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Circulares

 

Circular 38/2013

 

Colecta anual de la cooperación diocesana

A los sacerdotes, religiosos y fieles laicos:

Que Dios, Padre de misericordia, nos conceda a todos un corazón generoso para compartir los dones que Él mismo nos ha dado.

La Iglesia católica es consciente de que “la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (Sant. 2,17) por eso, porque la Iglesia quiere expresar la vitalidad de su fe, necesita seguir promoviendo las diversas obras de caridad, la ayuda a templos en construcción, los subsidios a parroquias pobres, la atención médica de los sacerdotes y el sostenimiento de los sacerdotes jubilados, etcétera. Al respecto, podemos recordar las palabras del Papa Francisco: “Quisiera que todos se hicieran una pregunta… ¿Me inclino para ayudar a quienes están en dificultad, o tengo miedo de ensuciarme las manos? ¿Estoy encerrado en mí mismo, en mis cosas, o me cercioro de que otros necesitan ayuda? ¿Me sirvo solo a mí mismo, o sé servir a los demás como Cristo, que vino a servir hasta dar su propia vida? ¿Miro a los ojos de los que buscan la justicia, o dirijo la mirada hacia otro lado para no mirarles a los ojos?” (Discurso con ocasión de la visita al Centro Astalli, Servicio Jesuita a disposición de los refugiados que llegan a Roma, 10 de septiembre de 2013).

La colecta anual de la cooperación diocesana es una manifestación de auténtica caridad cristiana y de la comunicación de bienes, a ejemplo de la primitiva comunidad cristiana, como nos recuerda san Lucas: “Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno” (Hch. 2,42-47), además, al entregar cada uno su cooperación, da cabal cumplimiento al 5º Mandamiento de la Santa Madre Iglesia: “ayudar a la Iglesia en sus necesidades”, cada uno según sus posibilidades.

            Exhorto, en primer lugar, a los párrocos y rectores de templos, a que ellos mismos sean conscientes de la importancia de esta colecta, que deben promover con diligencia y que deben entregar íntegramente, como un deber en conciencia, como buenos administradores que son de los bienes que se les han confiado, sepan que de esta colecta depende en gran medida el importante subsidio que se da a la Mutual del Clero y a las jubilaciones de los sacerdotes ancianos. Al promover en sus comunidades la cooperación diocesana anual procuren exponer el sentido auténtico de esta cooperación, a partir de la Palabra de Dios, y suscitar la comunión de bienes de todos los fieles, para que sean corresponsables en ayudar a las necesidades económicas propias de la arquidiócesis de Guadalajara, según lo prescribe la Iglesia (cf. CIC, can. 222 y 1260).

Les recuerdo los criterios que se han de tener en cuenta para la colecta:

A los comerciantes, empresarios y profesionistas, se les solicita una aportación equivalente a un día de utilidades al año; lo mismo a los ganaderos y campesinos.

A las personas que con su trabajo obtienen más del doble del salario mínimo, se les pide colaborar con el salario de un día.

Las personas que obtienen ingresos menores al doble del salario mínimo general, no tienen esta obligación, pero pueden ofrecer lo que crean conveniente.

Esta colecta ha de ser organizada por los párrocos y rectores de templos, con toda dedicación, repartiendo los sobres en el templo, el primer domingo de diciembre; o, como hacen algunos párrocos, entregándolos a domicilio, con ayuda de los laicos, a fin de que los fieles puedan depositar su cooperación y llevarla al templo en el domingo siguiente, 8 de diciembre. Como en otros años, se pide que también la colecta que se hace en el templo ese día, se sume a la colecta diocesana, dejando en el templo, lo necesario para cubrir los gastos de la semana.

Lo colectado se entregará a la caja del arzobispado, separando lo que se recibe en los sobres y lo correspondiente a la colecta. Se les enviará, oportunamente, el material que ha de ser utilizado en esta ocasión.

Ruego a Dios, que inculque en todos nosotros el verdadero espíritu de compartir, para que demos con coherencia un eficaz impulso a la tarea de la Nueva Evangelización.

Guadalajara, Jalisco, a 8 de noviembre del 2013

 + José Francisco Card. Robles Ortega

Arzobispo de Guadalajara

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.

Secretario Canciller

 

Circular 39/2013

 

Falleció el señor presbítero don David Reynoso Manríquez

Al presbiterio diocesano:

Reciban un fraterno y cordial saludo en el Señor Jesús.

El eminentísimo señor cardenal José Francisco Robles Ortega me ha encomendado comunicarles el deceso de nuestro hermano sacerdote el señor presbítero don David Reynoso Manríquez,quien ha dejado este mundo, para reunirse con nuestro Padre Dios, que lo ha llamado a su Casa en el Cielo, cumpliendo así lo que dijo el Señor Jesús: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes” (Jn 14,2-4).

El presbítero don David Reynoso Manríquez, nació en Santa Rita, Ayotlán, Jalisco, el 29 de diciembre de 1925, ingresó al Seminario Auxiliar de San Juan de los Lagos en 1943, posteriormente pasó al Seminario de Señor San José, en Guadalajara. Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de noviembre de 1953, en Guadalajara, Jalisco. Estaba por cumplir sus 60 años como sacerdote de Cristo. Desempeñó su ministerio sacerdotal como vicario de las parroquias de El Señor de la Misericordia, en Guadalajara, Nochistlán, Zacatecas, Jalostotitlán, Jalisco, fue secretario provisional y profesor del SeminarioMenor de Guadalajara, fungió como capellán de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado, en Guadalajara.Estuvo como adscrito en la parroquia de Fátima. Fue primero vicario y posteriormente párroco de la Santísima Trinidad. Además fue Asesor,por muchos años, del Movimiento “Familias Educadoras en la Fe”. Falleció el 2 de octubre del 2013, en Guadalajara, Jalisco.

El padre don David Reynoso Manríquez, fue un sacerdote trabajador, amable y respetuoso con todos, dedicado especialmente a la catequesis y a la formación cristiana de los niños junto con sus padres, buen compañero, prudente, responsable, dedicado, generoso y entregado. Ejerció un ministerio pastoral fecundo hasta el final de sus días.

Unámonos en la misma plegaria para pedir por nuestro hermano sacerdote don David Reynoso Manríquez, para que Dios lo haga gozar de la felicidad eterna de su reino. Nuestra oración también la ofrecemos por el pronto consuelo de quienes lloran su partida, con la esperanza de volvernos a encontrar para siempre, gozando de la presencia de nuestro amoroso Creador.

Guadalajara, Jalisco, a 7 de octubre del 2013

 

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.

 

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