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El diálogo como forma de vida sacerdotal Identidad, misión y diocesaneidad en la cultura del encuentro
Pbro. Edgar Iván Preciado Mariscal[1]
Reflexionar sobre el diálogo se hace urgente hoy para el presbítero, que debe ser signo de comunión, en un mundo de relaciones rotas y de constante polarización, incluso al interno de la Iglesia.
Introducción
“La comunicación actual es cada vez menos discursiva, puesto que pierde cada vez más la dimensión del otro. La sociedad se está desintegrando en irreconciliables identidades sin alteridad. En lugar de discurso tenemos una guerra de identidades. La sociedad pierde así lo que tiene en común, incluso su sentido comunitario. Ya no nos escuchamos. Escuchar es un acto político en la medida en la que integra a las personas en una comunidad y las capacita para el discurso. Crea un nosotros”[2].
“Una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta, como esta plaza, a recibir con los brazos abiertos a todos, a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor”[3].
Para el papa Francisco la circularidad hermenéutica y constitutiva de los elementos de su triada fraternidad, cultura del encuentro y diálogo, necesariamente están interrelacionados entre sí, y a partir de esa interrelación es posible asegurar que una no puede darse sin la otra.
No se puede vivir la fraternidad sin el encuentro, ni se puede dialogar sin el encuentro, y tampoco reconocer al otro como interlocutor válido si no es con la fraternidad.
No es posible encontrarse con los demás sin la intención de entrar en diálogo y relación, para la construcción de algo juntos, pues toda vida es encuentro, y al inicio del encuentro está la relación[4].
“Cristo es el Maestro de la escucha y el diálogo”[5].
En la actualidad, el diálogo no es solo una herramienta de comunicación para el cristiano (discípulo, misionero, evangelizador), sino una dimensión fundamental de su identidad y misión[6] dentro del espíritu de la sinodalidad[7] que promueve la Iglesia. “Una tarea determinante, necesaria y pertinente si se quiere emprender el horizonte desde una visión realmente humana y esperazadora”[8].
La palabra “diálogo” se ha extendido a todos los ámbitos de la vida humana. Ya se conocía el “diálogo filosófico[9]” con Platón, el “diálogo dramático” del teatro y el “diálogo didáctico” de la escolástica; como también el “diálogo amoroso”, el “diálogo interior”, el “diálogo de las culturas”, el “diálogo polémico o satírico”, el “diálogo apologético”, el “diálogo teológico”, “el diálogo social[10]”, pero hoy se ha extendido a una tremenda diversidad de ámbitos: generacional, intercultural[11], geográfico, empresarial, en la universidad, en la Iglesia, en la política[12], en la economía, en la ciencia, en la psicológica, en la terapia, el ecológico[13], el generacional[14], el ecuménico, el interreligioso[15] y ahora hasta el “diálogo” con la IA[16]. Lo que antes decidían los padres, enseñaban los maestros, imponían los patrones y se trasmitía por tradición, se ha vuelto objeto de contestación y discusión. La autoridad para algo ya no es unánimemente reconocida y en medio de esta crisis, el diálogo acompaña esta puesta en tela de juicio de toda la existencia, como el lugar privilegiado de la palabra auténtica. Decía Albert Camus:
Lo que hoy deseo deciros es que el mundo tiene necesidad de verdadero diálogo, que lo contrario del diálogo es tanto la mentira como el silencio, y que únicamente es posible el diálogo entre gente que siguen siendo lo que son y que dicen la verdad[17].
Para el bautizado, especialmente para el presbítero, el diálogo no es sólo un método pastoral, sino la forma misma en que Dios se comunica con la humanidad y, por tanto, la esencia de la evangelización. El diálogo es el “estilo de Jesús”. El Evangelio no es un monólogo divino, sino una serie de encuentros donde Jesús utiliza el diálogo para transformar vidas, por ejemplo Jesús y la Samaritana (Jn 4), “modelo del diálogo evangelizador”, en donde Jesús comienza desde una necesidad humana, la sed, para elevar la conversación hacia realidades espirituales. No impone, sino que despierta el deseo; o aquel encuentro nocturno entre Jesús y Nicodemo (Jn 3): un diálogo de búsqueda intelectual y espiritual. Jesús respeta el tiempo y el proceso de quien busca la verdad en la "noche" de sus dudas; o aquel diálogo consolador entre Jesús y los Discípulos de Emaús (Lc 24), un diálogo que acompañó en la desilusión: Jesús camina al paso del otro, escucha sus quejas y luego ilumina la realidad con la Palabra y la Fracción del Pan. La Evangelización es el “diálogo de salvación”[18], un diálogo en donde no es posible el proselitismo sino la atracción a través del testimonio[19], donde no cabe de ninguna manera la imposición de ideas. El presbítero debe reconocer en el otro a un interlocutor capaz de verdad. En quien el Espíritu Santo ya actúa en su corazón, aunque sea en el del que aún no cree, y el diálogo ayuda a descubrir las valiosas “semillas del Verbo”, “semillas de la Verdad”. El Anuncio y el diálogo no son excluyentes, el diálogo prepara el terreno para el anuncio explícito del Kerygma, y el anuncio mismo debe hacerse con “mansedumbre y respeto” (1 Pe 3, 15), es decir, en actitud dialógica. No hay diálogo sin reciprocidad, aunque esta no sea sino rara vez plena y total. La reciprocidad proviene de la alteridad, que con un buen método y respeto puede llegar a ser superada con el acuerdo, yendo más alla del coloquio y el simposio. Dialogar es exponerse de continuo al riesgo de verme puesto en tela de juicio y de tener que cambiar de modo de ver o de vivir, de hecho, de esto depende la misma conversión, en todos sus niveles y dimensiones. Me gusta, en fin, esta definición, que aunque funcional y no exhaustiva, es a mi parecer suficiente: el diálogo es el intercambio de palabras y escucha recíproca, que compromete a dos o a varias personas, diferentes e iguales a la vez[20].
I. Diálogo y ministerio
La atención y el diálogo son una necesidad para todo el que necesita captar los movimientos de cambio socio-cultural de nuestra época. Más inevitable aún para quienes se nos ha pedido escrutar los “signos de los tiempos” e interpretarlos a la luz del Evangelio (Gaudium et spes, 4). La experiencia nos dice que no es nada fácil. Cada experiencia nos exige retos distintos, por ejemplo, el diálogo que un tiempo no tan remoto tuvimos que entablar con la modernidad: la ciencia, la política y la sociedad revolucionaria entre otras cosas, que además no permitían un diálogo fluido con el cristianismo porque pretendían erradicarlo, nos llevaron a la concepción de la “sociedad perfecta”; la cual, gracias al soplo del Espíritu en el Concilio Vaticano II, pudo advertir un giro en favor del diálogo, pasando de la exclusión a la convivencia y a la coexistencia, no sin padecer los estragos de una constante tendencia al neo-concervadurismo en lucha contra la modernización misma del cristianismo. La época posmoderna, de la que se esperaban frutos de ese diálogo que se había reivindicado, terminó por exaltar el individualismo y la fragmentación: un narcisismo que atendió al presente y al goce, en el contexto de una sociedad consumista; por lo que ya no se pudo dialogar desde las premisas antes reconocidas dándose un “invierno eclesial” (Rahner)[21] con el que también se tenía que aprender a dialogar. Aparece el pluralismo que complica sobremanera el diálogo porque ya no es desde la institucionalidad, sino desde la diversidad[22], que adquirió carta de ciudadanía como parte esencial del mismo diálogo, lidiando con propuestas como la de una “ética mundial” (no de una religión mundial), cuyo núcleo era el dilema tan humano y tan difícil entre identidad y alteridad[23]. El sacerdote del presente, consciente de todo esto y de la urgencia de esta difícil tarea, ha de desarrollarse y ser experto en la dinámica del diálogo. Esta cualidad se manifiesta en tres vertientes esenciales que definen al ministro hoy:
· Puente entre Dios y el mundo: El sacerdote, vive “en medio del mundo” y no puede ser ajeno a las condiciones y realidades de los hombres. El diálogo le permite ser un mediador que conecta la Palabra de Dios con la historia y la realidad concreta de su comunidad[24]. · Constructor de comunión (fraternidad presbiteral): Su carisma, la diocesaneidad[25], implica pertenecer a un cuerpo presbiteral con un padre (el obispo) y hermanos (los otros sacerdotes). Aquí, el diálogo es la herramienta para una fraternidad unánime que conduce al Pueblo de Dios. · Servidor del pueblo de Dios: En una Iglesia sinodal, el presbítero debe pasar de dar opiniones a participar en procesos de escucha atenta y discernimiento serio. Esta escucha es el primer paso del diálogo para reconstruir relaciones y recuperar la confianza en las comunidades[26].
Dimensiones necesarias del diálogo hoy Para que el diálogo sea una cualidad efectiva, el presbítero debe cultivar:
1. Apertura y escucha: Ser capaz de “caminar juntos” con laicos, consagrados y otros grupos, fomentando una pastoral relacional[27]. Una fraternidad apostólica[28]. 2. Capacidad de encuentro: Como insiste el Papa Francisco, el diálogo protege y humaniza; sin él no hay comunidad[29]. 3. Diálogo Ad Extra: Interactuar con la sociedad civil, otras religiones y actores sociales para promover la paz y atender necesidades urgentes en contextos de conflicto o violencia[30].
La vida pública de Jesús comenzó en Cafarnaum (Mt 4, 12-17), emprendiendo un viaje hacia un lugar diferente, de un pueblito insignificante de Galilea, rural y sencillo va a la ciudad, a la pluralidad en todos los sentidos, al lugar del comercio y del dinero: bajar a Cafarnaúm significaba, por consiguiente, confrontarse con un nuevo estilo de vida, con gente diferente, con una vida diaria, caracterizada por el duro, trabajo y el sufrimiento, por lo nuevo y la inseguridad. Despues la fe cristiana hizo ese movimiento, llegando a Jerusalén, Corinto, Atenas, Éfeso y Roma[31]. El papa Benedicto XVI afirmó:
Cristo es el Salvador del mundo y, como miembros de su Cuerpo y partícipes de su munera profético, sacerdotal y real, no podemos separar nuestro amor por Él, del compromiso por la edificación de la Iglesia y la difusión del Reino. En la medida en que la religión se convierte en un asunto puramente privado, pierde su propia alma[32].
El diálogo, el anuncio, la evangelización, la promoción de la justicia, la iluminación de la vida pública, el ecumenismo, el diálogo interreligioso e intercultural y todo lo que esta salida conlleva, es labor de todo evangelizador y con especial incidencia del presbitero.
II. Diálogo como cualidad del presbítero
Para profundizar en el diálogo como cualidad del presbítero, especialmente del diocesano, es necesario analizar cómo esta virtud se encarna en sus espacios de vida y formación, transformándose en un estilo de vida que responde a la cultura actual.
1. El Diálogo en la formación: El seminario como "Escuela de Escucha" La formación sacerdotal[33] ya no se entiende sólo como la adquisición de conocimientos, sino como un proceso de configuración con Cristo que aprende a dialogar con la humanidad. · Etapa de discipulado y configuración: En estas fases, el seminarista debe aprender a salir de sí mismo[34]. El diálogo no es una técnica de oratoria, sino una capacidad de empatía y acogida del otro[35].
Resulta relativamente fácil constatar cómo las nuevas generaciones se caracterizan por un cierto inmanentismo antropológico que exaspera la subjetividad de la persona y se expresa en una fuerte recuperación de lo privado. Se corre el peligro de encerrarse en el propio yo, en el círculo de amigos o en sus mismas ideologías, de modo que se busquen y se deseen solamente las experiencias individualistas gratificantes que llevan a la idolatría del instinto y de las necesidades estrictamente personales […] Si hablamos del aspecto vocacional y de la posibilidad de un servicio a los demás, esta tendencia se localiza en la afirmación de los valores de la persona y el deseo insistente de ser protagonista con un enorme sed de libertad. El riesgo pudiera estar en exacerbar el egoísmo y una introspección psicológica que aísla a los demás y no favorece la formación de la comunidad, mucho menos una entrega incondicional y de por vida[36].
· Superación del clericalismo[37]: El Sínodo sobre la sinodalidad insiste en que los seminarios deben formar pastores capaces de escuchar a los laicos, reconociendo que el Espíritu Santo habla a través de todo el Pueblo de Dios[38], liberándose de un narcisismo clerical[39]. Comenta el P. Luiz Valdez Castellanos:
En nuestras parroquias no es posible construir un buen proyecto pastoral sin contar con la colaboración generosa de los laicos. Mientras más crecidos en la fe, mientras más pensantes, los laicos serán una gran riqueza para nuestras parroquias. Así nos liberamos del ego, del brillo personal y nos llenaremos de felicidad por ver laicos crecidos y aportando mucha vida […] Me gusta la oración de un obispo: Señor danos curas con Espíritu Santo y laicos sin sotana… Esta oración expresa la necesidad en la Iglesia de sacerdotes creativos, místicos, apasionados más por el Reino que por los ritos, por conservar las tradiciones y no por salirse del renglón. Sacerdotes que se dejen llevar por el Espíritu de Jesús que es flexible y no sabemos de dónde viene y a dónde va […] Y laicos vitales, con su propia creatividad, con la novedad de su modo de ser no clerical sino laical, diferente, distinto. Laicos que desarrollen sus talentos sin que el clero los meta por el redil estrecho de las normas, de las necesidades cultuales del templo, sino que los anime al horizonte del amor en la sociedad, de la pasión por el Reino de Dios en todos los espacios y niveles[40].
· Formación humana: Se enfatiza el desarrollo de habilidades sociales[41] para que el sacerdote sea un "hombre de encuentro", capaz de dialogar con quienes piensan distinto o están alejados de la fe.
Los presbíteros tienen la misión de descubrir y fomentar los carismas de los seglares, facilitando que tomen conciencia de ellos, procurando su profundización espiritual y su preparación técnica y práctica, dejándoles libertad y radio de acción, invitándolos incluso a que emprendan sus obras por propia iniciativa… el presbítero también vive la fraternidad apostólica en su relación con los religiosos y religiosas, dejándose edificar por su forma de vida radical y colaborando con ellos en múltiples actividades y en la vida misma de la comunidad cristiana[42].
2. El diálogo en la parroquia: de "jefe" a "padre y hermano". En la gestión parroquial, el diálogo es la herramienta para pasar de una estructura piramidal[43] a una de corresponsabilidad y sinodalidad.
En la comunidad parroquial, existe la auténtica posibilidad de experimentar el reconocimiento mutuo, el enriquecimiento en la entrega generosa del propio tiempo y habilidades, y de vivir el diálogo y la confrontación de forma muy directa, sin necesidad de complejas formas de representación y delegación[44].
La realización de una Iglesia como “Pueblo de Dios”, tal como se perfila en la Constitución sobre la Iglesia del Vaticano II, Lumen gentium, se logra cuando se garantizan dinámicas comunicativas y participativas y, por tanto, decisionales multidireccionales, en las que pueden participar todos los bautizados, y cuando se preserva simultáneamente la forma asimétrica de las relaciones elaborativas, interpretativas y deliberativas que conforman la Iglesia, en una sinergia de aportaciones diferenciadas entre los ministros ordenados y de los laicos, siendo el párroco, en el contexto de la parroquia, el promotor y guardián del consensus (sensus fidei – consensus fidelium)[45].
· Consejos pastorales y económicos: no son meros trámites administrativos; son espacios de discernimiento comunitario donde el párroco escucha activamente antes de decidir. Se ha propuesto, en este ambito de la sinodalidad y el diálogo, que la organización de los ministerios parroquiales sea un trabajo en cuatro areas: la formación de laicos y ministros ordenados, tanto inicial como permanente, en la medida de lo posible en común y en tiempos y lugares sostenibles y aceptables para los laicos en primer lugar; el trabajo en equipo, que debe contemplar momentos compartidos de planificación, ejecución, verificación en los que los diferentes carismas y ministerios ofrecen las contribuciones necesarias; la promoción de dinámicas de participación-comunicación multidireccionales que situen a todos en la posición de oyentes-emisores en la red de comunicación; la revisión de las estructuras de la cultura organizativa generalizada, de los roles diferenciados, con la denuncia de los problemas existentes y de los procedimientos de exclusión, la superación de estereotipos injustificados, y con la creatividad para promover nuevas figuras ministeriales en respuesta a las nuevas necesidades de la Iglesia y de la sociedad (entrar en contacto con cada bautizado adulto para que en diálogo capte lo que puede hacer, por don del Espíritu, y hacer y compartir con la comunidad)[46]. · Acompañamiento personal: En el sacramento de la reconciliación (Jn 20,23) y el consejo espiritual, el diálogo[47] permite al sacerdote ser “medicina para el alma”, comprendiendo las heridas de la vida moderna[48]. Parafraseando al papa Francisco, el presbítero es “formador artesanal” ha de ser padre espiritual, hombre de discernimiento, piedad y paciencia, que “no maltrate límites” sino que sostenga, que ayude[49]. En el tratado sobre el sacerdocio de San Juan de Ávila, le enseña a los sacerdotes diciéndoles que:
Están llamados a tener entrañas de padre y de madre en relación con los otros. Eso es lo que en realidad constituye la quintaesencia de la caridad pastoral. Contempla al rebaño de Dios como una familia, en la que se mantienen especiales desvelos con los hijos más difíciles, con los pobres y los necesitados[50].
· Caminar con los agentes de pastoral: El diálogo pastoral evita que los laicos se sientan simples “ejecutores” y los convierte en verdaderos protagonistas de la misión (cfr. Ad gentes, 21; Lumen gentium, 31-32; Sacrosanctum Concilium, 14; Aposotolicam actuositatem, 29)[51].
La Iglesia sinodal aprecia al laico como synodoi, co-constituyente del sujeto colectivo “nosotros eclesial”: su contribución es reconocida como indispensable para la vida de la Iglesia[52].
No son vistos como obedientes ejecutores de las instrucciones dadas por el clero, ni como colaboradores en una labor pastoral de la que no sean auténticamente responsables; tampoco, como receptores de una formación doctrinal, que sólo los ministros ordenados pueden ofrecer, sino que sean portadores de una visión de la realidad y de una experiencia espiritual que debe ser reconocida y acogida para que la obra de evangelización y la vida de la Iglesia puedan cumplirse[53].
3. La fraternidad presbiteral: diálogo entre hermanos El presbítero diocesano no es un “llanero solitario”; pertenece a un presbiterio[54]. “Los presbíteros, constituidos por la ordenación en el orden del presbiterado, están unidos todos entre sí por la íntima fraternidad del sacramento” (Presbiterorum ordinis, n. 8)[55]. La fraternidad sacerdotal no es, ni será jamás algo añadido o superfluo y que supone ciertas cualidades humanas y virtudes morales: la comprensión, la paciencia, el perdón, la generosidad, el diálogo, etc. Es un hecho que sólo mediante la relación fraterna, sincera y sólida será posible encontrar los mejores caminos para la realización personal y grupal en el ministerio[56].
Sintiéndose hermanos los presbíteros no han de olvidar la hospitalidad, y deben practicar la beneficencia y la comunión de bienes, preocupándose, sobre todo, de los enfermos, los afligidos, los demasiado agobiados por los trabajos, los aislados, los exiliados y los perseguidos. Han de reunirse gustosos y alegres, incluso para relajar sus ánimos recordando las palabras con que el Señor mismo invita a sus apóstoles cansados: “venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco” (Mc 6, 31). (Presbyterorum ordinis, n. 8).
· Apoyo mutuo: El diálogo entre sacerdotes es vital para combatir la soledad y el agotamiento (burnout[57])[58]. Compartir la vida, las dificultades pastorales y la oración en común fortalece su identidad (Cfr. 1Tim, 3,1-5; Tit 1, 7-9; Presbiterorum ordinis 8). Dice el papa León XIV a los sacerdotes jóvenes en el encuentro con el clero de la diócesis de Roma:
Los invito a no encerrarse nunca en ustedes mismos: no tengan miedo de confrontarse, también sobre sus cansancios y sus crisis, especialmente con aquellos hermanos que consideren capaces de ayudarlos. A todos nosotros, por supuesto, se nos pide una actitud de escucha y de atención, mediante la cual vivir concretamente la fraternidad presbiteral. Acompañémonos y sostengámonos mutuamente (León XIV, Encuentro con el clero de la diócesis de Roma, 19 de febrero de 2026).
Se espera un trato fraternal (Christus Dominus 30), comunión de caridad (Lumen gentium 28), comunión fraterna (Christus Dominus 28), espíritu fraterno y caridad apostólica (Lumen gentium 28; Presbiterorum ordinis 8), la ayuda mutua bajo el reto de aceptarse como hermanos y prestarse auxilio (Presbiterorum ordinis 8). A todo esto se contrapone el aislamiento, la indiferencia, la frialdad, la crítica, las envidias (invidia clericalis), los celos y la falta de solidaridad.
Vivir el misterio eucarístico lleva a aceptar otro desafío, que obliga enfrentarse con el individualismo insistente del mundo contemporáneo; nos referimos al reto de la communio que los sacerdotes están llamados a vivir como hermanos que forman una sola comunidad. Formar un solo presbiterio en torno al obispo, equivale también a vivir un amor verdadero y real que, a ejemplo del Maestro, se realice en una donación plena y total de sí mismos a todos, sin pedir nada cambio[59].
· Relación con el obispo: El diálogo con el obispo debe ser de obediencia, pero también de confianza filial, permitiendo un intercambio honesto sobre la realidad de la diócesis (Pastores dabo vobis, 28).
Respetando plenamente la subordinación jerárquica, el presbítero ha de ser promotor de una relación afable con el propio obispo, lleno de sincera confianza, de amistad cordial, de oración por su persona y sus intenciones, de un verdadero esfuerzo de armonía, y de una convergencia ideal y programática, que no quita nada a una inteligente capacidad de iniciativa personal y empuje pastoral[60].
Es necesario saber vivir, acompañar y caminar juntos: Cardenales, arzobispos, obispos, vicarios episcopales; el párroco con sus vicarios… vivir este espíritu. No solo lo que está escrito en un programa, sino un auténtico espíritu de fraternidad, y el compromiso de hacer juntos lo que es nuestra misión de servir en la Iglesia (León XIV, Encuentro con el clero de la diócesis de Roma, 19 de febrero de 2026).
4. Diálogo con la sociedad: presencia en la periferia El sacerdote hoy debe ser un interlocutor válido en la esfera pública[61].
Es importante que nosotros, como sacerdotes, estemos en condiciones de dar testimonio común de la Buena Nueva en un mundo que cada vez hace menos de este mensaje y, sin embargo, precisa de él más que nunca. Necesitamos profundizar en la fe, de suerte que, arraigados y cimentados en el amor, nos apropiemos existencialmente de la longitud y la anchura, de la altura y la profundidad de la riqueza de Cristo y extraigamos de ahí una nueva energía misionera, a fin de que las personas puedan encontrar en el mensaje de Jesús el sentido de su vida y la satisfacción de su anhelo[62].
· En contextos de crisis: En situaciones de violencia o conflicto, el sacerdote a menudo actúa como mediador y constructor de paz, dialogando con autoridades, víctimas e incluso actores de violencia para proteger a su comunidad.
En el anuncio del Evangelio y en la acción auxiliadora, el sacerdote puede convertirse en abogado del humanitarismo en una sociedad a menudo inhumana, siempre que en él resplandezca algo de la bondad y la filantropía divinas y de la nueva humanidad del hombre redimido. Así, él puede motivar a los fieles a contribuir a que el Reino de Dios devenga ya hoy una realidad experimentable: En la libre y fraternal convivencia de todos los hombres en una comunidad de justicia, paz y amor. La diaconía salvífica del presbítero incluye la incondicional transmisión de la esperanza cristiana en un mundo a menudo desesperanzado. […] La esperanza cristiana permite a los hombres no desesperar de la justicia, la libertad y la paz ni siquiera en situaciones de injusticia, falta de libertad y ausencia de paz […] Parte esencial de la solicitud salvífica del sacerdote es el amor a la verdad, una praxis intelectual-espiritual del amor al prójimo que ilumina la razón y transforma desde dentro de la cultura en una cultura cristiana[63].
· Cultura del encuentro: El diálogo ad extra implica salir de la "burbuja eclesial" para escuchar las angustias y esperanzas del mundo actual, participando en la vida política y social como un ciudadano más que busca el bien común.
La misión ad extra es la salida de la Iglesia hacia el mundo para anunciar, con palabras y gestos la misericordia de Dios, acompañando a los más vulnerables, dialogando con la cultura y promoviendo la dignidad humana, en un estilo sinodal y de encuentro. En el lenguaje eclesial contemporáneo, misión ad extra se refiere a la salida evangelizadora hacia el mundo, especialmente hacia quienes están lejos de la fe, en las periferias geográficas, sociales, culturales y existenciales. Es la misión que no se queda dentro de la comunidad cristiana (ad intra), sino que se dirige fuera, hacia la humanidad concreta. En el Magisterio actual, esta expresión se ha enriquecido con una fuerte dimensión pastoral: salir, escuchar, acompañar, sanar, dialogar, anunciar y transformar[64].
III. Diálogo en situaciones de conflicto. El presbítero frente a la fragilidad humana
Abordar el diálogo en situaciones de conflicto es entrar en el corazón de la madurez humana y espiritual del presbítero[65]. No se trata solo de "saber hablar", sino de una disposición del ser que permite que la gracia actúe en medio de la fragilidad humana.
No se trata tan sólo de compadecerse de los pobres y las víctimas, sin preocuparse de mantener implicaciones efectivas en la práctica. Hay que caminar y padecer con ellos hasta el punto de hacer de ese sufrimiento un principio decisivo de la actuación pastoral, para intentar terminar con las situaciones de penurias, marginación y discriminación. La caridad pastoral concreta la solidaridad y el compromiso ante el dolor ajeno para que no se convierta en papel mojado y en buenos deseos que no se llevan a la práctica. Nada cercena más la caridad pastoral que la insensibilidad ante los pobres y el abandono de las correspondientes responsabilidades para con ellos, mediante el abuso de las palabras vacías […] En las lágrimas y dolores de otros, el sacerdote de corazón compasivo, descubre el rostro y el cuerpo de Cristo, que se vuelve a manifestar en su desvalimiento[66].
1. El diálogo en situaciones de conflicto: El sacerdote como mediador El conflicto es inherente a cualquier comunidad humana. Para el presbítero, el desafío no es evitar el conflicto, sino habitarlo con caridad y justicia.
a. El discernimiento frente a la polarización En una sociedad y una Iglesia a veces polarizadas, el sacerdote debe evitar convertirse en una “parte” del conflicto. Su papel es el de puente. · La escucha empática: Antes de proponer soluciones, el presbítero debe practicar la “diakonía de la escucha”. Escuchar no significa necesariamente estar de acuerdo, sino validar la dignidad de la persona que habla.
El silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre personas. El silencio es parte integrante de la comunicación, y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callándose permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros, no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena[67].
· La neutralidad activa: No es indiferencia, sino la capacidad de mantener el foco en el bien común y en el Evangelio, por encima de intereses particulares o ideológicos.
b. Herramientas prácticas para el manejo de conflictos · La "Conversación en el Espíritu": Es el método propuesto por el Sínodo. La conversación en el Espíritu es un proceso de escucha mutua, oración y discernimiento comunitario, en el que cada persona comparte desde su experiencia de fe y el grupo busca juntos lo que el Espíritu Santo dice a la Iglesia.
Consiste en cuatro rondas: à Escucha profunda. Cada uno expresa su sentir sin interrupciones. à Silencio orante. Momentos de silencio para acoger lo escuchado, dejar que resuene interiormente y discernir la moción del Espíritu. Es una parte constitutiva, no un adorno. à Hablar desde la experiencia espiritual. Se comparte lo que ha resonado en el corazón al escuchar al otro. No se trata de “opinar” sino expresar lo que el Espíritu suscita, lo que duele, lo que alegra, lo que inquieta, lo que ilumina, es hablar desde dentro no desde la estrategia. à Discernimiento comunitario. Se identifican los puntos de convergencia y los pasos que el Espíritu sugiere: ¿qué quiere Dios para nosotros aquí y ahora?
· El diálogo restaurativo: En casos de ofensas o divisiones, el sacerdote busca la reconciliación, no sólo el cumplimiento de normas. Se centra en reparar el tejido relacional de la comunidad. El diálogo restaurativo es un proceso estructurado de comunicación que busca reconstruir relaciones dañadas, restaurar la confianza y sanar heridas después de un conflicto, una ofensa o una ruptura. Su objetivo no es determinar culpables o imponer castigos, sino comprender lo ocurrido, asumir responsabilidades y reparar el daño de manera participativa.
à Escucha activa y empática. Cada persona expresa qué ocurrió desde su perspectiva, cómo se sintió y qué necesita para sanar. Los demás escuchan sin interrumpir ni juzgar. à Reconocimiento del daño. El diálogo busca que las personas afectadas puedan nombrar el daño, ser escuchadas, recibir reconocimiento. Y quien causó el daño comprenda su impacto, asuma responsabilidad y se comprometa a reparar. à Búsqueda de reparación. La reparación puede ser material, simbólica, relacional o comunitaria. Lo importante es que sea acordada y significativa para quienes fueron afectados. à Participación voluntaria. Nadie puede ser obligado a un diálogo restaurativo. La voluntariedad es clave para que haya autenticidad. à Facilitación neutral. El facilitador ayuda a crear un ambiente seguro, guía el proceso, cuida los tiempos y evita dinámicas de poder destructivas. · Gestión de la ira y la asertividad: El presbítero debe tener formación humana para no reaccionar desde sus propias heridas o desde el autoritarismo, manteniendo la calma y la claridad.
Gestionar la ira es regular la emoción para no dañar; ser asertivo es comunicar lo que siento y necesito con respeto y claridad. Juntas, ambas habilidades permiten relaciones más sanas, maduras y libres.
La ira es una emoción humana normal. No es mala en sí misma; se vuelve problemática cuando nos domina o cuando la expresamos de forma destructiva. Gestionarla implica reconocerla, regularla y expresarla de manera constructiva: à Reconocer la ira. La gestión empieza por identificar: señales corporales (tensión, calor, aceleración), pensamientos que la alimentan, situaciones que la disparan. Nombrar la emoción ya reduce su intensidad. à Regular la emoción. Algunas estrategias útiles: 1. Respiración diafragmática: inhalar profundo, exhalar lento. 2. Pausa consciente: retirarse unos minutos antes de reaccionar. 3. Reestructuración cognitiva: cuestionar pensamientos extremos (“siempre”, “nunca”). 4. Movimiento físico: caminar, estirarse, liberar tensión. La clave es bajar la activación fisiológica antes de hablar o actuar. à Expresar la ira de forma sana. La ira bien gestionada se expresa: sin gritos, sin insultos, sin amenazas, sin sarcasmo. Se trata de comunicar lo que me pasa, no de atacar al otro.
Estrategias prácticas para gestionar la ira y la asertividad:
à Técnica del “semáforo”. Rojo: me detengo, respiro, no reacciono. Amarillo: identifico qué siento y qué necesito. Verde: comunico de forma asertiva. à Mensajes en primera persona (“yo”). En vez de: “¡Tú siempre haces lo mismo!” Usar: “Yo me siento frustrado cuando pasa esto y necesito que lo hablemos.” à Límites claros. La asertividad implica decir: “No puedo hacerlo ahora.” “No estoy de acuerdo.” “Necesito un momento para calmarme.” à Escucha activa. La gestión de la ira mejora cuando: escucho sin interrumpir, valido lo que el otro siente, busco comprender antes de responder. à Revisión posterior. Después de un conflicto: ¿Qué aprendí? ¿Qué puedo mejorar? ¿Qué necesito pedir o reparar?
En contextos comunitarios o pastorales la gestión de la ira y la asertividad es clave para evitar polarizaciones, sanar heridas, mejorar la convivencia, sostener procesos sinodales, acompañar desde la empatía. La asertividad es profundamente cristiana: verdad con caridad, firmeza con mansedumbre, claridad con respeto.
2. Diálogo y formación permanente: Un aprendizaje que no termina La formación permanente no es sólo hacer cursos de teología; es la capacidad de mantener un diálogo constante con la realidad, con los hermanos y con Dios a lo largo de toda la vida sacerdotal.
a. Diálogo con la propia historia (Dimensión Humana) · Acompañamiento y supervisión: Un presbítero maduro es aquel que se deja acompañar. El diálogo con un director espiritual o un psicólogo ayuda a procesar las crisis de la mediana edad o el cansancio pastoral. · Actualización de lenguajes: La formación permanente exige dialogar con la cultura contemporánea para que el mensaje del Evangelio sea inteligible hoy. Esto implica estudiar nuevos lenguajes, desde lo digital hasta las nuevas sensibilidades sociales.
b. Diálogo con el presbiterio (Dimensión Eclesial) · Revisión de vida en común: Grupos de sacerdotes que se reúnen no sólo para organizar eventos, sino para dialogar sobre su vida espiritual y sus fracasos pastorales. Esto previene el aislamiento y el cinismo. · Formación en “salida”: El diálogo con otras diócesis, con laicos expertos en diversas materias y con la realidad de las periferias mantiene el ministerio fresco y evita el estancamiento.
c. El Diálogo con el Magisterio y la Teología (Dimensión Intelectual) · Lectura orante y crítica: Mantener un diálogo intelectual con los documentos de la Iglesia y los signos de los tiempos. Un sacerdote que no lee y no dialoga con el pensamiento actual termina repitiendo fórmulas vacías que no tocan el corazón de la gente.
3. Diálogo de los gestos y las acciones. Según la via propuesta por el papa Francisco. La triada de Bergoglio: fraternidad, cultura del encuentro y diálogo son absolutamente necesarias para el bien común y la solidaridad. “No se puede vivir la fraternidad sin el encuentro, ni se puede dialogar sin el encuentro, y tampoco reconocer al otro como interlocutor válido si no es con la fraternidad[68]”. Si esto vale para todo ser humano, el sacerdote, tiene que ser experto en esta triada, y qué mejor guía que la de papa Francisco, pastor de la Iglesia universal, para adquirir las actitudes y habilidades necesarias para vivir, día a día en modo dialógico y fraterno[69]. Gerardo Portillo en su libro sobre este tema, concluye su reflexión ofreciéndonos una propuesta llamada “actuar dialógico” que recoge de la personalidad, actividad y convicciones de papa Francisco un conjunto de gestos, acciones y expresiones que de manera atenta e intencional, formaban parte del cotidiano actuar del papa Francisco, hombre de acogida, con una gran capacidad “relacional dialógica”, un constante “expresionismo corporal”, inspirados en los verbos enunciados en el capítulo IV de Fratelli tutti sobre lo que significa dialogar:
Sorprende su gestualidad, más pronta a la brazo que al estrechar la mano, lo cual es uno de los motivos por los que ha generado desde el inicio gran simpatía. Es su facilidad de buscar el abrazo en la gente, por su instinto de ser cercano[70].
Acercarse
El antídoto ante la globalización de la indiferencia es la propuesta, aguerrida y valiente de acercarse. El gesto dialógico, que contrarresta la actitud, adormilada y pasiva frente a los problemas de los demás, es acercarse a su realidad, que puede ser también la propia, ya que todo está conectado. La indiferencia es lo contrario de la cercanía y el diálogo sólo puede darse desde la realidad concreta que necesita ser discernida y asumida[71].
Expresarse
En un gesto inédito en la historia, el Papa Francisco, al dirigir un discurso a líderes africanos de Sudán del Sur, se puso de rodillas y beso los pies de las autoridades. El gesto dialógico expresó la cercanía y preocupación del papa en hacer todo lo posible para mantener la paz, y el llamamiento efectivo para la unidad y la reconciliación en la zona, que atravesó durante varios años una guerra civil, la cual concluía con el acuerdo firmado en el año 2018[72].
Escucharse
El gesto de escuchar a las víctimas, darles cabida en el Vaticano, recibirlos en la propia casa, comprende una actitud dialógica con la intención de promover el encuentro, la reconciliación, el perdón, pero desde la justicia, y en practicar el diálogo como método de discernimiento y expresión de caridad[73].
Mirarse
En medio de una multitud, durante un recorrido en el papamóvil en el viaje a Bolivia del 8 al 10 de julio de 2015, el papa Francisco manda detener el auto y comienza a hacer señas para que dejen pasar a alguien que está en la orilla de la calle, en medio de un mar de personas […] aunque pueda parecer que la masa de gente es una multitud anónima, el poder mirar y reconocer, permite concretar la sensibilidad del encuentro […] nadie es anónimo, es la persona, sin calificativos, de igual a igual, con quien se abre la fecundidad del encuentro desde la visión del horizonte alargado[74].
Conocerse
El diálogo es método de discernimiento, por lo que siempre implica una búsqueda, aunque supone la identidad; el papa recomienda la disposición ascética desde el pensamiento incompleto, lo cual favorece la búsqueda de alternativas y no agotarse en el inmediatismo de una respuesta rápida. […] el Papa Francisco, conceptualiza el diálogo, desde la escucha, la argumentación y el caminar[75].
Buscar comprenderse
La búsqueda de comprensión puede resumirse en memoria, diálogo, paciencia, valor, sinceridad, una disposición para renunciar a la guerra, a la hostilidad y a la violencia, y reconocer que en medio del conflicto no hay vencedores, pues, así como nada se pierde con la paz, nada se pierde con el diálogo[76].
Buscar puntos de contacto
Un referente en la búsqueda de contacto fue la visita realizada por el Papa Francisco a la embajada de la Federación Rusa ante la Santa Sede, el 24 de febrero de 2022. Un gesto y acción significativa porque va más allá del protocolo diplomático y demuestra el empeño del Pontífice, en primera persona, para intentar resolver o mediar ante el conflicto […] el papa Francisco pasó del sustantivo a la acción; no es únicamente un diálogo aparente y formal, sino un dialogar concreto para la búsqueda de puntos de contacto, entre los diferentes y los antagónicos[77].
Empatía
La empatía es uno de los argumentos sociológicos que el papa Francisco ha querido acercar a la enseñanza formal de la Iglesia. La necesidad de recuperar la alteridad y comprender la convivencia, en clave de relación, también consiste en ponerse en el lugar de los demás, una manera sencilla y práctica de ejercitar la ascesis, elemento constitutivo del diálogo para desde el deber de la identidad hacerse todo con todos. Un ejemplo sobre la empatía, en el actuar dialógico del pontífice, se evidencia en su cercanía y relación con las personas condenadas en las cárceles[78].
Respeto
El respeto deriva como consecuencia de la ascesis, como se ha indicado; el reconocimiento de la diversidad y la distinción exige, obligatoriamente, respetar dicha diferencia, pues el diálogo es expresión de caridad. Puede haber muchas formas de respeto: el uso de expresiones, escoger las palabras, las posturas asumidas, en circunstancias, pueden decir más allá que el simple discurso narrativo, si realmente se respeta al otro. Por eso, aunque resulte paradójico, una referencia de respeto en el papa, fue el silencio con el que desarrolló su visita al campo de concentración de Auschwitz durante el mes de julio del año 2016[79].
Ternura
La cercanía, entonces, que deriva en proximidad comprende un ejercicio humano de la proxémica; la comunicación interpersonal es auténticamente dialógica si se transforma en una experiencia humana y humanizadora para acercar y, por tanto, para discernir y buscar el bien a través de la amabilidad […] por ello, el papa que habla, que se comunica, que se expresa, también necesita tocar, y sus encuentros derivan de esta cercanía de la caricia, y el ofrecer la mano del papa, ya no desde el signo monárquico de la referencia protocolar, sino desde la paternidad que deriva del oficio como sucesor de Pedro[80].
Decálogo del diálogo[81] 1. Se dialoga de igual a igual. 2. La realidad se discierne, las ideas se discuten. 3. El diálogo requiere ascesis y respeto. 4. El diálogo exige humildad al escuchar. 5. El diálogo exige valentía y parresía (franqueza) al hablar. 6. Se dialoga desde la identidad y la pertenencia. 7. El diálogo es un método de discernimiento 8. El diálogo es expresión de caridad, con gentileza, amabilidad y ternura. 9. El diálogo se hace con espíritu contemplativo. 10. El diálogo es hacerse todo con todos.
Conclusiones
"El diálogo es el nuevo nombre de la caridad en el mundo contemporáneo". Del diálogo dependen las relaciones internacionales y las individuales, dependen las soluciones coordinadas que lleven a superar los conflictos y las emergencias del planeta. El diálogo ofrece un motivo de esperanza y la mejor garantía para un futuro de paz y de bienestar. Bajo este aspecto, el diálogo es la verdadera misión (laica y religiosa) de nuestro tiempo y un cómpito ético al cual ninguno tiene del derecho de sustraerse. En un mundo que, como en ningún tiempo pasado, ha valorado tanto la pluralidad y la diversidad, y que es consciente de que los problemas del mundo son de todos y requieren de un acuerdo coral, es necesario reconocer que el diálogo encarna la categoría paradigmática de la época contemporánea[82]. En el ámbito parroquial, nuestro ámbito, también se hace urgente la aplicación de una identidad dialógica, desde el mismo ejemplo de los papas, que en cada viaje apostólico no falta el encuentro, el diálogo y la escucha; o del ejemplo de la práctica sinodal presente en los últimos sínodos, una amplia y oportuna consulta a los distintos componentes de la Iglesia. Así ocurrió en el sínodo de la familia y en el de los jóvenes, no se diga en el sínodo de la sinodalidad[83] y en el mismo último consistorio de enero pasado del 2026. El diálogo es un carisma, un ministerio y una espiritualidad, probablemente aquella más en línea con las exigencias de nuestro tiempo, ya que la sociedad actual es un “convivio de diferencias” a las que sólo se puede responder proponiendo una “convivencia dialógica”, siendo así, el diálogo debe ser parte irrenunciable del carisma moral y espiritual del sacerdote[84]. Es real que el diálogo comienza muchas veces de un desencuentro, pero que busca un encuentro y que no se conforma con la resolución de problemas, sino que busca la verdad conjunta, en este sentido el diálogo es un medio, no un fin, es decir, que busca al final un mundo más solidario, más justo. El encuentro dialógico se funda siempre en la atención, en la escucha, en la voluntad de comprender las necesidades de los demás. Exige respeto, honestidad intelectual y mucha humildad. El ser dialógicos en fin es ser veraces, auténticos y la verdad no se alcanza solos. Cada encuentro dialógico debe llevar a la consciencia de que el interlocutor es un alius no un aliud, no es totalmente extraño ni diferente y se puede crear comunión entre sí, por lo que se ha de lograr un mutuo reconocimiento[85]. ¿Por qué se nos puede hacer tan difícil ser dialógicos? Definitivamente es porque creemos que no tenemos necesidad; porque nos consideramos autosuficientes; no estamos convencidos de nuestra identidad y verdad, que tenemos miedo de que se nos ponga en tela de juicio; por lo que dialogar sería un sufrimiento, un despojo, un evidenciar mi precariedad, mi ignorancia, mi debilidad; pero ¿que no es al fin de cuentas lo que nos debería de caracterizar, “cuando soy más débil entonces soy más fuerte” (2Cor 12,10)? No es el fuerte y el autosuficiente el que siente la exigencia de dialogar, sino aquel que tiene necesidad de Dios y de los demás, es sólo el humilde el que logra tener esta capacidad[86]. El verdadero fruto de la verdad se alcanza cuando nos ponemos en modo dialógico y no en modo dialéctico[87]. [1] Del clero de Guadalajara, ordenado en 2003, cuenta con una licenciatura en Misionología por la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, y es profesor de Misionología y Ecumenismo en el Seminario Mayor de Guadalajara, donde presta su servicio como prefecto de disciplina. [2] BYUNG-CHUL HAN, Infocracia. La digitalización y crisis de la democracia, Taurus, Buenos Aires 2022, 54-55. [3] LEÓN XIV, Primer saludo y bendición. Logia central de la Basílica de San Pedro, 8 de mayo de 2025. [4] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 280. [5] Es a los Evangelios a donde debemos mirar para trazar el mapa de la conversión que se requiere de nosotros, aprendiendo a hacer nuestras las actitudes de Jesús. Los Evangelios lo “presentan constantemente en escucha de la gente que se encuentra con Él por los caminos de Tierra Santa” (DEC 11). Hombres o mujeres, judíos o paganos, doctores de la ley o publicanos, justos o pecadores, mendigos, ciegos, leprosos o enfermos, Jesús no despide a nadie sino que se detiene a escuchar y a entablar un diálogo. Ha revelado el rostro del Padre saliendo al encuentro de cada persona allí donde está su historia y su libertad. De la escucha profunda de las necesidades y de la fe de las personas con las que se encontraba, brotaban palabras y gestos “hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7,37). Nos pide a nosotros, sus discípulos, que nos comportemos de la misma manera y nos da, con la gracia del Espíritu Santo, la capacidad de hacerlo, modelando nuestro corazón según el suyo: sólo “el corazón hace posible cualquier vínculo auténtico, porque una relación que no se construye con el corazón es incapaz de superar la fragmentación del individualismo” (DN 17). Cuando escuchamos a nuestros hermanos, participamos de la actitud con la que Dios, en Jesucristo, sale al encuentro de cada uno. Cfr. Francisco – XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Documento final. 26 de octubre de 2024, n. 51 [6] Los diálogos aparecen como nueva forma de evangelización. El diálogo no es una nueva estrategia de persuasión religiosa sino que proporciona un cambio de perspectiva: la Iglesia, en cuanto portadora de la vida de Dios entre los hombres, se abre a todos e invita a todos a participar. P. TÓTH, “Comunicación y diálogo” en Ciudad nueva LX (2018), pp. 24-25, en Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 14. [7] Recomiendo en medio de tanta bibliografía actual sobre el tema de la sinodalidad, la propuesta de Rafael Luciani y Serena Noceti quienes concentran su reflexión en la gran dificultad, pero a la vez en la absoluta necesidad de implementarla. Cfr. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023. [8] “Determinante, ya que el diálogo y sociedad comparten aspectos comunes: alteridad, diversidad, reciprocidad, por lo que puede ser una forma real de concretar experiencias, como actitud y como habilidad auténticamente del ser, del ser humano. Necesaria, porque puede ser una respuesta ante el desafío de la vivencia de la diversidad. Pertinente, porque es ahora cuando se hace más urgente comprender que la violencia y la destrucción sólo son elementos que van contra la misma sociedad, sobre todo en los débiles y vulnerables, incluyendo la misma naturaleza. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 13. [9] Cfr. Paolo TRIANI, Dialogo, Edizioni Messagero Padova, Padova 2019, 9-75. [10] Cfr. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 165-177. [11] Cfr. Paolo TRIANI, Dialogo, Edizioni Messagero Padova, Padova 2019, 77-148. [12] Cfr. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 177-194. [13] Cfr. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 194-206. [14] Cfr. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 206-217. [15] Cfr. Paolo TRIANI, Dialogo, Edizioni Messagero Padova, Padova 2019, 149-221; Jean-Claude BASSET, El diálogo interreligioso. Oportunidad para la fe o decadencia de la misma, Desclé De Brouwer, Bilbao 1999; José Joaquín ALEMANY, El diálogo interreligioso en el magisterio de la Iglesia, Universidad Pontificia Comillas y Desclé De Brouwer, Bilbao 2001; Victorino PÉREZ PRIETO, La búsqueda de la armonía en la diversidad. El diálogo ecuménico e interreligioso desde el Concilio Vaticano II, Verbo Divino, Villatuerta (Navarra), 2014; Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 217-232. [16] Cfr. Jean-Claude BASSET, El diálogo interreligioso. Oportunidad para la fe o decadencia de la misma, Desclé De Brouwer, Bilbao 1999, 9-13 (prefacio de Claude GEFFRÉ). Aunque personalmente creo que no es propiamente diálogo. [17] A. CAMUS, Actuelles I. Chroniques 1944-1948, en Essais, Paris “Bibliotheque Pléiade”, 1965, p. 372. [18] Cfr. San Pablo VI en Ecclesiam Suam nn. 31-56 y el Papa Francisco en Evangelii Gaudium nn 238-258. [19] El Papa Francisco repitió esta idea muchas veces (Evangelii Gaudium, 14) recordando que quien la había dicho era el Papa Benedicto: “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción” (Homilía del 13 del mayo de 2007). [20] Jean-Claude BASSET, El diálogo interreligioso. Oportunidad para la fe o decadencia de la misma, Desclé De Brouwer, Bilbao 1999, 28. [21] Cfr. V. CORDINA (27 de agosto de 2018) Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares. Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995). En CRISTIANISME I JUSTICIA: https://blog.cristianismeijusticia.net/2018/08/27/cuando-comienza-y-acaba-el-invierno-eclesial. [22] Cfr. J. M. MARDONES, Postmodernidad y cristianismo. El desafío del fragmento, Sal Terrae, Santander 1988, 151-155 [23] Cfr. J. I. GONZÁLEZ FAUS, Calidad Cristiana. Identidad y crisis del cristianismo, Sal Terrae, Santander 2006, 305. [25] La diocesaneidad es la inserción, pertenencia y colaboración activa de los sacerdotes y fieles en una Iglesia particular (diócesis), bajo la guía del Obispo. Define la espiritualidad y misión del sacerdote diocesano, caracterizada por la fraternidad, la caridad pastoral, la comunión con el presbiterio y el servicio cercano al pueblo de Dios, evitando el clericalismo. Cfr.https://www.archivioradiovaticana.va/storico/2017/10/01/cultivar_la_diocesaneidad_con_el_compromiso_de_la_transparencia/es-1340181. [26] El desafío de la sinodalidad implica preguntarnos sobre qué visión del laicado nos guía y qué nuevas formas de ministerio laical deben de promoverse; requiere reconocer la contribución específica que proviene de las mujeres; exige una reflexión valiente para aplicar plenamente la visión conciliar del ministerio ordenado, del obispo, de los presbíteros, de los diáconos, abordando las cuestiones abiertas: el nombramiento de los obispos, la dirección y el ejercicio del poder, la formación en los seminarios, la elección de los presbíteros en la iglesia latina entre los célibes únicamente, la cooperación con los laicos; entraña finalmente, una reflexión sobre el ministerio olvidado, el de la pareja. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 157. [27] COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, La sinodalidad en la vida y la misión de la Iglesia, https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_20180302_sinodalita_sp.html. [28] E. LAVANIEGOS GONZÁLEZ – J.A. MENDOZA ESQUEDA – R. BARRÓN PORCAYO – C.E. MIER NÚÑEZ (edd.), Los itinerarios formativos en el Seminario diocesano. La etapa configuradora y la síntesis vocacional, Servicios de Animación Vocacional Sol, A.C., México 2019, 156-161. Estos manuales son los que orientan la formación integral en el Seminario de Guadalajara también desde su edición, promovidos por el OSMEX. [29] https://adn.celam.org/papa-francisco-si-no-hay-dialogo-si-no-hay-corresponsabilidad-si-no-hay-participacion-la-iglesia-envejece/#:~:text=Papa%20Francisco:%20“Si%20no%20hay,la%20Iglesia%20envejece”%20%2D%20ADN%20Celam. [31] Cfr. G. AUGUSTIN (ed.), El desafío de la nueva evangelización. Impulsos para la revitalización de la fe, Sal Terrae, Maliaño (Cantabria) 2012, 78-79. [32] BENEDICTO XVI, “Encuentro con los obispos de Estados Unidos en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington, 16 de abril de 2008, Respuestas a las preguntas de los obispos”, en Insegnamenti di Benedetto XVI, IV, 1 2008, Citta del Vaticano 2009, 577-592. [33] En la actualidad, aunque todo esto se tenga presente, existe la crítica constante y desgraciadamente la evidencia de que el seminario, se concentra como desde su institución, en formar sacerdotes para la tarea liturgica y la cura animarum, para la reproposición de una doctrina bien definida y de unas actividades pastorales en general estandarizadas y no para animar procesos comunitarios de transformación… personas célibes que van a vivir solas, lo que pone de manifiesto el carácter extraordinadio de su condición y de su vocación en relación con el resto de los fieles: parece inadecuado frente a los desafios de la vida pastoral parroquial habitual hoy. No se les prepara para la ardua tarea de ser hombres que animan la vida comunitaria, tejedores de relaciones fraternas, promotores de un amplia pastoral laical, creadores de eventos que deben fomentar el sentido del “nosotros eclesial” y presidentes de asambleas liturgicas en las que todos deben participar activamente… su formación ofrece poco en cuanto a las habilidades y competencias pedagógicas, psicológicas y pastorales necesarias para el liderazgo cooperativo y la planificación y orientación de la comunidad. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 197-198. [34] El Nuevo Testamento señala que quienes asumieron la responsabilidad al principio no estuvieron aislados y solos (Hch 6, 5. 8-15; 7; 13, 1; 21, 8; 1Cor 12, 28; Ef 4, 11; 2Tim 4, 5; Rom 16; 1Cor 16, 15-20; Col 4, 7-17; etc.). No fueron ni solistas ni luchadores individuales, sino que estaban rodeados, protegidos y apoyados por colaboradores y colaboradoras, comprometidos y responsables. También hoy, y particularmente hoy, dependemos estrictamente de ellos. Incumbe a los sacerdotes, “impulsar este auge apostólico y apoyar iniciativas y obras apostólicas de otros. En la nueva situación misionera, tenemos sobrados motivos para despertar carismas misioneros y para descubrirlos. Es bueno ir en busca de los perdidos, alejados y renegados para ganarlos de nuevo (Lc 15); y hacer acto de presencia, como Pablo, en los nuevos areópagos de la cultura actual y en las plazas públicas de hoy (cf. Hch 17 ,22)”. Cfr. W. KASPER, El sacerdote, servidor de la alegría, Sígueme, Salamanca 2009, 57-61. [35] El presbítero y el joven candidato al ministerio sacerdotal, deberá estar capacitado para construir este Reino por medio del diálogo, desde la Iglesia hacia el resto de la humanidad, tomando en cuenta la dinámica de la inculturación. Para esto, su formación ha de llevarlo a construir en sí una cosmovisión cristiana sólida, a la vez que abierta a otras formas distintas de expresar la realidad. CEM, Normas básicas y ordenamiento básico de los estudios para la formación sacerdotal en Mexico, CEVyM – OSMEX, Ciudad de México 2023, n. 29. Las normas sobre la formación humana véanse en nn. 186-202. [36] J. E. GONZÁLEZ MAGAÑA, SJ, Amar y servir hasta la muerte. Identidad sacerdotal y configuración con Cristo. Tomo I, Societas Librorum, México 2019, 59. 60. [37] El clericalismo es una permanente tentación, que concibe el ministerio recibido como un poder que hay que ejercer, más que como un servicio gratuito y generoso que se ha de ofrecer; y esto lleva a creer que se pertenece a una élite que tiene todas las respuestas y no necesita ya escuchar ni aprender nada. Sin duda del espíritu clericalista expone a las personas consagradas a perder el respeto por el valor sagrado e inalienable de cada persona y de su libertad (cfr. Christus vivit 98). Un camino de formación integral combate el clericalismo y ayuda a formar auténticos servidores de Dios y de su pueblo, creando un ambiente seguro y cuidando de todos, sobre todo de los pequeños y más vulnerables. J.C. PATRÓN WONG, “El ambiente seguro y la protección a menores en la formación integral”, en D. PORTILLO TREVISO (Coord.), Formación y prevención. La prevención de los abusos sexuales en los procesos formativos de la Iglesia, CEPROME – PPC, Madrid 2019, 164-165. [38] Construir una Iglesia de creyentes que se reconozcan y actúen como sujetos corresponsables, nos exige denunciar y superar, en primer lugar, el clericalismo, un mal que tiene raíces antiguas y produce frutos que envenenan las relaciones eclesiales. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 204. El Papa Francisco ha hecho del asunto del clericalismo, un leitmotiv de su magisterio, hasta el punto de que en más de 60 ocasiones denuncia su gravedad con palabras muy duras: enfermedad (2014), mal, peste, pecado, enfermedad muy grande, (2016-2017), plaga y perversión de la Iglesia (2018-2020), una de las mayores deformaciones (2019). D. MENOZZI, “Clericalismo. Storia di una parola”, en Il regno 65 (2020), pp. 233-235. [39] Cfr. M. GARCÍA HERNÁNDEZ, “El clericalismo y las heridas de los sacerdotes”, en Proyección LXXI (2024) 71-90. [40] L. VALDEZ CASTELLANOS, SJ, Plenitud Sacerdotal, Buena Prensa, México 2016, 299-300. [41] La formación no debería darse sin una disponibilidad a la marginalidad; no puede darse ningún proceso formativo sin la capacidad de ponerse del lado de los que más sufren, de estar en los lugares a donde casi nadie quiere ir y de vivir en un constante discernimiento sobre la voluntad del Dios de Jesús. La formación, no debería de carecer de consecuencias existenciales, se necesita una formación que acompañe y que suscite una ortodoxia transformadora. Es indispensable también que la formación fortalezca una ortopraxis como presencia pertinente y por último una ortopatía como cercanía significativa. Cfr. T. TAPIA BAHENA, “Jesús, modelo de formador”, en D. PORTILLO TREVISO (COORD.) Como hombres de Dios. Reflexiones sobre la formación presbiteral en el mundo actual, Buena Prensa – UPM, México 2018, 87-113. [42] E. LAVANIEGOS GONZÁLEZ – J.A. MENDOZA ESQUEDA – R. BARRÓN PORCAYO – C.E. MIER NÚÑEZ (edd.), Los itinerarios formativos en el Seminario diocesano. La etapa configuradora y la síntesis vocacional, Servicios de Animación Vocacional Sol, A.C., México 2019, 157-158. Los no practicantes, los no creyentes, y quienes profesan otra religión, son también destinatarios de la atención pastoral. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, El don de la vocación presbiteral. Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, Libreria Editrice Vaticana 2017, n. 121. [43] La reflexión sobre el decidir en la Iglesia y como Iglesia se sitúa en el horizonte de una superación substancial del modelo “piramidal jerárquico”, marcado por una dinámica comunicativa y participativa, predominantemente unidireccional, que se caracteriza por un modelo de decisión, centralizado y centrado en el poder de uno que decide por todos, al límite con la contribución de algunos, cuadros intermedios, que pondrán en práctica las decisiones tomadas. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 262. [44] Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 252. [45] Cfr. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 261. [46] Los laicos deben crecer en su capacidad de leer la fe y apoyar sabiamente el camino de la comunidad en su conjunto. Se necesitan laicos que no sólo atiendan con generosidad los ministerios tradicionales, sino que sepan asumir otros nuevos, dando vida, formas novedosas de educación en la fe y de atención pastoral, siempre en la lógica de la comunión eclesial. Cfr. G. RICHI ALBERTI, “Sinodalidad y carisma en la iglesia, en R. LUCIANI – M.T. COMTE (edd.) En camino hacia una iglesia sinodal, 327-346, en Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 209. [47] Actualmente se redescubren las variadas formas de la penitencia y el perdón de los pecados cotidianos (la petición, “perdónanos nuestras culpas”, la súplica en favor de otros, la revisión de vida, el “diálogo fraterno” y la “corrección fraterna”, las obras de caridad); muchos buscan el diálogo sosegado en la confesión. La pérdida progresiva del sacramento de la penitencia es una de las carencias más sensibles de la Iglesia actual. Las razones son múltiples. Se oye a menudo que las experiencias desagradables en el confesionario son las culpables… en lugar del confesor aparece a menudo el terapeuta, que termina por no hacerle reconocer su culpa y no sentir el gozo desbordante de la misericordia por el arrepentimiento. Como sacerdotes, hemos de procurar no malvender el mensaje de gracia de Jesús, como una indulgencia a módico precio (D. Bonhoeffer), ni dilapidar el don pascual del sacramento de la penitencia. Cfr. W. KASPER, El sacerdote, servidor de la alegría, Sígueme, Salamanca 2009, 115-116. [48] CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, Buena Prensa 2015, nn. 70-73. [49] Cfr. FRANCISCO (Una conversación con F. PRADO), La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy, Publicaciones Claretianas, Madrid 2018, 74-78 [50] L. A. MONTES PERAL, La centralidad de la caridad pastoral en la vida y misión del sacerdote, Sal Terrae, Maliaño (Cantabria) 2014, 137. [51] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, Buena Prensa, México 2015, n. 41. [52] COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, La sinodalitá nella vita en ella missione della Chiesa. Texto y comentarios de P. CODA – REPOLE, EDB, Bolonia 2019, 73. [53] Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 159. [54] Cfr. G. AUGUSTIN, Llamados a la alegría. El gozo de ser sacerdote, Sal Terrae, Santander 2011, 159-161; 252-268. [55] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, Buena Prensa, México 2015, n. 34. [56] Cfr. J. E. GONZÁLEZ MAGAÑA, SJ, Amar y servir hasta la muerte. Identidad sacerdotal y configuración con Cristo. Tomo I, Societas Librorum, México 2019, 128-131; J. E. GONZÁLEZ MAGAÑA, SJ, Amar y servir hasta la muerte. Identidad sacerdotal y configuración con Cristo. Tomo II, Societas Librorum, México 2019, 385-516. [57] Pascal IDE, El bournout de los sacerdotes, una enfermedad sistémica del don, en SEMINARIOS Vol. 71, N.º 236 (2025) 73-96. Este artículo parte de la hipótesis de que el burnout en general, y el burnout de los sacerdotes en particular, es una enfermedad del don. Lo muestra utilizando un modelo inicial, la dinámica ternaria del don: recepción – apropiación – donación. Los sacerdotes con burnout no dan demasiado, sino que dan mal. Este enfoque individual se complementa con un enfoque sistémico, la dinámica cuaternaria del don: donación, recepción, donación en respuesta, recepción en respuesta. En el burnout, cada uno de estos momentos puede ser disfuncional, por exceso o por defecto, en el sacerdote y en la organización eclesial. [58] La capacidad de cultivar y vivir maduras y profundas amistades sacerdotales se revela fuente de serenidad y de alegría en el ejercicio del ministerio; las amistades verdaderas son ayuda decisiva en las dificultades y, a la vez, ayuda preciosa para incrementar la caridad pastoral, que el presbítero debe ejercitar de modo particular con aquellos hermanos en el sacerdocio, que se encuentran necesitados de comprensión, ayuda y apoyo. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, Buena Prensa, México 2015, n. 37. [59] R. FISICHELLA, La nueva evangelización, Sal Terrae, Santander 2012, 103-104. [60] SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Ad Ephesios, XX 1-2. En CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, Buena Prensa, México 2015, n. 33. [61] Teniendo en cuenta las debidas reservas de su identidad y permitiendo que los laicos sean quienes participen de actividades políticas y sindicales “ya que todo fiel debe poder siempre acudir al sacerdote, sin sentirse excluido por ninguna razón”[…] “El sacerdote tiene la responsabilidad particular de explicar, promover y, si fuese necesario, defender, siguiendo siempre las directrices del derecho y del Magisterio de la Iglesia, las verdades religiosas y morales, también frente a la opinión pública e incluso, si posee la necesaria preparación específica, en el amplio campo de los medios de comunicación masiva. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, Buena Prensa, México 2015, n. 44. [62] G. AUGUSTÍN, Llamados a la alegría. El gozo de ser sacerdote, Sal Terrae, Santander 2011, 70. [63] G. AUGUSTÍN, Llamados a la alegría. El gozo de ser sacerdote, Sal Terrae, Santander 2011, 216-217. [64] Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo esto se resume en el verbo dialogar. FRANCISCO, Fratelli Tutti, 198. [65] Stefano Guarinelli propone herramientas que integran la psicología psicodinámica con la espiritualidad, buscando que el sacerdote pase de una “obediencia ciega” o “distancia fría” a una autoridad personal y un involucramiento consciente. A continuación, se detallan las herramientas y enfoques específicos para cada nivel relacional: Relación consigo mismo: La “Unidad de Vida”. Para Guarinelli, la herramienta fundamental es la autoconciencia afectiva; Análisis de las motivaciones profundas: El sacerdote debe aprender a distinguir entre el "deseo de Dios" y el "hambre afectiva". Utiliza el acompañamiento para identificar si el ministerio es un refugio contra la soledad o una elección libre; Aceptación de la “Incompletitud”: en lugar de reprimir el deseo sexual o afectivo, propone reconocerlo como parte de la propia humanidad. El celibato no es “eliminar” la afectividad, sino aprender a vivir con un vacío que se vuelve fecundo al no ser llenado egoístamente. Relación con la autoridad: Obediencia Madura. Guarinelli aborda la autoridad no como sumisión, sino como colaboración responsable; Superar el antagonismo o la dependencia: La formación debe ayudar a que el sacerdote no vea al obispo como un “padre sustituto” al que debe complacer o contra quien debe rebelarse. Se busca una relación de adultos que comparten una misión. Transparencia pedagógica: se resalta la importancia de un acompañamiento que evite el exclusivismo, permitiendo que se reciba apoyo de diversos formadores según sus competencias específicas. Relación con sus iguales: La Fraternidad Sacramental. Evitar el “Clericalismo Competitivo”: Propone que los sacerdotes trabajen en grupos pequeños para desarrollar la empatía y la corrección fraterna. La meta es que sus iguales sean espejos que les ayuden a notar “puntos ciegos” en su comportamiento. Espacios de Vulnerabilidad: Fomenta que los sacerdotes tengan redes de apoyo donde puedan compartir sus dificultades sin miedo al juicio, fortaleciendo la resiliencia ministerial ante la monotonía o el estrés. Relación con el pueblo de Dios: Involucramiento sin Confusión. Es aquí donde se aplica su concepto de relaciones pastorales difíciles. Liderazgo Consultivo: El sacerdote debe aprender a liderar escuchando e integrando las opiniones del laicado (por ejemplo, a través de consejos pastorales), actuando como un “líder servidor” en lugar de un jefe autoritario. Gestión del Involucramiento (Coinvolgersi): La herramienta clave es la distancia óptima. El sacerdote debe estar lo suficientemente cerca para ser compasivo, pero lo suficientemente “otro” para no perder su identidad ministerial o generar dependencias afectivas insanas con los fieles. Cfr. Stefano GUARINELLI, Coinvolgersi. Teología delle relazioni pastorali dificilli, Ancora, Milano 2022; y también Psicología della relazione pastorale, EDB, Bologna 2008. [66] L. A. MONTES PERAL, La centralidad de la caridad pastoral en la misión del sacerdote, Sal Terrae, Maliaño (Cantabria) 2014, 96. [67] BENEDICTO XVI, XLVI Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, 2012. Silencio y palabra: camino de evangelización, Ciudad del Vaticano, Librería Editrice Vaticana, 2012. Cfr. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 75-85.
[68] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 280. [69] Las actitudes son la ascesis, la humildad, el espíritu contemplativo, el servicio, la gratuidad, la afabilidad. Las habilidades, en la identidad formada, el escuchar, el hablar, el argumentar, el contemplar, el discernir y el expresar desde la caridad para hacerse con todos. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 280. [70] Cfr. Antonio GIULIANO, “Abraccio”, en A. CARRIERO (ed.), Il vocabulario di papa Francesco, Elledici, 2015. [71] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 292. [72] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 293. [73] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 294. [74] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 294-295. [75] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 296-297. [76] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 298. [77] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 299. [78] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 300. [79] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 301-302. [80] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 303. [81] Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 305. [82] Cfr. Paolo TRIANI, Dialogo, Edizioni Messagero Padova, Padova 2019, 224. [83] Cfr. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 151-200. [84] Cfr. E. SCOGNAMIGLIO – A. TREVISIOL (ed.), Nel convivio delle diferenze. Il diálogo nelle società del terso millennio, Urbaniana Universiti Press, Cittá del Vaticano 2007. [85] Los presupuestos eclesiológicos son indicados en las Constituciones sobre la Iglesia y sobre la Liturgia y en los decretos Ad gentes, Christus Dominus y Presbyterorum ordinis, del Vaticano II: todos los sujetos tienen igual dignidad, y son sujetos co-constituyentes del “nosotros eclesial”, incluso en la asimetría que el ministerio ordenado conlleva en las relaciones intereclesiales; todos, en la pluralidad de carismas y ministerios, son corresponsables de la única misión mesiánica. Rafael LUCIANI – Serena NOCETI, Sinodalmente. Forma y reforma de una Iglesia Sinodal, PPC, Madrid 2023, 152. [86] Cfr. La humildad, la ternura, la gentileza y hacerse todo con todos. Rixio Gerardo PORTILLO RÍOS, Diálogo. La vía propuesta por el papa Francisco, PPC, Madrid 2025, 69-74. [87] Cfr. Paolo TRIANI, Dialogo, Edizioni Messagero Padova, Padova 2019, 38. |




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