Lectura del Día

Lecturas



11 Enero del 2018

11 viernes
Blanco

FERIA
MR p. 185 [195] / Lecc. I p. 475

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 111, 4

Una luz se levanta en las tinieblas para los hombres de corazón recto: el Señor clemente, justo y compasivo.

ORACIÓN COLECTA

Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento del Salvador del mundo, manifestado por la estrella, sea comprendido por nuestras mentes cada vez con mayor profundidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[El Espíritu, el agua y la sangre.]
De la primera carta del apóstol san Juan 5, 5-13
Queridos hijos: ¿Quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. Jesucristo se manifestó por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Así pues, los testigos son tres: el Espíritu, el agua y la sangre. Y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios vale mucho más y ese testimonio es el que Dios ha dado de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene en sí ese testimonio. El que no le cree a Dios, hace de Él un mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado la vida eterna y esa vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo, no tiene la vida. A ustedes, los que creen en el nombre del Hijo de Dios, les he escrito estas cosas para que sepan que tienen la vida eterna. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20

R. Demos gracias y alabemos al Señor.
Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. El refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa. R.
Él mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre. Él envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente. R.
Le muestra a Jacob su pensamiento, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo, ni le ha confiado a otro sus proyectos. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 4, 23

R. Aleluya, aleluya.
Predicaba Jesús la buena nueva del Reino y sanaba toda enfermedad en el pueblo. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Al momento desapareció la lepra.]
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 12-16
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio” Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”. Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • Jesús –«el Hijo de Dios, que vence al mundo» (Cfr. Jn 20, 30- 31; 1 Jn 5, 5;)– vino a comunicarnos su misma vida divina. Esta vida que Él ha traído a la humanidad nos fue ofrecida, como un regalo, desde el día en que fuimos hechos hijos de Dios por el bautismo. He aquí la «buena noticia» que ha sido anunciada a los hombres: Dios nos ha enviado a su Hijo para que, a través de Él, adquiriéramos el derecho de tener la «vida eterna», misma que ya poseemos en la esperanza y que, en definitiva, es lo único que realmente nos sostiene… • Jesús sana a un hombre que sufría de lepra, manifestando así que los tiempos mesiánicos de la liberación y de la gracia, ofrecida desde tiempos antiguos, habían finalmente llegado. Como este leproso, modelo de oración confiada, también nosotros hemos de pedir favores al Señor, siempre y cuando éstos sean conformes a su voluntad. Jesús –al “tocarnos” con sus eficaces signos sacramentales– por el ministerio de su Iglesia quiere purificarnos, perdonarnos y renovar nuestra comunión con Él.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta benignamente, Señor, los dones de tu pueblo, para que recibamos, por este sacramento celestial, aquello mismo que el fervor de nuestra fe nos mueve a proclamar. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Jn 4, 9

En esto se manifiesta el amor que Dios nos tiene: en que envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por Él.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios, que nos unes a ti al permitirnos participar en tus sacramentos, realiza su poderoso efecto en nuestros corazones, y que la misma recepción de este don tuyo nos haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por Jesucristo, nuestro Señor

Felicidades a nuestros Sacerdotes Ramírez Quintana José Alfonso Marcos ·

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