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El drama histórico de mediados del siglo XX en la Provincia Agustiniana de Michoacán.

 

Pbro. Luis Daniel Rubio Morales[1]

 

Cuando pensamos en la secularización de las doctrinas

que estaban en manos del clero regular para que

pasaran a manos seculares, nos llegan a la mente

los concilios mexicanos del Virreinato o

la etapa de las reformas borbónicas; aquí

presentamos un convulso y reciente caso. 

 

 

La Provincia Agustiniana de Michoacán llevó a cabo un nuevo capítulo provincial que se celebró en San Luis Potosí el sábado 9 de noviembre de 1949, con nuevas mentalidades formadas la mayoría en la Ciudad Eterna. Lo dirigió nada menos que el padre general el norteamericano doctor y maestro fray José Hickey, acompañado de su segundo asistente general, el escurialense fray Carlos Vicuña. La reunión contó con veintidós vocales de la provincia en alegre hermandad. Los actos capitulares se desarrollaron con precisa solemnidad, conforme al Ritual de Órdenes.

Ese día fue electo el padre Agustín Zamudio[2] por mayoría absoluta, una vez que se dio esta designación se cantó el Te Deum y se le rindió plena obediencia a la nueva autoridad.[3] En ese año había una cierta insatisfacción en la marcha que llevaba la provincia; pero la inquietud de la mayoría también mostraba el anhelo de progreso y perfección. El vigoroso provincial Agustín Zamudio, que escogió a partir de entonces residir en Guadalajara, tenía en sus manos junto con el definitorio tomar las mejores decisiones para su mejoramiento. Por otro lado, debemos manifestar que uno de los decretos más grandes para los agustinos a mediados del siglo XX fue la entrega de las vicarías, en que estaban divididas las parroquias centenarias de Yuriria y Cuitzeo.

El padre Nicolás Navarrete menciona que el motivo fundamental de este decreto fue “la imposibilidad práctica de la observancia religiosa en las misiones parroquiales o vicarías, donde los Padres viven solos”.[4] Mientras que los religiosos agustinos que estuvieron en Capítulo suplicaron al padre general que se dignara modificar la disposición en sentido condicional, de manera que, si en un término razonable no menor de cinco años ni mayor de diez, se llegara a tener suficiente personal para poner de dos a cuatro padres en cada vicaría, se continuara en la posesión de esa herencia de los frailes mayores o, de lo contrario, se devolvería a la arquidiócesis. El padre general objetaba que había dos grandes dificultades: la del personal y la de la congrua sustentación en la mayor parte de las vicarías. El provincial y su definitorio se apresuró a cumplir lo mandado y el primero de mayo de 1950, se envió una comunicación al señor arzobispo de Morelia para hacerle la entrega de las vicarías.

A finales de 1949, el padre Miguel Zamudio escribió al señor arzobispo, pidiéndole poder permanecer en la vicaría de Huandacareo por unos años más

 

Excmo. Señor: después de presentarle mis respetos saludos, quiero informarle acerca de mis preocupaciones que me han venido estos días; he tenido conocimiento cierto de que ya muy pronto entregará la Provincia a su Ecia. Rvma. todas las Vicarías que ella tenía a su cuidado, con el fin de recoger los padres a los conventos, para que se observe mejor la regla de la Orden y se cumplan con más exactitud los estatutos cosa realmente buena, ya que la vida religiosa, es vivir según la Regla de su Orden. Únicamente lo que yo suplico a su Ecia. [Excelencia] me conceda la gracia de que permanezca unos cuatro o cinco años más en este lugar, por el templo que se está construyendo y que tengo una deuda de más de quinientos mil pesos, pues le he trabajado muy recio al templo y lo hice de acuerdo con el P. Provincial, y ahora él me concede el tiempo que sea necesario, si su Excelencia lo permite de permanecer aquí, mientras pago esa deuda, ya que todo está en manos de Dios y Él hará lo que más convenga a mis verdaderos intereses, si su Ecia. [Excelencia] lo toma a bien podrá mandar alguna persona para que le informe los trabajos que llevan hechos.[5]

 

Mucho le preocupaba al padre Miguel Zamudio dejar una deuda tan grande por las obras de la construcción de la iglesia del Señor del Amparo; se animó a hacer la petición al señor arzobispo para que se compadeciera de él y le dejara un lustro más en la vicaría. En ese rubro, también le hizo la encarecida petición de concederle el dinero del diezmo de ese año para dar un abono de la cantidad que debía sobre la construcción de la iglesia; ahora señalaba que la deuda era de $15,000 pesos. El padre Miguel en medio de la incertidumbre se encontraba asustado y preocupado por no saber cómo pagar dicha cantidad.

Nuevamente, sin quitar el dedo del renglón el padre Miguel pedía que se le concediera otro tiempecito en la vicaría, para salvar en parte algo de la deuda, él mismo decía que podría conseguir la licencia con su hermano el padre provincial.[6] Y, efectivamente, el prelado le mandó la respuesta en la primera semana de febrero de 1950 por medio del prosecretario José Sotelo, quien le expuso que esa solicitud era asunto del padre provincial Agustín Zamudio. En relación al diezmo se le respondió que por ningún motivo se le podía conceder el dinero del arancel, porque por disposición de la Santa Sede los diezmos tenían un destino especial.[7] Además, en el mes de mayo correspondía el turno a la vicaría para mandar a la secretaría del arzobispado los libros de cuentas que debían ser revisados y glosados, y le pedían “sea usted muy servido de ordenar que los preparen convenientemente las personas, que los tienen a su cargo, y que los remitan debidamente firmados y autorizados por usted”.[8]

Para el mes de enero de 1950 el párroco de Cuitzeo José Escutia aprobó las cuentas y los gastos de los meses pasados. En julio de 1952 se agregarían algunas socias de Capacho.[9] Mientras que, esa comunidad el párroco de Cuitzeo suplicaba al arzobispo que le concediera el permiso para que se expusiera y se hicieran cuatro procesiones con el Santísimo Sacramento, mencionó que en ese pueblo durante el año se celebraban las fiestas de la Purísima Concepción, Virgen de Guadalupe, primer viernes de Cuaresma, viernes que precede a la fiesta de Pentecostés, buen temporal y la del Señor de la Expiración. Allí estaban establecidas las asociaciones de la vela perpetua, vela nocturna y la cruzada. El padre José Escutia siempre trató de dar a las fiestas un tinte eucarístico.[10]

El reverendo Miguel suplicó a su hermano Agustín Zamudio que lo perdonara de las faltas cometidas en contra de su persona, pues la ligereza en el obrar y la enfermedad nerviosa que venía padeciendo le llevaban a la aflicción. El asunto continúo en relación a la entrega de las vicarías que ya se comenzaban a sondear; primero las pertenecientes a Yuriria, por ello escribió de manera formal el padre Miguel a su hermano el provincial Agustín:

 

Padre Provincial: Viendo la aptitud decidida tanto de Ud. como de algunos padres que le rodean, sobre la entrega de las vicarías, yo supliqué al Excmo. y Rvmo. Señor Arzobispo tanto de palabra como por escrito que, si esto ya no tenía remedio, me admitiera como de prueba unos cuatro o cinco años entre tanto pagaba una deuda que tengo pendiente sobre la construcción del templo y me dice que con gusto me recibe y me deja aquí en Huandacareo…[11]

 

El padre Miguel pedía encarecidamente a su consanguíneo que no hablara mal de él y que hiciera su parte, hablando bien al señor arzobispo de su persona; se comprometió a no hacerle quedar mal en su comportamiento; solicitó que le alcanzara del padre general el permiso de cinco años, poniendo por delante los compromisos de la iglesia del Señor del Amparo, pues el padre Vicuña y el padre general habían visto los trabajos de la construcción, yéndose admirados por su solidez y estilo.

Le preocupaba mucho al padre Miguel, que su hermano el provincial llevara malos informes de su persona; tanto de su enfermedad nerviosa que sufría constantemente, como de otras cosas. Le preocupaba mucho su madre Concepción Martínez ya que estaba contenta en estos lugares y no quería darle una pena en las sorpresas del cambio. Pensaba en sus casas que tenía en Huandacareo, ya que, si salía de la vicaría, debería vender sus propiedades o trasladar las escrituras a otras personas.[12]

El padre provincial Agustín Zamudio tuvo a bien responderle el cinco de mayo de ese mismo año de 1950, y agradeció que haya tenido el valor de escribirle del asunto de una circular anónima que alguien se atrevió a hacer de mala fama, pues era una cobardía escribir en esa forma. El provincial Agustín recomendó encarecidamente a su hermano Miguel que no contrajera deudas en la obra de la iglesia y que, si las tuviese, suspendiera el trabajo hasta que las liquidara, y de esta manera le dejó instruido que,

 

tú bien sabes que yo estoy obligado a tramitar la entrega de las Vicarías y que todo depende de que el Excmo. Señor se decida a recibirlas. Yo estoy dispuesto a cumplir con mi deber, cuésteme lo que me cueste y por eso no es difícil que tenga que entregarlas en un tiempo más o menos largo. Esto no tiene remedio: todo depende de lo que el Excmo. Sr. resuelva…

Ya hace tiempo indiqué esto a todos los vicarios, pero como tú tienes actualmente una obra más pesada, te lo quiero, especialmente recordar. Se los he avisado para que después no aleguen ignorancia.[13]

 

De esta manera, el provincial dejaba claramente desde su residencia en Guadalajara que la institución de la provincia no podría cargar con esos compromisos de deudas. Como hermano y como superior le aconsejaba y le ordenaba que tuviera presentes estas normas, pues no sabía en qué fecha, el señor arzobispo recogería las vicarías, “pero en su mano está y a la hora que me las pida tengo que entregarlas, de modo que es preciso tener todo arreglado”.[14]

Nuevamente, a principios de mayo el padre Miguel envió otra correspondencia hasta Guadalajara, a su hermano el provincial Agustín, quien le respondió el 17 de mayo, punto por punto; en un primer momento, le saludó y le otorgó el perdón que había solicitado el vicario de Huandacareo. El provincial le expuso que la vicaría debería entregarse sin remedio y sin más plazo que aquel que determinara el señor arzobispo, independientemente de la determinación que tomara fray Miguel.

Le solicitó el provincial Agustín Zamudio que procurara pagar todas las deudas y para que se le facilitara, le autorizó vender el armonio, la planta eléctrica y algunas otras cosas que se pudieran ofrecer. Además, se comprometió a recibirlas personalmente en el mismo precio en el que se las había vendido, advirtiéndole que esto lo hacía únicamente por facilitar el pago de las deudas, pues, a decir verdad, el provincial no tenía necesidad de esas cosas, pero por ser su hermano mayor por dos años y medio, quería de esa forma ayudarle. Acto seguido, le aconsejó vender también el azulejo, despedir a los obreros con su justa liquidación y suspender inmediatamente la obra. Le indicó “tú verás la determinación que tomas; a tu edad todo consejo sale sobrando”.[15]

Apuntó el provincial que, “por ningún motivo puedo dar permios para que esa obra siga adelante. Creo que de esta manera podrás liquidar todo”.[16]  Cabe señalar que, desde Guadalajara el padre Agustín Zamudio con fecha del día 18 de mayo le volvió a escribir para manifestarle: “Por medio de la presente quiero saludarte en primer lugar, y hacer de tu conocimiento lo siguiente: como la entrega de esa vicaría no tiene remedio, y esto se llevará a efecto muy pronto relativamente, procura tener todos tus libros bien arreglados y al corriente y, sobre todo, te decía en mi anterior: salvar toda deuda”.[17]

Después de estas exhortaciones, en el día de su santo el padre Miguel no tuvo de otra que desocupar la casa vicarial, llevar sus cosas a su domicilio que estaba a la vuelta y entregar el inmueble, pero no sin antes exigir al señor arzobispo que se le pagara la deuda antes de retirarse, para que así pudiera liquidar a quienes, según él le exigían saldar sus pagos. Pedía que se le mandara la cantidad de 25,000 pesos y que, con esto inmediatamente se retiraría. Según él podía comprobar la deuda con la obra de la iglesia, con los vecinos y con las cartas de autorización que estuvo enviando a los padres Raimundo Pardo y Carlos Rosales, y aseveraba “y mientras a mí no se me reconozca ese dinero yo no me salgo, a fin que lo que defiendo es una cosa justa”.[18]

El vicario general y obispo auxiliar de Morelia Salvador Martínez Silva le notificó que se habían delegado a algunos sacerdotes para que recibieran las vicarías de las parroquias de Yuriria y Cuitzeo, pero no hizo mención de Huandacareo, porque estaba fuerte la deuda, y el arzobispo no veía conveniente recibir así la vicaría, sino cuando fuera saldada. Fue la manera de presionar al padre Miguel para que él mismo se apresurara a realizar los pagos, y una vez cumplido con todos los compromisos se comunicara a Morelia para dar los pasos del caso.[19]

Algunas gentes avecinadas en Capacho se dieron cuenta del movimiento de sacerdotes agustinos que se daría en los próximos meses, por lo que se dirigieron con el arzobispo para mencionarle que ellos no querían pertenecer por ningún motivo a Huandacareo, le pidieron que la comunidad siguiera perteneciendo a Cuitzeo, como se venían dando desde tiempos inmemorables. Desde luego que el prosecretario contestó que se tendría en cuenta la solicitud.[20]

Mientras eso sucedía, algunos vecinos de Huandacareo como Luis Núñez, Hilario Chávez, Nicolás Chávez, Melesio Álvarez, Anastasio Caballero, Cipriano González, Arturo Chávez, Federico Álvarez, Porfirio Lemus, entre otros se dirigieron al arzobispo Altamirano y Bulnes para pedirle que dejara más tiempo en la vicaría al padre Zamudio; ya le habían gestionado el diez de julio, pero no recibieron respuesta, por ello nuevamente se dirigían a la autoridad para referir que,

 

por ello venimos por segunda vez ante Usted, Excmo. Señor, para confirmar lo que ya expusimos y renovar nuestras súplicas que repetimos: Que sea servido dejarnos otra temporada al Padre Zamudio. Somos hijos fieles y respetuosos a los altos mandatos de V. Excia. y humildemente nos sometemos a ellos, pero su corazón tan lleno de Virtudes como bondadoso, no dejará sin atenciones a este pueblo y su jurisdicción de los beneficios que, en bien de nuestras almas, nos aporta la continuación del Padre Miguel Zamudio en esta vicaría y es que por ellos esperamos vernos favorecidos en nuestra petición con lo que recibiremos especial gracia.[21]

 

El padre Miguel seguía exponiendo sus argumentos; buscaba a toda costa defenderse y rehusarse a entregar la vicaría. Alrededor de ello argumentaba que,

 

Dios me juzgará a la hora de mi muerte; verá que todas mis acciones, obras y trabajos de mi vida sacerdotal, fueron únicamente para darle gloria a Él y salvar a las almas, entre ellas la mía. Le hice con muchos sacrificios un templo grande y majestuoso, en ese templo acabé mi salud, mis energías, los pequeños fondos que hubiera de haber ahorrado para estos días negros y borrascosos de mi existencia. Pero espero en la misericordia de Él que no me abandonará, ni permitirá que pierda la fe, ni muchos menos me entregue a la desgracia y a la perdición, le suplico Excmo. Señor que pida a Dios mucho por mí, para que de aquí en adelante sea un buen cristiano. Recé todos los días el rosario y me preparé para la hora de mi muerte con alguna meditación, porque de ninguna manera me voy al convento ni sigo de religioso, tengo a mi madre anciana y enferma, que no me es posible abandonarla y en este caso prefiero cumplir con el derecho natural que el religioso.[22]

 

El padre Miguel seguía con la intención de permanecer una temporada más mientras recuperaba la salud que estaba perdiendo por tanta presión emocional; lo mismo pedía para su mamá, quien también no tenía la salud completa. En relación con su hermano el provincial Agustín consideraba que se había portado muy mal con ambos

 

yo siempre le tenía un grande respeto y mi madre un cariño inacabable y es una pena que la está matando, al ver la ingratitud tan grande y lo recio que me tira sin deberla. Si el padre Provincial sabe que tengo la facilidad para pagar estos 25 mil pesos, lo faculto para que venda todo lo que tengo y aún más, le doy todo lo que sobra, sea para él o para la Provincia. Pero que me mande enseguida los 25,000 que debo y que ya no me esperen más, al fin que todo está en cabeza de Él, pero para salir de aquí del curato necesito los centavos y ya que él disponga de todo, mientras no sea así, yo no salgo del curato.[23]

 

Entonces el padre Miguel se dirigió a monseñor Salvador Martínez Silva para manifestarle que el padre provincial le estaba exigiendo la salida, pero no le mandaba los centavos que debía. Ante esto, el vicario de Huandacareo quería a toda costa que se abriera un juicio canónico para que se citaran a ambas partes, los testigos y se hiciera la inspección de documentos y pruebas, pues de otra manera seguía en su terquedad que no saldría por nada del mundo de Huandacareo, no siendo una desobediencia obstinada, sino la defensa de un derecho el que le pagaran la deuda.[24]

Así, una vez resuelto el brete, inmediatamente dejaba la vicaría. Pero si no él mismo consideraba que se le estaba haciendo una gran injusticia. Según el padre Miguel, el padre general le había indicado a su hermano Agustín que, si el señor arzobispo no aceptaba la deuda al recibir la vicaría, que entonces la provincia asumiera el pago. Además, ya había recibido el indulto de secularización, pues el mismo padre provincial se lo había pedido por una carta que tenía de él, y entonces garantizaba decisivamente “que se me pague para solventar los compromisos y me retiro luego”.[25]

Ante esta situación, desde Guadalajara el provincial Agustín Zamudio notificó al arzobispo Altamirano y Bulnes que su hermano el padre Miguel, por haberse rehusado a entregar la vicaría y pasar al lugar que se le había destinado, quedaba privado de sus licencias ministeriales para la celebración de la santa misa en Huandacareo.[26] Ante esta ambigüedad el párroco de Cuitzeo, fray José Escutia, también fue notificado de que el padre Miguel Zamudio quedaba privado de sus licencias ministeriales en la vicaría de Huandacareo.[27]

El vicario general monseñor Salvador Martínez Silva para dar una solución al problema citó al vicario de Huandacareo por medio del oficial mayor Joaquín Campos. Por esos días el padre Miguel se sentía agotado y un poco enfermo de gripa, pero respondió el 19 de octubre, confirmando que podía dirigirse a Morelia el lunes 23 o martes 24.[28] Es muy probable que la plática entre el vicario general Martínez Silva y el padre Miguel haya sido en relación a las deudas y, al parecer allí mismo el señor obispo lo convenció para salir de Huandacareo y le ofreció toda la ayuda para su secularización.

Días después el prelado conversó con el provincial Agustín Zamudio para comunicarle la entrevista que también había mantenido con los acreedores de las deudas. Con Luis, hermano de los padres Miguel y Agustín, y a quien se le debían 15,000 mil pesos, el obispo lo consideró un hombre honrado y sincero; María Dolores también hermana y la señora Aurelia Manríquez, a quienes se le debía mil pesos a cada una. Las otras deudas eran menos seguras. El obispo hizo ver a cada uno de los acreedores que el padre Miguel era pobre e insolvente y que, en ese momento nadie respondía por él por haber contraído compromisos sin autorización, “temo que el Padre insista en su criterio y se rehúse a salir con graves consecuencias para él como Religioso y Sacerdote y para un pueblo y sin la necesaria cultura”.[29]

El obispo tuvo la grata ocurrencia de que tanto él como el padre provincial hicieran el sacrificio de pagar el dinero, y así le evitarían graves consecuencias para él como religioso y sacerdote. La propuesta fue que el padre provincial tomara las deudas a favor de sus hermanos y el obispo de las otras, o bien, que el provincial entregara ocho o diez mil pesos y el vicario general otra suma para pagar cada una de las deudas, según las condiciones de los acreedores. Así el padre Miguel saldría de las angustias y contando con una licencia de exclaustración que el provincial le concediera, y cuya ampliación la obtuviera del padre general o de la Santa Sede, podría tomar a su cargo una vicaría fija de la arquidiócesis, mientras se gestionaba su secularización definitiva. Ante este escenario, monseñor Martínez Silva pidió al hermano del padre Miguel su parecer a este plan, o que le presentara algún otro, para darle solución al problema en la vicaría.[30]

Siete días después, el provincial respondió y expuso que tenía sumo interés en salvar a su hermano Miguel en todo sentido, y agradecía infinitamente la intención y la cooperación del vicario general en el asunto enojoso. El padre fray Agustín aseveró que él se hacía cargo de la deuda con sus hermanos, y le suplicaba a monseñor Martínez Silva

 

en vista de que es bastante fuerte la cantidad que yo tengo que pagar y para lo cual he de pedir prestada dicha cantidad, si S. Excia. Rvma. le fuera posible ayudarme, aceptando la segunda propuesta en su atenta manifestada, siquiera con la suma de $ 5,000.00 cinco mil pesos, tendría un motivo para estarle más agradecido todavía. Ojalá que así las cosas tuvieran una solución pronta y favorable. Quedando yo en la inteligencia que su S. Excia. Rvma. se hará cargo de las otras deudas que en su atenta se aducen.[31] 

 

El vicario general respondió a la aceptación de la proposición que él mismo le había manifestado, de hacerse cargo de la deuda del padre Miguel con sus hermanos, esperando que ellos condonaran una parte o aceptaran un pago lento que fuera menos oneroso para el provincial Agustín. Debe destacarse que monseñor Martínez Silva se entendió con los otros acreedores y ayudó también al fraile de Huandacareo. Por otro lado, el provincial estuvo también de acuerdo en conceder a su hermano una licencia para prestar sus servicios como sacerdote secularizado en la arquidiócesis por un año, y conceder el indulto de exclaustración por algunos meses. Así mismo, el vicario general se comprometió a tener otro encuentro fraterno en su casa particular el miércoles 22 de noviembre con el padre Miguel para llegar a la solución definitiva; lo mismo hizo de citar a los señores acreedores de la deuda Salvador Lanuza, Aurelia Manríquez, Guillermo Chávez de Huandacareo y Luis Zamudio de Guadalajara.[32]

El padre Miguel Zamudio estaba seguro de que habría dificultad de parte de su hermano el provincial Agustín, con respecto a la entrega de la vicaría por motivo de la deuda, por lo cual antes de que fuera llamado negociaría con el vicario general de la siguiente manera

 

suplicaría a su Ecia. salvo en todo su Superior Dictamen que la aceptara y mi me permitiera dejarme otros meses más, siquiera hasta mayo y entiendo que con el favor de Dios ya para esa fecha he pagado la mayor parte ya que cuento con la cooperación de estos fieles, pues me prometen en estos meses ayudarme con lo que más puedan para salir de estos compromisos. Pero advierto a su Ecia. que si no se puede, me encuentro en la mejor disposición para obedecer e irme a la Vicaría que se me destine ya que no tengo otro fin en mi vida más que darle gloria a Dios y trabajar por la salvación de las almas, ya en este lugar no me siento contento, porque sé que no es del agrado de los Superiores el estar yo aquí, pues el pedirlo es para pagar estos compromisos y solo unos cuantos meses y por necesidad, y también porque los fieles se prestan a ayudarme para salir cuanto antes de esta pena.[33]     

 

Con toda franqueza, el padre Miguel no sabía cómo agradecer al vicario general Martínez Silva, por la gentileza en el completo apoyo para que las cosas se arreglaran, y así no se sintiera perdido y muchos menos decepcionado, sino que contemplara en la entrega de la vicaría la voluntad de Dios. Una vez que se dieron estos encuentros fraternos o negociaciones, el vicario general, para facilitar los pagos, envío al provincial un cheque del Banco Nacional, serie Y 6360742, expedido el miércoles 6 de diciembre a favor de su hermana la señora Dolores Zamudio de Malagón por la cantidad de mil pesos, que era lo que a ella le debía el padre de Huandacareo.[34]

Así una vez saldadas las cuentas, el padre Miguel mostró toda la disponibilidad para dejar la vicaría después del 12 de diciembre; por ello, el vicario general veía conveniente que el padre provincial enviara a la secretaría del arzobispado la licencia concedida al padre Miguel para que pudiera prestar los servicios en la arquidiócesis mientras se gestionaba el indulto de exclaustración por un año, así como también un documento que delegara al mismo padre para hacer la entrega de la vicaría en nombre del provincial.[35]

El vicario general manifestaba que era lo más conveniente por todas las circunstancias, a fin de allanar algún tropiezo, para que no hubiera mayores dificultades con la comunidad. Cabe presumir que el mismo vicario general había recibido la licencia del padre provincial Agustín Zamudio para que su hermano Miguel prestara sus servicios en el arzobispado durante tres meses, pues por esos días y después de encuentros fraternos, ya había una mejor disposición para obedecer y seguir en el ministerio conforme las facilidades que las autoridades otorgaban.[36]

En otro rubro, algunos feligreses de la comunidad de Capacho se comunicaron con el señor arzobispo para que ordenara al párroco de Cuitzeo e hiciera una elección de la cabeza del pueblo, sujetándose a lo que la comunidad decidiera. Desde hacía tiempo se había estado gestionando la libertad para pertenecer eclesiásticamente a la vicaría de Huandacareo, por la cercanía de seis kilómetros, además tenían que recurrir a los trámites en el ámbito civil a ese lugar. Los fieles mencionaban que con el padre Miguel solo pagaban diez pesos la celebración, mientras que con el párroco de Cuitzeo tenían que juntar hasta cien pesos, asimismo abría las alcancías del Señor de la Expiración y se llevaba todo. Por lo tanto, pedían que se les dejara en libertad de ocupar al padre de Huandacareo y no a José Escutia, y que les hiciera la elección de una cabeza del pueblo, respetando la voluntad de la mayoría.[37]

 

Seguramente, todo esto llegó a oídos del párroco de Cuitzeo, razón por la que se comunicó también con el arzobispo para decirle que se había dado cuenta de que algunos feligreses de Capacho con los Núñez de Huandacareo intentaban lograr su objetivo. Por lo que rogaba no hiciera caso a lo que le dijeran, pues, según él estaba realizando los sacramentos sin aumento en el arancel, de modo que no podrían alegar ninguna deficiencia en el ministerio sacerdotal sobre las almas de ese pueblo.[38]

Mientras tanto, desde la secretaría de la provincia agustiniana, el provincial Agustín se comunicó con el vicario general de la arquidiócesis para que accediera a la petición presentada por el padre Miguel, conforme a las constituciones de la Orden, de otorgar la licencia para estar tres meses fuera de la provincia, conforme a las normas del Derecho. Además, el padre Agustín escribió al padre general para que se dignara prorrogar este plazo y se confiaba que se diera la prórroga por un año, como lo había solicitado el vicario de Huandacareo. Es muy probable que esas negociaciones se hayan dado en las destacadas pláticas entre el padre Miguel y monseñor Salvador Martínez Silva.[39]

Días después, el prosecretario José Sotelo se comunicó con el padre Miguel para informarle que su hermano el provincial concedía la licencia de los tres meses para estar fuera de la provincia, y que el vicario general se comprometía a solicitar ante el superior general la prórroga de este plazo; también se le preguntó si ya tenía en sus manos la delegación para entregar la vicaría.[40] Ante esta encomienda el padre Miguel respondió

 

con profunda veneración y respeto, comunico a su Ecia. Rvma. que ninguna disposición del P. Provincial, he recibido, entiendo que habrá designado otro sacerdote, para que él haga la entrega de esta Vicaría, al Delegado que su Ecia. nombre, porque hasta hoy ningún aviso he tenido del referido Padre. Dios Nuestro Señor guarde por muchos años la importante vida de su Ecia. Rvma.[41]

 

Ese mismo día el padre José Sotelo se comunicó a Teremendo, Michoacán, con el padre Estanislao Alcaraz Figueroa para manifestarle que el vicario general Martínez Silva lo delegaba para recibir del padre provincial Agustín Zamudio la vicaría de Huandacareo.[42] Con esa encomienda también le otorgó el nombramiento de vicario ecónomo de la parroquia y se le indicó que tomara posesión de ella cuando se dignaran entregarla los reverendos frailes agustinos.[43] Mientras tanto, en esas vísperas de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, desde Guadalajara el padre provincial escribió un oficio por comunicación del arzobispo y vicario general en el que le indicó al padre Miguel, en su edad de 39 años, que en breve sería destinado ad experimentum, a alguna de las vicarías del arzobispado de Morelia, además, ese mismo día le delegó por el mismo oficio para entregar la vicaría de Huandacareo.[44]

En medio de estos pormenores ya el 12 de octubre de ese mismo año de 1950 se había estipulado la entrega definitiva de las catorce vicarías fijas que fueron segregadas de las parroquias de Yuriria y Cuitzeo del Porvenir, que administraban los reverendos padres Agustinos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, por decreto de don Salvador Martínez Silva. En el ínterin, comisiones de padres hablaron con el padre provincial, rogándole al padre provincial el aplazamiento de la entrega, pero les dijo que él también era hijo de obediencia y tenía que someterse a la autoridad suprema de la Orden. Todavía la súplica giraba por la excepción de dos vicarías: San Nicolás, por su antigüedad, y Santiago Maravatío, por haber sido la cuna de la restauración de la provincia con su Colegio del Espíritu Santo. 

También se envió un ocurso suplicatorio al señor arzobispo y la sagrada mitra, firmado por 42 de los 58 padres que había en la provincia, alegando razones de peso para evitar la mutilación de la sagrada heredad de los misioneros. Se explicaba que era posible la provisión de comunidades en las vicarías en un futuro próximo; que la congrua sustentación estaba asegurada por los ingresos parroquiales y que unas tres vicarías más pobres podrían ser subsidiadas por su respectiva cabecera, Huacao por Cuitzeo y Piñícuaro y San Guillermo por Yuriria. Refería que la entrega traería grandes trastornos a la provincia, como la disminución de vocaciones, de decadencia gradual de la Tercera Orden y demás asociaciones agustinianas florecientes en casi todas las vicarías y, lo que era más grave, el peligro de ociosidad para un número considerable de los padres de la provincia, pues las comunidades numerosas en los conventos no tendrían suficiente trabajo para cada uno de sus miembros. Se les respondió a los religiosos que el decreto generalicio era irreformable.[45]

Las pertenecientes a Yuriria eran la de Cañada de Caracheo, San Guillermo, El Cimental, Pantoja, San Nicolás, El Sabino, La Magdalena de Araceo, San José Parangueo, Piñícuaro, Victoria de Cortazar y Santiago Maravatío. En tanto que, las de Santa Ana Maya y Huacao, pertenecientes a Cuitzeo, por decreto del señor arzobispo Altamirano y Bulnes se desmembraron de las parroquias de Yuriria y Cuitzeo las antedichas vicarías fijas. Por otros decretos canónigos se formaron las parroquias de Santa Ana Maya y la de Huacao, con sus mismos límites. Se quedaron otras vicarías pendientes de agregación, como la de Piñícuaro y Huandacareo.[46]

Y una vez que se segregó la vicaría de la parroquia de Cuitzeo y la de Piñícuaro de la de Yuriria, para proveer al mayor bien espiritual de los fieles, el prelado pensó erigir en parroquia la vicaría fija de Huandacareo, con la jurisdicción que contaba y de la de Piñícuaro.[47] Para esta determinación tuvo que consultarse al Cabildo Metropolitano. Fue así que los miembros de ese Consejo los padres Aldayturriaga, José Sotelo, Felipe de Jesús Gasca, Leopoldo Mendoza respondieron al vicario general Martínez Silva para dar su voto a favor de que fuera erigida en parroquia, y de la de Piñícuaro con sede en la de Huandacareo.[48] 

Una vez que se desmembró de la parroquia de Cuitzeo la vicaría fija de Huandacareo, y de la parroquia de Yuriria, la vicaría fija de Piñícuaro, el arzobispo Altamirano y Bulnes erigió la parroquia de Huandacareo con el territorio que tenía la vicaría y la vicaría fija de Piñícuaro con sede en el pueblo de Huandacareo. Se pidió que el documento surgiera efecto desde el día en que el delegado recibiera del reverendo padre provincial la mencionada vicaría fija de Huandacareo.[49]

Es muy importante afirmar que, para el nueve de diciembre el vicario general y obispo titular de Jaso Martínez Silva había realizado el decreto de la siguiente manera:

 

Salvador Martínez Silva, obispo titular de Jaso y Vicario General del Arzobispado de Morelia.

Habiendo desmembrado de la parroquia de Cuitzeo la vicaría fija de Huandacareo, y de la parroquia de Yuriria, la vicaría fija de Pinícuaro, por las presentes letras y por mandato especial del Excmo. y Rmo. Señor Arzobispo Dr. D. Luis María Altamirano y Bulnes, oído el parecer del V. Cabildo Metropolitano, erigimos la parroquia de Huandacareo con el territorio que actualmente tiene la vicaría de su nombre y la vicaría fija de Piñícuaro y con sede en el pueblo de Huandacareo.

Este decreto surtirá sus efectos desde el día en que Nuestro Delegado reciba del M.R.P. Provincial la mencionada vicaría fija de Huandacareo.

Dado en Morelia, a los nueve días del mes de diciembre del año de mil novecientos cincuenta. Salvador Martínez Silva, Vicario General. José Sotelo, Prosecretario.[50]

 

Un día después, desde la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el padre prior provincial fray Agustín Zamudio le comunicó al padre Miguel que tenía conocimiento de que el vicario general de la arquidiócesis Salvador Martínez Silva lo enviaría ad experimentum, a alguna de las vicarías del arzobispado; en vista de ello lo delegó para que entregara la vicaría de Huandacareo.[51]

Se asignaron 14 pueblos o cabeceras vicariales, con sus iglesias renovadas y una nueva, Huandacareo que estaba ya adelantada en su construcción; 173 rancherías o poblados de campesinos, muchos de ellos con su capilla propia, y 16,000 feligreses, conforme a las estadísticas de ese año santo. Fue un pesar sincero el de la mayoría de los fieles, al ver la separación de sus frailes agustinos, no tanto por ser tal o cual persona, sino por ser los sucesores de aquellos inolvidables misioneros, que evangelizaron a sus antepasados y fundaron pueblos bajo el signo de la cruz.

Al respecto escribió el padre Navarrete que, “las mujeres y los niños lloraban a voz en cuello y los varones contemplaban la escena cabizbajos y taciturnos, bebiéndose en secreto sus lágrimas”.[52] Entre los frailes de la provincia el acontecimiento lo consideraron como el drama histórico del siglo XX. Muchos fieles tardaron lustros en ser consolados y algunos mantuvieron la esperanza de que un día retornaran los padres agustinos, para los cual ofrecían todo tipo de ruegos y penitencias.

Cabe mencionar que algunos de los padres agustinos muy habituados a la administración parroquial en lugares humildes, sufrieron más el impacto y decidieron impetrar el indulto apostólico de secularización, quedando incardinados en Morelia, Agustín Vázquez, Pedro Chávez Álvarez, Ignacio Velasco y nuestro padre Miguel Zamudio.[53]

Así pues, a Cuitzeo no le quedó ninguna vicaría; a Yuriria tres: Moroleón, Jaral del Progreso y Uriangato. Para atender mejor las vicarías de Polanco y Anzures en la ciudad de México, el reverendo visitador padre Hickey se dignó constituirlas residencias, dándoles el capítulo provincial por superiores, llamados presidentes a los padres frailes Alejandro Escutia y Arturo Garibay, respectivamente. El padre provincial escogió por morada Polanco.[54]

En el libro de bautismos de 1950 el padre fray Miguel Zamudio estipuló el último día del año lo siguiente

 

El Pbro. Miguel Zamudio último sacerdote agustino que estuvo en esta Vicaría, hace entrega de ella al arzobispado de Morelia, por mandato del P. Provincial fray Agustín Zamudio, pues con cuatrocientos años de vida agustiniana que ha tenido esta feligresía, todos los sacerdotes que por ella han pasado se dedicaron con un celo verdaderamente apostólico en propagar la devoción a la imagen venerable del Señor del Amparo, y hacerle un Templo Grande de Cantera todo, y en blanquear las almas con el ejemplo y perdón. Pues es natural que nuestros corazones se sientan llenos de amargura, y nuestros ojos cargados de lágrimas al suceder estas cosas. Diciembre 31 de 1950.[55]

 

Entre los últimos documentos que recibió de Morelia el padre Miguel Zamudio estuvo el que enviaron el padre José M. Villaseñor y Luis G. Laris, quienes comisionados por el Cabildo Metropolitano invitaron a todo el clero secular y regular del arzobispado a la celebración o función en honor de la santísima Virgen de Guadalupe en el santuario de Morelia el día 12, con la misa pontifical y con sermón; así como el rosario solemne y procesión con la sagrada imagen. Se le expresó que los sacerdotes que vivían fuera de la ciudad tenían el permiso del arzobispo para participar de la función y lo decían: “Se suplica atentamente a todos los sacerdotes que hagan todo lo que esté de su parte para asistir a la fiesta para mutua edificación y mayor esplendor de la solemnidad”.[56]

Junto a este acontecimiento solemne que le sucedió a la provincia y al pueblo de Huandacareo, también la agricultura en el municipio todo ese año fue muy baja, en virtud de haber sido atacada por una plaga de un gusano blanco. Por esas mismas fechas se organizaría un comité municipal pro-carretera Puruándiro-Morelia.[57] Todavía le tocó al padre fray Miguel Zamudio celebrar los bautismos el primero de enero de 1951 de los niños Salvador Díaz Díaz y María Consuelo Vargas Figueroa, pero el último lo realizó el 6 de enero de la niña Yolanda Rosales Rosales, hija de José Rosales y Elisa Rosales, siendo padrinos Silvestre Cahue y Carmen Corral.[58]

Con estos sacramentos, el padre Zamudio se despidió de la vicaría entre lágrimas en los ojos, como él mismo apuntó, y con el corazón lleno de amargura. Una vez que se dio el decreto, el padre prosecretario José Sotelo pidió a los sacerdotes de Santa Ana Maya y Huandacareo que se agregaran a la primera foranía arquidiocesana para la asistencia a las conferencias eclesiásticas que se tenían en Morelia el jueves segundo de cada mes.[59] 

Apenas un mes después de haberse despedido el padre Miguel teniendo en cuenta la voluntad de aceptar la obediencia para pasar a Anzures, en la Ciudad de México, recibió un oficio de su hermano Agustín en el que se le nombraba vicario fijo de la Iglesia de Cristo Rey en ese lugar, estando como religioso, bajo las órdenes del superior de aquella residencia. Se le pidió presentarse fray Arturo Garibay con el oficio para que recibiera la iglesia. Le escribía el provincial “espero que desempeñarás, con la mayor armonía y acierto, el cargo que te confío para bien de todas las almas”.[60] Inmediatamente, fray Miguel Zamudio comunicó a su hermano una respuesta de no aceptación de la propuesta del oficio del 15 de febrero. Por lo cual el provincial nuevamente le escribió el día 22 y le manifestaba que,

 

acabo de recibir tu contestación referida al oficio que te mandé, y en vista de tu determinación, o sea, que no lo aceptas lo que te he propuesto, y viendo yo que no está en mi facultad el concederte más de tres meses, los cuales terminados tendrás que regresar a la Provincia, sería conveniente que por escrito pidas el permiso para estar, así como estás actualmente, para yo mandárselo a N. P. General y él con sus facultades te prorrogue lo que él pueda, en tanto piensas más las cosas, o se te arregla más favorablemente. Sin más, tu hermano que a tus oraciones se encomienda.[61]

 

En estas fechas de mediados del mes de febrero, apenas un mes también de haber dejado la vicaría, el padre Miguel Zamudio regresó a su casa propia que tenía en Huandacareo para visitar algunos amigos y feligreses, aunque los superiores le habían aconsejado irse a México o retirarse a un lugar en donde pudiera encontrar la paz y recobrar un poco la serenidad. Fue una realidad que fray Miguel Zamudio no deseaba volver al convento, sino que solo pedía un poco de tiempo para recobrar la armonía interior y para olvidar los sucesos de 1950 que humanamente no entendía, y como él mismo mencionó, laceraron su corazón. Incluso en una de sus venidas, narra la señora Amparo Cervantes, “el padre Miguel quiso celebrar una misa conmemorando los 400 años de haber sido cristianizado el pueblo, pero el padre Alcaraz no le otorgó el permiso para celebrar; entonces el padre Zamudio tuvo que oficiar la misa en la iglesia de Capacho, a donde muchos de Huandacareo acudieron caminando o en los carros de pasajeros del señor Alfonso Núñez.[62]

En ese tenor, continúo la comunicación entre los hermanos Zamudio Martínez por el deseo que tenía el padre Miguel de secularizarse, así mismo, esperaba de Roma un rescripto y con eso pudiera darle la aceptación el arzobispo. El padre provincial aconsejaba a su hermano que se dirigiera a Roma para exigir el documento y de esa manera arreglara todos los asuntos, “ten en cuenta que exigen la aceptación del Sr. Arzobispo, creo que esto es indispensable y que mientras no lo mandes, no mandarán lo que pides”.[63]

Quince días después el padre Agustín logró que don Luis María Altamirano y Bulnes le mandara por escrito el documento que pedían de Roma para arreglar el asunto de su hermano Miguel; escrito que le envío para que se diera cuenta de las condiciones que le estipulaban. De esa forma, el provincial le dejó claramente dicho que tuviera la confianza de que él mismo mandara inmediatamente dicho escrito al padre general para sus debidos trámites y así estaría al pendiente de lo que Roma respondiera.[64] 

Todo esto quitaba la paz y serenidad al padre fray Miguel Zamudio, sin encontrar sosiego, pues eran muchas cosas las que rondaban en su cabeza para continuar en su ministerio. Se percibe que ya no estaba dispuesto a vivir bajo las órdenes de un prior en un convento, y más bien deseaba estar bajo las ordenanzas del arzobispo en alguna de la vicarías o parroquias de la arquidiócesis de Morelia. No fueron meses sencillos para él y su mamá que lo acompañaba, ni para la vicaría de Huandacareo, mucho menos para el primer vicario fijo diocesano Estanislao Alcaraz Figueroa, por todos los cambios de mentalidad, de las formas de trabajo en la pastoral, y en la continuidad material de la iglesia del Señor del Amparo. 

 



[1] Del clero de Morelia. Ordenado presbítero en 2011. Fue formador del Seminario de Morelia y tiene una licenciatura en Historia de la Iglesia por la Universidad Gregoriana de Roma; colabora en el Archivo Histórico de la Catedral de Morelia como cronista y archivista diocesano y es párroco de San Jerónimo, en Huandacareo, Michoacán. Es autor de los libros: El gobierno del Arzobispo Luis María Altamirano y Bulnes (1941-1970), y visita ad limina de 1964; 75 Aniversario del club deportivo ATENAS, 1932-2007; Una romería impresionante su insigne fundador, peregrinación de la arquidiócesis de morelia al santuario-basílica de nuestra señora de Guadalupe en el Tepeyac; Historia Contemporánea del Seminario Diocesano de Morelia, 1943-2023. Es coautor de los libros: Los Rectores del Seminario Diocesano de Valladolid-Morelia, 1770-2020; Historia de la Iglesia de Nuestra Señora de los Urdiales; San Pedro Jacuaro, Michoacán, una aproximación a su historia y el recuerdo; Luz de Ayer, luz de hoy, Historia del Seminario Diocesano de Morelia; Travesía en la tormenta, el conflicto religioso en Michoacán en la visión epistolar del obispo Luis María Martínez, 1922-1940; Obispos formados en el Seminario Diocesano de Morelia, 1832-2016.

[2] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta enviada del padre fray Miguel Zamudio al provincial y hermano Agustín Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Huandacareo, Michoacán, 11 de febrero de 1950, f. 1; AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del prosecretario José Sotelo al padre Miguel Zamudio, Morelia, Michoacán, 6 de febrero de 1950.

[3] Navarrete, P. Nicolás, O.S.A., Historia de la Provincia Agustiniana de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, México, Editorial Porrúa, 2001, t. I y II. pp. 255-256.

[4] Navarrete, P. Nicolás, O.S.A., Historia de la Provincia Agustiniana de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, México, Editorial Porrúa, 2001, t. I y II. pp. 260-261.

[5] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del padre Miguel Zamudio al arzobispo Luis María Altamirano y Bulnes, Huandacareo, Michoacán, 27 de diciembre de 1949.

[6] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del padre Miguel Zamudio al arzobispo Luis María Altamirano y Bulnes, Huandacareo, Michoacán, 15 de abril de 1950.

[7] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta de del prosecretario José Sotelo al padre Miguel Zamudio, Morelia, Michoacán, 17 de abril de 1950.

[8] AHPSJ, Caja 28, sección disciplinar, serie cuentas/inventario, cronología 1921-1989, carpeta sección disciplinar, serie cuentas, cronología 1921-1979, la Secretaría del Arzobispado pide al padre Miguel Zamudio enviar los libros de cuentas, Morelia Michoacán, 1 de abril de 1950.

[9] AHPSJ, Libro dedicado a la Archicofradía de la Virgen del Carmen, decreto 1741/48 de la erección canónica, Huandacareo, Michoacán, 1 de agosto de 1948, julio-noviembre de 1949. ff. 1-4 y 14.

[10] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carpeta, problemas de la comunidad de Capacho, el párroco de Cuitzeo solicita licencia para exponer y sacar en procesión el Santísimo Sacramento, Cuitzeo del Porvenir, Michoacán, 21 de febrero de 1950.

[11] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta de fray Miguel Zamudio al provincial y hermano Agustín Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Huandacareo, Michoacán, 11 de febrero de 1950, ff. 1-2.

[12] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta enviada del padre fray Miguel Zamudio al provincial y hermano Agustín Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Huandacareo, Michoacán, 11 de febrero de 1950, ff. 1-2.

[13] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta enviada del padre fray Agustín Zamudio a su hermano el vicario de Huandacareo, Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 5 de mayo de 1950, f. 3.

[14] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta de fray Agustín Zamudio a su hermano el vicario de Huandacareo, Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 5 de mayo de 1950, f. 3.

[15] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta enviada del padre fray Agustín Zamudio a su hermano el vicario de Huandacareo Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 17 de mayo de 1950, f. 4.

[16] Ibid. f. 4.

[17] Ibid, f. 5.

[18] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del padre Miguel Zamudio al arzobispo Luis María Altamirano y Bulnes, Huandacareo, Michoacán, 29 de septiembre de 1950.

[19] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, oficio del obispo auxiliar al padre Miguel Zamudio, Morelia, Michoacán, 3 de octubre de 1950.

[20] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carpeta, problemas de la comunidad de Capacho, vecinos de Huandacareo piden que la comunidad de Capacho pertenezca a Cuitzeo, Capacho, Michoacán, 23 de agosto de 1950.

[21] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carpeta, problemas de la comunidad de Capacho, vecinos de Huandacareo piden que no se quite de la vicaría al padre Miguel Zamudio, Huandacareo, Michoacán, 19 de septiembre de 1950.

[22] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del padre Miguel Zamudio al obispo auxiliar, Huandacareo, Michoacán, 16 de octubre de 1950.

[23] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, oficio del vicario general y obispo auxiliar Salvador Martínez Silva a fray Miguel Zamudio, Huandacareo, Michoacán, 16 de octubre de 1950.

[24] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, oficio del vicario general y obispo auxiliar Salvador Martínez Silva a fray Miguel Zamudio, Morelia, Michoacán, 16 de octubre de 1950.

[25] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, oficio del vicario general y obispo auxiliar Salvador Martínez Silva a fray Miguel Zamudio, Morelia, Michoacán, 16 de octubre de 1950.

[26] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, aviso del padre Agustín Zamudio al arzobispo Luis María Altamirano y Bulnes, Guadalajara, Jalisco, 10 de octubre de 1950.

[27] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, notificación que recibe fray José Escutia, Cuitzeo, Michoacán, 21 de octubre de 1950.

[28] Ibid, 19 de octubre de 1950.

[29] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta que envía el vicario general Salvador Martínez Silva, al padre provincial fray Agustín Zamudio Martínez, Morelia, Michoacán, 3 de noviembre de 1950.

[30] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta que envía el vicario general Salvador Martínez Silva, al padre provincial fray Agustín Zamudio Martínez, Morelia, Michoacán, 3 de noviembre de 1950.

[31] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del padre provincial fray Agustín Zamudio, al vicario general Salvador Martínez Silva, Guadalajara, Jalisco, 10 de noviembre de 1950.

[32] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, respuesta del vicario general Salvador Martínez Silva a provincial fray Agustín Zamudio, Morelia, Michoacán, 17 de noviembre de 1950.

[33] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del padre Miguel Zamudio al vicario general Salvador Martínez Silva, Huandacareo, Michoacán, 16 de noviembre de 1950.

[34] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, comunicación del vicario general Salvador Martínez Silva, al vicario provincial Agustín Zamudio, Morelia, Michoacán, 7 de diciembre de 1950.

[35] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, comunicación del oficial mayor Joaquín Campos al provincial Agustín Zamudio, Morelia, Michoacán, 23 de noviembre de 1950.

[36] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, comunicación del vicario general Salvador Martínez Silva, al vicario provincial Agustín Zamudio, Morelia, Michoacán, 7 de diciembre de 1950.

[37] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carpeta, problemas de la comunidad de Capacho, carta de algunos feligreses de Capacho al arzobispo, Capacho, Michoacán, 26 de diciembre de 1950.

[38] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carpeta, problemas de la comunidad de Capacho, carta del padre José Escutia al arzobispo, Cuitzeo del Porvenir, Michoacán, 20 de enero de 1951.

[39] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, carta del padre provincial fray Agustín Zamudio, al vicario general Salvador Martínez Silva, Guadalajara, Jalisco, 25 de noviembre de 1950.

[40] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, comunicación del prosecretario José Sotelo, al padre Miguel Zamudio, Morelia, Michoacán, 4 de diciembre de 1950.

[41] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, respuesta del padre Miguel Zamudio al vicario general Salvador Martínez Silva, Huandacareo, Michoacán, 11 de diciembre de 1950.

[42] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, oficio del prosecretario José Sotelo al señor cura de Teremendo Estanislao Alcaraz Figueroa, Morelia, Michoacán, 11 de diciembre de 1950.

[43] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, nombramiento del señor cura de Teremendo Estanislao Alcaraz Figueroa como vicario ecónomo de Huandacareo, Morelia, Michoacán, 11 de diciembre de 1950.

[44] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, oficio enviado del padre fray Agustín Zamudio a su hermano el vicario de Huandacareo Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 10 de diciembre de 1950.

[45] Navarrete, Historia de la Provincia Agustiniana, pp. 260-261.

[46] Boletín Eclesiástico. Órgano oficial de la Arquidiócesis de Michoacán, Morelia, Arquidiócesis de Morelia, época, VIII, tomo 2, núm. 10, octubre 1950, pp. 358-359; AHCM, Libro de actas públicas de las sesiones capitulares, núm.78. Comienza con el acto del día 19 de febrero de 1946 y termina con el acto del día 19 de junio de 1951. Sesión del 28 de septiembre de 1950 (232), ff. 115-116.

[47] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, documento por el cual el señor arzobispo desea erigir en parroquia la vicaría fija de Huandacareo, Morelia, 22 de noviembre de 1950.

[48] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, Acuerdo del Cabildo de la Catedral, Morelia, 5 de diciembre de 1950; AHCM, Libro de actas públicas de las sesiones capitulares, núm.78. Comienza con el acto del día 19 de febrero de 1946 y termina con el acto del día 19 de junio de 1951. Sesión del 5 de diciembre de 1950 (249), ff. 123-124.

[49] AHCM, Caja de la parroquia de Huandacareo, 22, decreto por el cual erige en parroquia la vicaría fija de a Huandacareo. Morelia, 19 de diciembre de 1950.

[50] AHPSJ, Caja 29, sección disciplinar, serie mandatos, cronología 1923-1960, decreto de erección de la parroquia de Huandacareo, 9 de diciembre de 1950.

[51] AHPSJ, Caja 29, sección disciplinar, serie mandatos, cronología 1923-1960, oficio por el que el padre Miguel Zamudio quedaba delegado para entregar la vicaría de Huandacareo, Guadalajara, Jalisco, 10 de diciembre de 1950.

[52] Navarrete, Historia de la Provincia Agustiniana, pp. 260-261.

[53] Ibid, p. 261.

[54] Ibid, p. 261.

[55] AHPSJ, Libro de Bautismos de la Vicaría de Huandacareo, 20, año de 1949, f. 45; Bodas de Oro de la Parroquia de San Jerónimo, 1951-2000, Huandacareo, Michoacán, p. 7.  

[56] AHPSJ, Caja 29, sección disciplinar, serie mandatos, cronología 1923-1960, invitación para participar en Morelia el 12 de enero de 1951 de la fiesta de la virgen de Guadalupe, Morelia, Michoacán, diciembre de 1950.

[57] AHMHM, caja 57, fondo Municipio de Huandacareo, sección Presidencia Municipal, año 1952, expediente 11, asunto: comité electoral, Huandacareo, Michoacán, 14 de enero de 1952.

[58] AHPSJ, Libro de Bautismos de la Vicaría de Huandacareo, 20, año de 1949, últimos bautismos que celebró el padre fray Miguel Zamudio, f. 46.

[59] AHCM, Caja de Particulares núm. 28, 1951-1953, legajo de particulares 1951 a-z, apartado Conferencias, Morelia, 22 de enero de 1951.

[60] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, oficio como vicario fijo de la Iglesia de Cristo Rey en la colonia Andares, D. F., enviado de fray Agustín Zamudio a su hermano el vicario de Huandacareo Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 15 de febrero de 1951.

[61] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta enviada por fray Agustín Zamudio a su hermano el vicario de Huandacareo Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 22 de febrero de 1951.

[62] Testimonio de la señora Amparo Cervantes, en Álvarez Díaz, Vandaquareo, p. 98.

[63] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta enviada de fray Agustín Zamudio a su hermano Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 18 de abril de 1951.

[64] APAMI, Correspondencia personal del provincial Agustín Zamudio, carta enviada de fray Agustín Zamudio a su hermano Miguel Zamudio, sección gobierno, subsección administración, serie comunicaciones, subserie correspondencia personal, Guadalajara, Jalisco, 2 de mayo de 1951.



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