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Nuevos datos sobre el beneficio curado de Atemajac

y los pueblos de indios de Zapopan

2ª parte

José Manuel Gutiérrez Alvizo[1]

 

Concluye aquí una presentación sumaria y novedosa

del modo como se organizó la parroquia de Zapopan en su cuna,

y la relevancia que esta demarcación tuvo

respecto al municipio con más desarrollo en México en el siglo xxi

en relación a los pueblos de indios que formaron parte de él

durante más de dos siglos.

 

 

Respecto a lo eclesiástico, Atemajac quedó como cabecera de una doctrina de indios, de modo que al cura doctrinero lo provee el Rey y no el Obispo; no fue elevada, que sepamos, a la categoría de partido eclesiástico o contendido a tener el título de beneficio curado para su cura doctrinero; también hasta donde tenemos noticia su administración espiritual se le confió de forma subsidiaria al personal del cabildo catedralicio, cuyos miembros,  ante la falta de clero, se distribuyeron la administración sacramental en todas estas demarcaciones. El dato duro para arribar a tales conclusiones nos lo ofrece la sesión de cabildo del 3 de octubre de 1569, en la cual se nos informa lo siguiente, que:

 

Este Cabildo acordó que los pueblos comarcanos se repartan entre los prebendados de esta manera, porque estén mejor visitados los naturales de ellos para decirles algunas fiestas, misas y bautizarlos y administrarles los santos sacramentos.

De esta manera se repartieron:

El señor Arcediano a Mexcala y sus sujetos.

El señor Chan[tr]e a San Pedro [Tlacpac][2]

El señor Can[ónig]o Urieta a Tonalá y su sujeto

El señor Tesorero no quiso ningún pueblo de visita

El señor Can[ónig]o Ramírez los pueblos de Alonso Martín[3]

El señor Can[ónig]o Vergara los pueblos de Ledesma[4]  y Romero[5]

El señor Can[ónig]o Pedro de Merlo al pueblo de Atemaxaque y sus sujetos

El señor Can[ónig]o Contreras Tala y su sujeto.[6]

 

Este repartimiento fue parte de la estrategia de consolidación del clero secular promovida por el cabildo eclesiástico durante la sede vacante acontecida tras la muerte del obispo don Pedro de Ayala el 19 de septiembre de 1569.[7] Durante el lustro siguiente se nombraron provisiones para los beneficios existentes, se nombraron otros y otros más se dividieron, todo con el fin de relegar al clero regular, que había sido fuertemente promovido por su correligionario franciscano el obispo Ayala. Una de las disposiciones del Cabildo en sede vacante fue la siguiente:

 

En este cabildo fue acordado que las provisiones que se dieren de curas y vicarios de aquí adelante se firmen por todos los señores que estuvieren en el Cabildo é que de otra manera no se den las provisiones.[8]

 

Sobre la base de lo anterior, algunos de los pueblos de indios atendidos por los miembros del Cabildo fueron agrupados como un partido incipiente a cargo de un clérigo secular. Para ello tenemos noticia que en 1578 los pueblos de tres encomenderos, y que a la postre formarían el beneficio de Atemajac, sucumbieron a la estrategia de ser un único partido con delimitaciones dúctiles, conformado por los siguientes pueblos: Cuyupuztlán, pueblo de Pedro de Ledesma, que para 1570 tenía 100 indios tributarios;[9] Tala, pueblo en cabeza de Su Majestad con 80 indios tributarios;[10] Tequesistlán (hoy Tesistán), pueblo encomendado a Miguel Romero con 130 indios tributarios;[11] Epatlán, del mismo encomendero, con 100 indios tributarios[12], y Tepaca, del mismo encomendero y también con 100 indios tributarios.[13] Estos pueblos aglutinados conformaron un solo partido, sin especificar la sede de residencia del clérigo secular.[14]

Un par de años después, este grupo de pueblos se consolidarían y formarían el partido eclesiástico de Atemaxaque, el cual, el 15 de abril de 1580 fue declarado vacante, junto con el de Zapotlán [de los Tecuexes], por los miembros del Cabildo metropolitano, ofreciendo diez días para que los clérigos del obispado contendieran por la sede. De este modo los canónigos “mandaban vacar los partidos de Sapotlan y Temaxaque”.[15]

El pueblo de Tala, que para entonces formaba parte del elenco del partido eclesiástico, se separó para formar un partido independiente; tenemos noticia que, para 1587, el Cabildo catedralicio hacía saber de la vacante en el partido de “los Valles de Tlala y Buenavista”;[16]  es decir, ya eran otro partido distinto al de Atemajac.

El Rey Felipe ii solicitó el 17 de septiembre de 1597 al Presidente de la Audiencia de la Nueva Galicia, doctor Santiago de Vera, una relación de los beneficios y sus vacantes en el Obispado de Guadalajara; el documento se redactó tras una concienzuda pesquisa y se pudo concluir el 12 de abril del año 1601, casi tres años después de la muerte del Rey Prudente. Entre el catálogo de beneficios curados se nos presentan los datos concernientes al de Atemaxaque:

 

Diego García de Paredes, beneficiado de los pueblos de Atemaxaque, Ocotlan,[17]  Tequesistlán[18] y las barrancas, es hijo de esta Iglesia, sacerdote de quince años y desde niño sirvió en la Iglesia, hábil y lengua mexicana, tiene doscientos pesos de salario; es buena lengua y buen hombre, es poco docto.[19]

 

Seis años más tarde, en 1607, el licenciado Juan Paz de Vallecillo, en su oficio de Visitador de la Corona, llegó a los pueblos comprendidos en la jurisdicción del partido de Atemaxaque, y dice lo siguiente:

 

El tercero día de Pascua, 5 de junio, fui al pueblo de Ocotlán y lo visité y los indios de los pueblos de Xocotlán, Santana [Xonacatlán], Atemajaque, Yztlán y Nuchistlán, que todos habían juntándose allí a oír la misa, y en todas las dichas visitas hice informaciones y averiguaciones como más largo consta en los autos y procesos.[20]

 

El dato que nos ofrece sobre la asistencia a la misa en Ocotlán y no en Atemajaque, que era la cabecera del partido, no debe extrañar; quizá las circunstancias de la visita del oidor fomentaron este aglutinamiento en orden a seguir el derrotero del funcionario y por coincidir en día festivo religioso. Ya casi por concluir la visita, el lunes 4 de junio de 1608, el licenciado Paz de Vallecillo ofreció la siguiente información al retornar a la jurisdicción, casi exactamente un año después de haberla visitado por vez primera:

 

visité los pueblos de Acotlán y a los de Ojocotlán y Santana y de Atemaxaque y el de Ystlán y Nochistlán, proveyendo en todos ellos los autos y mandamientos que en otras visitas están referidos y desagraviando a quienes parecían estar agraviados, haciendo las diligencias que convenían, unas por escrito, otras de palabra, por ser sumarias y causas de indios, y se cobraron todos los tributos reales que parecieron estar defraudados y no pagados, que se metieron en la real caja, por mí el infrascrito.[21]

 

Como otro dato agregado a la visita, el funcionario envió a Su Majestad una relación con los significados de los nombres de los pueblos y su número de tributarios, y afirma de los de la jurisdicción del beneficio curado de Atemaxaque lo siguiente:

 

-       Ocotlán, lugar de pinos, tiene 69 tributarios, es frío.

-       Jocotlán, lugar de guayabas, fruta, templado.

-       Santa Ana.

-       Atemaxaque, pueblo entre los ríos, tiene 99 tributarios.

-       Yztlán, lugar de navajas, tiene 8 tributarios

-       Nochistlán, lugar donde hay grana, tiene 16 tributarios,

Los que no tienen indios señalados son sujetos de otros, donde van referidos y puestos.[22]

 

Ese año, unos meses más tarde, el licenciado Gaspar de la Fuente, en los mismos términos de oficio prosiguió su visita, de la cual ofrece los siguientes datos:

 

Visita del pueblo de Copala y otros pueblos.

El primer lugar visitado fue el de Copala, cuatro leguas de la dicha ciudad de Guadalaxara, y en él se visitaron así mismo, los pueblos de Ocotlan, Yztlan, Santa Ana, Tequiscitlan, Nextipac y Jocotlan, en los cuales pueblos hay ciento y cuarenta y cuatro tributarios y medio, la gente de ellos es poco política, así el adorno de sus personas como el de sus casas, y sus milpas son de poca consideración porque es gente holgazana y tienen unos cañaverales de que dicen se sustentan, los cuales son de perjuicio por las continuas borracheras.

Están bien doctrinados y su ministro de doctrina no les hace agravio ni les debe nada.[23] 

 

Si bien la mayoría de estos pueblos de indios ha prevalecido a pesar de las constantes vicisitudes, es preciso hablar del de Santa Ana Xonacatlán, que no corrió con la misma suerte. Ubicado en la parte noroeste, a una legua más o menos de Guadalajara, este poblamiento indígena comenzó su decadencia casi al principio de su reconcentración; había sido sujeto del pueblo de Tonalá y posteriormente se encontró flanqueado por los pueblos de Mezquitán al noreste, por el norte Zoquipan, por el noroeste Zapopan y por el oeste Jocotán. Por la tasación tributaria sabemos que su densidad poblacional era mínima, sin embargo tenía para su administración iglesia y cementerio.

Fue a principios del siglo xviii cuando el pueblo de Santa Ana Xonacatlán entró en decadencia por la movilidad de sus habitantes hacia el pueblo de Atemajac. La noticia más antigua que nos habla de la ruina del poblado fue levantada el 20 de julio de 1714 por el oidor de la Real Audiencia y juez privativo de tierras D. Francisco Feijóo Centellas, quien notifica que el mercader tapatío Pedro Xavier Covarrubias pretende se mida la porción territorial del pueblo de Jonacatanejo, que habiéndose despoblado muchos años atrás, había recaído en el real patrimonio,[24] de tal modo que se alentaban las diligencias para mensurar las partes correspondientes y solicitar el despacho sin daño ni perjuicio. Para efectuarse las medidas conforme a justicia, fueron convocados los vecinos de la jurisdicción y los representantes del cabildo indígena de los pueblos de indios circunvecinos. En Guadalajara, el 25 de enero de 1716, se presentó el caporal llamado Felipe en representación de Isidro Enríquez del Castillo, lindero de dichas tierras; compareció el mismo día el matrimonio conformado por doña Rosa Casillas y Antonio  Godoy. Los representantes de los cabildos indígenas fueron citados en Jonacatanejo dos días después, y acudieron los siguientes: Pedro Nicolás, alcalde de Atemaxaque, Juan Hernández, alcalde de Mezquitán, y el regidor Francisco de la Cruz, y por último Juan Pedro, alcalde del pueblo de Jocotán.[25]

Al siguiente día, situados “en el centro que es la iglesia y ruinas de dicho pueblo despoblado”[26] se tiraron las medidas de los cordeles de 50 varas cada uno, a fin de completar por cada viento 30 cordeles, habiéndose hecho de esta manera:

 

se corrieron y contaron para el norte tres cordeles y [me]dio y no se prosiguió por haber topado con las mojoneras del Pueblo de Mezquitán y de las caballerías de Ysidro Enríquez, y habiendo vuelto a dicha Iglesia, desde la puerta de ella se corrieron y contaron para el poniente veinte y cinco cordeles, que el último remató en una vera del barranco que llaman el Aguacate y no se prosiguió por haber dicho Juan Pedro, alcalde de Jocotan, llegar allí sus tierras y desde allí hacer cabezada, de Cruz Poniente se corrieron y contaron doce cordeles que llegaron a la orilla del Camino Real junto a un cerrito, y no se prosiguió por haber dicho el alcalde de Jocotán que de la otra parte del camino eran tierras del marqués de Altamira. Y habiendo vuelto del costado de dicha iglesia a hacer cruz sur se corrieron y contaron [ca]torce cordeles que el ultimo remató en la orilla de dicho Camino Real que va de la ciudad de Guadalajara para Tequila y tierra dentro, y habiendo vuelto a la testera de dicha iglesia hacer cruz oriente se corrieron y contaron doce cordeles y no se prosiguió por haberme mostrado Antonio Godoy unos títulos y instrumentos y venta que de ellos le hizo el licenciado don Juan Gonzáles, clérigo presbítero y Rector de la Congregación de los Oblatos, cuya señal y mojonera quedó enfrente de un cerrito y entre la sexta y séptima ermita viniendo de la ciudad de Guadalajara a Zapopan, y cuya medida no tiene cabezadas ningunas al norte por lindar con tierras del pueblo de Mezquitán y de todas las caballerías de Ysidro Enríquez, y desde la cruz oriente lindando por dicho cerrito hacer esquina sur se corrieron y contaron quince cordeles, que el ultimo remató en la orilla de dicho Camino Real, por lo cual se concluyó esta medida y de ella resulto medio sitio de ganado menor, menos catorce cordeles, quedando todo dicho sitio cargado al sur.[27]

 

Posterior a la mensuración, se procedió a que el dicho mercader Pedro Xavier Covarrubias, conociendo la exactitud de la tierra realenga, se adelantara a efectuar la positiva merced territorial, la cual ascendía al precio de 25 pesos.[28]

Aunque parecía que todo marchaba en orden y justicia, se presentó, previa a la medición, una carta petitoria de puño y letra de Pedro Nicolás, alcalde de Atemaxaque de la Asunción, expresando lo siguiente:

 

Parezco ante V.S. con todos los hijos así de dicho mi pueblo como los que son pertenecientes a él, que son los de Soquipa y Mesquitán, por cuanto hemos sabido que quieren echar medidas en lo que toca a las tierras de Jonacatán a que decimos todos que siempre hemos reconocido a Jonacatán con todas sus tierras que le pertenecen por nuestras, por cuanto fue y es barrio de dicho pueblo de Atemaxaque, y aunque hoy día está despoblado, nos esta sirviendo de echar nuestros bueyes y bestias por allá, y que como todavía están en la iglesia enterrados los cuerpos de nuestros antepasados, allí todavía no hemos perdido la ausion (?) y derecho que tenemos de ser nuestro; y así, a V.S. pedimos y suplicamos todos en común, no permita que nos quiten dichas tierras, por cuanto hoy día estamos viviendo en una estrechura poderosa y no tenemos otro lado a donde podernos extender así a sembrar como a poner nuestras cofradías y poner algún ganado o bestias para nuestro remedio, así de nuestras iglesias como para poder pagar nuestros tributos y para poder sustentarnos, por esa causa pedimos a V.S. nos ampare y favorezca en esta nuestra petición, que de él recibiremos todo favor y merced que pedimos con justicia y en lo necesario.

Nicolás Pedro, alcalde, y todos los hijos (rúbrica).[29]

 

La solicitud fue recibida y despachada por el Doctor don José de Miranda Villayzán, oidor de la Real Audiencia, el día anterior a la medición. Fue él quien solicitó que procedieran las diligencias para averiguar con las personas principales, ancianas y fidedignas de Atemajac si verdaderamente Jonacatán pertenecía como barrio de dicho pueblo, así como el reconocimiento de sus linderos.

Para el 3 de febrero del mismo año, y ya habiéndose efectuado la acordada mensuración territorial, se procedió a la pesquisa de justicia. En Atemajac compareció el alcalde Pedro Nicolás, seguido de Miguel Hernández, principal de dicho pueblo, así como Gaspar de Aguilar y Simón Agustín entre otras personas y principales del pueblo de Atemajac de la Asunción. Los comisionados para dicho efecto les solicitaron los títulos y papeles de propiedad para reconocer si en ellos estaba comprehendido como barrio el pueblo de Jonacatanejo. Los naturales de Atemajac adujeron en sus letras un testimonio de las mediciones que de su pueblo realizó el oidor don Tomás Pizarro en el año de 1676, en razón de un litigio y pleito que tuvieron en contra de Miguel Tomás de Ascoyde y Francisco Pérez.[30] Las medidas para esa litis se hacieron diez años después, en febrero de 1686, y se reconocieron como barrios de Atemaxac Zoquipan, Mezquitan y Joanacatanejo.

El inconveniente estaba en la medición, pues revisadas las mensuraciones correspondientes,

 

con sus medias leguas comprendiéndose en ellas, solo Soquipa y Mesquitán y en la cruz poniente hacer esquina sur quedo la medida y mojonera en la zanja que habían hecho para llevar el agua de Sapopa a la ciudad de Guadalajara, enfrente de Juanacatanejo, quedando fuera todas las tierras de dicho pueblo despoblado de Juanacatanejo que medí por realengo y así mismo quedaron fuera las caballerías de los religiosos del convento de Santo Domingo, las cuales todas se aprobaron y confirmaron en pleito definitivo y sentencia dada por los presidentes y oidores de esta Real Audiencia.[31]

 

Como si no fuera suficiente, se presentaron además medidas tomadas en el mes de enero del año 1696, en las cuales no se les daba ya el tratamiento de barrios sino de pueblos, quedando dentro de la demarcación nuevamente Zoquipan y Mezquitán.

En vista de que los documentos no favorecieron a la exposición de las razones, fueron ahora presentados los testimonios de las personas fidedignas de la comunidad, el primero de ellos, Diego Sebastián (ca. 1652), indio natural del pueblo de Zoquipan pero vecino de Atemajac, habiendo hecho la señal de la Cruz y el juramento debido, expuso lo siguiente:

 

Digo que [hace] muchos años que con[ozco] por barrio de Atemajaque el de Juanacatanejo y su despueblo fue [hace] doce años, y que todavía se hallan los cuerpos de los difuntos en dicha Iglesia y ruinas de él, y también declara que estando [divi]didos por barrios Soquipa y Mesquitan, desde el año [mil seiscientos] noventa y cinco entendiéndose por pueblos y no por barrios.[32]

 

Del mismo modo fue presentado como testigo Simón Agustín (ca. 1648), natural y principal del pueblo de Mezquitán, el cual una vez juramentado y en promesa de decir la verdad, declaró que:

 

siempre conocieron por barrio a el pueblo de Juanacatanejo aunque en las medidas que hicieron los señores D. Tomás Pizarro y don Cristóbal de Palma quedó fuera dicho pueblo y sólo dentro de dicha medida el suyo y el de Soquipa, y que después se dividieron de Hermandad que tenían con Atemajaque en que cada uno tuviese sus tierras y no [en]tendiese ser barrios y que dicho pueblo de Juanacatanejo a que se despobló [hace] treinta años.[33]

 

El siguiente en declarar fue Gaspar de Aguilar (ca. 1646), indio natural y principal del pueblo de Atemajaque, el cual prestó juramento por Dios Nuestro Señor, haciendo la señal de la Cruz y, en protesta de hablar verazmente, manifestó que:

 

siempre ha conocido y conoce como criollo y natural de este Pueblo al de Juanacatanejo que a sido barrio de él y así mismo Mesquitan y Soquipa y que cuando midieron lo señores D. Thomas Pizarro y don Cristóbal de Palma quedo fuera de las medidas el dicho Juanacatanejo y que no obstante dicho pueblo reconocía al suyo por cabecera y que dicho pueblo hace doce años que se despobló y que todavía están los huesos de los difuntos en la Iglesia vieja y ruinas de dicho pueblo, y preguntándole que como si era suyo no estorbaron las siembras que han hecho hace dos años, Pedro Xavier de Covarrubias, Joseph y Benito de Silva, dijo que entendieron que se las había prestado una hija de Juan Coyote y que agora al presente no son barrios ya Mesquitan ni Soquipa por haberse dividido ya de las tierras.[34]

 

Del mismo modo, se presentó un escrito por parte de Isidro Enríquez del Castillo, aduciendo que en tal medición veía agraviada la extensión de un rancho de su propiedad compuesto por ocho caballerías de tierra, del cual poseía títulos de compraventa otorgados por los religiosos de Santo Domingo,[35] por lo que exigía justicia.

El fallo con que se resolvió el asunto fue el siguiente: el Doctor don José de Miranda Villayzán, oidor de la Real Audiencia, dicta el 13 de agosto de 1716

 

no haber lugar la pretensión de los dichos Pedro Xavier de Covarrubias e Isidro Henríquez del Castillo en que se les haga merced del referido medio sitio de ganado menor menos catorce cordeles, medidos en mencionado pueblo de Juanacatanejo, en atención a la notoriedad de hallarse los naturales de los pueblos de Mesquitán y Soquipa sumamente estrechados por la falta de tierras en que pastar sus bueyes y demás ganados y siembras de sus semillas, les adjudicaba y adjudicó el expresado medio sitio de ganado menor menos catorce cordeles [...] para que dichos pueblos igualmente y en común gocen de dicha tierra ocupándola en lo que quisieren.[36]

 

Al mismo tiempo, expresaba a los naturales que respetaran los cultivos ya hechos por el mencionado Covarrubias en esos terrenos hasta que hubiese levantado los maíces y demás semillas, “sin que le hagan daño ni agravio”.

Los litigios por las tierras del pueblo de Jonacatán se postergaron solamente algunos años. Para el mes de mayo de 1720, Isidro Enríquez, dando muestras de empecinamiento, retomó los alegatos y expuso la solicitud de que se le reintegraran sus ocho caballerías de tierra, esgrimiendo dos argumentos principales:

 

El primero, tener,  como tienen los dichos indios de Mesquitán, mas de dos sitios de tierra, los cuales son desde poco más adelante del Quemadero hasta el mismo bordo de la barranca del Río Grande de norte a sur y de oriente a poniente desde el vallado del molino de don Miguel de Amezcua hasta una mojonera que termina con sus tierras.

El segundo y más fortísimo es la antelación y prelacía que gozan mis instrumentos al citado auto, cuyo contexto sólo se deberá verificar.[37]

 

Ante tales argumentos, el oidor don Pedro Malo de Villavicencio solicitó la comparecencia de los alcaldes principales y los demás naturales de Mezquitán, Zoquipan y Atemajac, a los cuales les dio a conocer los alegatos de Enríquez por medio del intérprete Diego Felipe.[38]

Para esclarecer la situación y en su defensa, por carecer de los títulos de propiedad, el alcalde de San Miguel de Mezquitán, Sebastián Martín, presentó de su puño y letra los argumentos siguientes:

 

El alcalde y regidor principales y todo el común de nuestro pueblo de San Miguel de Mezquitán del partido de ella parecemos ante V.A. en la forma y manera que mejor convenga a nuestro favor, y decimos que en tiempos pasados pidieron nuestros antecesores medidas de tierras y, habiendo ido juez de medidas de esta ciudad, midió nuestras tierras, y habiendo alcanzado los cordeles hasta donde legítimamente nos hizo la merced el Rey nuestro señor, pusieron mojoneras, las cuales están permanentes y por ellas tenemos nosotros conocido hasta dónde llegan nuestras tierras, con que ahora un español vecino de esta ciudad llamado Isidro Enríquez nos quiere quitar de parte del poniente parte de nuestra tierra, y porque nosotros defendemos lo que es nuestro, nos pide que mostremos nuestro título para que por él conste ser nuestra la tierra, a donde se nos quiere meter, y porque nosotros nos hallamos sin tener título ningún escrito por donde podernos defender, a V.A. pedimos y suplicamos por amor de Dios mande nos haga merced de darnos título nuevamente de nuestras tierras y que vaya juez de medidas y nos mida a nuestra satisfacción corriendo los cordeles como es costumbre, para que los que aquí vivimos y nuestros descendientes sepamos lo que es nuestro y tengamos instrumentos por donde defendernos de la persona o personas que nos quisieren dar perjuicio, y por eso, todo el común del pueblo a V.A. pedimos y suplicamos conceda lo que en esta nuestra petición pedimos y de ello recebiremos todo bien y merced y lo necesario.

Sebastián Martín, alcalde [rúbrica]

Martín Miguel, regidor [rúbrica]

y todos los principales y el común del pueblo[39]

 

Hechas las medidas de fundo legal del pueblo de Mezquitán, los alcaldes y regidores pagaron 33 pesos por tales diligencias,[40] dinero que juntaron al cabo de un año. Del mismo modo, se incluyó en las diligencias la resolución hecha con antelación por el oidor don José de Miranda con fecha del 13 de agosto de 1716, en el cual otorgaba el pueblo despoblado de Jonacatlán por partes iguales entre los indios de Mezquitán y Zoquipan.[41] El título de propiedad con la inclusión de la mitad del sitio de Jonacatlán les fue despachado favorablemente conforme a derecho; del mismo modo, para concluir con el litigio, los indios de Zaquipan comparecieron en fechas posteriores para despachar su correspondiente título de propiedad en favor de la otra mitad del sitio de Jonacatlán.

Según las informaciones en favor de doña Rosa Casillas Cabrera, viuda y vecina de la ciudad, para el mes de octubre del año 1723 hace comparecer sus títulos e instrumentos de propiedad de “un solar, tres suertes de huerta y dos caballerías de tierra en términos de esta ciudad, como se va de ella al pueblo de Jonacatlan”,[42]  a fin de que se hicieran los ajustes pertinentes en búsqueda de tierras realengas.

En tal manifestación, al reconocer los límites, se dejó en claro que los linderos de las propiedades antedichas confinaban hacia el sur “con los paredones de la iglesia del pueblo despoblado de Jonacatlán, que manifiesta la D, y abajo antes de llegar a dichos paredones el camino real de dicho pueblo que viene de Guadalajara”.[43] Marcado en el mapa de la medición con la letra D, se dejó constancia de la ubicación del pueblo que ya desde algunas décadas atrás estaba deshabitado.

La finalidad de la exposición y medición de propiedades iba en razón de dilucidar las posesiones de Isidro Enríquez del Castillo, vecino de Guadalajara y aposesionado de territorios, para esclarecer los espacios realengos “entre los pueblos de Zapopan y Mezquitán, Atemaxaque y Zoquipan”.[44] Tal ejecución puso en claro que las propiedades del dicho Enríquez no habían sido justamente otorgadas, y aduciendo con papel en mano, éste solicitó la reestructuración de sus caballerías de tierra, pues desde hacía ocho años había solicitado al juez privativo de tierras “que se me mande medir y amojonar, para que cerciorado de mis términos pueda defenderlos y mantenerme en ellos sin ocasionar perjuicios a los pueblos circunvecinos, ni recibirlos de sus naturales”.[45] 

Alegando sus títulos de propiedad, despachados entre 1695 y 1696 por el licenciado Francisco Feijóo Centellas, exigió la justa reintegración de sus ocho caballerías de tierra que habían quedado ocupadas por las posesiones otorgadas a doña Rosa Casillas Cabrera en tiempos pasados, de tal modo que, para subsanar tal agravio, el mismo Enríquez propuso lo siguiente: “si debiere yo ser reintegrado en todas las ocho caballerías que por mis títulos debo hacer, conociéndose para ello la capacidad que ocupa la tierra [que] poseo, para que la falla se me reintegre en las tierras que [por] la destrucción del pueblo viejo de Juanacatlán quedaron y se hallan contiguas a las mías”.[46]  Nuevamente el pueblo arruinado y despoblado de Jonacatlán es referido indistintamente en el litigio con el término despectivo de “Juanacatanejo.”[47]

De estos datos surgen preguntas mayores: ¿cómo es que vecinos españoles se asentaron próximos e intermedios de los pueblos de indios? En el caso de doña Rosa Casillas Cabrera, como ella misma explicita en el alegato, esas tierras de su posesión “por destrucción del pueblo de Jonacatlán recayeron en el real patrimonio”,[48] y ya para la segunda mitad del siglo xvii era propiedad de José de Campos; posteriormente, sin especificar la fecha,  fueron vendidas al Obispo Juan de Santiago de León Garabito cuando ocupó la regencia de la sede tapatía; este prelado donó la propiedad a los Padres Oblatos de la ciudad de Guadalajara, quienes a su vez las enajenaron en favor de Juan de Ledezma; este último en el año de 1707 las otorgó en venta a la antedicha propietaria.[49]

Respecto al caso de Isidro Enríquez del Castillo, las propiedades a su nombre tuvieron una suerte similar y recayeron también, en días pretéritos, en un prelado antes de ser mercadas por él. Sin especificar fecha, el expediente refiere que las tierras fueron otorgadas al Obispo Fray Felipe Galindo Chávez y Pineda,[50] quien a su vez, por cuenta y orden, dispuso que las poblara José de Herrera, vecino de la ciudad; al tiempo, las tierras fueron enajenadas por los religiosos del convento de Santo Domingo, establecidos éstos en la ciudad, y posteriormente compradas por el señor Enríquez.

Sin saber las circunstancias posteriores, tenemos noticia del repoblamiento y despoblamiento de los pueblos de indios para la segunda mitad del siglo xviii. Fue en el año de 1772, siendo párroco de Zapopan el presbítero don José Antonio Bravo Gamboa, y corregidor de la jurisdicción don José Camarena, cuando se dio una información del curato y su distrito en respuesta a la Real Cédula del 21 de enero de 1772, consignada en un mapa que sirvió a su vez de padrón para notificar de las 2 950 almas del curato. En esta información encontramos los datos siguientes de los entonces once pueblos de indios existentes:

 

Cabecera de Tzapopan padrón                                200

Pueblo de Santa Anna [Tepetitlán] padrón   500

Pueblo de Zoquipa padrón                            160

Pueblo de Mesquitan  su padrón                  425

Pueblo de Atemaxaque su padrón                151

Pueblo de Xocotlan su padrón                                  100

Pueblo de Ocotlan su padrón                                   221

Pueblo de Nextipac padrón                           150

Pueblo de Tecxistan padrón                         500

Pueblo de San Esteban padrón                                60

Pueblo de Ixcatán padrón                             120.[51]

 

 

Conclusiones

 

Los datos aquí presentados provienen en su mayoría de fuentes documentales hasta el momento no analizadas por los historiadores, lo cual plantea una disyuntiva interesante. Por un lado, seguir presentando un discurso histórico reiterativo sobre Zapopan y sus pueblos de indios tal como se ha repetido en las últimas dos centurias, o por otro, realizar una sesuda pesquisa en las existentes fuentes archivísticas que nos permitan acercarnos a una juiciosa y analizada interpretación de los datos para escudriñar la conformación de los procesos históricos de los pueblos de indios y la vivencia indocristiana desarrollada por ellos. Tal es el caso del beneficio curado de Atemajac-Zapopan.

Una nueva perspectiva bien ponderada de la génesis de este beneficio curado nos abre nuevos caminos para el quehacer historiográfico: en primer término, reconocer el proceso de continuidad del beneficio de Atemajac-Zapopan. En segundo, inferir sobre la base histórica  en los repositorios archivísticos sus vicisitudes y movilidades. Al preferir esta segunda vertiente, el presente recuento de “nuevas” noticias o datos concernientes a los pueblos de indios de Zapopan y a su beneficio curado abren como punta de lanza la posibilidad de que propios y ajenos puedan abundar en el estudio de estos temas de un modo imparcial y sereno.

 

 

 

Bibliografía:

 

Archivos:

•          Archivo General de Indias (agi)

•          Archivo Histórico del Cabildo Eclesiástico de la Catedral de Guadalajara (ahcecg)

•          Archivo de Instrumentos Públicos de Jalisco (aipj).

 

Fuentes secundarias:

 

·       Diego Fernández Sotelo, Rafael, La primigenia Audiencia de la Nueva Galicia, 1548-1572. Guadalajara, El Colegio de Michoacán / Instituto Cultural Ignacio Dávila Garibi-Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara, 1994.

·       Fuente, Gaspar de la, “Relación de lo hecho por el señor licenciado Gaspar de la Fuente, oidor de esta Real Audiencia, visitador general de este Reino, del tiempo que anduvo en la visita de él”, en Sociedades en construcción. La Nueva Galicia según las visitas de oidores (1606-1616) de Jean-Pierre Berthe, Thomas Calvo y Águeda Jiménez Pelayo. Guadalajara, Universidad de Guadalajara / Centre d’Études Mexicaines et Centraméricaines, 2000.

·       Gutiérrez Alvizo, José Manuel, “Desfaciendo beneficios vacos”, en Boletín Eclesiástico. Órgano Oficial de la Arquidiócesis de Guadalajara, año xiv, vol. 9, Guadalajara, Arquidiócesis de Guadalajara, 2020.

·       Molina, Fray Alonso de, Vocabulario en lengua castellana y mexicana, y mexicana y castellana, México, Porrúa, 1977.

·       Papeles de la Nueva España. Relación de los pueblos de Su Magestad del Reyno de Nueva Galicia y de los tributarios que hay, t. ii, México, Biblioteca de Historiadores Mexicanos, 1952.

·       Paso y Troncoso, Francisco del, Papeles de la Nueva España (Segunda serie, Geografía y estadística), t. i, Madrid, Establecimiento Tipográfico Sucesores de Rivadeneira, 1905.

·       Paz de Vallecillo, Juan. “Relación de la visita del licenciado Juan de Paz de Vallecillo”, en Sociedades en construcción. La Nueva Galicia según las visitas de oidores (1606-1616), de Jean-Pierre Berthe, Thomas Calvo y Águeda Jiménez Pelayo. Guadalajara, Universidad de Guadalajara / Centre d’Études Mexicaines et Centraméricaines, 2000.

·       Román Gutiérrez, José Francisco. Sociedad y evangelización en Nueva Galicia durante el siglo xvi, Guadalajara, Instituto Nacional de Antropología e Historia / El Colegio de Jalisco / Universidad Autónoma de Zacatecas, 1993.



[1] Diácono del clero de Guadalajara. Es miembro del Departamento de Estudios Históricos de la Arquidiócesis tapatía y es autor de los libros Un pueblo de raíz tecuexe y San José Isabel Flores y la comunidad católica de Matatlán.

[2] San Pedro Tlacpac es san Pedro Tlaquepaque. Cfr. agi, Guadalajara, 51, L.1, N. 90, f. 291r.

[3] Bernardo de Balbuena, en oficio de escribano de su Majestad y obrero mayor de la Iglesia Catedral de la Nueva Galicia, hace con el fin de fomentar los repartimientos y sufragar los tributos una relación pormenorizada de los pueblos de indios y sus tributarios. Esta relación, fechada en 1570, menciona que los pueblos de Alonso Martín eran Ocotique y Jocotlán. Cfr. Rafael Diego Fernández Sotelo, La primigenia Audiencia de la Nueva Galicia (1548-1572). México, El Colegio de Michoacán / Instituto Cultural Ignacio Dávila Garibi - Cámara Nacional de comercio de Guadalajara, 1994, p. 299.

[4] Pedro de Ledesma era encomendero del pueblo de Cuyapositlán. Cfr. Diego Fernández de Sotelo, op. cit., p. 299. El poblado es llamado también Cuyupuztlán, cfr. José Francisco Román Gutiérrez, Sociedad y evangelización en Nueva Galicia durante el siglo XVI, Instituto Nacional de Antropología e Historia-El Colegio de Jalisco-Universidad Autónoma de Zacatecas, Guadalajara, 1993, p. 268.

[5] Miguel Romero fue encomendero de los pueblos de Tequecustlán (Tesistán), Tepaca y Opatlán. Cfr. Diego Fernández Sotelo, op. cit., p. 299. Román Gutiérrez refiere que Miguel Romero recibió los pueblos de Tequecistlán, Epatlán y Tepaca, “de manos del padre Cristóbal Romero uno de los principales conquistadores de la Nueva Galicia.” José Francisco Román Gutiérrez, op. cit., p. 266.

[6]Archivo Histórico del Cabildo Eclesiástico de la Catedral de Guadalajara (en adelante ahcecg), Libro de Cabildo 2 (Años 1568-1583), f. 27 v-28r.

[7] ahcecg, Libro de Cabildo 2 (Años 1568-1583), f. 25r.

[8] ahcecg, Libro de Cabildo 2 (Años 1568-1583), f. 37r.

[9] Diego Fernández Sotelo, op. cit., p. 299.

[10] Ibid., p. 297.

[11] Ibid., p. 299.

[12] Id.

[13] Id.

[14] agi, Guadalajara 55, Relación de Lorenzo López de Vergara, año de 1578. en José Francisco Román Gutiérrez, op. cit., p. 265.

[15] ahcecg, Libro de Cabildo 2 (Años 1568-1583), f. 163r.

[16] ahcecg, Libro de Cabildo 3 (Años 1583-1598), f. 30v.

[17] San Juan de Ocotán.

[18] Tesistán.

[19] José Manuel Gutiérrez Alvizo, “Desfaciendo beneficios vacos”, en Boletín Eclesiástico. Órgano Oficial de la Arquidiócesis de Guadalajara, Año xiv, vol. 9, 2020, p. 65.

[20] Juan de Paz de Vallecillo. “Relación de la visita del licenciado Juan de Paz de Vallecillo”, en Sociedades en construcción. La Nueva Galicia según las visitas de oidores (1606-1616) de Jean-Pierre Berthe, Thomas Calvo y Águeda Jiménez Pelayo. Guadalajara, Universidad de Guadalajara / Centre d’Études Mexicaines et Centraméricaines, 2000, p. 65-66.

[21] Ibid. p. 92.

[22] agi, Guadalajara, 8, R.1, N.1, Bloque 20, f 3r.

[23] Gaspar de la Fuente. “Relación de lo hecho por el señor licenciado Gaspar de la Fuente, oidor de esta Real Audiencia, visitador general de este Reino del tiempo que anduvo en la visita de él”, en Sociedades en construcción. La Nueva Galicia según las visitas de oidores (1606-1616) de Jean-Pierre Berthe, Thomas Calvo y Águeda Jiménez Pelayo. Guadalajara, Universidad de Guadalajara / Centre Français d’Études Mexicaines et Centraméricaines, 2000, p. 109.

[24] Archivo de Instrumentos Públicos de Jalisco (en adelante aipj), Tierras y Aguas, 2ª colección, vol. 314, exp. 22, f. 1r.

[25] Ibid., f. 2v-3r.

[26] Ibid., f. 3v.

[27] Ibid., f. 3v-4r. 31r-31v.

[28] Ibid., f. 5r.

[29] Ibid., f. 9r-9v.

[30] Ibid., f. 11r.

[31] Ibid., f. 11v.

[32] Ibid., f. 12v.

[33] Ibid., f. 13r-13v.

[34] Ibid., f. 14r.

[35] Ibid., f. 20r.

[36] Ibid., f. 32v.

[37] Ibid., f. 56r.

[38] Ibid., f. 59r.

[39] Ibid., f. 60r-60v.

[40] Ibid., f. 72r.

[41] Ibid., f. 32v.

[42] Ibid., f. 21r. 36r.

[43] Ibid., f. 26v.

[44] Ibid., f. 27r.

[45] Ibid., f. 27v.

[46] Ibid., f. 38r. 66v. 71r.

[47] Ibid., f. 36r.

[48] Ibid., f. 34a r.

[49] aipj, Tierras y Aguas, 2ª colección, vol. 314, exp. 22, f. 21r.

[50] Ibid., exp. 21, f. 50r. 54r.

[51] agi, MP-México, 279.



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