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Xavier Zubiri: El hombre y Dios

Fernando Carlos Vevia Romero[1]

 

Esta colaboración alude al contenido de un improvisado libro del filósofo español Xavier Zubiri, a quien sorprendió la muerte el 21 de septiembre de 1983, al tiempo que lo escribía.[2]

 

 

Un año después de la muerte de Zubiri, Ignacio Ellacuría presentó una primera edición del libro, utilizando los textos que le parecieron más representativos. La edición de 2012 presenta una revisión de los textos ya publicados, a los que se añadieron otros inéditos, que pueden considerarse como su versión definitiva de temas relativos al pensamiento de Zubiri sobre el problema de Dios. Una vez más, acude a mi mente la única conferencia que pude escuchar al maestro Zubiri, el año 1958 en la Universidad de Alcalá de Henares. Oírle hablar era una experiencia parecida a la que presentan muchas veces en los films de la llamada ciencia-ficción, cuando abren una puerta a otras dimensiones, a otros universos.

El respeto profundo que manaba de él hacia sus oyentes, sus puntos de vista originales, hicieron que muchos alumnos sintiéramos por primera vez, quizás, lo que es la filosofía.

El P. Luis Martínez Gómez, traductor del alemán al español de los dos tomos de Historia de la Filosofía,[3] en la Síntesis de Historia de la Filosofía española, que fue unida al final del segundo tomo, juzgaba así a Zubiri:

 

El espíritu de seriedad científica es llevado a la filosofía en mayor grado por Xavier Zubiri, pensador independiente, en quien se sintetizan de modo singular las dos tendencias generalmente enfrentadas en España: saber antiguo y pensamiento moderno. Zubiri aporta a la filosofía una preparación personal excepcionalmente rica; por un lado, un conocimiento profundo de las Ciencia Naturales en su progreso actual, y por otro un sentido tradicional y teológico emanado de su primera formación. […] Zubiri cree en la filosofía […] convencido de que los caminos de la filosofía no son caminos cerrados para el hombre.

 

El libro de Zubiri que tenemos en las manos y que lleva por título El hombre y Dios coloca en el centro de su estudio “el saber acerca de Dios como el problema radical de Dios para el hombre de hoy”. Ese “hombre de hoy” para el autor sería el intelectual que hubiera superado las terribles pruebas de las dos guerras mundiales, la pareja de existencialismo y socialismo y sus diversas ramificaciones. No podemos aplicar el texto directamente a las circunstancias del hombre de hoy, el que lleva ya algunos años del siglo xxi.

Pero hay un aspecto que se continúa en el hombre-mujer (dada la creciente influencia del feminismo, de la presencia de la mujer en la política, los deportes, las finanzas, la vida universitaria, etcétera, hay que utilizar un neologismo, o usar la expresión: “los seres humanos de hoy”, o tomar conciencia de lo que existe desde hace tiempos remotos, a saber: sustantivos colectivos, como “hombre” que incluye a todos los humanos; “hermanos” que incluye a todos los miembros de una sociedad, hombres y mujeres), en los “hombres”, decíamos, de nuestros días. Ese aspecto es la actitud radical que Zubiri describe así:

 

Para el ateo no solamente no existe Dios, sino que ni siquiera existe un problema de Dios  […] Estima que la realidad de Dios es algo cuya justificación incumbe sólo al creyente. Pero eso mismo acontece al teísta. El teísta cree en Dios, pero no vive a Dios como problema […] El creyente siente casi como un contra-ser pensar que su fe sea sólo la solución a un problema. El hombre actual, pues, sea ateo o teísta, pretende que no tiene en su realidad vivida un problema de Dios.[4]

 

Lo que Zubiri plantea es que una cosa es la firmeza de un estado de creencia y otra su justificación intelectual. Éste es su punto de partida. Pero no para confirmar una teoría teológica en favor o en contra. Lo que él busca es un análisis de hechos, un análisis de la realidad humana en cuanto tal, tomada en y por sí misma. Trata de encontrar una dimensión del hombre: “la ultimidad de lo real”, que llamará provisionalmente dimensión teologal del hombre. ¿Cómo enfocar la cuestión?

Su análisis de la realidad humana comienza con la constatación de que el hombre es una realidad no hecha de una vez por todas; tiene que ir realizándose en un sentido muy preciso. Ésta es una idea de Nietzsche, magistralmente desarrollada por Arnold Gehlen en el siglo xx en su obra magna Der Mensch (El hombre).[5] Zubiri hace radicar ahí su concepto de religación. En ella el hombre está enfrentado con el poder de lo real, pero de un modo optativo. Es una marcha experiencial hacia el fundamento del poder de lo real. Es experiencia fundamental. Puede ser el descubrimiento de Dios en la marcha intelectiva de la religación. Es un tanteo que se refiere al poder de lo real en cuanto tal.

En la primavera del año 1983, a partir de la conferencia que torpemente hemos reseñado, volvió sobre este tema, revisando y corrigiendo. No se trata tanto de demostrar que existe Dios como de mostrar que algo que existe es Dios. El problema de Dios, en tanto que problema, no es un problema cualquiera, arbitrariamente planteado por la curiosidad humana, sino que es la realidad humana misma en su problematismo constitutivo. De esta dimensión hemos de partir para toda ulterior consideración de lo que fuere Dios.

Entiende por teologal un concepto que expresa no algo teológico, sino algo previo a toda teología.

Ya antes que Zubiri, José Ortega y Gasset (1883-1955) hizo de la realidad humana en su concreto vivir histórico el centro de su atención. Trató de incorporar a los sistemas filosóficos los lados individuales y “circunstanciales” de la vida. Al sujeto concreto, cansado o decepcionado por los excesos lógicos del formalismo neokantiano, le preparó para el existencialismo del siglo xx. Llegó a decir: “el tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad”.[6] Vemos en estas constataciones un moderado resurgir en Zubiri.

Con respecto a Manuel García Morente (1886-1942), quien también tuvo una formación filosófica europea, especialmente alemana y en concreto de Marburgo, se podría citar en ambos que caminan desde Kant hacia una teoría de los valores, que pone al hombre en el centro de un progresivo avance a lo largo de la historia. Lo más destacable de Morente sigue siendo el hecho de que fue un gran maestro. Gracias a la publicación que la Editorial Porrúa, hizo en su colección “Sepan cuantos…” de su Introducción a la filosofía,[7] muchos estudiantes mexicanos pudieron conocer y aprovechar su claridad expositiva. A pesar de su parecido con Zubiri en que ambas filosofías abren su espíritu a la realidad transcendente, a la verdadera metafísica, Morente mantuvo la seriedad y rigor del trabajo filosófico. Por eso saludaba con alegría el método fenomenológico de Husserl, pues pensaba que con ese método la filosofía volvía a ser ontología, teoría del ser, y no lógica ni psicología.

Entiendo que es importante que haya vuelto Zubiri a las librerías, aplaudiendo su idea de que no basta la certeza individual de las creencias, sino que es conveniente su elaboración intelectual. Ha llegado precisamente por estas fechas un título que podría ser exponente de lo que podríamos llamar tentativamente “ateísmo desolador” y que debe llamar nuestra atención de amantes de la filosofía. El libro se llama Sapiens. De animales a dioses. Su autor es Yuval Noah Harari.[8] Creo necesario hacer una larga cita, aunque como dice el autor “nos hayamos retorcido en la silla” con su lectura.

 

Del mismo modo que las personas no fueron creadas, tampoco existe, según la ciencia de la Biología, un Creador que las dote de nada. Sólo existe un proceso evolutivo ciego, desprovisto de cualquier propósito…

Asimismo los derechos no existen en Biología… Las aves vuelan no porque tengan el derecho de volar, sino porque poseen alas… ¿La libertad? En Biología no existe tal cosa. La libertad es una invención que sólo existe en la imaginación.                                    

 

 Y termina su libro con esta reflexión:

 

Dioses hechos a sí mismos, con sólo las leyes de la física para acompañarnos, no hemos de dar explicaciones a nadie. En consecuencia causamos estragos a nuestros socios animales y al ecosistema que nos rodea […] ¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?

 

¿Es posible hablar con una persona, que usa solamente hipótesis, suposiciones no probadas, y afirmaciones dogmáticas? No lo sé. Pero el filósofo haría bien en reflexionar sobre todo esto, para que cuando se encuentre con alguna persona que sea honrada en sus dudas y quiera de verdad una orientación, dar razón de sus convicciones. Así lo recomendaba el gran maestro espiritual y hombre de letras Fray Luis de Granada, quien en su libro Introducción del símbolo de la fe escribía:

 

Solamente me pareció añadir a los catecismos ya hechos una introducción algo copiosa, para mejor se entendiesen y afectuosamente se sintiesen los principales misterios de nuestra fe […] Y aunque esta doctrina en todo tiempo sea necesaria (pues nos manda el apóstol San Pedro que estemos aparejados para dar razón de la fe que profesamos) pero en este tiempo parece ser esto más necesario, donde la fe católica y la navecica de San Pedro han padecido tantas tempestades.

[Asimismo, aunque los maestros] estén puros y limpios de esta pestilencia, todavía porque el sonido de las herejías que corren no pueden dejar de llegar a nuestros oídos, no será fuera de propósito esclarecer y confirmar los ánimos de los fieles en esta santa fe, declarándoles la excelencia, la hermosura y las conveniencias y consonancias suavísimas que hay en ella.[9]

 

Merece Fray Luis de Granada ser patrono de los ecologistas y de todos los que aman el mundo, los animales y las plantas. Su observación y su amor a toda la creación brotan constantemente en su tratado. Así por ejemplo, al tratar del descubrimiento de que hay un “Sapientísimo Gobernador” que sostiene con su Razón al mundo entero, llama su atención un nido de golondrinas.

 

Porque vemos que todos los animales brutos hacen todo aquello que conviene a su conservación, tan a propósito como si tuvieran razón, y sabemos que no la tienen, hemos de confesar que hay una razón universal: ¿de qué otra manera hicieran su nido las golondrinas, si tuvieran razón, que como lo hacen? ¿Y de qué otra manera cuidaran sus hijos sino como los crían? ¿Y de cuál otra manera repartieran tan igualmente el trabajo de su creación sino como lo reparten? ¿Y de qué otra manera mudaran los aires y las regiones en sus tiempos sino como los mudan?[10]

 

            Ambos son necesarios: el que enseña con una fe afectuosa, positiva, optimista, a amar el mundo y creer en su creación, como Fray Luis de Granada (el otro: Fray Luis de León, el de Los nombres de Cristo, también es maravilloso), y el que puede dialogar fríamente con la Ciencia y la Filosofía, como el maestro Zubiri, cuya memoria nos fue renovada con esa edición de su última obra.

 

Guadalajara, 21 de agosto del 2018



[1] Maestro  Emérito  de  la  Universidad  de  Guadalajara,  licenciado  en  Filosofía  por  la  Universidad  de Comillas,  licenciado  en  Filosofía  y  Letras  por  la  Universidad  Complutense  de  Madrid,  doctor  en  Filosofía  por  la  Universidad  de  Comillas,  después  de  cuatro  años  de  posgrado  en  la  Universidad  de  Deusto  en  las  mismas  disciplinas.  Profesor,  investigador y  traductor.

[2] Aquí se usó la edición de esta obra publicada en Madrid por Alianza Editorial en el año 2012. Este Boletín agradece a su autor haber elegido sus páginas para divulgar el presente texto, apenas escrito.

[3] Barcelona, Herder, 1978.

[4] “El problema teologal del hombre”, en Teología y mundo contemporáneo, Madrid, Cristiandad, 1975, p. 55 ss.

[5] Fráncfort del Meno, Klostermann, 1993.

[6] El tema de nuestro tiempo, Madrid, Revista de Occidente, 1966, p. 58.

[7] Es el número 164 de la colección.

[8] Barcelona, Debate, 2014.

[9] Introducción del símbolo de la fe, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1996, p. 10.

[10] Cf. M. Rivadeneyra, Obras del V. P. Fray Luis de Granada, 1846, p. 605.



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