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Iglesia Anglicana: un recorrido histórico a la luz de los acontecimientos actuales y su repercusión ecuménica Pbro. Edgar Iván Preciado Mariscal[1]
El presente artículo aparece en un momento oportuno por la convergencia de varios acontecimientos: Carlos III visitó al papa León XIV el año pasado y ambos rezaron en la Capilla Sixtina, el rey nominó una mujer para el arzobispado de Canterbury, y en este mes de enero se realiza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
Introducción
La reciente nominación al arzobispado de Canterbury en Londres, el más importante de la iglesia de Inglaterra y sede primada de la Unión Anglicana de la reverenda y honorable dama Sarah Mullally, primera mujer en ostentar este cargo en 500 años de historia, ha llamado la atención del mundo entero, y de manera particular del mismo mundo anglicano provocando variadas reacciones y opiniones, de las cuales la iglesia Católica no ha sido ajena por su cercanía y buenas relaciones ecuménicas con ella. En nuestro contexto, más allá de aquello que conocemos, sea por nuestra formación en el seminario, sea por las noticias que nos informan de la vida cristiana en el mundo, o sea por la conciencia del valor de la actividad ecuménica moderna y, por qué no, la curiosidad personal, podemos hacer una reflexión de lo que esto significa para nosotros y para los mismos anglicanos, aunado a momentos históricos como el vivido el pasado 23 de octubre de 2025 con la visita de los reyes ingleses al papa León XIV. Para ello me permito hacer un recorrido histórico de la evolución de la iglesia Anglicana, sus características, proceso de renovación y actualidad ecuménica, y así entender mejor su situación actual y la importancia de los acontecimientos referidos.
I. Contexto histórico del anglicanismo: origen, características y actualidad de la Comunión Anglicana
Origen de la iglesia Anglicana
Siendo exigentes en el abordaje de este tema tendríamos que hablar en plural de “iglesias anglicanas”, las cuales tienen su origen en el contexto de las reformas eclesiales producidas en Inglaterra en el siglo XVI que después se establecieron en diversos países durante la expansión británica entre los siglos XVII y XIX. Como familia es muy diversa, aunque mantiene rasgos comunes: tradición litúrgica, episcopado histórico y formas de gobierno sinodal. Las iglesias anglicanas forman parte de la Comunión Anglicana repartidas en más de 150 países y con unos ochenta y cinco millones de miembros que, aunque mayoritariamente están en países anglosajones, en las últimas décadas han crecido en África y en menor medida en Asia y Latinoamérica. Las iglesias nacionales son autónomas, pero se hallan en comunión con el arzobispo de Canterbury, obispo primado de la iglesia de Inglaterra y de la Comunión Anglicana[2]. A partir del 1520 algunos intelectuales de la Universidad de Cambridge comenzaron a deleitarse en los escritos de Lutero, y esto junto al ya conocido comportamiento del rey Enrique VIII, prepararon la separación de la sede romana. Además, el nacionalismo y algunos intereses políticos inclinaban la balanza hacia una “iglesia nacional” sirviendo de abono el movimiento antieclesiástico desatado por el humanismo del tiempo. Enrique VIII quien sube al trono en el 1508 a la edad de 18 años, se casó con Catalina de Aragón después de haber sido dispensado por el papa Clemente VII de su matrimonio anterior. Enrique VIII era afecto Roma y contrario a Lutero por lo que el Papa le otorga el título de “Defensor de la fe” [Defensor fidei]. Aunque tuvo hijos varones sólo le sobrevive una hija, María, y sin esperanza de otro hijo más, se enamora de Ana Bolena y quiere anular su matrimonio, pero el Papa ahora no se lo concede. La mayoría de los obispos ingleses estaban de acuerdo con el nuevo matrimonio, especialmente Thomas Cranmer, quien fue nombrado arzobispo de Canterbury y declara válido el nuevo matrimonio del rey del que nació Isabel I. El papa Clemente VII amenaza con la excomunión a Enrique VIII, y este promulgó una serie de leyes que rompían relaciones con la Iglesia católica y se proclama “suprema cabeza terrena de la iglesia de Inglaterra”[3]. Se dice que Enrique VIII no entendió su independencia de Roma como una ruptura con el pasado, sino como la recuperación de una autonomía nacional perdida. La reforma de Enrique VIII fue más una revolución política fundamentada sobre la Ley de Supremacía Real, pero que permitió algunos ajustes litúrgicos siendo el más importante la traducción de la Biblia al inglés y un cierto coqueteo con el luteranismo, aunque se mantuvo fiel al grueso de las doctrinas católicas. Tenía claro que no quería ser romano ni protestante, más bien buscaba un catolicismo sin Papa[4]. A diferencia del rey, el arzobispo Cranmer, tenía contactos con los luteranos en Alemania y con los reformados en Suiza, pero hasta la muerte de Enrique VIII se mantuvieron bajo pena de muerte los “seis artículos”: la doctrina sobre la transubstanciación, la comunión bajo una sola especie, el celibato eclesiástico, la obligatoriedad de los votos religiosos, las misas por los difuntos y la confesión auricular[5]. El pueblo inglés, aunque separado de la iglesia de Roma, en la fe y en el culto eran tan católicos como antes. En 1536 Ana Bolena es ajusticiada y al día siguiente el rey se casó con Juana Seymour con quien tuvo a Eduardo, el futuro rey[6]. Eduardo VI (1547-1553), niño de nueve años sube al trono. Se encontraba en manos de consejeros sin escrúpulos y dejaron actuar a los grupos protestantes con libertad, especialmente el arzobispo Cranmer quien mantenía correspondencia con Calvino. En este tiempo se prohibieron las ceremonias tradicionales y los ornamentos, se destruyeron muchas obras de arte (imágenes sacras), se abolió el celibato eclesiástico, se impone a la iglesia el Common Prayer Book compuesto por el mismo Cranmer (libro litúrgico oficial y único de oraciones) para toda Inglaterra. La Biblia en ingles era la única norma de fe, solo el bautismo y la Cena (entendida según Calvino) se reconocían como sacramentos, comulgando bajo las dos especies (el matrimonio, la confirmación, la visita a los enfermos y el sepelio eran solo ritos pastorales) y se conservaba la estructura episcopal con el rey como “cabeza suprema de la iglesia”[7]. El reinado de Eduardo fue breve. Tras su fallecimiento todas estas reformas fueron abortadas por María “la católica”, hija de Enrique y Catalina de Aragón quien logra revertir todo esto en pocos años, no sin una fuerte represión y cruel persecución[8], hasta el 1558. En este tiempo se exiliaron a muchos reformadores y otros fueron condenados a la hoguera, entre ellos al arzobispo Cranmer. Mas de dos mil clérigos fueron destituidos por haberse casado. A la muerte de María, su hermana Isabel I toma el trono y retomó las reformas políticas y religiosas que su hermano Eduardo había promovido por lo que se le considera la verdadera “arquitecta del anglicanismo”[9]. Con la Ley de Uniformidad de Culto que promueve Isabel I en 1559 queda constituida la Iglesia Anglicana o la Iglesia Reformada de Inglaterra o la Iglesia establecida; y con la Ley de Supremacía Real se convertía no en “cabeza suprema” sino en “gobernante suprema”. El culto y la administración de los sacramentos quedan fuera de su dirección, pero se compromete a “proteger a la iglesia”, le corresponde nombrar obispos y recibe homenaje de ellos, tiene el derecho de hacer visitas eclesiásticas y exigir cuentas, e incluso puede promover leyes de derecho canónico. En 1563 fue revisado y publicado de nuevo el Common Prayer Book. La nueva liturgia ahora promovida por Isabel I tuvo un carácter pragmático. Las innovaciones eran claras: una liturgia y una Biblia vernáculas, una administración de la eucaristía en dos especies, un énfasis teológico en una sacramentología y soteriología reformadas, y un clero que, de nuevo, podía volver a contraer matrimonio; en los templos los altares de piedra fueron reemplazados por mesas de madera y las esculturas sacras sustituidas por vidrierías policromadas. Junto al Common Prayer Book se redactó otro documento dedicado a explicar los principios fundamentales de la iglesia de Inglaterra, los Treinta y nueve artículos de la religión cristiana (1571) del cual cito el numero 34 sobre las “tradiciones de la iglesia” que sigue siendo crucial en la praxis del anglicanismo contemporáneo:
No es necesario que las tradiciones y ceremonias sean una en todos los lugares, o completamente iguales, pues en todos los tiempos han sido diversas y se pueden cambiar según la diversidad de países, épocas, y maneras, de modo que nada de lo que se ordene contradiga la palabra de Dios. Cada iglesia particular o nacional tiene autoridad para ordenar, cambiar y abolir ceremonias, ritos de la iglesia, que han sido autorizados por los hombres, de modo que todo sirva para edificar[10].
Isabel I tenía la certeza de considerarse católica y reformada a la vez por lo que sentó las bases de una tradición cristiana con doble potencial: con una eclesiología generosa, inclusiva y culturalmente relevante pero también susceptible a una esquizofrenia teológica que la llevaría a divisiones y cismas[11]. El 25 de febrero de 1570, el papa Pío V pronuncia la excomunión y la deposición de Isabel I.
La fe anglicana: doctrina y claves teológicas
A diferencia de otras iglesias, la anglicana no es confesional, más bien optaron por la “vía litúrgica”, afirmando que la lex orandi es lex credendi, es decir, que la norma de la oración es la norma de la fe: los anglicanos expresan su fe cristiana a través de la liturgia, en el contexto del culto comunitario basado en el Common Prayer Book y una himnología propia. Además, existen cuatro claves recogidas por el denominado Cuadrilatero de Lambeth (1888) publicado por presbítero William Reed Huntington:
1. Las Sagradas Escrituras, contienen todo lo necesario para la salvación, y constituyen la principal regla de fe de la iglesia. 2. El Credo de los Apóstoles y el Niceno-constantinopolitano ofrecen una afirmación suficiente de la fe cristiana. 3. Los dos sacramentos, ordenados por Cristo, el bautismo y la Santa Cena, son las señas fundamentales de la iglesia, y han de ser administrados fielmente utilizando las palabras y elementos que Jesús utilizó al instituirlos. 4. El episcopado histórico, adaptado localmente en sus métodos de administración a las necesidades de cada pueblo y nación[12].
La fe anglicana se caracteriza por el principio de “unidad en la diversidad”. En el anglicanismo contemporáneo coexisten numerosos movimientos internos que reflejan dicha diversidad. Históricamente ha tenido tres expresiones eclesio-teológicas: la iglesia alta (high church), asociada a los anglocatólicos que ponen su énfasis en la liturgia eucarística; la iglesia baja (low church), asociada con el ala más evangélica o protestante, que pone énfasis en la predicación de la Palabra; y la iglesia media (broad church), la mayoritaria, que combina ambos énfasis y tiene un talante más abierto, inclusivo y pastoral. En la actualidad esta diversidad incluye grupos de renovación o fresh expressions, comunidades neo-monacales urbanas, comunidades parroquiales misionales, comunidades inclusivas del colectivo LGTB, etc.[13] La diversidad teológica afecta directamente a su teología sacramental. Los anglo-católicos afirman la existencia de siete sacramentos y entienden la presencia de Jesucristo en la Eucaristía según la transustanciación. Los anglo-evangélicos consideran tan solo dos sacramentos, el Bautismo y la Cena; además hay gran diversidad de teologías eucarísticas: desde los que consideran que la Santa Cena es una simple dramatización simbólica, hasta los que afirman una presencia espiritual de Cristo en el acto comunitario de la fracción del pan[14]. Se conoce como el “método anglicano” a la manera de reflexión teológica instituida por el teólogo anglicano Richard Hooker (1554-1600) en la que cualquier proceso de reflexión teológica tiene que ser resultado de tres agentes epistemológicos: la Biblia, la razón y la tradición cristiana, incluyendo recientemente un cuarto elemento, la experiencia humana, abriendo el debate teológico a las ciencias y al descubrimiento humano que le permite adaptar su praxis eclesial a los nuevos tiempos y descubrimientos.
La Comunión Anglicana
Los ingleses llevaron el anglicanismo a todos los lugares donde llegó el imperio británico[15]. A partir del s. XVIII los misioneros anglicanos por medio de sociedades misioneras[16] y en colaboración con los obispos de nuevos territorios lograron la implantación de nuevas iglesias nacionales[17] quienes por primera vez en 1867 se reunieron en Londres por invitación del arzobispo de Canterbury en la primera Conferencia de Lambeth marcando el inicio de la Comunión Anglicana. Actualmente está formada por 38 provincias eclesiásticas, cada una con sus propias estructuras sinodales que se rigen por cuatro instrumentos para la unidad y la koinonia: 1. El arzobispo de Canterbury, obispo primado de Inglaterra, actúa como foco de unidad y primus inter pares entre los obispos de la comunión anglicana. Su autoridad es moral y simbólica, actuando siempre de forma colegiada y en conversación, y respetando la independencia de las iglesias nacionales. 2. Las conferencias de Lambeth, convocadas cada 10 años, se han convertido en el principal foro episcopal para reflexionar sobre el ministerio y la misión de la iglesia, y fomentar el diálogo ecuménico. A pesar de actuar como una especie de colegio episcopal internacional, las conferencias no tienen una autoridad real, ni sus resoluciones son vinculantes. Más bien son una expresión del sentir común de la mayoría de los obispos allí congregados. 3. El encuentro de los primados, convocado por primera vez en 1978, es el foro en el que los obispos primados de las iglesias nacionales se reúnen para reflexionar sobre asuntos globales y locales. Los primados, mediante estos encuentros, ofrecen además, orientación doctrinal, moral y pastoral a toda la comunión, sin que estas sean vinculantes para las provincias eclesiásticas. 4. El Consejo Consultivo Anglicano es el único instrumento de unidad que no es exclusivamente episcopal. Tiene sus orígenes en 1897 cuando, la Conferencia de Lambeth pidió la formación de un organismo asesor internacional que agrupara sea representantes, clérigos y laicos, de todas las iglesias nacionales. En este sentido, el Consejo Consultivo, que se reúne cada tres años, refleja de forma fiel el modelo sinodal de las diócesis y provincias eclesiásticas por el que se gobiernan las iglesias nacionales, aunque sin autoridad eclesial.
Los sínodos nacionales, formados por laicos, presbíteros y obispos democráticamente elegidos, son los que toman las decisiones vinculantes para cada iglesia nacional. Es en este contexto en donde se han abordado temas sensibles como la ordenación de la mujer y la unión de parejas del mismo sexo, temas que se han convertido en los más conflictivos y divisivos dentro de la familia anglicana porque algunas iglesias nacionales los han aceptado (EEUU, Canadá, Escocia, Nueva Zelanda, Brasil) y otras no (Nigeria, Uganda, Argentina). Otro tema que aún no se ha normalizado es la respuesta pastoral de la iglesia al colectivo LGBT[18].
II. Movimiento de renovación
Durante los siglos XVII y XVIII proliferan reformas piadoso-espiritualistas como el pietismo que dio lugar al movimiento de los puritanos, los baptistas, los cuáqueros, los metodistas, que terminaron por formar comunidades separadas de la iglesia anglicana. En el siglo XIX un grupo de clérigos anglicanos de la Universidad de Oxford, entre los que destacaba John Henry Newman (1801-1890) realizaron un considerable acercamiento a la iglesia católica. El Movimiento de Oxford acentuó el legado de la antigua iglesia cristiana, antes de la reforma protestante; significó el encuentro del anglicanismo con sus mejores raíces patrísticas y litúrgicas. Paralelamente emerge el Movimiento evangélico, cuyos miembros edificaron su tipo de protestantismo sobre una parte fundamental de la fe cristiana, como es la inspiración divina de la Biblia, la divinidad de Cristo y la salvación por la cruz. Pero rechazaron nociones de una iglesia jerárquica docente, de una liturgia sacrificial y de un sistema sacramental, poniéndose en contra del Movimiento de Oxford y se separaron de la iglesia de Inglaterra[19].
III. Relaciones ecuménicas
Los anglicanos desde el s. XVI han tenido una profunda vocación ecuménica, son pioneros, iglesia puente especialmente entre los luteranos y católicos. Son miembros fundadores del Consejo Mundial de las Iglesias y tienen relaciones bilaterales con veterocatólicos (Acuerdo de Bonn de 1931), luteranos (Declaración de Porvoo de 1992), ortodoxos (Comisión Internacional para el Diálogo Teológico Anglicano-Ortodoxo, desde 1973, donde desde 1976 se eliminó del credo el uso del Filioque) y católicos (Comisión Internacional Anglicana-Católico-Romana, el ARCIC; creada por Pablo VI y el entonces arzobispo de Canterbury, Michael Ramsey en 1967, el ARCIC II de 1990 y el ARCIC III que comenzó en 2011. En el 2000 se funda la International Anglican-Roman Catholic Comission for Unity and Mission, la IARCCUM, con tareas complementarias al trabajo de la ARCIC)[20]. Las relaciones ecuménicas se agravaron cuando la iglesia Anglicana admite mujeres al ministerio ordenado añadiendo un nuevo problema a nivel doctrinal. La validez de las ordenaciones anglicanas había sido puesta en duda porque la sucesión apostólica no parecía garantizada, por lo que desde finales del siglo XIX el papa León XIII las declara inválidas con la bula Apostolicae curae de 1896; aunque sí es reconocida por los patriarcas ortodoxos de Constantinopla (1922) y de Jerusalén (1923), el arzobispado ortodoxo de Chipre (1923), los veterocatólicos de Holanda (1925) entre otros. El comentario doctrinal de la carta apostólica Ad tuendam fidem de la congregación para la doctrina de la fe en 1998 refuerza la bula de León XIII[21]. Además, en tiempos recientes ha hecho ruido entre los anglicanos la cuestión de la homosexualidad, que algunas provincias admiten a nivel presbiteral y aun episcopal, mientras otras la rechazan, con inevitables consecuencias a nivel ecuménico. A esto se añade la elección de mujeres al episcopado y la constitución de la Global Anglican Future Conference (GAFCON) en el 2008, que parece oponerse a la Conferencia de Lambeth. Todo esto llevó a que se solicitara la admisión a la plena comunión católica de un buen número de anglicanos, a quienes se les permitió conservar su patrimonio litúrgico y espiritual dentro del catolicismo por medio de una figura llamada “ordinariato personal”, implantado en Inglaterra, Gales, Estados Unidos y Australia por el papa Benedicto XVI en 2009, con la constitución apostólica Anglicanorum coetibus[22].
IV. Reflexión en orden a los últimos acontecimientos: elección de la primera mujer como arzobispo de Canterbury y la visita del rey Carlos III al papa León XIV
El 3 de octubre de 2025 se anunció la nominación y confirmación por parte del Rey Carlos III y la Comisión de Nominaciones de la Corona, tras un largo proceso de consulta, de la 106ª arzobispo de Canterbury, Sara Mullally[23], actual obispo de Londres, primera mujer en ocupar este puesto, sustituyendo a Justin Welby quien renunció en noviembre de 2024. Será instalada oficialmente en la Catedral de Canterbury el próximo 25 de marzo de 2026. Esta noticia agitó aún más las disputas internas que la iglesia Anglicana había venido teniendo respecto a la inclusión de la mujer en el ministerio presbiteral y episcopal, que por un lado ha provocado numerosas conversiones al catolicismo de presbíteros y obispos anglicanos desde 1992 según lo informa el Convert Clergy in the Catholic Church in Britain. The role of the St Barnabas Society (20 de noviembre de 2025) que dice que aproximadamente 700 clérigos y religiosos de la iglesia de Inglaterra y Gales y la iglesia Episcopal escocesa fueron recibidos en le iglesia Católica en todo este tiempo[24]. Por otro lado, la agitación toma niveles dramáticos al interno de las estructuras eclesiales anglicanas a manera de “cisma”, especialmente en el Consejo de Primados, quienes un 80% de ellos pertenecen al Global Anglican Future Conference (GAFCON), precedida por el arzobispo ruandés Laurent Mbanda, presentando una declaración oficial que anuncia su ruptura con Canterbury, rechazando el primado inglés, no a la iglesia ni la Comunión Anglicana de la que ellos se consideran parte, asumiendo el “liderazgo de ésta”, dejando sólo como fundamento de comunión la Santa Biblia, sin el Arzobispo de Canterbury, la Conferencia de Lambeth, el Consejo consultivo anglicano y el Consejo de primados, porque no han mantenido la doctrina y la disciplina de la Comunión Anglicana. Ahora se consideran la Comunión Anglicana Global, la cual conferirá un nuevo primado próximamente en Abuja, Nigeria, del 3 al 6 de marzo en la Conferencia Episcopal del G26. La iglesia Católica se mantiene respetuosa respecto a estos eventos y en una carta de parte del cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, expresó sus felicitaciones y destacó que la iglesia Católica y la Comunión Anglicana han participado en un diálogo teológico oficial durante casi sesenta años, cercanía que se espera pueda continuar en los años venideros. También hubo un reconocimiento por parte de la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales a través de su presidente, el cardenal Vincent Nichols. El Vaticano pues reconoce y mantiene relaciones diplomáticas y ecuménicas con la autoridad titular de la Comunión Anglicana. Pero no podemos ser ilusos de no considerar que este asunto afecta el diálogo ecuménico ya que dificulta la unidad estructural y deja en el aire con quién seguirá el diálogo, ya que los desacuerdos (incertidumbre sobre la autoridad – divergencia doctrinal creciente – dificultad en el reconocimiento de órdenes) internos no facilitaran un encuentro bilateral nuestro con la iglesia Anglicana, hoy por hoy dividida. En medio de todo seguimos manteniendo relación oficial a través de los instrumentos de comunión tradicionales, especialmente las estructuras oficiales como el ARCIC que continua el diálogo oficial; hay convergencia con los grupos conservadores como los “ordinariatos personales” que teológicamente mantienen plena comunión y fortalecen la valoración de la tradición anglicana; y especialmente la cooperación práctica que mantiene la iglesia Católica con la Anglicana ante los desafíos globales, la lucha contra la esclavitud y la promoción por la paz. Como signo de esperanza y de gesto de reconciliación destacamos la pasada visita de Estado de los monarcas británicos a la Santa Sede, el pasado 23 de octubre de 2025, quienes se reunieron con el Papa y oraron juntos en un gesto de fraternidad entre la iglesia de Inglaterra y la iglesia Católica, y renovaron su compromiso en favor de la sostenibilidad ambiental. Ese mismo día al Rey Carlos III, en la Basílica de San Pablo Extramuros, se le concede el título de Royal Confrater de San Pablo quien se sentó en un trono diseñado para la ocasión grabado con el lema Ut unum sint, que todos sean uno (Jn 17,21). A su vez el Papa León fue reconocido con el título de Cófrade Papal en la Capilla de San Jorge en Windsor.
Conclusión
Con todo y estos signos de esperanza y colaboración que sanean la historia y proclaman la fortaleza de las relaciones ecuménicas, la fragmentación Anglicana y las cuestiones doctrinales sobre la ordenación de mujeres, la bendición de uniones del mismo sexo y el reconocimiento de las órdenes sagradas anglicanas siguen siendo graves obstáculos insuperables que impiden la plena comunión sacramental. Es menester de todos los cristianos seguir manteniendo la importancia del movimiento ecuménico que, en un mundo dividido, su esfuerzo por la unidad, aunque sea imperfecto, es testimonio poderoso del mensaje de Cristo. El diálogo continuo entre las iglesias y comunidades eclesiales previene el retorno a la animosidad y los conflictos del pasado asegurando que las diferencias doctrinales se manejen con caridad y respeto, y de manera muy especial, el ecumenismo, ayuda a que todos nos comprometamos a encontrar convergencias en la misión y colaboración en el mundo que necesita la voz de los cristianos unidos. Felicito y animo a todos los responsables en nuestra Arquidiócesis de Guadalajara (obispos, sacerdotes, laicos, miembros de comunidades eclesiales y otras denominaciones religiosas), que tienen el encargo de motivar los encuentros y diálogos ecuménicos e interreligiosos a no desanimarse, a seguir construyendo puentes y a que no olviden que lo mucho o lo poco que se pueda lograr abona a toda la labor universal que la Iglesia procura para gloria de Dios y salvación de todos. [1] Del clero de Guadalajara, ordenado en 2003, cuenta con una licenciatura en Misionología por la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, y es profesor de Misionología y Ecumenismo en el Seminario Mayor de Guadalajara, donde presta su servicio como prefecto de disciplina. [2] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 205. [3] Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 138. [4] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 206. [5] Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 139. [6] Después de Juana hubo otros matrimonios: Ana de Cleve, Catalina Howard y Catalina Parr. [7] Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 140-141. Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 207. [8] Se dice que las despiadadas persecuciones de la reina… consiguieron un efecto contrario a lo que se había intentado: en vez de acabar con la nueva herejía, se inició el sentimiento anticatólico popular en Inglaterra. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 141. [9] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 207. [10] Mark A. Noll, Confessions and Catechism of the Reformation, Apollos, Laicester 1991, 224-225. [11] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 208-210. Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 142. [12] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 213. [13] Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 213 (nota 261). [14] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 214. [15] Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 147. [16] En 1701 se fundó la Society for the Propagation of the gospel. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 147. [17] Después de la revolución americana de 1775, los anglicanos de la nueva república se independizan de Inglaterra y para distinguirse de ella comenzaron a llamarse episcopalianos: Iglesia Episcopaliana de Norteamérica. Esto sucedió también en otros países y continentes. Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 147. [18] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 215-217. [19] Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 148-149. [20] Cfr. Daniel Muñoz Triviño, Comunión Anglicana en Antoni Matabosch – Fernando Rodríguez Garrapucho – Andrés Valencia – Rafael Vázquez Jiménez (eds.), Caminar Juntos. Manual de ecumenismo, San Esteban editorial-EDIBESA, Salamanca 2023, 217-218. Cfr. Philip Goyret – Pablo Blanco, Llamados a la unidad. Teología ecuménica, Pelicano-Palabra, Madrid 2018, 59-62. [21] Cfr. Jutta Burggraf, Fomentar la unidad. Teología y tareas ecuménicas, BAC, Madrid 2011, 145. [22] Cfr. Dal Ferro, L’anglicanesimo, presenza cristiana di comunione, in Studi Ecumenici 39/2 (2011), 262-264. [23] La Reverenda y Honorable Dama Sarah Mullally nació en Woking, condado de Surrey en 1962. Se convirtió al cristianismo a los 16 años. Trabajó como enfermera desempeñando roles de responsabilidad y obteniendo reconocimientos dentro del Servicio Nacional de Salud. Se formó en el St Augustine’s College of Theology y en el Heythrop College de la Universidad de Londres. Recibe la ordenación diaconal en el 2001, la sacerdotal en el 2002 y la episcopal en el 2015, primero como sufragánea de Crediton en la diócesis de Exeter, después en Londres en 2018 y ahora seleccionada para Canterbury, iglesia primada de la comunión anglicana. Casada con Eamonn Mullally en 1987 y con dos hijos. [24] Este documento emerge en el contexto de la nominación de San John Henry Newman como doctor de la Iglesia y patrono de los estudios universitarios junto con Santo Tomás de Aquino, por parte del papa León XIV el 1 de noviembre de 2025. |




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