de conquistada Tenochtitlan por los españoles, cuando la santísima Virgen se apareció al indígena Juan Diego en el cerro del Tepeyac. Lo nombró su embajador ante el obispo, fray Juan de Zumárraga, para que le construyeran un templo. La prueba de que las palabras de Juan Diego eran ciertas, fueron las rosas que llevó en su tilma y la preciosa imagen que apareció dibujada en ella. La santísima Virgen es nuestra Madre. Toda la historia de Juan Diego y de las apariciones de la Virgen están fundadas en una constante y sólida tradición.

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Apoc 12, 1

Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA

Dios, Padre de misericordia, que has puesto a este pueblo tuyo bajo la especial protección de la siempre Virgen María de Guadalupe, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, profundizar en nuestra fe y buscar el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo.]
Del libro del profeta Isaías 7, 10-14
En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo, o de arriba, en lo alto”. Contestó Ajaz: “No la pediré. No tentaré al Señor”. Entonces dijo Isaías: “Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros”. Palabra de Dios.
O bien:
[Yo soy la madre del amor. Vengan a mí, los que me aman.]
Del libro del Eclesiástico (Sirácide) 24, 23-31
Yo soy como una vid de fragantes hojas y mis flores son producto de gloria y de riqueza. Yo soy la madre del amor, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia del camino y de la verdad, toda esperanza de vida y de virtud. Vengan a mí, ustedes, los que me aman y aliméntense de mis frutos. Porque mis palabras son más dulces que la miel y mi heredad, mejor que los panales. Los que me coman seguirán teniendo hambre de mí, los que me beban seguirán teniendo sed de mí; los que me escuchan no tendrán de qué avergonzarse y los que se dejan guiar por mí no pecarán. Los que me honran tendrán una vida eterna. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 66, 2-3. 5. 7-8.

R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Ten piedad de nosotros y bendícenos; vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora. R.
Las naciones con júbilo te canten, porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tú juzgas a los pueblos y riges en la tierra a las naciones. R.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos, que los pueblos te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero. R.

SEGUNDA LECTURA

[Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer]
De la carta del apóstol san Pablo a los gálatas 4, 4-7
Hermanos: Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estábamos bajo la Ley, a fin de hacernos hijos suyos. Puesto que ya son ustedes hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abbá!”, es decir, ¡Padre! Así que ya no eres siervo, sino hijo; y siendo hijo, eres también heredero por voluntad de Dios. Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 1, 47

R. Aleluya, aleluya.
Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador. R. Aleluya

EVANGELIO

[Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.]
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-48
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava”. Palabra del Señor.
Se dice Credo.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

Elevemos nuestras plegarias a nuestro Padre del cielo, confiados en la poderosa intercesión de nuestra Señora de Guadalupe –Madre de Dios y Madre nuestra– especial protectora y abogada de nuestros pueblos de Mé- xico y de América.
A cada invocación responderemos:
Madre de Jesús y Madre nuestra, intercede por nosotros.
1. Oremos por la santa Iglesia de Dios, para que la gracia de este santo tiempo de Adviento la haga crecer más y más en la fe, reavive su alegre esperanza por la próxima venida del Salvador y la lleve a irradiar un amor misericordioso a todos los hombres. Roguemos al Señor.
2. Oremos por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, y por los Obispos, Presbíteros y Diáconos, para que Dios les dé siempre un espíritu de cercanía y de entrega y –de esa forma– ayuden a crecer en santidad al pueblo que les ha sido confiado. Roguemos al Señor.
3. Oremos por los responsables de la vida política, económica, social y cultural, para que estén siempre al servicio del bien común y –como auténticos constructores de justicia y de paz– sean respetuosos de la vida, de la libertad y de la dignidad de toda persona humana. Roguemos al Señor.
4. Oremos por nuestras familias, para que, bendecidas por el Sacramento del Matrimonio, sean comunidades de amor y de vida que sepan transmitir –especialmente a nuestros niños y jóvenes– los fundamentales valores humanos y cristianos y, de esta manera, puedan llegar a ser la esperanza de la sociedad y de la Iglesia. Roguemos al Señor.
5. Oremos por todos los que sufren –especialmente por los enfermos, los ancianos, los desocupados, los emigrantes, los refugiados, los que viven en pobreza y marginación o son víctimas de la violencia y de la droga– para que sean oportunamente sostenidos por nuestra cristiana solidaridad. Roguemos al Señor.
6 Oremos por los que estamos aquí reunidos para celebrar esta Eucaristía –al honrar a nuestra Señora en su advocación de Guadalupe– para que, por su intercesión, lleguemos a ser auténticos discípulos-misioneros y testigos creíbles del Señor Resucitado. Roguemos al Señor.
Escucha, Dios de misericordia, las oraciones que elevamos confiadamente hasta Ti por mediación de nuestra Patrona, la Virgen del Tepeyac. Danos lo que Tú sabes que necesitamos y concédenos también aquello que no sabemos o no nos atrevemos a pedir. Por Cristo nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos en esta solemnidad de nuestra Señora de Guadalupe, y haz que este sacrificio nos dé fuerza para cumplir tus mandamientos, como verdaderos hijos de la Virgen María. Por Jesucristo, nuestro Señor. PREFACIO: La Virgen María, signo materno del amor de Dios. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque en tu inmensa bondad has querido que la Madre de tu Hijo, bajo el título de Guadalupe, fuera especial Madre nuestra, refugio y Señora, presencia viva en la historia de este pueblo tuyo. Ella, mensajera de tu verdad y signo materno de tu amor, nos brindó compasión, auxilio y defensa, y hoy nos invita a reconciliarnos contigo y entre nosotros, y a proclamar el Evangelio de tu Hijo, para hacer que florezcan en nuestras tierras la fraternidad y la paz. Por eso, con todos los ángeles y los santos, te alabamos, proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo…

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Sal 147, 20

No ha hecho nada semejante con ningún otro pueblo; a ninguno le ha manifestado tan claramente su amor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos recibido en este sacramento nos ayuden, Señor, por intercesión de nuestra santísima Madre de Guadalupe, a reconocernos y a amarnos todos como verdaderos hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes

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