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Circulares

 

Circular 37/2012

 

Falleció el señor presbítero don Pablo Iñiguez Jáuregui. (1922 - 2012)

A los miembros del presbiterio diocesano:

Les envío un saludo fraterno y deseo que la apertura del Año de la Fe renueve la alegría de transmitir el Evangelio.

Me encomienda el eminentísimo señor cardenal don José Francisco Robles Ortega, notificarles que el señor presbítero don Pablo Iñiguez Jáuregui, ha partido a la Casa del Padre, en espera de la recompensa de los operarios fieles, según nos lo hace saber el libro de la Sabiduría: “Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento. A los ojos de los insensatos parecían muertos; pero ellos están en paz” (3, 1-3).

El señor presbítero don Pablo Iñiguez Jáuregui nació en Mexticacán, Jalisco, el 29 de mayo de 1922. Realizó sus estudios en el Seminario de Guadalajara de 1941 a 1954 y recibió la ordenación sacerdotal el 17 de diciembre de 1955. Desempeñó su ministerio sacerdotal como vicario de Amatlán de Jora, Oconahua, Buenavista, Puente Grande y Nochistlán. Fue capellán de El Salitre, Aguascalientes y La Laja. Fungió como administrador parroquial de Nochistlán y estuvo como adscrito a esa misma parroquia. Falleció en Guadalajara, Jalisco, el 28 de septiembre del 2012.

El padre don Pablo Iñiguez Jáuregui fue un hombre sencillo, alegre, servicial, honesto, amable con sus fieles y fraterno con sus compañeros, supo adaptarse a las personas y situaciones en las comunidades en donde ejerció su ministerio.

Quiera Dios conceder a nuestro hermano Pablo, el premio de la eterna bienaventuranza, en la cual creyó y anheló durante toda su vida, especialmente en la última etapa, durante la cual dio pruebas de admirable fortaleza en medio de sus quebrantos físicos.

Guadalajara, Jalisco, a 1 de octubre del 2012

Mons. Juan Pablo Preciado Ramírez

Secretario

 

Circular 39/2012

 

La cooperación diocesana. Diciembre 2012

A los   sacerdotes, religiosos y fieles laicos:

Que Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos conceda en este Año de la fe, una caridad ardiente que nos lleve a compartir con generosidad los dones espirituales y materiales que Él mismo nos ha dado.

La arquidiócesis de Guadalajara necesita seguir promoviendo las obras de caridad, la ayuda a templos en construcción, los subsidios a parroquias pobres y la previsión social de los sacerdotes. Al respecto, debemos recordar la exhortación del apóstol Pablo a los cristianos de Corinto, cuando se dirigió a ellos con motivo del hambre que se padecía en Jerusalén: “Y del mismo modo que sobresalís en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que os hemos comunicado, sobresalid también en esta generosidad. No es una orden; sólo quiero, mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de vuestra caridad. Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza” (2 Cor. 8,7-9).

La colecta anual de la cooperación diocesana es una manifestación de la caridad fraterna y de la comunicación de bienes, según las palabras del Señor Jesús “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hch. 20,35), además, al dar nuestra colaboración, cumplimos con el mandamiento de “ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales, cada uno según sus posibilidades”.

Los párrocos y rectores de templos, han de promover en sus comunidades la cooperación diocesana anual. Procuren exponer el sentido auténtico de esta cooperación, a partir de la Palabra de Dios, y suscitar la comunión de bienes de todos los fieles, para que sean corresponsables en ayudar a las necesidades económicas propias de la Arquidiócesis de Guadalajara, según lo prescribe la Iglesia (cf. CIC, can. 222 y 1260).

Les recuerdo los criterios que se han de tener en cuenta para la colecta:

A los comerciantes, empresarios y profesionistas, se les solicita una aportación equivalente a un día de utilidades al año; lo mismo a los ganaderos y campesinos.

A las personas que con su trabajo obtienen más del doble del salario mínimo, se les pide colaborar con el salario de un día.

Las personas que obtienen ingresos menores al doble del salario mínimo general, no tienen esta obligación, pero pueden ofrecer lo que crean conveniente.

Esta colecta ha de ser organizada por los párrocos y rectores de templos, con toda dedicación, repartiendo los sobres en el templo, el primer domingo de diciembre; o, como hacen algunos párrocos, entregándolos a domicilio, con ayuda de los laicos, a fin de que los fieles puedan depositar su cooperación y llevarla al templo en el domingo siguiente, 9 de diciembre. Como en otros años, se pide que también la colecta que se hace en el templo ese día, se sume a la colecta diocesana, dejando en el templo, lo necesario para cubrir los gastos de la semana.

Lo colectado se entregará a la caja del arzobispado, separando lo que se recibe en los sobres y lo correspondiente a la colecta. Se les enviará, oportunamente, el material que ha de ser utilizado en esta ocasión.

Ruego a Dios que inculque en todos nosotros el verdadero espíritu de compartir, para que hagamos así más creíble la Nueva Evangelización.

Guadalajara, Jalisco, a 7 de noviembre del 2012

+ José Francisco Card. Robles Ortega

Arzobispo de Guadalajara

Mons. Juan Pablo Preciado Ramírez

            Secretario

 

Circular 40/2012

 

Falleció el señor presbítero don J. Trinidad Razo Rodríguez (1929-2012)

A los miembros del presbiterio diocesano:

Les envío un saludo fraterno, deseando que la fe en Cristo, que vive eternamente, los renueve en su ministerio sacerdotal, en este Año de la fe.

Me encomienda el eminentísimo señor cardenal don José Francisco Robles Ortega, notificarles que el señor presbítero don J. Trinidad Razo Rodríguez, ha participado de la Pascua de Cristo, como nos lo recuerda el apóstol: “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos, ya muramos, del Señor somos, porque Cristo murió y volvió a la vida precisamente para ser Señor de muertos y vivos” (Rm 14, 8-9).

El señor presbítero don J. Trinidad Razo Rodríguez, nació el 28 de abril de 1929 en La Tinajera, Degollado, Jalisco, el 28 de mayo de 1942. Ingresó al Seminario Conciliar de Guadalajara y recibió la ordenación sacerdotal el día 17 de diciembre de 1955. Desempeñó su ministerio como vicario en Quitupan, Jalisco, La Capilla de Guadalupe, El Triunfo, Jalisco, Jalostotitlán, San Andrés y Nuestra Señora de Fátima. Fue párroco de San Lucas Evangelista, Madre Santísima de la Luz, San Onofre y Nuestra Señora de Fátima. Desempeñó por varios periodos el oficio de decano en diferentes decanatos y fue asesor de los Obreros Católicos. Falleció el 5 de noviembre del 2012, en Guadalajara, Jalisco.

El padre don J. Trinidad Razo Rodríguez, fue un hombre de oración, estudioso, servicial, alegre, comunicativo, sencillo, trabajador, lleno de celo pastoral, supo colaborar en equipo, buen compañero, edificante y responsable en lo que se le confió.

Que Cristo resucitado, reciba en la asamblea de los santos a nuestro hermano sacerdote J. Trinidad y le otorgue el premio de los servidores fieles, que desempeñaron su ministerio para el bien de las comunidades.

Guadalajara, Jalisco, a 7 de noviembre del 2012

Mons. Juan Pablo Preciado Ramírez

Secretario

 

Circular 41/2012

 

Indulgencias plenarias por el Año de la Fe

A los sacerdotes, religiosos y fieles laicos:

Que Dios Padre, nos conceda en este Año de la fe, renovar nuestra adhesión a su Hijo Jesucristo y a las verdades de fe que son el fundamento de la Iglesia.

Como ya están ustedes informados: “En el día del cincuenta aniversario de la solemne apertura del Concilio Vaticano ii… el Sumo Pontífice Benedicto xvi ha establecido el inicio de un Año particularmente dedicado a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación, con la lectura y la atenta meditación de los documentos del Concilio y de los artículos del Catecismo de la Iglesia Católica.

Dado que se trata ante todo de desarrollar en sumo grado -por cuanto sea posible en esta tierra- la santidad de vida y de obtener, por lo tanto, en el grado más alto la pureza del alma, será muy útil el gran don de las Indulgencias, que la Iglesia, en virtud del poder que le ha conferido Cristo, ofrece a todos aquellos que, con las debidas disposiciones, cumplan las prescripciones especiales para lucrarlas” (Decreto de la Penitenciaría Apostólica, 14 de septiembre de 2012).

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que: “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos. La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Todo fiel puede conseguir para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias.

Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la ‘pena eterna’ del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la ‘pena temporal’ del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena.

El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del hombre viejo y a revestirse del hombre nuevo (cf. Ef 4,24)” (nn. 1471-1473).

Asimismo, les recuerdo que el fin de las indulgencias “no consiste solamente en ayudar a los fieles a pagar las penas del pecado, sino también a impulsarlos a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad, especialmente las que contribuyen al aumento de la fe y al bien común” (Indulgentiarum doctrina 11 de enero de 1967, n. 8). La búsqueda de esas finalidades es lo que lleva a la Iglesia a anunciar las indulgencias y a convocar los jubileos.

“Durante el Año de la fe entero, convocado desde el 11 de octubre de 2012 hasta todo el 24 de noviembre de 2013, podrán lucrar la Indulgencia plenaria de la pena temporal por los propios pecados impartida por la misericordia de Dios, aplicable en sufragio de las almas de los fieles difuntos, todos los fieles verdaderamente arrepentidos, que se hayan confesado debidamente, que hayan comulgado sacramentalmente y que oren según las intenciones del Sumo Pontífice:

1. Cada vez que participen al menos en tres momentos de predicación durante las Sagradas Misiones, o al menos, en tres lecciones sobre los Actos del Concilio Vaticano II y sobre los artículos del Catecismo de la Iglesia en cualquier iglesia o lugar idóneo” (cfr. Decreto de la Penitenciaría Apostólica, 14 de septiembre de 2012).

2. Cada vez que visiten en peregrinación y participen en una ceremonia sacra o, al menos, se recojan durante un tiempo en meditación y concluyan con el rezo del Padre nuestro, la profesión de fe en cualquier forma legítima, las invocaciones a la Virgen María y, según el caso, a los santos apóstoles o patronos en los siguientes lugares: la Catedral Metropolitana, el templo Expiatorio, el Santuario de los Mártires, la Basílica de Zapopan, Santa Cecilia, el Señor de la Misericordia en Ocotlán, San Francisco de Asís en Chapala, el Señor Grande en Ameca, San Francisco de Asís en Nochistlán, el Señor de los Rayos en Temastián.

3. “Cuando participen en la solemne celebración eucarística o en la liturgia de las horas, añadiendo la Profesión de fe en cualquier forma legítima en las fiestas del Señor (excepto los domingos) y de la Santísima Virgen María, en la Visita de la imagen de la Virgen de Zapopan y en las fiestas patronales de cada comunidad.

4. Un día, elegido libremente, durante el Año de la fe, para visitar el baptisterio o cualquier otro lugar donde recibieron el sacramento del Bautismo, si renuevan las promesas bautismales de cualquier forma legítima.

El obispo diocesano impartirá la bendición Papal con la Indulgencia plenaria, a los fieles que la reciban con devoción, en las Solemnidades de Navidad, Pascua y Pentecostés.

Los fieles que por enfermedad o causa justa, no puedan salir de casa o del lugar donde se encuentren, podrán obtener la indulgencia plenaria, si unidos con el espíritu y el pensamiento a los fieles presentes, particularmente cuando las palabras del Sumo Pontífice o de los obispos diocesanos se transmitan por radio o televisión, recen, allí donde se encuentren, el Padrenuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima y otras oraciones conformes a la finalidad del Año de la fe ofreciendo sus sufrimientos o los problemas de su vida” (cfr. ibíd.).

Exhorto a los sacerdotes diocesanos y religiosos que transmitan con vivo entusiasmo la fe cristiana y que estén siempre dispuestos a ofrecer el Sacramento de la Penitencia a los fieles en horarios generosos y lugares dignos. Tienen la facultad de absolver los pecados reservados al obispo: Los canónigos y los monseñores, los vicarios episcopales en sus vicarías, los sacerdotes que ofrezcan el sacramento de la reconciliación en las iglesias asignadas para ganar la indulgencia plenaria.

Le confiamos a María Santísima, Madre de Dios y de los creyentes, el Año de la fe, para que brille como estrella, en el camino de la Nueva Evangelización.

Guadalajara, Jalisco, a 7 de noviembre del 2012

+ José Francisco Card. Robles Ortega

Arzobispo de Guadalajara

Mons. Juan Pablo Preciado Ramírez

            Secretario

 

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