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Apuntes relacionados con el proyecto original

del Templo Expiatorio de Guadalajara

Luis Sandoval Pérez Rubio[1]

 

Aunque el diseño y los fundamentos de un monumento tapatío señero

tengan la huella indeleble del ingeniero Salvador Collado Jasso,

se le sigue escatimando relevancia a la participación fundamental que sí tuvo.

Uno de sus descendientes replantea aquí, con datos sustanciales,

aspectos básicos para ponerle a ello remedio

 

Acaba de salir a la luz pública Neogótico en Jalisco. Guía básica para la apreciación del entorno cultural edificado, del doctor Martín Checa-Artasu,[2] investigación muy seria y documentada en la que se lee lo siguiente:

 

Todo parece indicar que hubo tres proyectos para el templo [Expiatorio]: uno del ingeniero Manuel Pérez Gómez, quien se había formado en la Escuela de Ingeniería de Jalisco y había hecho distintas obras para la arquidiócesis [de Guadalajara]; todo lo que se sabe de este proyecto es que se presentó en algún momento de 1897.

El segundo proyecto se solicitó al ingeniero agrimensor e hidrógrafo tapatío Salvador Collado Jasso (1859-1909), egresado de la Escuela de Ingenieros de Jalisco y autor del proyecto del puente colgante del Arcediano sobre la barranca de Huentitán. El templo que Collado pensó tendría cúpula barroca, sería algo desproporcionado y con bóvedas de crucería hechas de cantos rodados [sic]. Por este proyecto, que debió ser de calidad, obtuvo en 1902 el segundo premio y la medalla de plata en la Exposición Regional Jalisciense. 

Probablemente inconforme y buscando una solución más adecuada a los cánones artísticos de la época, entre 1899 y 1900 el Arzobispado de Guadalajara encargó un tercer proyecto para el templo al arquitecto italiano Adamo Boari, ingeniero de formación, que ya había realizado algunas obras para la archidiócesis de Guadalajara, específicamente en Atotonilco el Alto, y en 1897 había participado en el concurso internacional para el Palacio Legislativo en la ciudad de México. Como es sabido, poco tiempo después Boari proyectaría también el Palacio Postal y el Palacio de Bellas Artes.

Su proyecto de templo Expiatorio tenía dimensiones considerables: 3 800 metros cuadrados de superficie, tres naves con torre campanario en su lado izquierdo, que retoma aspectos del gótico italiano con reminiscencias bizantinas, con un notable parecido con la catedral de Orvieto, en la Umbría italiana, construida en las primeras décadas del siglo xiv.

[…]

Una vez que la comisión de construcción del Expiatorio tuvo los proyectos arquitectónicos, tomó en consideración los planteamientos de Boari, que fueron retomados por un equipo en el que estaba Salvador Collado, quien redibujó los planos del italiano, pues muy probablemente éste los hizo de forma general y sin detalles, y así empezaron las obras del templo. Al parecer, la realización de esos planos conllevó que se desestimase la presencia de un arquitecto o ingeniero en las obras en los primeros años, lo que provocó errores de cimentación y construcción que años más tarde serán subsanados.[3]

 

Lo apenas leído da fe de lo que hasta la fecha pasan por alto quienes han debido abordar el proyecto y la primera fase de la construcción del Templo Expiatorio de Guadalajara: que entre 1897 y 1907 su gestor fundamental fue el ingeniero tapatío Salvador Collado Jasso, cuya participación, por su trayectoria, merece toda atención y respeto.

Al autor del texto citado le faltó tener a la vista lo que hasta hoy es el punto de partida de lo que aquí proponemos. Se trata de un artículo que publicó del modo más serio, pero volátil, hace 60 años el culto investigador –e ingeniero civil– don Ricardo Lancaster Jones para las páginas del diario tapatío El Occidental, bajo el título “El proyecto original del Templo Expiatorio”,[4] donde aborda con exactitud y precisión lo que aquí desatamos con elementos complementarios, adelantando de ello lo siguiente: que sin la menor duda el diseño original del Templo Expiatorio hecho por Salvador Collado Jasso fue el que usó Adamo Boari sólo para afinar lo que a su juicio era perfectible, y que un cuarto de siglo después Ignacio Díaz Morales reinterpretó según sus criterios lo que terminó siendo la definición cabal y definitiva del monumento, que tuvo a su cargo hasta su conclusión.

Muéveme, por otro lado, subsanar el prestigio que en su ejercicio profesional sí alcanzó mi ascendiente, de modo que ya no se le relacione más –y eso es lo que más me interesa demostrar– con ningún error de cálculo respecto a la estructura del edificio, pues de forma más que sobrada, dentro y fuera de México, demostró poseer una destreza absoluta en esa materia, y que en el largo lapso que va de su enfermedad y muerte a la participación que en la obra tuvo Díaz Morales hubo poco más de dos décadas y muchas vicisitudes que no fueron ya responsabilidad suya.

***

La construcción del Templo Expiatorio de Guadalajara es susceptible de dividirse en tres etapas: la que va de 1897 a 1907; de 1909 al 29, y a partir de entonces hasta1972.

No corresponde a la realidad seguir afirmando que el proyecto del templo Expiatorio es de Adamo Boari (1863-1928) inspirado en la catedral de Orvieto, sino de Salvador Collado ajustado a las propuestas de Boari. Cuando la dirección de la obra se puso en manos del despacho del ingeniero Luis Ugarte Vizcaíno (1877-1974) por conducto de uno de sus colaboradores, Ignacio Díaz Morales (1905-1992); él fue quien ajustó lo que recibió del monumento inconcluso a la imagen y estampa que ahora tiene, pero sobre lo que comenzó con los antecedentes ya señalados.

Sí en cambio debe serlo, porque todos coinciden en ello, señalar como instigadores del proyecto a los canónigos Agustín y Felipe de la Rosa y Pedro Romero Arnáiz. También, que lo autorizó el Arzobispo don Pedro Loza en 1895, dedicándolo a la adoración perpetua eucarística reparadora o expiatoria, a efecto de lo cual delegó al canónigo Romero la tarea de emprender las acciones para construir el edificio y hasta pidió que se alzara al sudoeste de la zona fundacional de la ciudad episcopal, contiguo ya para entonces a la colonia Americana en construcción.

Ahora bien, muchas circunstancias –entre ellas la postración y muerte del ingeniero Collado y los movimientos políticos que sobrevinieron no mucho después en todo México– dejaron un vacío de información que en algo subsanó el ingeniero Lancaster Jones en el texto ya mencionado y al que nos seguiremos refiriendo.

 

1.    Salvador Collado, autor del proyecto original y primer constructor del Templo Expiatorio

 

a.    Datos esenciales de su vida

 

Salvador Collado Jasso nació en la Guadalajara en 1859. Desde sus tiempos de escolapio mostró aptitud natural para las ciencias exactas. Cursó los estudios profesionales en la Escuela de Ingeniería en su ciudad natal, donde tuvo por mentores a los ingenieros Luciano Blanco, Gabriel Castaños, Lucio I. Gutiérrez, Carlos F. de Landero y Agustín B. Pascal. Se tituló de ingeniero agrimensor e hidromensor en 1881 y en 1890 de ingeniero civil.

En 1883, hallándose trabajando en el puerto de Mazatlán, contrajo la fiebre amarilla, epidemia que entre sus víctimas en esa ciudad costó la vida a la eximia soprano Ángela Peralta, y a Collado le dejó secuelas que a la postre acortarán sus días.

Fue inspector técnico de tranvías y participó en exposiciones nacionales e internacionales que le valieron en 1900 un premio en la Exposición Universal de París y al año siguiente en la de Buffalo, Estados Unidos, por su plan del puente colgante del Arcediano, y todavía en 1902, en la Exposición Regional Jalisciense por el del templo Expiatorio.

Entre sus grandes obras figura el Hotel García –luego conocido como edificio Genoveva–, en la encrucijada sudeste de las calles de Maestranza y Placeres (hoy Madero).

Del ingeniero Collado escribe don Ricardo Lancaster Jones que

 

fue un hombre elegante, inteligente y de aguda mirada […] por su carácter bohemio no se interesaba en los asuntos sociales, prefiriendo la compañía de sabios y artistas […] Su fallecimiento a la edad de cincuenta años fue muy sentido en los círculos intelectuales de Guadalajara, donde era muy apreciado.

 

Falleció el 7 de julio de 1909 en su ciudad natal y sus restos descansan en la bóveda sepulcral que está bajo el altar mayor del Templo Expiatorio.

 

b.    El análisis que del caso hizo el ingeniero Ricardo Lancaster Jones en 1966

 

Motivos de justicia que enaltecen su memoria hicieron que el muy respetable investigador tapatío don Ricardo Lancaster Jones (1905-1983) se ocupara de “El proyecto original del Templo Expiatorio” de los tapatíos. No pudo tener trato directo con al ingeniero Collado pero sí con sus coetáneos y con el contexto de su vida y obra, así como pericia para documentarse de forma directa, pues me consta que visitó a la señora María Eugenia Collado Rodríguez Gallardo, hija de Salvador y abuela del que esto escribe.

Su artículo, aunque breve, es muy enjundioso, pues sirve de cuña para redondear lo hasta aquí expuesto y textualmente entrecomillo cuando así deba ser:

·      Que el proyecto original de Salvador Collado del templo Expiatorio “tenía una cúpula y una torre que fueron modificadas según se entiende en proyecto posterior que hicieron juntamente el arquitecto [Adamo] Boari, llamado por el Ilustrísimo Señor Arzobispo, licenciado don José de Jesús Ortiz, y el ingeniero Collado” para ajustarlo a su ejecución definitiva.

·      Que al primer cuerpo de la fachada del proyecto de Collado “sólo se le alteró la portada de en medio, que lógicamente se hizo ojival como las otras dos, colocándose elegantes bajorrelieves de mármol en los cerramientos de las tres puertas principales”.

·      Que Boari “aprobó los cálculos del ingeniero Collado, que incluían ligeras bóvedas de crucería en la tradicional forma tapatía, hechas con pequeños cántaros redondos,[5] ligados con argamasa a base de jal, como se hicieron muchas cúpulas y bóvedas de esta ciudad”.

·      Que “desgraciadamente esos cálculos y los detalles del proyecto se perdieron al fallecimiento del ingeniero Collado, por lo que no pudieron ser usados por los siguientes constructores, ya que estuvieron casi paralizados los trabajos muchos años, debido también a que faltó el señor canónigo don Pedro Romero,[6] que fue el promotor inicial de la idea, ayudado por el señor cura don Luis G. Soriano,[7] y donó el terreno en que se alza ese maravilloso templo, lo que tampoco es bien conocido”.

·      Finalmente y luego de recordar la gran obra de Collado en el Paso de Arcediano sobre el río Santiago, Lancaster Jones aborda la responsabilidad respecto al peso que se cargó a los fundamentos de la obra a Ignacio Díaz Morales, cuando éste decidió emplear para las bóvedas sillares de tufo volcánico en lugar de cántaros.

·      Asentado lo anterior, don Ricardo afirma categórico que “el ingeniero Collado estaba muy bien preparado técnicamente, por lo que si fue necesario [a Díaz Morales] reforzar los cimientos que construyó en el templo Expiatorio, se debió al cambio de materiales en la bóveda, mucho más pesada que la prevista, ya que las columnas de la nave que edificó un maestro albañil después de la muerte del ingeniero Collado eran excesivamente débiles, por lo que fue necesario sustituirlas por otras más poderosas”, argumento que cierra nuestra exposición de modo contundente.

 

c.     Fuentes que avalan la participación de Salvador Collado en el diseño y ejecución del Templo Expiatorio.

 

·      1894. Memoria sobre la construcción del puente de Arcediano, de él mismo.[8]

·      1899. El artículo “Un magnífico templo, proyecto del ingeniero Salvador Collado”, de Manuel Puga y Acal[9] –incluye un dibujo del proyecto original del templo–.

·      1902. “Salvador Collado. Proyecto para el Templo Expiatorio”, impreso.[10] 

·      1908. Memorias del Congreso Nacional y Eucarístico celebrado en esta ciudad de Guadalajara en octubre de 1906…, donde explícitamente se reconoce que el “el diseño de esta grandiosa basílica fue hecho por los Ingenieros don Salvador Collado y don Adamo Boari”.[11]

·      1962. “El proyecto original del Templo Expiatorio”, donde se reproduce el dibujo del proyecto original de Collado que se publicó en el semanario El Domingo en 1899.[12]

·      1966. El reconocimiento que se le da como “Primer constructor y proyectista del Templo Expiatorio Eucarístico de Guadalajara” en el prestigiado Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México.[13]

·      1970. Repite lo anterior Heriberto García Rivas en su obra Historia de la cultura en México.[14]

·      1988. En idénticos términos hace lo propio Ramiro Villaseñor, hijo de un coetáneo de Collado, el ingeniero-arquitecto y abogado Arnulfo Villaseñor Carrillo.[15]

·      2004. En el marco del xlviii Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Guadalajara este año, la Secretaría de Cultura del Gobierno de Jalisco reitera lo hasta aquí señalado.[16]

·      La tradición oral que sus descendientes recogimos y conservamos de labios de testigos oculares.

 

2.    De la etapa de la construcción del Templo Expiatorio en la que intervino el ingeniero Collado. 1897-1909

           

Sin los planos originales, las bitácoras de la obra y fuentes primarias fehacientes, esta colaboración, que desde el principio calificamos como “apuntes”, quiere tan solo destacar lo siguiente:

·      La participación que en el proyecto tuvo el presbítero Luis G. Soriano, que siendo párroco del Dulce Nombre de Jesús adquirió la huerta donde se echó la primera piedra de la obra en 1895.[17]

·      La de Salvador Collado, que concursó y ganó, a la vuelta de dos años, la ejecución de la obra, decantándose por el estilo neogótico con un gran domo y un arco de medio punto como vano principal de ingreso.

·      Que sometido el proyecto al escrutinio y peritaje del arquitecto Boari, éste sugirió la supresión del primero de esos elementos, reemplazándolo por un chapitel y un arco apuntado en lugar del que se hizo al modo romano para el vano principal de ingreso.

·      Suyo fue también desplantar al sudoeste la única torre del recinto y darle la altura que ahora tiene.

·      Que estas observaciones las hizo suyas el ingeniero Collado al tiempo de arrancar la construcción del templo, que tuvo a su cargo mientras la salud se lo permitió, calculamos nosotros hasta 1907.

 

3.    De la etapa en la que el canónigo Romero dejó la obra en manos de maestros albañiles

 

La prematura muerte del ingeniero Collado abrió, según quedó ya dicho, un lapso de 20 años en que nada tuvo él ya que ver con la construcción del Expiatorio, de modo que no la recibió de él Ignacio Díaz Morales, que renuente como fue a consignar por escrito sus memorias de este caso, tan sólo nos dejó en letras de molde testimonios aclaratorios muy ligeros del estado en que la recibió, y en ellos no hace la menor alusión a Salvador Collado, como sí respecto a la falta de planos del proyecto de Boari al tiempo de asumir la dirección de la obra, en 1929.[18]

De lo que pasó en la fábrica material del templo Expiatorio entre 1909 y 1923,[19] bástenos recordar que se salvó de ser dinamitada para usar sus piedras talladas en el edificio que hizo construir el gobernador militar Manuel M. Diéguez al viento norte, calle de por medio, del templo inacabado, y que es hoy Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

Respecto de cómo se salvó de la ruina total, Lancaster Jones consignó:

 

En el año de 1915 emprendió el señor general don Manuel M. Diéguez la construcción de dos edificios en lo que había sido patio de los Laureles de la penitenciaría de Escobedo, encargándole la obra al señor ingeniero Alfredo Navarro Branca, y como escaseaba el material de construcción para las escuelas proyectadas, hoy edificios de la Universidad de Guadalajara, ordenó dicho militar que se dinamitara lo construido en el Templo Expiatorio para usar la cantera en las escuelas vecinas, pero el ingeniero Navarro Branca, con gran prudencia, evitó esta catástrofe, logrando proveerse de materiales en las fuentes normales. Aún conserva en su archivo el ingeniero Navarro Branca la orden por escrito que recibió para demoler el primer cuerpo del templo de que se trata, que ya estaba terminado en esta época. La historia debe recoger, por lo tanto, esta buena acción que sirvió para preservar para la ciudad tan artístico monumento.[20]

 

Finalmente, no debo dejar en el tintero lo que de la tradición oral de mi familia escuché: que teniendo a la vista los planos del proyecto de su colega tapatío Adamo Boari habría dicho “No tengo que hacerle cambios al proyecto del ingeniero Collado”; pero que interrogado acerca del domo contestó “Me gusta más sin cúpula”.

Este comentario, colijo, no pudo ser ajeno a los casos de arquitectura neogótica que por ese tiempo se emprendían en el Parlamento de Londres y en el de Budapest, éste en especial, obra cumbre del género, que se inauguró en 1902 en el marco de una intensa polémica debida a su enorme y costosísimo domo, que diseñó y le impuso el arquitecto Imre Steindl, monumento tildado no sin razón a esas alturas de anacrónico o de capricho historicista para un edificio cuyo uso debía ser más operativo y funcional que ostentoso.



[1] Tapatío, es médico cirujano por la Universidad de Guadalajara.

[2] Colección Corrientes arquitectónicas, Guadalajara, esarq, 2021.

[3] Op. cit., pp. 102-104. Poco antes de la publicación de esta obra, el doctor Checa-Artasu adelantó avances de su investigación en este Boletín Eclesiástico (“El Templo Expiatorio de Guadalajara. Un ejemplo de arquitectura neogótica para la Iglesia católica”, marzo y abril del 2019).

[4] Domingo 16 de septiembre de 1962.

[5] Checa Artasu, en su texto citado aquí, dice “cantos rodados” donde Lancaster Jones pone “cántaros redondos”, abismal diferencia respecto al peso de las bóvedas y al uso corriente de esos elementos para relleno de la intersección de los arcos de medio punto cruzados.

[6] Don Pedro Romero y Arnáiz nació en Guadalajara el 29 de mayo de 1854; se ordenó presbítero el 9 de septiembre de 1877; fue párroco de San Francisco de Tepatitlán entre 1885 y 1893; fue prefecto general del Seminario Conciliar de Guadalajara en la transición de los siglos xix y xx;  fue coordinador general del primer Congreso Eucarístico Nacional en 1906 y falleció el 10 de febrero de 1924 a la edad de 70 años.

[7] Tapatío, nació el 13 de noviembre de 1844 y recibió el orden sagrado para el clero de Guadalajara el 10 de febrero de 1867. Entre 1880 y 81 fue encargado de la parroquia de Unión de San Antonio y hasta 1892 fue párroco de El Dulce Nombre de Jesús, por lo que pudo tener ante sí ocasión de invertir en un terreno amplio y urbanizado en el viento sudoeste de su comunidad parroquial para lo que luego resultó destinado.

[8] México, Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento.

[9] Cf. El Domingo (27.8.1899), pág. 8.

[10] Se reproducen el diploma y la medalla de plata que concedieron el 1º de marzo de 1902 el comité y el jurado de la Exposición Regional Jalisciense al proyecto para el Expiatorio, donde leemos: “Exposición Regional Jalisciense. La Junta Organizadora, atendiendo el dictamen del jurado calificador respectivo, otorga un premio de segunda clase y una medalla de plata al Sr. Ing. D. Salvador Collado por su proyecto del Templo Expiatorio que presentó en dicho certamen. Guadalajara, 1º de marzo de 1902. Manuel Cuesta Gallardo [rúbrica]”. Gaceta Mercantil (órgano de la Cámara de Comercio de Guadalajara), lunes 31.3.1902, p. 13, t. xiv, núm. 3.

[11] Vol. ii, p. 459

[12] El Occidental, Guadalajara, 16.9.1962.

[13] México, vol. 2, p. 64.

[14] Cf. Historia de la cultura en México, México, Textos Universitarios, p. 451.

[15] Las calles históricas de Guadalajara, vol. 3, de Ramiro Villaseñor y Villaseñor, Guadalajara, Ayuntamiento de Guadalajara, 1988, p. 41.

[16] Tomás de Híjar Ornelas, Arte sacro, arte nuestro: Tomad y comed, tomad y bebed, Hong Kong, Landucci, p. 204.

[17] Empero, J. Trinidad Laris dice que el propietario de esa manzana era el canónigo Agustín de la Rosa. Cf. “Bodas de oro sacerdotales del Excelentísimo y Reverendísimo señor Cardenal José Garibi Rivera, Arzobispo de Guadalajara”, en Boletín Eclesiástico. Organo Oficial de la Arquidiócesis de Guadalajara, año xiv, vol. 8, (agosto del 2020), p. 58.

[18] En realidad, Díaz Morales sí tuvo ante sí los planos ajustados por Boari y ahora éstos se encuentran en el fondo especial de su archivo, depositado en el iteso, donde los hemos visto. Damos por sentado, en todo caso, que el arquitecto Díaz Morales decidió aplicar modificaciones sustanciales al proyecto para, según lo argumenta, ajustarse más a los criterios constructivos medievales que a los del neogótico finisecular, lo cual es, por muchos motivos, comprensible.

[19] En el artículo que hemos citado se mencionan por sus nombres a los maestros de obras Marcos Vázquez, N. Arias y Gerónimo Arias, su hijo. También los de Nicasio González y de los canteros Miguel Cázares, Alfredo González y Atanasio Rodríguez. Op. cit., p. 59. El libro El Templo Expiatorio de Guadalajara, Universidad del Valle de Atemajac, 2006, menciona a otro alarife de nombre Feliciano Díaz.

[20] Lancaster Jones, op. cit.



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