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Informe relativo al robo del curato de Totatiche

25 de febrero de 1914

Cristóbal Magallanes Jara

 

Relevante testimonio consignado por escrito nada menos que por el mártir mexicano que encabeza el grupo de veinticinco canonizados por el beato Juan Pablo ii en mayo del año jubilar 2000. A grandes rasgos describe el abatimiento y desolación que vino aparejada junto al móvil anticlerical característico de la etapa ‘preconstitucionalista’ de la revolución mexicana.[1]


Ilustrísimo y reverendísimo señor arzobispo [don Francisco Orozco y Jiménez]

Las excepcionales y difíciles circunstancias en que se encuentra toda esta región que constituye la vicaría foránea inmerecidamente puesta bajo mi cuidado, me han impedido tener al corriente a vuestra señoría ilustrísima de todo lo que con aquella se relaciona, cosa que intento hacer en la presente ocasión en los momentos más críticos de la época en que hasta ahora hemos atravesado.

Hace cerca de dos meses que ando fuera de la cabecera, por las capillas rurales, rancherías y barrancas de la misma jurisdicción, haciendo uso del altar portátil de acuerdo con vuestra señoría ilustrísima de fecha 13 de diciembre próximo pasado, en los lugares donde no hay fijo, ocurriendo a la parroquia algunos días por varias horas y saliendo enseguida a pernoctar por donde se puede, gracias a la bondad de mis feligreses, que en nada me molestan y sí me ayudan a evadir los peligros que me amenazan. El día 25 de febrero próximo anterior, miércoles de ceniza, hallándome en la capilla de Temastián, fuerzas revolucionarias rompieron a hachazos tres puertas del curato, algunas cajas de donde se llevaron 30 pesos pertenecientes a distintas asociaciones, algo al obvencionario parroquial y al diezmo, 14 pesos de mi propiedad, 25 del notario de la parroquia, mi catre y objetos de mi uso personal, ascendiendo todo en conjunto al valor aproximado de 200 pesos. Los fondos principales de la parroquia y asociaciones estaban y están guardados en lugar seguro y sólo se perdió lo que se había reunido el día anterior. Igualmente están ocultos los vasos sagrados y el archivo parroquial, extrayendo los libros durante el día para hacer las anotaciones respectivas y ocultándolos de noche y aun de día cuando amenaza peligro inmediato. No obstante haberme mantenido hasta hoy independiente en asuntos políticos y asilado de los partidos contendientes, está perfectamente demostrado que los revolucionarios me persiguen, según pudo verse en los hechos del mencionado día 25 de febrero y en haber sido el curato el primero que saquearon, pero no son mis feligreses los que me causaron esos males, a pesar de que dentro de la misma jurisdicción, en el pueblo de Azqueltán hay gente revolucionaria. En la capilla de este último pueblo he administrado el santo bautismo y celebrado matrimonios con apoyo de la referida disposición de vuestra señoría ilustrísima y en el decreto Ne temere,[2] pues aquellos indígenas levantados en armas y casi en general todos los habitantes de la barranca del mencionado pueblo desde el mes de noviembre próximo pasado no pueden ocurrir ni a la cabecera ni a la capellanía de El Salitre, porque en estos lugares hay contrarrevolucionarios que los persiguen de muerte, en estos últimos días, de tal suerte que se han exaltado los ánimos entre los dos partidos y sobre todo entre los que pertenecen al pueblo de Azqueltán y la casi totalidad de los habitantes de esta parroquia que se ha cortado toda comunicación entre unos y otros, hay grandísima dificultad para administrar los santos sacramentos a aquellos indígenas y no hay quien se resuelva a acompañar al sacerdote que debe bajar en estos días y en el mes próximo pasado ningún sacerdote pudo ir por la misma causa a atender las necesidades espirituales de aquellos pobres. Sin embargo voy a hacer todo lo posible por auxiliarlos. En la semana mayor que acaba de pasar no pudieron celebrarse los oficios divinos ni en la parroquia ni en las capellanía de El Salitre en vista del peligro gravísimo que ha estado amenazando, en estos dos pueblos y su feligresía hallándose las casas de los pueblos y de las rancherías más inmediatas al peligro, solas, abandonadas por sus dueños, quienes están dispersos por las barrancas, principalmente en esta donde yo estoy, viviendo en las cuevas y a la sombra de los árboles. Aquí estoy concluyendo una capilla de adobe cuya licencia solicité de vuestra señoría ilustrísima y se me concedió en diciembre próximo pasado y que espero en Dios nuestro Señor quedará concluida en breve y prestará muy importantes servicios a los habitantes fijos de esta región de la parroquia y a los numerosos fugitivos que en ella se hallan.

Respecto a las demás parroquias de esta vicaría foránea únicamente tengo fácil comunicación con la de Chimaltitán y sus dos vicarías: Bolaños y San Martín; muy difícil con la de El Teúl, en donde dispuse siguiera ayudando al padre Urzúa el señor presbítero don José H. Mendoza, que ha estado en aquella iglesia desde principios de enero próximo pasado, a excepción de dos semanas que estuvo en esta de mi cargo. Ha sido bien aceptado entre aquellos feligreses; no ha tenido dificultades ni peligros de ninguna especie y aún parece estar relativamente contento, motivos que me determinan a no sustituirlo con otro sacerdote, porque por todas partes veía peligros y dificultades más o menos graves.

Ninguna comunicación he tenido en los meses del corriente año con la parroquia de El Mezquital del Oro y San Cristóbal de la Barranca a causa de las interrumpidas relaciones de toda clase entre este y aquellos pueblos y de la falta de correos particulares que a ningún precio se consiguen y sólo confío en que por estar más cerca de la capital los respectivos señores curas tendrán al tanto de todo a vuestra señoría ilustrísima.

Hace quince días que tuvo que volverse mi correo que llevaba unas diligencias matrimoniales y el señor cura de El Teúl me dice en la misma fecha que hacía más de un mes que no se comunicaba con vuestra señoría ilustrísima con este motivo el correo particular que las lleva lo mismo que este informe tendrá que rodear por Amatitán o Tequila a fin de que de vuelta traiga consigo los santos óleos tan sólo para esta parroquia de mi cargo y las de El Teúl y Chimaltitán, porque para las otras dos ya mencionadas creo moralmente imposible hacerlo llegar.

Las escuelas parroquiales de Totatiche y El Salitre, que debía presentar sus exámenes en la segunda quincena del entrante mayo me he visto en necesidad en anticipar las vacaciones un mes sin exámenes porque la generalidad de las familias huyeron de aquellos pueblos.

El culto y las asociaciones piadosas han decaído notablemente y los sacerdotes no hemos podido celebrar las conferencias morales ni una sola vez. El pasado Domingo de Ramos llegaron a mi poder la última pastoral de vuestra señoría ilustrísima y la circular en que con llamados a ejercicios los señores presbíteros don Maximino Jara y don José H. Mendoza a quienes por las múltiples razones expuestas y por la escasez de sacerdotes en la parroquia de El Teúl y en ésta, más extensa que aquella, me pareció necesario y prudente dispensarles que no fueran por esta vez porque además ni ellos mismos podrían vencer oportunamente los obstáculos y los peligros que se les ofrecen en el viaje y casi es seguro que no podrían llegar a esa antes de comenzados aquellos. Por último, las cuentas del obvencionario parroquial y todos los demás asuntos que deben remitirse a la secretaría de vuestra señoría ilustrísima nada puede hacerse con la debida oportunidad y si procuro hasta donde las circunstancias actuales lo permiten remitirlos lo más pronto posible.

Por no tener aquí el sello de la parroquia va éste sin él, a fin de hacer saber a vuestra señoría ilustrísimo cuanto antes lo anterior.

Esperando confiadamente en que vuestra señoría ilustrísima rogará a Dios nuestro Señor en el santo sacrifico de la misa por todos los sacerdotes que nos hallamos en esta región y en especial por mí, el último de todos, me es grato reiterarle una vez más mi adhesión y respeto.

Dios nuestro Señor guarde a su ilustrísima muchos años

Barranca de Huejotitán, Totatiche, 13 de abril de 1914

Ilustrísimo y reverendísimo señor



[1]Tomado del libro 5 de gobierno de la parroquia de Totatiche, foja 83 vuelta y siguientes, una copia del cual fue facilitada para su trascripción en este Boletín por el Mons. Ramiro G. Valdés Sánchez.

[2] Promulgado por san Pío x el 02.08.1907, en él se establecen las condiciones para contraer el matrimonio canónico que luego recogerá en letras de molde el Código de Derecho Canónico. 

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