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Informe Rectoral 2017-2018 del Seminario Conciliar de Guadalajara

 

José Guadalupe Miranda Martínez[1]

 

 

A semejanza de lo acaecido en el año pasado de 2018,

en el que se suspendió la solemne Academia

al Santo Patrono de los estudios teológicos, Santo Tomás de Aquino, el 28 de enero y

en cuyo marco se ofrece al señor Arzobispo el informe rectoral del año lectivo anterior,

en este 2019, aunque también hubo de cancelarse en tal día,

pero ahora sí se pudo realizar, el 11 de febrero.

Se se ofrece aquí el informe que leyó el Vicerrector del plantel levítico

al Rector de la institución, Cardenal José Francisco Robles Ortega.

 

Buenas tardes a todos. Por esta ocasión quiero ser breve, voy a ser breve. De antemano gracias por su asistencia y atención, muestra evidente de su interés en esta tarea de la Iglesia de formar a los pastores que el pueblo de Dios está demandando; esta exigencia la percibimos todos porque el clamor es constante y universal: ya no más sacerdotes a medias, menos que causen confusión o escándalo. Hemos de recordar siempre las sentencias del Señor para quienes son causa de escándalo, y cómo el mismo Jesús envía a sus discípulos como ovejas en medio de lobos, no como lobos en medio de ovejas.[2]

Además, la máxima evangélica ahora está más que nunca vigente; el Divino Maestro continúa insistiendo: “La mies es mucha pero los obreros pocos, rueguen por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a sus campos”[3] Buenos obreros, pastores generosos, compadecidos de la muchedumbre que ahora, como entonces, andan fatigados y desanimados como ovejas sin pastor.

Eminentísimo Señor Cardenal:

Usted más que nadie experimenta el dramatismo de esta exigencia evangélica, “Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a sus campos”; de manera particular en estos tiempos, en esta Iglesia local que, según los datos del último Anuario Pontificio, cuenta con una población de 6 231 000, de los cuales, 5 581 000 se reconocen como católicos. ¿Qué son 19 sacerdotes para incorporarlos a un presbiterio donde fallecen 25 de sus miembros, 10 entran en descanso y al menos 5 abandonan el ministerio? Porque efectivamente ése fue el número de los ordenados presbíteros en este periodo. Es el más bajo en varios años, por la sencilla razón de que formaban un grupo especial de remanentes provenientes de diversos grados al restablecerse el Año de Servicio.

Usted, Señor Cardenal, como pastor responsable de esta Iglesia particular, con temor y temblor, les confirió el Orden Sagrado del sacerdocio una vez que el grupo de formadores los presentara con sutil cautela. Los mismos candidatos, trémulos pero decididos, se acercaron resueltos a vivir con intensidad el misterio, a entregarse para siempre.

En esa misma celebración y teniendo por testigo a toda la asamblea enfervorizada, los recién ungidos fueron enviados a la viña del Señor a cosechar la mies, a encarnar la encomienda apenas asumida, a convertirse en pastores que conocen a sus ovejas y las aman. Ninguna otra expectativa podía caber en su mente y en su corazón en esos momentos tan significativos. Si el número de sacerdotes ordenados en este periodo es exiguo, en cambio los ordenados diáconos llegan a 57, y todavía es más alentador considerar que después de estos diáconos vienen 47 acólitos, 27 lectores y 34 admitidos como candidatos a las Órdenes Sagradas; en total, 184 jóvenes en proceso de comprometerse, formalmente, en una respuesta al Señor. Regalo generoso para el Seminario, para esta Diócesis, pero también reto y trabajo para todos. Para la comunidad de bienhechores de este Seminario, para sus familias, para el equipo formador, si se tiene en cuenta que cada uno de estos protagonistas se somete a cinco escrutinios generales, laboriosos, desgastantes, y origina un expediente grueso con sus informes personales, tanto que en algunos casos se puede parodiar el texto del apóstol Santiago: “engordando el expediente para el día del escrutinio”.[4] Y aún no se pueden contar las entrevistas personales, las clases, los encuentros y convivencias en lugares comunes, trabajo ingente invertido en estos jóvenes en su última etapa de formación en el Seminario Mayor; se puede percibir que “muestran ya en esperanza el fruto cierto”. Y proclaman el esfuerzo realizado en etapas anteriores.

Con todo esto, no basta para satisfacer la demanda evangélica: “la mies es mucha, los operarios pocos”. Y conste, todavía estamos frente a la cantidad, al número que siempre es exacto, tangible; el Seminario, como lugar y tiempo donde se forman los futuros operarios, los pastores servidores del pueblo de Dios, tiene que cuestionarse y preocuparse constantemente por la calidad de los formandos. Aquí los retos sí son más que demandantes para cualquier ser humano, por la sencilla razón de que estamos frente a la acción del Sobrenatural, la respuesta o indiferencia de la libertad y responsabilidad de la persona, la colaboración y acompañamiento de los formadores y la experiencia de una institución añeja de la Iglesia. Me refiero a los Seminarios, a nuestro Seminario, que en las circunstancias actuales está preocupado por el número pero, sobre todo, por la calidad de quienes se integran al Presbiterio como celosos colaboradores del Obispo en esta porción de la viña del Señor.

Para responder a semejante reto, Su Eminencia no ha escatimado números y con magnanimidad le ha dedicado 54 sacerdotes a tiempo completo. Gracias a este despliegue de recursos, el Seminario está en condiciones de acercarse a los cada vez más accidentados ambientes familiares, no a provocar o crear la vocación, sino, más bien, a descubrir con cautela los gérmenes vocacionales, el llamado que el Señor hace a jóvenes y adolescentes valiéndose de una amplia gama de mediaciones humanas, en un ambiente que cada día se hace más hostil a este tipo de trabajos por la realidad en que vivimos, por todo lo que flota en los medios y en el mundo virtual.

Sin embargo, el Seminario no se paraliza ni desiste ante semejantes retos; para enfrentarlos cuenta con amplia experiencia acumulada a lo largo de los años y con los recursos humanos suficientes y, gracias a la generosidad de los fieles, también con recursos materiales para invertirlos en esa causa noble.

Gracias a esta combinación de factores, las cinco Casas Auxiliares del Seminario de Guadalajara pudieron atender a una población de 267 alumnos, y Sem Fam y Promoción Vocacional, un total de 312. Es cierto que cuando se urge la presencia de estos chicos en la última etapa del Seminario Mayor, no en todos los grupos los encontramos presentes; no en balde no faltan quienes consideran a estos jóvenes, cuando subsisten, “jóvenes con precio de oro”. La apreciación puede ser cierta, pero no hay que olvidar que el Seminario también ha formado buenos creyentes y buenos ciudadanos; lo quiere seguir haciendo. Además, no puede renunciar al almácigo de su sementera de donde surge la plantación de la que se han obtenido, hasta el presente, cosechas satisfactorias.

Agradezco sinceramente a todos los que han colaborado en esta primera etapa, la menos vistosa y atrayente, donde parece, con cierta frecuencia, que los resultados pronto se evaporan. No olvidemos que es el almácigo de la gran sementera que es el Seminario Menor.

Por fortuna, Guadalajara no sucumbió a la tentación de prescindir del Seminario Menor y preparar así una población rebosante en el Mayor. Se ha conservado esta sabia tradición de la Iglesia, ya probada a los largo de los siglos. Atentos a esta tradición, a los lineamientos que ofrece la Iglesia en su Magisterio y en sus normas, el equipo de formadores ha elaborado un proyecto de formación gradual, organizado, adaptado a las circunstancias. Su aplicación está dando buenos resultados; exige presencia, cercanía, confianza mutua y acompañamiento cualificado. No resulta fácil asumirlo y aplicarlo y hasta vencer la tentación de sustituirlo por otros métodos también ya probados en la formación de la juventud.

En esta casa del Seminario Menor estuvieron, a tiempo completo, 15 sacerdotes ayudando a discernir el llamado a 314 jóvenes; contaron, además, con la asesoría constante de un equipo de psicólogos, de todo el cuerpo de maestros y la cercanía y presencia de los padres de familia. Todos esforzándose por hacer de esta etapa la verdadera sementera del Seminario Mayor.

En general, los jóvenes respondieron satisfactoriamente porque tienen todo para hacerlo; pero no faltaron algunos que sucumbieron a las plagas y alimañas que suelen aparecer ya desde el principio. Por ejemplo, algunos, a diferencia de la mayoría, en lugar de hacer del teléfono móvil un medio de comunicación, de trabajo y sano esparcimiento, permitieron que se convirtiera en un instrumento enajenante y contaminador del que difícilmente pueden prescindir para satisfacer un sinfín de necesidades creadas.

A realizar la etapa propedéutica pasaron 71 alumnos en la población de Tapalpa; la soledad, el silencio de la sierra, la hospitalidad y el cariño añejo de esas gentes al Seminario, crean una atmósfera especial que colabora a conseguir, casi por gravedad, los objetivos de este curso. No faltan sin embargo algunos, sobre todo al principio, que añoran las cebollas de Egipto y hasta quisieran volver a su lodo. Por fortuna, esto pronto se supera y los resultados se hacen visibles, de manera particular en dos momentos: la toma de sotana y la experiencia pastoral en Cuaresma. En el primero, la mayoría de los alumnos, en simbiosis con su familia y la comunidad local, en un ambiente festivo, expresa el progreso en su discernimiento vocacional y su decisión de continuar respondiendo con generosidad al llamado. En esta ocasión no faltan ciertos excesos y desproporciones, y de algunas fechas para acá han surgido hasta los “padrinitos” ocasionales. Depurar y enmendar estas anomalías será siempre un reto.

La experiencia pastoral se realizó, en general, en ambiente de frontera con resultados positivos, pero se constató, una vez más, que los ambientes más adecuados para jóvenes en esta etapa siguen siendo los rurales o semiurbanos.

La comunidad del Seminario Mayor es la más numerosa. Constituye, propiamente, la plantación de la Diócesis de donde se esperan cosechas abundantes: muchos y buenos sacerdotes para ser enviados a recoger la mies en los campos del Señor. En este curso, estuvo formada por 535 alumnos, acompañados por 20 sacerdotes también a tiempo completo. Dicen algunos que es el más numeroso de todos los seminarios del orbe. De todas maneras, habría que restar de este número a los integrantes del Curso Introductorio, a los del Año de Servicio y a quienes realizan su servicio pastoral ya como diáconos.

Aun así, la población en el Mayor es numerosa; por eso, en ocasiones se transforma en masiva y como sin rostro. Por fortuna, sus integrantes tienen por lo menos dos años de experiencia de vida comunitaria. Se constata que son creyentes, instruidos, viven con responsabilidad su compromiso bautismal, han asumido con seriedad su condición de llamados, se tienen por discípulos de Cristo y buscan configurarse con Él en el estudio, la Liturgia, la vivencia de los Sacramentos y el compromiso apostólico. Incluso no faltan alumnos sensibles que se aprovechan del testimonio de tantos sacerdotes diocesanos que se inmolan silenciosamente en su ministerio, de manera particular en los Santos Mártires, alumnos distinguidos de este Seminario.

Pero también debo decir que causa mucha pena constatar cómo algunos se privan no sólo de los actos de piedad y de los mismos actos litúrgicos, sino que también, tratando de saciar su sed, recurren a cisternas agrietadas, a espiritualidades inspiradas en recalentados de herejías cristológicas con densos remanentes de fariseísmo, donde la persona de Cristo queda relegada, sustituida en ocasiones por un santón enajenante.

Por fortuna, en la etapa del Seminario Mayor todos los alumnos son peritos en el manejo de las redes sociales y del teléfono celular. A todo pueden acceder gracias a este medio. Sin embargo, constatamos con cierta frecuencia que algunos utilizan de manera inadecuada estos medios, pues son indiscretos, sin pudor, desinhibidos, imprudentes, al grado que a algunos les ha complicado la vida y su vocación. A éstos difícilmente aun el paso por la “Universidad de san Pedrito” los puede rescatar para una vida normal ¡Tal es su dependencia, adicción y hasta esclavitud a esos medios! ¡Vaya reto tiene el Seminario para formar en el uso adecuado de estos medios asombrosos!

El acervo de la Biblioteca continúa en aumento, ya sea por donaciones o adquisición de nuevos títulos. Se pretende que cada día sea más funcional y accesible a los usuarios. Para alcanzar estos objetivos, además del interés de los alumnos, es necesario que los mismos maestros conozcan sus fondos e induzcan a los estudiantes a procurar las obras señaladas y recomendadas.

Con suma diligencia y puntualidad, la Pontificia Universidad Lateranense practicó, al final del curso, el examen de Bachillerato en Teología. Entre las observaciones vertidas por su Delegado está la conveniencia de que haya presencia de alumnos de este Seminario estudiando en esa Universidad, sobre todo en el nivel de doctorado, para proceder luego a la incorporación de nuestra Facultad Teológica.

            Por decreto del Gobierno de Estado de Jalisco, a través de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, alumnos y exalumnos de nuestro Seminario ahora tienen la oportunidad de obtener título en Filosofía y Teología. Para aprovechar este ofrecimiento, la Prefectura de Estudios ha estado procesando la documentación académica de cerca de un millar de estudiantes, laicos y clérigos, que realizaron estudios en estas dos materias entre 1968 y 2017.

Finalmente, quiero agradecer y valorar la confianza que Su Eminencia ha depositado en este nutrido grupo de formadores de nuestro Seminario para esta tarea tan delicada y difícil, en tiempos que podemos designar aciagos y cruciales. Quiero expresarle que los dramas que se viven en ambientes eclesiales y que los medios de comunicación ventilan en todas direcciones no nos derriban ni paralizan. Ni los aplastados por la torre de Siloé (Lc 13, 4), ni la sangre de los ajusticiados mientras ofrecían sacrificios nos inducen al juicio o a la condena. Tampoco las mermas en el G9, el cese de Cardenales, el embargo a enteras Conferencias o la caída estrepitosa de altos personajes. De sobra sabemos que eso y más es parte de nuestra constitución y de nuestros procesos. El Papa Francisco y Usted mismo, en repetidas ocasiones, nos han pedido estar vigilantes, depurar y erradicar esos gérmenes ahora que mañana podrían desembocar en tragedias.

Señor Cardenal: estamos empeñados en formar muchos sacerdotes, buenos sacerdotes, sólo eficientes operarios de los campos del Señor.

 

Guadalajara, Jalisco, 11 de febrero del 2019



[1] Presbítero del clero de Guadalajara (1982), licenciado en Historia de la Iglesia.

[2] Mt 10, 16

[3] Mt 9,37-38

[4] St. 5, 5



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