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Morrow, embajador de las sectas

Sensacionales declaraciones de un protestante americano

 

Anónimo[1]

 

Este testimonio formó parte de los impresos clandestinos divulgados por la resistencia activa de los católicos encabezaba desde 1926, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, para cuyos integrantes, como se puede ver, el complot entre el judaísmo, la masonería y el protestantismo –y a veces el bolcheviquismo- era uno.[2]

 

Leemos en un gran rotativo francés:

            Existe en New York una organización denominada International Civic Organisation cuya verdadera finalidad ignoramos; pero para los que nos interesa, esta organización ha solicitado de hombres distinguidos, cualquiera que sea su raza y religión, su opinión sobre México, en vista de la reciente conferencia de La Habana. He aquí cómo se expresa el doctor Robert Grenfield:

 

Soy protestante y partidario de la masonería. Al juzgar los acontecimientos anticatólicos de México, me propongo, más que denunciar las injusticias cometidas contra el catolicismo, defender a mi país. Esto dicho, comienzo por hacer esta observación: puestos aparte algunos directores de ciertas sectas protestantes y algunos masones eminentes, reprobamos todos, masones y protestantes, la manera bárbara con la que el gobierno de Plutarco Elías Calles ha combatido a los fieles de la religión católica.

Los radicales mexicanos descubrieron bien pronto que ciertos elementos del protestantismo y de la masonería de los Estados Unidos simpatizaban con la idea de destruir el catolicismo. Esperando por esta táctica ganar el apoyo americano para realizar todo su programa revolucionario, los políticos mexicanos se pusieron en relación con las instituciones anticatólicas. Estas trabajaron con éxito hasta el punto de hacer enviar a México, como embajador a Mr. Dwigth Morrow, quien es bienhechor de diversas iglesias y depositario de sus fondos.

Claro está que los Estados Unidos no permitirán a los radicales mexicanos llevar adelante su programa revolucionario, más que en la medida que esto pueda servir a los intereses de sus políticas. Pero para la lucha de exterminio contra el catolicismo, estamos bien de acuerdo protestantes y masones y hemos acordado al gobierno de Calles una ayuda leal bastante considerable.

La razón de nuestra conducta es bien sencilla. El catolicismo es una religión muy absorbente. En pocos años se ha apoderado del 15% de la población de nuestro país y amenaza invadir las altas esferas de nuestro gobierno. Las iglesias protestantes tienen pocos fieles, bien que se les ofrezcan alimentos, vestidos y dinero a fin de atraer adeptos; los templos católicos, no obstante que se les pide a los creyentes para los gastos del culto, están llenos de fieles asiduos. Es un absurdo que contraría mucho a los directores del protestantismo.

La civilización americana ha favorecido al mundo entero desde el punto de vista material, es natural pues que deseemos ejercer una supremacía espiritual. La América Latina debería estarnos reconocida del esfuerzo por el cual consagramos millones de dólares a la difusión del Evangelio, por medio de instituciones tan útiles como la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA y YWCA) y las misiones.”

“Salir del catolicismo para entrar en el campo muy vasto del protestantismo es, sin duda, alguna, un progreso. Además, nosotros los americanos siempre hemos creído que el catolicismo es un obstáculo insuperable al proyecto de fusionar en una vasta anfictionía todos los países  del continente americano”.

“Es el primer reproche que los anglosajones hacemos al catolicismo español, por haber producido una raza híbrida que nos ha impedido aceptar la unión con países ricos en verdad, pero habitados por un pueblo que estimamos de cultura inferior. El protestantismo, más práctico, más consciente de la libertad ha admitido como una necesidad, o bien exterminar a los indios, o bien reducirlos en “reservas” a fin de impedir el mestizaje”

            “Desde este punto de vista, nosotros, protestantes de América, no podemos ver más que con simpatía el movimiento anticatólico del presidente Calles, y con buen derecho lo esperábamos de él, puesto que es nacido en territorio de nuestro país, en Arizona, aquí ha hecho sus estudios y ha predicado el evangelio como pastor de una de nuestras iglesias”.

“Pero lo repito, en gran mayoría reprobamos las medidas de rigor extremo empleadas en el país vecino. Y es por esto que he dado mi adhesión a la International Civic Organisation. Además, cuando el general Calles haya destruido el catolicismo, intentará, bajo la influencia de los radicales, hacer lo mismo con las demás religiones. Esto sería contrario a las instituciones de los estados Unidos.”

“Sucede que el vigor de mi país tiende a manifestarse más allá de sus fronteras. Por lo demás, los hispano americanos, que hablan con frecuencia de nuestro imperialismo, no tienen que temer ni de los políticos de Washington, ni de los lobos de Wall Street, ni de los capitanes de industria, ni de los filibusteros. El movimiento americanista actual es civilizador; el imperialismo americano tiene sus raíces al presente en los consejos del episcopalismo protestante y en la masonería. Y esto es una ventaja evidente: las fuerzas espirituales, norteamericanas que invaden la América española no tienen ejércitos, a lo más, se servirán, como en México, de los jefes militares de cada país”…

“Es natural que la América española aspire a una identificación absoluta con nosotros, en lo espiritual, en la convicción que las riquezas y el progreso, le vendrán por nuestras instituciones religiosas. La vieja religión católica ha creado en México una arquitectura, una escultura, una pintura, una literatura; pero no es con estos tesoros con los que se compra el bienestar de los pueblos…”

 

Si Balmes viviese aún, podría recomenzar su libro famoso “El protestantismo”, y refutar al doctor Greenfield, como lo hizo con Guizot.

Las declaraciones de este doctor son típicas. Allí se ve codearse el cálculo frío y la audacia orgullosa de un Businessman seguro de sus medios. Cabe preguntar si los gobernantes de los estados Unidos piensan de tal manera. En tal caso se explicaría muy bien la conducta de Mr. Coolidge en los asuntos de México. Pero también en este caso, las frases del Maquiavelo de New York darían las pruebas de una formidable requisitoria contra la política de Washington.

He aquí a los jefes de la propaganda protestante en México: Plutarco Elías Calles, que extrajo de las arcas nacionales cien mil pesos para regalarlos a la YMCA;[3] D. W. Morrow, embajador de las sectas protestantes ante el gobierno de Calles, Mrs. D.W. Morrow, señora Herlinda T[reviño]. de Sáenz, señora [Ernestina] Elías Calles de Robinson, señora Alicia Elías Calles de Almada. (Véase el boletín de la campaña Pro-Asociación Cristiana de Mujeres), señorita Refugio Elías Calles, señora [Angelina Saiz] de Eduardo Hay, señora [María Elena Reyes Spíndola] de Puig Casauranc, señora Pruneda,  Y.W.C.A. en México…



[1]Tomado del Fondo Jesús Medina Ascencio de la Biblioteca del Seminario Mayor de Guadalajara. El artículo está fechado en México D.F.., septiembre de 1928

[2] Dwight Whitney Morrow (1873-1931), millonario, político y diplomático norteamericano, hijo del director de la universidad de Marshall, estudió Derecho en la Universidad de Columbia. En 1913 se asoció a JP Morgan & Co. , el mayor, el banco comercial más poderoso de los Estados Unidos, desempeñándose como director en muchos consejos de administración y financieros. Tiempo después dirigió el Comité Nacional de la Guerra de ahorro para el Estado. En 1926 su antiguo compañero y amigo de la universidad de Amherst, el presidente Calvin Coolidge, lo nombró embajador de Estados Unidos a México, oficio desde el cual veló por los intereses financieros de su país. Una serie de desayunos de trabajo con el presidente Plutarco Calles, donde abordaban cuestiones que iban desde la persecución religiosa en México hasta la cuestión de los hidrocarburos, le valieron el apodo de “diplomático de jamón y huevos” en los documentos de EE.UU. Para llegar a los ‘arreglos’ se valió del reverendo John J. Burke. En 1930 fue electo senador por el Partido Republicano, en cuyo oficio murió, siendo uno de los hombres más ricos de Nueva Jersey.

[3] Young Men's Christian Association.

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