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El loco de Dios en el fin del mundo, de José Javier Cercas Mena
Pbro. José Estrada Hernández[1]
Este autor español acompañó al papa Francisco en su viaje a Mongolia en 2023; el libro ha sido un éxito de ventas por la novedad del enfoque en que se acerca a tanto al Papa como al cristianismo.
El pasado lunes 1 de diciembre de 2025, en el salón 6 de la Expo Guadalajara, con ocasión de la Feria Internacional del Libro (FIL) edición 39, se tuvo la presentación del libro: “El loco de Dios en el fin del mundo”, del autor José Javier Cercas Mena, un controversial escritor español que exhibe como carta de presentación su ateísmo y al mismo tiempo se ufana de haber sido invitado para escribir un libro sobre el viaje del papa Francisco a Mongolia (31 de agosto al 4 de septiembre de 2023), siendo éste el primer viaje de un papa a este lugar. La presentadora del libro, Rosa Beltrán, aprovechó la circunstancia del autor, para manifestar también su ateísmo y denostar la fe católica, ya que, al citar a Pablo Hiriart, acotó: “Es un gran escritor, aunque católico; bueno, también entre los católicos hay algunos intelectuales”. Las risas se hicieron escuchar, pero no fueron de la mayoría, sino más bien del selecto grupo de esbirros que la acompañaban. Lejos de presentar argumentaciones, Beltrán se dedicó únicamente a repetir el discurso ateo de Latinoamérica, que en realidad no es argumentativo sino victimista, pues la raíz de todos los males, según ellos, es la Iglesia Católica, cosa que no los hace ateos racionales a la altura de Nietzsche o de Marx, mucho menos de Sartre o Unamuno, sino que únicamente los presenta como pseudointelectuales rabiosos y anticatólicos, que aprovechan la ocasión para atacar con discursos ad hominem, alardeando con sus gratuitas afirmaciones la carencia de argumentos intelectuales y evidencias científicas. Si bien, el asunto que nos compete ahora es el libro del “Loco de Dios…”, no podía obviar mi perspectiva sobre el ateísmo, ya que el ateísmo que refleja Javier Cercas en este libro, es más bien un ateísmo nostálgico, en donde se esconde un dejo de tristeza por haber perdido la fe, aunque también se muestra delicada y sutil su esperanza curiosa y su inquietud por aclarar el sentido cristiano de la resurrección de la carne. Javier Cercas es un verdadero maestro de la palabra, pues tiene un dominio muy selecto del lenguaje, empleando elegantes términos y descripciones panorámicas de los escenarios en los que se encuentra. Cabe señalar que tiene un fino, ácido y algo sarcástico sentido del humor, que en más de alguna ocasión arranca una carcajada a sus lectores. Su rostro frío, seco y hasta malhumorado, no refleja con justicia al poeta que se esconde, ni su sensibilidad profunda y culta al expresar con diversas metáforas la experiencia de este viaje. Javier Cercas fue invitado por Lorenzo Fazzini a cubrir junto a otros periodistas, el viaje del papa Francisco a Mongolia, con la consigna de escribir un libro al respecto. La admiración de Cercas por la invitación fue grande, pues consideraba eso una locura, pero aceptó imponiendo solamente una condición. Él quería tener un momento a solas con el papa Francisco, pues su madre anciana, luego de enviudar, tenía la certeza de que iba a mirar de nuevo a su esposo fallecido una vez que ella muriera. Javier Cercas intituló su libro: “El loco de Dios en el fin del mundo”, pero en realidad su pensamiento era más elaborado. Él a sí mismo se define como: “un loco sin Dios”, pues lamenta, en diferentes momentos haber perdido la fe cristiana. Al Papa lo llama: “el loco de Dios”, que fue el pseudónimo con el que se conoció a san Francisco de Asís en su tiempo. Es bien sabido que al ser electo Pontífice el cardenal Bergoglio; le susurró el cardenal Cláudio Hummes, su amigo: “No te olvides de los pobres”; esto impactó el corazón del nuevo papa, por lo que decidió llamarse Francisco. La pregunta que quiere hacer Javier Cercas al Papa es en teoría simple: “Cuando muera mi madre, ¿ella volverá a mirar a mi padre?” Esta pregunta recorrerá todo el libro, pues Cercas lo dice de muchas maneras, es la pregunta del loco sin Dios al loco de Dios en el fin del mundo. El libro pareciera ser primero una crónica periodística en la que se integran elementos biográficos, políticos, críticas sociales y hasta una autobiografía, pues el mismo autor reconoce que es un libro atípico, pues nunca se había realizado algo similar. Cercas nos va llevando a los lugares que visita con una exposición magistral que combina elegancia y sencillez, atrapando la atención de quienes lo leen. Es relevante que cuando habla del cristianismo, lejos de afrentarse de él, le reconoce una larga tradición y una gran influencia en la Europa que hoy conocemos pues, aunque se declara ateo, se siente heredero de una cultura cristiana que considera se está apagando en España y en todo Europa. Es un amante de Johann Sebastian Bach, de suerte que al escuchar su música o el evocarlo parece que se arroba en un arrebato místico y deja entrever su fe cristiana, con bellas expresiones. Hay momentos en que Javier Cercas el ateo guarda silencio y deja que hable el poeta místico, el cual se siente herido por la falta de fe, que lejos de enorgullecerse, o de derivar de esto una superioridad intelectual, lo presenta como a un nostálgico que anhela tener algo de esta intuición, de este don, como en diferentes momentos hará notar. Parece obsesivo en la búsqueda de una respuesta para llevar a su madre, pero a lo largo del libro, pareciera más bien, que quien busca la respuesta es él mismo; y desde su ser de poeta, no busca solamente un concepto, una definición, sino a personas que viven la fe; busca una experiencia que llene su mente y su corazón. Es un existencialista en conflicto consigo mismo pues se sorprende del “superpoder” que tienen los misioneros en Mongolia y no comprende su felicidad a pesar de las dificultades por las que pasan. Los entrevista y quisiera arrancar de ellos alguna experiencia de amargura, o de desánimo, o incluso de incoherencia, pero contrario a ello, se encuentra con personas que en medio de las adversidades han encontrado la plenitud de la felicidad sirviendo a Dios y a los más pobres. Y que, aunque son una minoría en un país no cristiano y aunque no pueden hacer proselitismo entre la gente; en sí mismos y con su testimonio generan inquietudes entre el pueblo, ya que surgen muchas preguntas: ¿Por qué ustedes, teniendo una estabilidad en sus lugares de origen, vienen a este lugar a vivir en la pobreza y a ayudar a las personas? ¿Qué los mueve a hacer esto? Es ahí cuando los misioneros señalan que es el amor a Jesús quien los impulsa a estas extravagancias. Javier Cercas conoce bien la doctrina cristiana católica y se sorprende cuando escucha decir que el papa Francisco es profeta. La sorpresa está en que no le parece una exageración, por el contrario, al conocer más de lleno la vida y la personalidad de Francisco, cae en la cuenta que el Papa ha luchado siempre consigo mismo, es un verdadero cristiano que se sienta en la silla de Pedro. De hecho, al analizar las problemáticas circunstancias de su pasado, las dificultades personales, el exilio que tuvo que sufrir, concluye Cercas, que el papa ha sido capaz de mejorarse, de sensibilizarse, pero esto como resultado de una lucha fuerte consigo mismo, contra su soberbia y protagonismo. A Javier Cercas le sorprende que el Papa se llame a sí mismo pecador, y a partir de este término hace un elogio del Vicario de Cristo, diciendo que no es un Pontífice que use la infalibilidad papal para hablar, sino un papa que se equivoca, pero que pide perdón y que con sinceridad pide que recen por él, cosa que le parece atípica por la investidura que posee. Incluso, en el momento en que se sienta junto a él, para la entrevista, Javier experimenta un gesto único del Papa, una mirada, una comprensión, que le evoca la cardiognosis de los santos, un hombre extraordinario que conoce el corazón de los otros. Se le nota a nuestro autor la admiración que va experimentando a lo largo del viaje, al informarse más a detalle sobre la vida del Papa, al punto que recuerda a su esposa quien le decía, que esperaba que, al volver a España, no terminara convertido en un “soldado de Francisco”. Bromea en repetidas ocasiones sobre su conversión y aunque mantiene su ateísmo, al parecer, más por orgullo que por convicción, deja ver que la solución para la credibilidad de la Iglesia está en que se vuelva misionera. En la parte final del libro, Javier deja una maravillosa experiencia de fe y de humanidad, que ha tocado sus fibras más íntimas, que le ha zarandeado fuertemente y que desde mi punto de vista, es la experiencia del abrazo de Dios. El libro deja un sabor dulce, una alegría esperanzadora, el deseo de una segunda parte del libro en donde Javier Cercas relatara su conversión y regreso a la Iglesia. Tanto el fondo como la forma del libro son excelentes, es cierto que habrá expresiones que susciten molestia o inconformidad, pero, creo que se trata de algo intencionado, provocativo por este sarcástico literato. Considero que la lectura de este libro no solamente hará pasar momentos agradables, sino que cuestionará a sus lectores para comprometerse a vivir cada día un cristianismo más auténtico. [1] Del clero de Guadalajara, ordenado en 2010, obtuvo la licenciatura en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Actualmente sirve como vicario en la parroquia de la Sagrada Familia en el centro de Guadalajara, como maestro en el Seminario Mayor y como director del Instituto Bíblico Católico. |




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