Lectura del Día

Lecturas



9 Enero del 2018

9 miércoles
Blanco

FERIA
MR p. 182 [193] / Lecc. I p. 470

ANTÍFONA DE ENTRADA Is 9, 2

El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, luz que ilumina a todas las naciones, concede a todos los pueblos gozar de paz duradera e infunde en nuestros corazones aquella maravillosa luz que encendiste en el corazón de nuestros padres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros.]
De la primera carta del apóstol san Juan 4, 11-18
Queridos hijos: Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto llega a la perfección el amor que Dios nos tiene: en que esperamos con tranquilidad el día del juicio, porque nosotros vivimos en este mundo en la misma forma que Jesucristo vivió. En el amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto excluye el temor, porque el que teme, mira al castigo, y el que teme no ha alcanzado la perfección del amor. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 71, 2. 10-11. 12-13

R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente. R.
Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él se postrarán todos los reyes y todas las naciones. R.
Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. 1 Tim 3, 16

R. Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido proclamado a las naciones. Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido anunciado al mundo. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Lo vieron caminar sobre el agua.]
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 45-52
En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar. Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo. Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Ánimo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • «Dios es amor», nos dice San Juan. De esta verdad fundamental se derivan algunas importantes consecuencias para nuestra vida cristiana, tales como: El amor mutuo es la condición para que el amor de Dios sea perfecto en nosotros. El Espíritu nos guía como fuerza interior. La fe nos lleva a creer en Jesús como el Salvador del mundo. Este amor, por cierto, sólo será auténtico cuando haga que desaparezcan en nosotros todo género de temores o de desconfianzas. «Permanecer en el amor» será, entonces, lo mismo que «permanecer en Dios»… • Después de haberse revelado a la multitud saciada milagrosamente y tras haber entrado en contacto con su Padre en la intimidad de la oración, Jesús muestra ahora su naturaleza divina a los fatigados discípulos, sorprendidos a merced de las olas de un mar agitado y de un viento tempestuoso. Este hecho sorprendente y consolador sigue siendo realidad aún hoy en nuestras vidas y –sobre todo– a lo largo de la historia de nuestra Iglesia. Su presencia quiere librarnos de todo peligro con esas sus reconfortantes palabras: «¡Ánimo! Soy yo; no teman».

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor Dios, fuente de toda devoción sincera y de la paz, concédenos honrar de tal manera tu majestad con estos dones, que, al participar en estos santos misterios, todos quedemos unidos en un mismo sentir. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Jn 1, 2

La vida, que estaba junto al Padre, se manifestó a nosotros y nosotros la hemos visto.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, que tu pueblo, al que diriges con variados auxilios, obtenga de tu misericordia la ayuda presente y la futura, para que, recibiendo el necesario consuelo de las cosas pasajeras, más confiadamente aspire a las eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Ramírez Quintana José Alfonso Marcos ·

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Lectura del miércoles,
23 de enero de 2019

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