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Memoria de la visita pastoral a Zapotán y a Mexcaltitán

(Jirones del obispado de Guadalajara en 1679. 16ª parte)

 

  

A cargo del Departamento de Estudios Históricos de la Arquidiocesis[1]

 

 

Situadas a la vera del litoral del Pacífico, dos poblaciones, hoy cada día más frecuentadas por el turismo, se presentan tal y como eran hace tres siglos, mucho menos inhóspitas y remotas de lo que podríamos pensar

 

El 6 de enero, pero de 1679, a las 17 horas, procedentes de Sentispac, llegaron al pueblo de Nuestra Señora de la Concepción de Zapotán,[2] del que le separaban algo más de diez kilómetros,[3] don Juan Santiago de León Garabito, xv obispo de Guadalajara, y su séquito, para practicar en él la visita pastoral.

Lo recibieron el alcalde y los indios principales, quienes acompañaron al prelado al templo, advocado a la Inmaculada Virgen María, a la sazón

 

“de adobe, el techo de pajas, tenía el altar una escultura representando a nuestra Señora de la Limpia Concepción en un tabernáculo, y con aseo el altar (sin ara), adornado con frontal, manteles, atril y candeleros de azofar y lo demás para las celebraciones del santo sacrificio de la misa”.[4]

 

Los bienes de la capilla se reducían a un ornamento, un cáliz y su patena. Echando de ver un problema que amenazaba la solidez de la construcción, “porque se iba desmoronando una tapia de la pared de mano derecha, mandó su ilustrísima al padre cura doctrinero procurara se aliñase antes que se arruinara más la dicha pared”; también ordenó reemplazar el paramento de la imagen de la Virgen y echar puertas al templo. Determinado lo anterior, el obispo se retiró a descansar.

            Al rayar el albar, luego de presidir la Eucaristía, el prelado y los suyos se encaminaron a Mezcaltitán,[5] a escasos nueve kilómetros[6] de su anterior punto de partida, lo más de ellos de agua, puesto que se trataba del “estero de las pescas de dicho pueblo, a donde llegó como a las diez del día”. Desembarcado que fue, visitó el templo, dedicado al apóstol Pedro, construido un lado de él de adobe y de carrizo embarrado el otro, todo el inmueble cubierto de paja. No obstante lo endeble del recinto, su interior albergaba en ese tiempo tesoros muy estimables en pinturas, esculturas, textiles y orfebrería.

En el presbiterio -o capilla mayor, como entonces se decía-, se alzaba un retablo de columnas y madera de talla, con lienzos pintados con “buena mano”. Resaltaba en él un lienzo dedicado al príncipe de los apóstoles y debajo de este, un baldaquín de raso azul. Suspendidos de la techumbre de la capilla mayor podían colocarse tres lienzos pequeños, representando el uno al Salvador, otro, a san Jerónimo y el tercero al arcángel san Miguel; “todo estaba decente y con aseo”:

 

y sobre la mesa del altar una imagen de nuestra Señora de la Concepción en un nicho, como andas de madera, dorado, con un vestido de tela azul y oro, y su corona de plata, y en medio del altar una cruz de plata con su pie, y adornado el altar con un frontal de damasco rosado, unos manteles de ruan con puntas, palia y ara buena y cuatro candeleros de azófar, y en el corateral[7] del lado del evangelio,[8] un lienzo de nuestra Señora de la Concepción con su marco y en la mesa del altar una nuestra Señora de la Concepción de talla, grande, de vara y media,[9] y el altar con su frontal de damasco blanco con su guarnición de sevillanillas[10] de oro; y en el corateral del lado de la epístola un crucifijo grande y decente, y el altar adornado con un frontal de damasco rosado a flores con sus manteles de ruan y candeleros de azófar.[11]

 

      No habiendo sacristía, adosado al muro del presbiterio, “del lado del evangelio”, era visible un cajón grande, flanqueado por dos alacenas, donde se guardaban las alhajas y ornamentos. En plata había una custodia grande, dos platos y cuatro vinajeras, una lámpara mediana, un relicario para llevar el viático a los enfermos,[12] una cruz de plata (era parte del guión de telas de san Pedro); una cruz grande; un incensario, naveta y su cucharilla.

El bien equipado menaje en textiles era de más de veinte piezas textiles: nueve ornamentos, cuatro de ellos de color blanco: tres de damasco[13] –uno de estos con sevillanilla de seda en los flecos- y otro de brocatel[14] dorado y blanco. Los restantes, uno de terciopelo colorado, otro de damasco morado, otro de damasco negro con cenefa verde y rosada, otro de damasco rosado, con galón de oro. De las tres capas pluviales, todas de damasco, una era negra con cenefa; otra blanca con cenefas y, finalmente, otra más, de tonalidad rosada con puntas de plata falsas; redondeaba todo lo descrito un paño para el varipalio, de raso rosado con fleco de oro; una cruz manga[15] de terciopelo negro con su fleco de oro y sevillanilla, y otra de brocatel rosado y blanco. Había, también, un pequeño lote de albas de ruan con puntas de Flandes, cíngulos, amitos y manotejos; finalmente, “un misal nuevo con su atril de Mechoachán y crismeras y un manual.

No habiendo confirmaciones, después de comer dejó el obispo Mexcaltitán para encaminarse al pueblo de San Miguel Tuxpilla.



[1] Con esta colaboración se retoma un proyecto de este Boletín interrumpido a partir de abril del año próximo pasado: mantener como una sección permanente extractos de las actas de las visitas pastorales de los obispos de Guadalajara, a lo que un tiempo fue su dilatadísimo territorio eclesiástico. Se corrigen en este artículo tres omisiones y erratas de la última de estas colaboraciones, la de marzo del 2010, donde a la secuencia de entregas de estos extractos del libro de visita del obispo Garabito se repitió el número 13 -durante los meses de enero y febrero del 2010- y el de marzo prolongó ese yerro, llevando la numeración 14. A este, de enero del 2011, le corresponde, pues, el número 16, tal y como aparece. Por otra parte, una omisión grave del texto de marzo del 2010 fue haber omitido la fecha de la visita: 5 de enero de 1679; finalmente, la fecha en la que se practicó la visita al pueblo de Nuestra Señora de la Concepción de Zapotlán fue el 6 de enero de 1679, y no el 5, como aparece en el multicitado Boletín de marzo.

[2] En el original dice Nuestra Señora de la Concepción de Zapotlán, hoy nada más lleva el nombre de Zapotán, y conforma una de las delegaciones municipales de Compostela, Nayarit; a 800 metros de altitud, su vecindario lo componen mil habitantes.

[3] Dos y media leguas.

[4] Libro de Visita de 1678 a 1679, Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara, p. 67.

[5] Mexcatitlan, dice el original. Hoy en día, Mexcaltitán es una pequeña isla del municipio de Santiago Ixcuintla, Nayarit, en la desembocadura del río Santiago. Su etimología proviene del náhuatl mexcalli, “mezcal”, y titlán, “riqueza o abundancia”. Algunos estudiosos la consideran la mítica Aztlán, punto de partida del pueblo náhuatl en la ruta que les llevó a asentarse en el Valle de México. A la fecha es un paraje pintoresco por sus coloridas viviendas con techo de teja, a dos aguas, cuyas calles se anegan en tiempo de aguas, y han de recorrerse en canoa. Su situación geográfica es 21º 54' 21’’ N y 105º 28' 29’’ W; su zona habitada ocupa unos 400 metros de diámetro y su configuración es redonda. En el año 2000 vivían en la isla mil personas. Cuenta con dos embarcaderos denominados La Batanga y El Matadero.

[6] Dos leguas.

[7] Arcaísmo que deriva del adjetivo latino collaterālis, aludiendo a lo que está paralelo por ambos lados; actualmente se escribe en español con la palabra colateral, aplicada especialmente a las naves y demás altares a uno y otro lado de otro principal.

[8] Es el lado izquierdo, desde el punto de vista de los fieles, mirando hacia el altar.

[9] Si la vara de Castilla era de 0,835905 metros, la medida aquí aludida es de 1.2538 metros de alto.

[10] Lista, franja o ribete que se pone como adorno de un textil rico.

[11]Cf. Libro de Visita

[12] Rural

[13] El damasco es un tela fuerte de seda o lana y con dibujos formados con el tejido.

[14] El brocatel –o brocado- es el tejido de seda con dibujos de distinto color que el fondo

[15] Como ornamento sagrado, el término manga designa el velo de cruz, suerte de tejido que cubre la vara de la cruz durante las procesiones; por extensión, puede recibir el nombre de manga la peana de plata sobre la cual se asienta dicha cruz.

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