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Discurso en la ceremonia de entrega de la Medalla de Honor “Fray Antonio Alcalde” a Cáritas Diocesana de Guadalajara Pbro. José de Jesús Cortés Tomé[1]
El 10 de agosto del 2026, Cáritas Diocesana recibió esta distinción otorgada por la Cámara de Comercio de Guadalajara. Durante la ceremonia, el coordinador de Cáritas Diocesana de Guadalajara dirigió a los presentes el siguiente mensaje.
Muy distinguidas autoridades; señor Mauro Marza Marín en representación de Pablo Lemus Navarro, Gobernador Constitucional del Estado de Jalisco; Verónica Delgadillo, presidenta de Guadalajara, Jalisco. Estimado licenciado Javier Arroyo Navarro, presidente de la Cámara de Comercio de Guadalajara; licenciado Carlos Ibarra Rubio, director general de la Cámara de Comercio de Guadalajara; distinguidos empresarios, representantes de las organizaciones de la sociedad civil, benefactores, voluntarios, queridos amigos de los medios de comunicación, señoras y señores: Hay reconocimientos que se reciben con las manos; este se recibe, sobre todo, con el corazón. A nombre del señor cardenal, José Francisco Robles Ortega y de Cáritas Diocesana de Guadalajara recibimos con profunda gratitud la Medalla de Honor “Fray Antonio Alcalde”. La recibimos con humildad, porque este reconocimiento pertenece a miles de voluntarios, benefactores, sacerdotes, religiosas, parroquias, empresas y personas de buena voluntad que, durante cincuenta años, han hecho del servicio una verdadera expresión del amor. A lo largo de estas cinco décadas, millones de personas han encontrado en Cáritas una mano tendida en el momento más difícil de su vida. Detrás de esa cifra hay rostros e historias: un niño que volvió a comer, un enfermo que recibió un medicamento, una familia que recuperó la esperanza, un migrante que encontró refugio y un adulto mayor que dejó de sentirse solo. Ahí descubrimos que el amor siempre tiene la capacidad de transformar vidas. Gracias a la Cámara de Comercio de Guadalajara por esta alta distinción. Gracias también a los empresarios que creen en nuestra misión. Cada donativo que depositan en nuestras manos se convierte en alimento, salud, educación, vivienda, escucha y esperanza. Su confianza hace posible que la solidaridad llegue a quienes más la necesitan. Nuestro reconocimiento también a los medios de comunicación. Gracias por hacer visible el bien, porque cuando el bien se comunica, también se multiplica. Fray Antonio Alcalde nos enseñó que una sociedad será verdaderamente grande cuando nadie quede olvidado. Ese sigue siendo nuestro compromiso: ser la mano cercana de la Iglesia para quienes sufren, defendiendo siempre la dignidad de toda persona. Permítanme concluir con una convicción: esta medalla no reconoce solamente cincuenta años de historia; nos compromete con el futuro. Mientras exista una persona que padezca hambre, enfermedad, soledad o desesperanza, nuestra tarea continuará. Y mientras gobierno, empresarios, sociedad civil, medios de comunicación e Iglesia sigamos caminando juntos, siempre habrá razones para creer y para esperar. Muchas gracias. Que Dios bendiga a sus familias, a sus instituciones y a nuestro querido Jalisco.
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