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Discurso de la rectora de la Universidad de Guadalajara en la apertura de la Cátedra Fray Antonio Alcalde y Barriga Mtra. Karla Planter Pérez
El que la Universidad de Guadalajara reconozca a fray Antonio Alcalde como su fundador tiene un enorme significado. Reproducimos aquí el discurso introductorio en este evento.
[La tarde del lunes 20 de abril de 2026 fue inaugurada la Cátedra Universitaria Fray Antonio Alcalde, con la conferencia “Teoría crítica de la confianza política”, impartida por el filósofo alemán Rainer Forst en el Paraninfo Enrique Díaz de León.]
Estimados profesores, Invitados especiales, Queridos estudiantes, Señoras y señores:
En nombre de la Universidad de Guadalajara, les doy la más cordial de las bienvenidas a la inauguración de la Cátedra Universitaria Fray Antonio Alcalde, que comienza de manera afortunada y feliz con la presencia del distinguido doctor Rainer Forst, profesor de Teoría Política y Filosofía de la Universidad Goethe de Frankfurt, quien nos impartirá la conferencia magistral titulada Una teoría crítica de la confianza política. Muchas gracias a todas y todos ustedes por su presencia. Estamos muy contentos porque nos acompañan profesores, estudiantes y autoridades universitarias, y también personalidades destacadas de la vida jalisciense que dan realce a este acontecimiento. Esta conferencia se está transmitiendo por Radio Universidad de Guadalajara en todo el estado de Jalisco, además de las redes sociales. Un agradecimiento y un saludo también a quienes nos siguen por esos medios. Este es un acto de justicia para con la memoria del fundador de la Real Universidad de Guadalajara: el ilustre hombre de bien, educador y filántropo, el admirado obispo Fray Antonio Alcalde y Barriga, nacido en Cigales, España, pero mexicano por adopción, cuyo legado ilumina el destino de Jalisco. Pero este acto no sólo mira al pasado. Sobre todo, mira hacia el futuro, porque la creación de esta cátedra dará más vigor a la vida cultural y científica de Jalisco y contribuirá a la esperanza en la construcción de una sociedad más humana y más democrática, más justa y más libre. No quiero ser grandilocuente, porque éste es un grano de arena, ciertamente; o un paso, pequeño, si se quiere, pero orientado por una gran visión enfocada en formar un espíritu de colaboración social y solidaridad humana entre nosotros. El pasado 29 de octubre el Consejo General Universitario aprobó, de manera oficial, la creación de esta cátedra, la cual fue posible por el entusiasmo de un grupo de universitarios identificados con la figura y la herencia de Alcalde. Y la creación de la cátedra contó también con el apoyo del Rector Ricardo Villanueva, respaldo que he confirmado, por supuesto, de manera que en esta administración le dimos el impulso final para que se concretara. Entre los impulsores de la Cátedra destacan el abogado Adalberto Ortega Solís, presidente del Consejo Social de la Universidad de Guadalajara, el doctor Héctor Alfredo Gómez Vidrio, profesor jubilado de Medicina, el abogado y presbítero Tomás de Híjar, el ingeniero y profesor emérito José Manuel Jurado Parres, la doctora María Elena González, Directora General de los Hospitales Civiles, el maestro José Trinidad Padilla López, ex Rector General y Director de la Biblioteca Juan José Arreola, así como también el doctor Eduardo Gómez, Rector de Ciencias de la Salud, quienes trabajaron bajo la supervisión del doctor Héctor Raúl Solís Gadea, nuestro Vicerrector Ejecutivo. Debo agregar en esta mención a la doctora Dulce María Zúñiga Chávez, Rectora de Ciencias Sociales y Humanidades, quien le transmitió al equipo de trabajo su experiencia organizativa obtenida en la Cátedra Julio Cortázar. La responsabilidad de dirigir la Cátedra Fray Antonio Alcalde recae en la persona de José Manuel Jurado Parres, ya mencionado, y la tarea de coordinación académica está a cargo de la doctora Lilia Oliver Sánchez, destacada historiadora de la medicina jalisciense y, en ese sentido, ligada por razones profesionales al esfuerzo de investigación de la vida y obra de Fray Antonio Alcalde y Barriga. Esta será una cátedra en toda la letra, es decir, académica y científica, además de multidisciplinaria. Pero tendrá un rasgo adicional, otorgado por el ejemplo de Fray Antonio Alcalde, que le da su peculiaridad entre las cátedras de nuestra institución. El equipo promotor de la cátedra partió de la siguiente pregunta que funciona como premisa de trabajo. ¿Cuáles son las tareas que, desde la perspectiva de Alcalde, se imponen en nuestro tiempo? Si Alcalde estuviera entre nosotros, ¿qué acciones emprendería? ¿A qué nos convocaría? En la fundamentación de los motivos de esta cátedra se lee lo siguiente:
El sentido primordial del legado de Fray Antonio Alcalde es hacer coincidir la ciencia, la educación y el cultivo de los valores de solidaridad humana y social, en torno a la tarea –hoy inaplazable—de elevar… la situación material y espiritual de la humanidad para que alcance propósitos de alta significación ética. Su labor [la labor de Alcalde] fue de creación de instituciones y también de conjunción de voluntades orientadas a la realización del bien humano, aspecto que, a más de dos siglos de distancia, no sólo no ha perdido vigencia, sino que asumirlo es más urgente que nunca.
Y enseguida se afirma que,
[c]omo humanidad, nos enfrentamos a una situación de crisis moral e institucional que está evaporando las condiciones mínimas de cohesión de la sociedad y socavando los compromisos normativos que están en la base de la estabilidad social y la promoción de los valores más elevados del espíritu humano. Algunos analistas afirman, incluso, que estamos ante el fin de la sociedad, que lo único que existe son individuos interesados en ellos mismos (…) Esto destruye las bases de la convivencia social y amenaza letalmente el orden y la estabilidad social.
Como se puede apreciar, vivimos una situación de tal urgencia que a los universitarios nos exige dar, al cultivo del saber, un sentido práctico. Por consiguiente, en el punto número trece de la exposición de motivos se señala lo siguiente:
Creemos que el conocimiento, el análisis, la discusión y la conversación pública racional contribuirá a crear sociedad, es decir, vínculos de cooperación recíproca entre los diversos grupos sociales para promover el bien público. El crear sociedad, es decir, sentido de comunidad, implica promover el entendimiento y la comunicación entre instituciones, grupos sociales, entidades públicas y privadas en torno al intento de buscar soluciones a los problemas que compartimos con las demás personas. El conocimiento, en la rica diversidad que le caracteriza, puede…contribuir a este objetivo.
Tal es la apuesta, en cierto modo, la esperanza fundada, de la que se desprende el sentido de nuestra nueva cátedra, la cual
…tendrá como misión difundir aquellas ideas, hallazgos científicos, consideraciones normativas y realizaciones estéticas que, por su naturaleza, puedan informar y orientar las prácticas sociales encaminadas a promover la integración de la sociedad y sus comunidades de manera que incentiven la colaboración, la confianza y la reciprocidad en torno a valores como la justicia, la solidaridad, la libertad y el bien público.
La visión de la cátedra es «posicionarse como un espacio de referencia nacional e internacional para dar a conocer experiencias humanas relevantes de integración de la teoría y la praxis, la inteligencia y la acción, en torno a valores que contribuyan a la creación de sociedades más solidarias en favor de la “humanidad doliente”», para utilizar la elocuente fórmula de Fray Antonio Alcalde». Por lo aquí expuesto, se colige que la idea central de la cátedra asume un presupuesto implícito: el de que la ciencia y la razón abstractas, la investigación pura, aunque indispensables y necesarias, no son suficientes cuando el propósito es contribuir a generar efectos positivos en las prácticas y los modos de organización de la sociedad. Es necesario ir más allá y construir visiones teóricas no tradicionales que puedan orientar a las instituciones, los colectivos y las personas individuales. En esto hay una afinidad electiva con la formación conceptual de nuestro conferencista de esta noche. Theodor Adorno y Max Horkheimer, fundadores de la principal tradición intelectual a la que pertenece Rainer Forst, distinguen entre lo que ellos llaman teoría tradicional y la teoría crítica, siendo esta última su apuesta particular. La primera asume que el mundo es algo dado, una realidad natural refractaria a nuestra capacidad de intervenir en ella, y sólo resta explicarla, dejándola como está. Mientras que la segunda, la teoría crítica, considera que podemos ejercer nuestra capacidad de acción para organizar de otra manera el mundo. Si esto es así y los seres humanos se disponen a ejercer su libertad para construir la sociedad, es lógico que se presenten distintos modos de pensar y que surjan desacuerdos acerca de cómo queremos diseñar nuestras instituciones. En todo caso, es necesario darse a la tarea de dialogar en torno a los valores sobre los cuales habremos de sostener el edificio social. La ciencia positiva, cuando se cultiva de manera estrictamente empirista y mecanicista, se queda corta frente a la tarea de ofrecer argumentos que permitan generar los consensos de valores y normas que toda sociedad requiere para vivir civilizadamente. Hoy tenemos una conciencia más clara de que el solo cálculo estratégico de intereses egoístas y la lógica de competencia entre contrincantes que se consideran enemigos, no bastan para crear una sociedad mínimamente armoniosa, cohesionada y estable. Una buena sociedad requiere un núcleo de valores y normas esenciales, un conjunto de ideales morales reguladores que orienten su camino. ¿Cómo se forma este núcleo de creencias fundamentales que necesitamos en las sociedades contemporáneas de hoy, las cuales están dominadas por la lógica del poder instrumental y autoritario y por la racionalidad económica orientada casi exclusivamente a la concentración de riqueza material y a la explotación indiscriminada de la naturaleza? La sociedad de hoy requiere algo más que conocimientos científicos y algo más que una conducción política meramente técnica o instrumental. En última instancia, la Cátedra Fray Antonio Alcalde quiere contribuir a que los ideales, las normas y valores más elevados de la civilización humana sean tomados en cuenta en la praxis política, en la tarea de Gobierno y en los comportamientos económicos de los actores sociales. Ella implica, por supuesto, construir una cultura social y política diferente. En este sentido, vale la pena recordar la curiosa coincidencia, o, por lo menos, la cercanía de puntos de vista entre Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger, a la postre el papa Benedicto XVI, en el conocido debate que sostuvieron hace algunos años. Al discutir los fundamentos que hacen posible un Estado liberal y de derecho, Habermas reconoce la pertinencia y la necesidad de elementos pre-políticos, tales como la solidaridad humana, la cual puede verse amenazada por una secularización «descarrilada» de la humanidad. Aunque Habermas reconoce la necesidad de no hacer desaparecer los límites entre el orden de la fe y el orden de la racionalidad política propia de una sociedad plural, admite la necesidad de que visiones orientadas por la tradición religiosa y la fe dialoguen con perspectivas fundadas en la razón. Estas consideraciones vienen al caso, porque esta cátedra lleva por nombre el de un hombre insigne que combinó un gran sentido de solidaridad humana, forjado a partir de sus creencias religiosas, con un sentido de intervención eficaz en el mundo, sostenido por una racionalidad práctica que tuvo efectos políticos favorables a la creación de un orden político moderno cuyo fundamento es la educación en una cultura de valor y alcance universal. Larga vida a la Cátedra Fray Antonio Alcalde y elevo mi deseo de que logre sus propósitos. Quiero agradecer muy cumplidamente al doctor Rainer Forst por su presencia y su generosidad para venir a nuestra Universidad y brindarnos sus conocimientos. Sabemos de su trayectoria y de la importancia de su trabajo. Sea muy bienvenido a ésta, su casa, y que sea la primera de muchas ocasiones en que lo tengamos en la Universidad de Guadalajara. Será un gran honor escucharlo. Estoy segura que dejará huella entre nosotros, y particularmente entre nuestros estudiantes. Muchas gracias.
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