Lectura del Día

Lecturas



17 noviembre del 2018

17 sábado
Blanco

Memoria, SANTA ISABEL DE HUNGRÍA, Religiosa
MR pp. 835 y 928 [869 y 968] / Lecc. II p. 1006

A los 14 años de edad, Isabel se casó con Luis IV de Turingia (Alemania). Juntos pasaron seis años de felicidad, tratando de vivir en el hogar los ideales de san Francisco de Asís. Pero en 1227 muere Luis y deja a Isabel esperando un niño. Entonces ella escucha el llamamiento a una vida de total pobreza, en la cual se desgasta prematuramente, al servicio de los más pobres.

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 111, 9

Al pobre da con abundancia, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alzará llena de gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que concediste a santa Isabel de Hungría el don de reconocer y honrar a Cristo en los pobres, concédenos, por su intercesión, servir con incansable caridad a los necesitados y afligidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Debemos ayudar a los hermanos, para que seamos colaboradores en la difusión de la verdad.]
De la tercera carta del apóstol san Juan 1, 5-8
Querido hermano: En todo lo que has hecho por los hermanos, y eso que son forasteros, te has portado como verdadero cristiano. Ellos han elogiado públicamente ante esta comunidad el amor con que los has tratado. Harás bien en ayudarlos de una manera agradable a Dios con lo que necesitan para su viaje, pues ellos se han puesto en camino por Cristo, sin aceptar nada de los paganos. Debemos, pues, ayudar a esos hermanos nuestros, para que seamos colaboradores en la difusión de la verdad. Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL del salmo 111, 1-2.3-4,5-6

R. Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor y aman de corazón sus mandamientos; poderosos serán sus descendientes. Dios bendice a los hijos de los buenos. R.
Fortuna y bienestar habrá en su casa; siempre obrarán conforme a la justicia. Quien es justo, clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. R.
Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente jamás se desviarán; vivirá su recuerdo para siempre. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. 2 Tes 2, 14

R. Aleluya, aleluya. Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Dios hará justicia a sus elegidos que claman a él.]
Del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola: “En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’. Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’ ˮ. Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • Este mensaje de estilo estrictamente epistolar y no propiamente doctrinal, viene dirigido a un tal Gayo, responsable de una comunidad de Asia Menor. Un cristiano laico que –de no ser por su generosa hospitalidad en favor de los misioneros itinerantes enviados por el Apóstol Juan– hubiera pasado como alguien totalmente desconocido. La ayuda fraterna a los que anuncian el Evangelio nos hace partícipes de sus méritos. Por algo San Agustín no tuvo empacho en afirmar: «Quien ayuda a salvar un alma garantiza su salvación eterna»... • Es paradójico, pero muy significativo, que en esta parábola Dios haya llegado a elegir el nada honroso papel del «juez injusto», dejando, en cambio, a los elegidos el ser muy bien representados por la “parte amable”: la de la «viuda», porfiada e insistente. Esto nos muestra que Dios no está del lado de los impacientes y ansiosos, pero que a menudo quiere poner a prueba nuestra constancia. Sólo la fe –alimentada por una oración incesante– explica la inagotable paciencia divina, y demuestra que Él se hará presente, a su tiempo, para impartir una «justicia» transparente y efectiva

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acoge, Señor, las ofrendas de tu pueblo, para que, al celebrar la obra de la caridad inmensa de tu Hijo, seamos confirmados en el amor a ti y al prójimo, a ejemplo de santa Isabel de Hungría. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Jn 13, 35

En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en que se aman los unos a los otros, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Alimentados con este sacramento de salvación, suplicamos humildemente a tu bondad, Señor, que, haciéndonos imitadores de la caridad de santa Isabel de Hungría, participemos también de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Dueñas Gómez J. Guadalupe · Graciliano Munguía Diego · Vera López Juan Luis ·

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