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Frente: Mons. Francisco Orozco y Jiménez (1920).

Cuarta de Forros: Superiores y alumnos de la preceptoría de Ayo el Chico, Jalisco (1918)

Fotografías del acervo del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara

 

Se aprecia en esta fotografía al arzobispo de Guadalajara a la edad de 56 años, en la plenitud de sus fuerzas y facultades, y en una postura del todo natural y espontanea que lo describen. En el anverso del retrato leemos: “A mi querida prima Lupilla, México, octubre 24 de 1920. Francisco, arzobispo de Guadalajara (Sr. Luis Jiménez)”.

El año de 1920 trajo a la Iglesia en Guadalajara una breve tregua en lo que respecta al anticlericalismo ardoroso y gratuito de los gobiernos civiles emanados de la revolución mexicana. Eso se debió a las luchas intestinas entre las facciones, no a un cambio de postura ante el radicalismo de los artículos vejatorios de la libertad religiosa que había recogido la Constitución Mexicana de 1917. Por ejemplo, ese año hubo en Jalisco cuatro gobernadores.

La arquidiócesis de Guadalajara había recibido, el 17 de junio de 1919, como un consuelo de la Santa Sede, el privilegio de la coronación pontificia de la venerable imagen de nuestra Señora de Zapopan, coyuntura que aprovechó el arzobispo Orozco y Jiménez para articular a los elementos del catolicismo social que se habían dispersado luego de la liquidación y ostracismo jurídico del Partido Católico Nacional, toda vez que, según sus palabras, “los peligros del socialismo nos obligan a redoblar nuestros esfuerzos para impedir que estas tendencias vayan a desviarse y causen la ruina social y, sobre todo moral, del pueblo”.

            En 1920, pues, se dispuso la celebración de un Curso Social y Agrícola que habría de inaugurarse el 18 de enero de 1921 en Zapopan, contándose entre los expositores a Manuel F. Chávez, Miguel Palomar y Vizcarra, Mauro H. González y José María Gutiérrez Hermosillo; al canónigo José Mercedes Esparza, el licenciado Pedro Vázquez Cisneros, el doctor José Toral Moreno, el licenciado Efraín González Luna, el presbítero Manuel Yerena, el licenciado Anacleto González Flores y el señor obispo don Juan Navarrete; hicieron uso de la palabra el jesuita Alfredo Méndez Medina y el licenciado Carlos Blanco. También intervinieron los prelados de Cuernavaca, don Manuel Fulcheri y de Zacatecas, don Miguel M. de la Mora. Participaron en él, entre otros, Miguel Gómez Loza, Agustín Yáñez, Jesús González Gallo, Salvador Chávez Hayhoe, Luis B. Beltrán y Mendoza, Luis Padilla, Ildefonso Loza Márquez, Miguel Darío Miranda, José Cornejo Franco, J. Pilar Quezada y Agustín S. Caloca.

 

Con la clausura del Seminario Conciliar de Guadalajara, en 1914, las parroquias cabecera de foranías, abrieron grupos escolares, como el que aquí aparece, con esta leyenda en el anverso: “Ilmo. ac Rvmo. D. D. D. Francisco Orozco et Jiménez, in signum gratitudinis et amoris hoc minusculum seminarium Aiense consecrat iv.xiii.mcmxviii” (“Como signo de gratitud y amor, el pequeño Seminario de Ayo [el Chico, Jalisco] consagra [este retrato] al ilustrísimo y reverendísimo señor doctor don Francisco Orozco y Jiménez.  23 de abril de 1918)”.

 

N. B. Por error, en la edición de junio del año en curso se asentó esta dedicatoria a un grupo que corresponde a la preceptoría de Tequila

 

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