Documentos Diocesanos

Boletín Eclesiástico

2009
2010
2011
2012
2013
2014
2015
2016
2017
2018
2019
2020
2021
2022

Volver Atrás

La forma de hacer el bien del señor Cura

don Salvador Serrano Avelar

 

 

Verónica Bertha Cortés Alba[1]

 

 

Compuso esta semblanza, a petición de este Boletín,

quien colaboró con el apenas fallecido presbítero en la adecuación

de varios conjuntos de pastoral y tuvo elementos más que sobrados

para expresarse de él como lo hace, con conocimiento de causa.

 

 

Nació el 11 de diciembre de 1945 en Jalpa, Zacatecas. Desde su más tierna infancia su familia y en especial su madre, doña Vivi, le dio sus bases espirituales, inculcándole el amor a Dios y a María. Su hermano mayor, Jesús, decidió ser sacerdote. Siguiendo los pasos de su hermano, comenzó sus estudios sacerdotales en la Escuela Apostólica de Lagos de Moreno; de ahí pasó al Seminario Menor auxiliar de San Juan de los Lagos, y posteriormente al Seminario Menor de Guadalajara. Ya como diácono, ejerció su ministerio en Puente de Camotlán, Nayarit. Recibió la ordenación sacerdotal el domingo 18 de abril de 1976, y su primera encomienda fue como formador en el Seminario Conciliar de Guadalajara.

Recibió su nombramiento como vicario para atender la parroquia de Ixtlahuacán de los Membrillos, y posteriormente fue destinado a la parroquia de los santos Crispín y Crispiniano, ubicada al oriente de Guadalajara, donde permaneció varios años. Fue electo primer Cura de la parroquia de la Virgen de Guadalupe Reina del Tepeyac, donde asumió su responsabilidad a partir del 4 de noviembre de 1986. Ésta era una comunidad de migrantes que poco a poco se fue consolidando como una colonia que creció en torno a la parroquia, cuyo nombre sus feligreses reducían al apócope “el Tepe”.

En agosto del 2000 fue nombrado párroco de San Pedro Apóstol en Zapopan, comunidad tradicional; en este destino, ya como representante del Obispo, fue también responsable de la Virgen de la Expectación que tutela la comunidad franciscana. Posteriormente se le destinó a la parroquia de María Madre de la Iglesia, a la cual fue como adscrito, porque ya no gozaba de buena salud.

Hombre pulcro, respetuoso, humilde, de mirada clara y sonrisa fresca: ésa era la primera impresión al conocerlo; siempre dispuesto a atender a quien se le acercara y resolver con prontitud y diligencia cualquier asunto, sabía escuchar y no se asombraba de nada y por nada. Éstas fueron algunas de sus cualidades, por las cuales sus feligreses lo consideraban como un padre, pues los trataba como hijos espirituales, sabía guiarlos siguiendo el ejemplo del Buen Pastor. Cariñosamente, le llamaban Padre Chava.

Se daba a la tarea de conocer a su grey para detectar sus cualidades y hacer que fructificaran en favor de los demás. Poseía también una gran capacidad de convocatoria, lo cual permitió que los integrantes de su feligresía, incluidas las congregaciones religiosas, interactuaran como grupo, con sentido de pertenencia a su parroquia. Sabía delegar y dar comisiones para que todos colaboraran, y les hacía sentir la libertad para realizar sus tareas en bien de la comunidad eclesial, como parte de un todo.

Enemigo de la desunión y la confrontación, fue un gran mediador, justo y sensato, hombre de diálogo, de consenso, respetuoso de los procederes, de los lineamientos dados por la autoridad eclesiástica o civil, logró que se realizaran muchas obras en favor de la comunidad a la que estaba asignado. Para orientarlos hacía referencia al modelo de Cristo o a María Santísima.

Ese hombre ocurrente, serio, jovial y mesurado, ecuánime, ordenado, conciso y directo; persona de trabajo, no pedía a alguien lo que él no daba, así de difícil y de fácil, pues una vida de entrega le permitía hablar con la autoridad de padre. Fue merecedor de un gran respeto de todos los que le conocieron. Sabio y prudente, sabía retirarse con mucha delicadeza cuando la semilla por él tendida apenas había sido sembrada.

Desde horas muy tempranas se le podía ver caminando en el atrio con un rosario entre las manos o haciendo las lecturas del Oficio Divino, y luego celebrando misa o en el confesionario, donde permanecía en espera de quien quisiera reconciliarse o platicar con él, pues siempre aprovechaba toda oportunidad para convocar a sus feligreses a recibir ese sacramento, inclusive con letreros que decían “el padre Chava te espera en el confesionario”.

Siempre estaba dispuesto para escuchar o ayudar a quienes se lo solicitaban; aun cuando se retiraba a su casa los seguía atendiendo; allí continuaba con sus rezos y lecturas o trabajando en la oficina. Cuando salía era para acompañar a sus ovejas: confesando, dando la extremaunción de los enfermos y confortándolos en sus momentos de conflicto o de dolor. En la casa pastoral y en la casa social guiaba y organizaba a los coordinadores de los eventos.

Fue capellán de la televisora Maríavisión desde sus inicios; allí celebraba la misa con frecuencia. También fue promotor, organizador y guía de viajes a Tierra Santa, donde realizaba además acompañamientos espirituales. Generoso para escuchar, fue también extraordinario predicador y muy buen conferencista.

Siempre estaba en continua formación, porque decía: “sólo estando lleno se puede compartir con el prójimo lo que se tiene”. Esto le llevó a la universidad para hacer estudios de psicología y terapia familiar. Asistía a todo curso cuando su agenda se lo permitía, y siempre en comunión con el Arzobispado de Guadalajara al que pertenecía. Durante su ministerio como cura tuvo a su cargo varios vicarios; la mayoría de ellos lo consideraron como un amigo, maestro, compañero y guía.

Antes de que se le detectara un tumor canceroso en el cerebro hizo su testamento, en el cual heredó sus escasos bienes al Seminario Conciliar de Guadalajara. A consecuencia de su enfermedad, quedó incapacitado para atender su parroquia, por lo cual el vicario tuvo que hacerse cargo y ser responsable de su administración.

Para el padre Chava hacer el bien era una entrega de servicio y de amor al prójimo, porque en éste veía el reflejo de Cristo. Su fuerza e impulso estaba en sus amores a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a la Santísima Virgen María, Madre del Hijo de Dios, y a la Iglesia, dejando en segundo término a su familia, cumpliendo lo que la sagrada Biblia dice: “no se puede servir a dos amos”.

Él hizo vida la palabra de Dios en su persona y estamos seguros que su ejemplo e incansable labor, en favor de los demás, dieron frutos espirituales que se vieron reflejados en su feligresía. Las palabras, no necesariamente convencen, pero el testimonio, arrastra. En la Carta del Apóstol Santiago, capítulo 2, versículo 18, se lee: “Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras”, y eso presentó el Padre Chava el día 19 de enero de 2021, cuando fue llamado a la Casa del Padre.

Sus restos fueron inhumados en el Panteón Municipal de Zapopan.

 



[1] Arquitecta de carrera, investigadora de vocación, este Boletín agradece a la autora de esta semblanza su disposición inmediata para redactarla, y ella, a su vez, los datos que le ofrecieron para este contenido la señora Karla Aceves Padilla y el canónigo don J Guadalupe Dueñas Gómez.





Aviso de privacidad | Condiciones Generales
Tels. 33 3614-5504, 33 3055-8000 Fax: 33 3658-2300
© 2022 Arquidiocesis de Guadalajara / Todos los derechos reservados.
Alfredo R. Plascencia 995, Chapultepec Country C.P. 44620 Guadalajara, Jal.
Powered by paxomnis