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Marcas guadalupanas en el ministerio de Fray Antonio Alcalde

Ángel Gutiérrez Romero[1]

 

En el marco del 480 aniversario de la fundación de Mérida, Yucatán,

la Arquidiócesis de ese nombre conmemoró los 259 años

de la consagración de su catedral, dedicada a San Ildefonso,

que se verificó el 12 de diciembre de 1763

y presidió el Siervo de Dios Fray Antonio Alcalde.

Por razones obvias –la fiesta de la Guadalupana–,

la efeméride se cambió al 14 de enero.[2]

 

 

El 14 de enero es una fecha significativa en la historia de la Iglesia de Yucatán porque ese día se recuerda, con el rango de solemnidad, la consagración de su Catedral, dedicada a San Ildefonso. La construcción del templo se remonta a 1572, con la licencia e impulso del Rey Felipe ii, once años después de erigida la diócesis. Apenas fue posible, comenzó a servir como iglesia matriz, sin embargo nunca se llevó a cabo –o no se registró en instrumento público fehaciente– su dedicación y consagración, motivo que el Cabildo eclesiástico de esta sede expuso al obispo dominico Fray Antonio Alcalde apenas tomó posesión de su nueva encomienda el 1º de agosto de 1763, y él se prestó a no demorar más el acto, al grado que dispuso tuviera lugar el 12 de diciembre siguiente.

Por edicto, la víspera de ese día el clero y los fieles observaron un ayuno. Por la tarde, en la puerta catedralicia del perdón se velaron y resguardaron las reliquias de los santos mártires Simplicio, Eustaquio, Coronata e Inocencia, que serían depositadas en el ara del altar mayor por el ministro consagrante. Él mismo fue quien ungió con Santo Crisma las cruces pintadas de rojo que hasta la fecha se hallan distribuidas en los muros perimetrales de la Catedral, y lo mismo hizo con el ara del altar mayor para resaltar que en lo sucesivo ese edificio quedaba perpetuamente consagrado al servicio de Dios.

Como la consagración tuvo lugar el 12 de diciembre de 1763, y el aniversario debe recordarse en cada año en ese recinto con el rango de solemnidad litúrgica, y en los demás templos de la Arquidiócesis con el de fiesta, el Capítulo catedralicio, para que no interfiera con la gran solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, determinó recorrer al 14 de enero su celebración anual, apelando a una justificación del todo razonable.

El caso fue así: antes de la más reciente reforma disciplinar de los ritos eclesiásticos, las solemnidades más importantes de la Iglesia se extendían los ocho días siguientes, de allí en nombre de octavas, de las que sólo nos quedan la de la Navidad y la de la Pascua. Así, la octava del aniversario de la consagración de la Catedral de Mérida debía extenderse del 14 al 22 de enero, de modo que finalizara siempre la víspera de la memoria litúrgica de su celestial patrono, San Ildefonso de Toledo, que es el 23 de enero, haciendo así las veces de novenario, como hasta la fecha pasa.

 



[1] Licenciado en historia y maestro en ciencias antropológicas, es investigador especializado en la Iglesia de Yucatán y miembro de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica. Ha dado a la luz pública El Cabildo Eclesiástico de Yucatán: organización y función social, administrativa y religiosa en los siglos xvi y xvii, (2013).

[2] El contenido de este artículo lo publicó Claudia Sierra en el Diario de Yucatán del 13 de enero del 2022 y lo puso su autor a disposición de este Boletín.



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