Lectura del Día

Lecturas


19 diciembre del 2017

19 martes
Morado

Feria mayor de Adviento, “O Radix Jesse” “Oh, Raíz de Jesé”
MR p. 152 [168] / Lecc. I p. 405

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Heb 10, 37

El que ha de venir, vendrá sin tardanza, y ya no tendremos nada que temer, porque Él es nuestro Salvador.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que te dignaste revelar al mundo el esplendor de tu gloria mediante el parto de la Santísima Virgen, concédenos, te rogamos, poder honrar con fe íntegra el admirable misterio de la encarnación y celebrarlo siempre con nuestra generosa entrega. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[El nacimiento de Sansón es anunciado por un ángel.]
Del libro de los Jueces 13, 2-7. 24-25
En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoa. Su mujer era estéril y no había tenido hijos. A esa mujer se le apareció un ángel del Señor y le dijo: “Eres estéril y no has tenido hijos; pero de hoy en adelante, no bebas vino, ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque vas a concebir y a dar a luz un hijo. No dejes que la navaja toque su cabello, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre y Él comenzará a salvar a Israel de manos de los filisteos”. La mujer fue a contarle a su marido: “Un hombre de Dios ha venido a visitarme. Su aspecto era como el del ángel de Dios, terrible en extremo. Yo no le pregunté de dónde venía y él no me manifestó su nombre, pero me dijo: ‘Vas a concebir y a dar a luz un hijo. De ahora en adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, no comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta su muerte’ ”. La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo y el espíritu del Señor empezó a manifestarse en él. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17

R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, sé para mí un refugio, ciudad fortificada en que me salves. Y pues eres mi auxilio y mi defensa, líbrame, Señor, de los malvados. R.
Señor, Tú eres mi esperanza; desde mi juventud en ti confío. Desde que estaba en el seno de mi madre, yo me apoyaba en ti y Tú me sostenías. R.
Tus hazañas, Señor, alabaré, diré a todos que sólo Tú eres justo. Me enseñaste a alabarte desde niño y seguir alabándote es mi orgullo. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. Aleluya, aleluya.
Retoño de Jesé, que brotaste como señal para los pueblos, ven a librarnos y no te tardes. R. Aleluya.

EVANGELIO

[El nacimiento de Juan es anunciado por un ángel.]
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 5-25
Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad. Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación. Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo”. Pero Zacarías replicó: “¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada”. El ángel le contestó: “Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”. Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo. Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: “Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: • Estamos ante el clásico anuncio de alguien llamado a realizar grandes cosas. Dios suele manifestar su bondad y su omnipotencia a través de instrumentos débiles o insuficientes. El anuncio de la historia de Sansón sigue un estilo propio de alguien que en el futuro cumplirá una misión muy especial, ya implícita en su mismo nombre: [«el que sirve brillantemente al Señor»]. En ella se nos habla curiosamente hasta de la “dieta cuidadosa” que ha de observar la madre. Este desconcertante juez mantendrá viva la esperanza de Israel frente a sus enemigos… • En claro paralelismo con este relato de Sansón nos es narrado el no menos admirable nacimiento de Juan el Bautista. Por su falta de fe, Zacarías permaneció privado del habla hasta el momento en que vio realizarse lo que Dios le había anunciado por medio del ángel. En abierto contraste y en similares circunstancias –y apenas superado el primer momento de sorpresa– María, ante el gran anuncio, encontrará la fuerza para ofrecerse a Dios como humilde y libre instrumento al servicio de su “designio” de salvación (Cfr. Lc 1, 38).

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, propicio, Señor, los dones que presentamos en tu altar, para que sea tu poder el que santifique lo que en nuestra pequeñez logramos ofrecerte. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc 1, 78-79

Vendrá a visitarnos de lo alto un sol naciente, Cristo el Señor, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Llenos de gratitud por los dones que hemos recibido, Dios todopoderoso, haz benignamente que anhelemos la salvación prometida, para honrar así, con un corazón purificado, el nacimiento de nuestro Salvador. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Felicidades a nuestros Sacerdotes

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