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Plan emergente nacional sacerdotal covid -19

Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, m.g.[1]

 

El responsable de la Dimensión Episcopal del Clero

Ofrece al clero de México estos criterios

en tiempos de pandemia como los nuestros, de pandemia.[2]

 

“Cuiden por ustedes mismos y por el rebaño”

Hch 20, 28 - 38

 

“En esta barca, estamos todos…

no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta,

sino sólo juntos”

Papa Francisco

I

El sacerdote ante el gran desafío covid-19

 

El hombre de hoy y la Iglesia actual se encuentran ante uno de los más grandes desafíos de su historia, que está causando desorden, incertidumbre, dolor, angustia y muerte. Ante esta realidad, el ser humano reconoce una vez más su fragilidad. Este escenario global hemos de contemplarlo con esperanza cristiana y un profundo sentido de fe, asumiendo con corazón de padres y hermanos esta oportunidad con una profunda confianza, mas no con ingenuidad, sino con ojos de fe y corazón de pastores que han de conocer las necesidades del Pueblo cristiano, para involucrarse en ellas y potenciar todas aquellas iniciativas que favorezcan la presencia del Reino de Dios (PGP, 26).

Por lo tanto, para cada uno de nosotros como discípulos amados de Jesús que somos testigos de esperanza, más allá de buscar razones, culpables o de simplemente emitir nuestros juicios personales ante la situación actual, es el momento oportuno para elevar nuestros ojos al cielo e invocar con fe viva la misericordia de Dios.

Que la presencia del sacerdote en medio de la comunidad sea un gran puente de unión entre Dios y sus hijos. No caigamos en conductas que no den testimonio de confianza. Sepamos atender y acatar las disposiciones de nuestras autoridades civiles y eclesiásticas. No es tiempo para relajarnos en nuestra vida espiritual; no nos permitamos bajar la guardia ante este gran riesgo de contagio. Estemos atentos a saber cuidarnos y cuidar como buenos pastores de toda la comunidad cristiana que Dios nos ha encomendado.

 

Algunos elementos de reflexión en el acompañamiento del pueblo.

 

1.    Orden / Responsabilidad

 

Sin duda uno de los principales retos en este tiempo tan particular es mantenernos bien informados y realmente comunicados; la mala información nos llevará al desorden y al caos y, como ya nos hemos dado cuenta, eso ocasiona desde indiferencia ante la pandemia de covid-19 hasta una psicosis colectiva. Por eso, nosotros debemos ser los responsables en saber escuchar las voces autorizadas sobre el tema, y no dejarnos llevar por (ni menos difundir) noticias o rumores que desestabilicen el orden emocional, social y de fe.

Un signo claro de comunión, obediencia y responsabilidad es acatar las instrucciones precisas dadas por el Obispo para la Diócesis en esta contingencia.

 

2.    Oración / Comunión

 

En medio de tanto dolor que estamos viendo, no dejemos de contemplar y abrazar la Cruz de Cristo. En este ambiente de gracia cuaresmal, ofrezcamos un tiempo de meditación, silencio y purificación por el mundo entero, que experimenta un profundo desconcierto. Pidámosle constantemente al Maestro que nos enseñe a orar en medio de esta tribulación, para que nuestro espíritu se mantenga fuerte y transmita esperanza. De modo particular, tengamos presentes a todos aquellos que se encuentran enfermos o han perdido la vida a causa de la covid-19. Tampoco podemos olvidar a todas las personas más vulnerables físicamente y de escasos recursos. De manera especial roguemos por los médicos, enfermeras y personas de buena voluntad que han estado atendiendo esta emergencia en cada uno de los hospitales en los diversos lugares del mundo. Como pastores de fe, celebremos la santa Misa con estas intenciones particulares.

 

3.    Ofrenda / Solidaridad

 

Ante los peligros inminentes, la Iglesia está llamada a ofrecer constantemente sus oraciones, pero también a construir y compartir la auténtica caridad cristiana. Que la presencia de la comunidad sea para la sociedad un gran oasis, donde se renueve la fe del espíritu y se fortalezca el corazón. Lejos de solamente cerrar las puertas, procuremos que se mantenga vivo y abierto el ambiente de comunión y fraternidad. El sacerdote ofrezca su tiempo, sus capacidades y carismas para ayudar al pueblo de Dios a mantenerse en pie y hacer frente a este momento con responsabilidad.

 

4.    Humildad / Reconocer

 

En la situación que enfrentamos, como discípulos estamos llamados a reconocer que solos no podemos nada, pero que Dios lo puede todo, por lo que hemos de tomarnos de su mano y dejarnos llevar por donde Él quiera, sin resistencias, sin cuestionamientos, sin reclamos, sin enojo. “En esta barca estamos todos… debemos de reconocer que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos” (Papa Francisco, Bendición extraordinaria Urbi et Orbi).

La humildad viene unida a la obediencia, se da en forma natural el anhelo de querer cumplir la voluntad de Aquél a quien reconocemos como Nuestro Señor. Pongamos todo cuanto somos y tenemos, todas nuestras capacidades, a Su disposición, porque Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene y en todo interviene para bien.

 

5.    Oportunidad pastoral / Servicio

 

La Iglesia tiene un gran desafío: que el pueblo de Dios no se sienta solo ni abandonado. El sacerdote, con espíritu de discernimiento y creatividad pastoral, busque los medios que le permitan mantenerse cercano a las familias que pudieran estar sufriendo en carne propia el flagelo de la enfermedad, o incluso la muerte de un ser querido. Abandonarles en estos momentos sería faltar a la misericordia, a la caridad, y perder una gran oportunidad de encarnar el Evangelio de Jesús.

 

6.    Prudencia / Actitud

 

Es preciso recibir y transmitir los mensajes y la información acerca de la pandemia, la cuarentena y otras circunstancias relacionadas con el problema de salud con prudencia y de forma constructiva. Especialmente en las Eucaristías u otros momentos de oración transmitidos por redes sociales, hay que evitar las murmuraciones, los rumores infundados y los comentarios personales acerca del tema, para no favorecer tensiones innecesarias ni situaciones comunitarias de dificultad. Hablar constantemente sobre este asunto puede hacer que crezca el temor y que el sacerdote se distancie de estados de mayor tranquilidad y sosiego.

 

***

 

Mensaje Del Papa Francisco

 

“En esta situación de pandemia, en la que nos toca vivir más o menos aislados, estamos invitados a redescubrir y profundizar el valor de la comunión que une a todos los miembros de la Iglesia. Unidos a Cristo nunca estamos solos, sino que formamos un solo Cuerpo, del cual Él es la Cabeza. Es una unión que se alimenta de la oración, y también de la comunión espiritual en la Eucaristía, una práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el Sacramento. Digo esto para todos, especialmente para las personas que viven solas” (Ángelus, 15 de marzo de 2020).

 

 Que los días que estamos viviendo en nuestro país ante este gran desafío llamado covid-19 signifiquen para nosotros, pastores, el momento de fortalecer nuestra fe y confianza en nuestro Padre providente, pero reconociendo que los efectos de este mal han llegado y pueden dañar también la vida de los presbíteros (PGP. 71). Que junto al pueblo con el que peregrinamos, sepamos enfrentar con serenidad y responsabilidad esta emergencia sanitaria.

No dejemos de invocar la intercesión de nuestra Madre la Virgen de Guadalupe, quien habita entre nosotros, para que derrame su bendición maternal sobre nuestra nación y la Iglesia universal.

 

+ Roberto Domínguez Couttolenc, M.G.

Obispo de Ecatepec y Responsable de la Dimensión Episcopal del Clero.

 

 

II

CUIDADO Y PREVENCIÓN

 

 

1.    Físico[3]

 

Dadas las circunstancias que ya todos conocemos y el posible incremento de la pandemia, debemos estar preparados ante la demanda que se nos hará de estar presente acompañando a los pacientes de covid-19; es decir, proporcionar los Sacramentos de Unción de los Enfermos, Confesión y Viático. ¿Qué hacer ante esta circunstancia de la cual no podemos huir, pues está en nuestra realidad, pero que no podemos enfrentar como habitualmente sabemos y podemos hacer?

Pueden ir a ver un paciente con estas características si, y sólo si, cuentan con los medios de protección correspondientes, a saber:

·      Usar bata.

·      Guantes de látex.

·      Tapabocas N95 (mascarilla dura).

·      Cubrezapatos.

·      Gorro.

·      Que el sacerdote no tenga enfermedades preexistentes (diabetes, hipertensión, obesidad mórbida o alguna otra que lo haga estar débil en sus defensas).

 

Si no tiene esta protección, no se acerque al paciente, pues se va a contagiar y será propagador del virus a más personas.

Por otro lado, el 19 de marzo de 2020 la Penitenciaría Apostólica publicó un decreto firmado por el Penitenciario Mayor, Cardenal Mauro Piacenza, autorizado por el Papa Francisco, que concede la indulgencia plenaria a los fieles enfermos de coronavirus, a los agentes sanitarios, los familiares y todos aquellos que cuidan de los enfermos, así como a los fieles que ofrezcan los actos de devoción ahí mencionados y a los fieles en punto de muerte, con las condiciones que menciona el decreto.

 

Indulgencia a paciente en casa

 

Si la situación no ha sido declarada en la fase en que no podamos salir de casa, no digamos inmediatamente “no”. Expliquemos a los fieles las indicaciones dadas por la autoridad en materia de Salud, y propongamos lo siguiente: voy a estar frente a su casa (en la calle); ustedes, los miembros de la familia, pueden estar en la puerta principal. Si está cercana la puerta principal de la banqueta o calle, hay que guardar una distancia de 1.5 metros o más. Hagan una oración con la familia e impártanle la Indulgencia Plenaria al paciente. Si es posible que el paciente esté en videollamada para que participe y vea que recibe la indulgencia, excelente; si no puede, que la familia se lo manifieste.

 

Indulgencia a paciente en hospital

 

El nosocomio debe proveer lo que las autoridades de Salud han indicado para la atención a esos pacientes; si no hay el material necesario, desde afuera de la habitación o cubículo impártanle la indulgencia plenaria.

Si es declarada una fase de cuarentena general obligatoria, impartan la indulgencia plenaria desde sus parroquias a los enfermos, a sus familias y al personal médico que los atiende.

 

2.    Espiritual[4]

Orad para no caer en tentación…

Mc. 14, 38

 

Una sólida espiritualidad y madurez humana sacerdotal nos permitirá hacer frente a los desafíos sacerdotales que trae consigo la pandemia de covid-19.

Esta dinámica emergente implica un cambio importante de rutinas, trabajo, horarios, tareas, actividad y enfoque de la misión. Toca adaptarse a una realidad que se nos impone de forma relativamente imprevista y no siempre fácil de gestionar; pero que también puede vivirse, desde el Espíritu y la confianza, como oportunidad de crecimiento y creatividad.

 

Vengan conmigo a un lugar solitario

para que descansen un poco…

Mc. 6, 30-34.

 

Acostumbrados a un modo de funcionar donde el dinamismo, la rapidez y la urgencia toman el protagonismo, afectando también a nuestra vida sacerdotal, este momento concreto que estamos viviendo puede ayudar a que nos introduzcamos en otra dimensión diferente. Se impone ahora una parada forzada que nos acerca a una mayor interiorización de la vida y de lo que sucede en ella.

Es una oportunidad para descansar en un esparcimiento provechoso, reordenando ideas, afectos, ejercitándose físicamente, etc.

Este tiempo en el que nos encontramos puede ser de gran ayuda para mirar lo que está pasando con profundos ojos de fe, e intentar procesar la realidad que se nos presenta como tiempo favorable de salvación.

Estamos en Cuaresma, y a este tiempo litúrgico que nos propone la Iglesia, se une otro de cuarentena. Aquí también la oración, el ayuno y la penitencia son posibles y necesarios; y, como en cada época, siguen prestándose a la creatividad pastoral para llevar adelante la Nueva Evangelización.

Se nos ofrece una oportunidad para potenciar la lectura espiritual, la reflexión personal y la vida de oración. Tiempo para orar personal y comunitariamente de un modo quizás aún más intenso y creativo. Y, en este sentido, para encomendar con especial atención la vida de quienes están sufriendo de forma más dolorosa la enfermedad; para pedir por sus familias, que quizá no puedan acompañarlos del modo que les gustaría, y para orar por tantos profesionales –del mundo sanitario y de otros ámbitos– que dejan lo mejor de sí mismos en el trabajo por el bien común. Especialmente por los presbíteros contagiados, y fallecidos por esta pandemia.

El Papa Francisco, en su meditación con motivo de la bendición extraordinaria Urbi et Orbi del 27 de marzo de 2020, afirmó que el Señor nos llama a tomar este tiempo de prueba como un tiempo de lección:

 

No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que es pasajero, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia Ti, Señor, y hacia los demás.

 

Existen también plataformas digitales, ofrecidas desde distintos ámbitos e instituciones eclesiales, que pueden ayudar a vivir este momento a través de las redes sociales, siempre que no lleven al aislamiento.

Será muy sano cuidar especialmente la conversación espiritual con los sacerdotes mayores y ancianos de los presbiterios y de las casas sacerdotales y evitar todo tipo de ocio espiritual y académico que desfavorezca nuestra vida y ministerio. Aprovechemos el tiempo para leer la Sagrada Escritura, comentarios de los Santos Padres, Historia de la Iglesia y sobre todo el Magisterio de los últimos tres Papas: San Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa actual Francisco.

 

3.    Psicológico[5]

 

A lo largo de la cuarentena es normal pasar por distintos momentos y estados emocionales: estrés, ansiedad, soledad, frustración, aburrimiento, enfado, sentimientos de miedo y desesperanza, etc. Estos efectos pueden durar o aparecer incluso posteriormente al confinamiento.

Cuidar las acciones, los pensamientos y sentimientos resultará de gran importancia para responder adecuadamente a los periodos en los que el ánimo pueda fallar y la sensación de incertidumbre o desasosiego crezca, si es que se llega a dar el caso.

Hay que hacer deporte según las circunstancias y los medios que estén a nuestro alcance, para tener salud de cuerpo y mente.

No es un tiempo desocupado, de huir, de dispersarse, de desentendimiento humano, espiritual y pastoral, sino de unificar el corazón y los sentimientos para cuidarnos y servir mejor al Pueblo de Dios.

 

iii

Cuidado pastoral

 

“El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido en estas horas donde todo parece naufragar” (Papa Francisco, Urbi et Orbi, 27 de marzo de 2020).

 

La pandemia resulta un tiempo y espacio fundamental para el fortalecimiento de nuestra vocación sacerdotal. La Iglesia se encuentra en un momento idóneo para volver a su origen, así como al fin por el cual existe, es decir el servicio. El presbítero es capaz de nutrir la esperanza de contener las angustias y de reducir los miedos. Su cardinal vocación es la del cuidado y la protección. En los lugares donde haya ausencia de liderazgo sacerdotal, habrá una fuerte negligencia.[6]

Comprender de la forma más ajustada posible la realidad que estamos viviendo y adaptarnos a ella resultará de gran utilidad. Es importante reconocer la situación –personal, comunitaria, social, eclesial– en la que cada uno de nosotros se encuentra, y hacerlo con seriedad y de forma sincera, pero sin generar dinámicas de alarma infundadas.

Probablemente a lo largo de estas semanas vamos a pasar más tiempo y compartir más espacio con compañeros de comunidad. Esta situación constituye una oportunidad para retroalimentar la fraternidad, especialmente con los más distantes: pobres, familia y amigos.

Esta situación constituye una oportunidad para vivir desde la fraternidad esta contingencia sanitaria y también para continuar con la formación permanente que tanto enriquece la vida sacerdotal.

Reorganizar una nueva planificación ante esta nueva situación de la comunidad o de la gente con la que vivimos.

Establecer un cierto ritmo ordenado, tanto en el ámbito de la vida común como en la propia vida personal, favorece el bienestar pastoral.

Es tiempo para la creatividad: pensemos en posibles actividades de tipo celebrativo, de oración y solidaridad, que favorezcan un espacio positivo.

Es momento de emprender una pastoral digital, on line, sin que esto limite la cercanía con la comunidad.

Tratar de mantener horarios comunitarios que favorezcan el intercambio y la conversación, guardando siempre las recomendaciones sanitarias. Una organización clara y accesible a todos los miembros de la comunidad, que favorezca la participación de los más jóvenes para el cuidado de los mayores, será beneficiosa para todos.

Prestar especial atención a los encargos y tareas dentro de la comunidad, diócesis o instituto en que nos encontramos.

En este momento la diligencia es una forma concreta de cuidado del otro, y resulta clave para el buen desempeño de nuestra encomienda pastoral.

 



[1] Obispo de Ecatepec.

[2] Prepararon este material los presbíteros Dr. Pedro Astorga Guerra, Lic. Armando Iván Moreno Morales y Dr. Daniel Portillo Trevizo

[3] Cfr. ARQUIDIÓCESIS DE MONTERREY, Pastoral de la Salud (Comunicado del 21 de marzo de 2020).

[4] Cfr. Orientaciones para el cuidado psicológico durante el tiempo de cuarentena en la vida religiosa y sacerdotal, uninpsi (Madrid, 2020).

[5] Cfr. idem.

[6] Cfr. Portillo Trevizo, Daniel, “Los líderes se conocen en tiempos de pandemias”, 27 de marzo de 2020.





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