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“El sacramento ya se perdió y lo llevó el aire”.

Análisis del proceso inquisitorial contra Juan de Morales

3ª parte

Juan Frajoza[1]

 

Continúa el análisis a los autos del proceso inquisitorial seguido

en contra de un vecino del Obispado de Guadalajara

gracias al cual podemos recoger datos de grandísimo relieve

a propósito del indocristianismo en su cuna en tan dilatada comarca.

 

 

Una biografía parcial del comisionado

 

Antes que Gaspar de la Mota efectuara la remisión, el 13 de julio el procurador Alonso de Llerena se presentó ante el Provisor del Obispado, bachiller Melchor Gómez de Soria, refiriendo sucintamente el estado del proceso actuado en contra de su cliente y solicitando que éste no fuera trasladado a la capital del reino sino que se cometiera la causa al vicario de Santa María de los Lagos u otro eclesiástico competente, porque en las jurisdicciones de esta villa y de Teocaltiche se hallaban los sujetos que le eran favorables para efectuar sus descargos y probanzas; así como “porque algunos de los testigos que contra mi parte han dicho [ahora] se desdicen diciendo que la india de Martín de Arnani les impuso [que] dijesen aquello”,[2] y era entonces justo y necesario que fueran repreguntados.

En vista de ello, en la propia fecha, el Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Catedral entregaron una comisión al procurador Llerena cometida al muy reverendo presbítero don Miguel Lozano, cura y vicario del partido eclesiástico de Teocaltiche, para

 

que luego como con ella seáis requerido por parte del dicho Juan de Morales, recibáis y toméis en vos el proceso de la dicha causa de suso se hace mención, el cual pediréis al juez secular ante quien pendiere, al cual mandamos vos le dé y entregue luego con todos y cualesquiera autos a él tocantes y pertenecientes sin faltar cosa alguna y sobre ello le pondréis las penas y censuras necesarias; y recibido el dicho proceso juntamente con el dicho preso, al cual le tendréis preso y a buen recaudo, procederéis contra él conforme a derecho, admitiendo los descargos que diere a lo susodicho; y conclusa la causa y proceso de ella, cerrada y sellada, nos la enviaréis juntamente con el dicho preso a buen recaudo para que nos lo determinemos y proveamos en el caso justicia, que para todo ellos vos damos poder cumplido cual es necesario y para nombrar notario e intérpretes.[3]

 

Por supuesto, su designación obedeció al hecho de que, estando a su cargo el partido eclesiástico en que habitaba Juan de Morales y no tenía impedimento legal alguno, le correspondía conocer directamente en el sumario. Pero a esto podemos añadir otras razones de peso. El padre Lozano, además de ser cristiano viejo, era honrado, casto, recogido y de buen ejemplo, de acuerdo con las declaraciones que vertieron en 1571 y 1575 varios de sus contemporáneos en sus probanzas, a fin de que Su Majestad le hiciera merced de una dignidad o prebenda catedralicia en la Nueva Galicia, Oaxaca o Michoacán.[4] Inclusive Melchor Ruiz, vecino de Guadalajara, aseveró haber escuchado “muchas veces al Obispo don fray Pedro de Ayala, que sea en gloria, que lo tenía por uno de los mejores clérigos de su Obispado”.[5] Esto se debía a que a su conducta moderada y caritativa se añadían las virtudes intelectuales: era buen gramático, latinista, hábil en la lengua mexicana, predicaba con gracia y contagiosa devoción el Santo Evangelio,[6] y “tenía fama y opinión que castigaba los pecados públicos y en todo hacía su oficio como muy buen sacerdote y todos le tenían mucho amor”.[7] Fuera de ello, tenemos conocimiento que siendo cura y vicario de la ciudad de Compostela, en 1570 fue comisionado en tres ocasiones para levantar informaciones concernientes a casos inquisitoriales en contra: 1) de Beatriz de Alberto, negra esclava del padre Francisco de Angulo, acusada de realizar hechicerías y proferir blasfemias;[8] 2) del conquistador Alonso Álvarez de Espinosa, minero de Jocotlán, por palabras malsonantes;[9] y 3) de Catalina Cordera, viuda de Cristóbal de Morales, por supersticiosa y expresiones contra Dios Nuestro Señor;[10] Además, al momento de recibir la orden de conocer en la causa del propietario de la estancia de Mezquitic, actuaba en los procesos fulminados contra el poeta Pedro de Trejo,[11] el franciscano fray Miguel de Bolonia[12] y clérigo presbítero Pedro Núñez de Villavicencio, cura y vicario que fue de la villa de Santa María de los Lagos.[13]

Con arreglo a una memoria nuncupativa que dictó el 27 de diciembre de 1585 en el pueblo de El Teúl, mediante la cual otorgó poder al oidor Antonio Maldonado para que hiciera y ordenara su testamento conforme a derecho,[14] este santo varón era originario de Medina Sidonia (Andalucía), siendo sus legítimos progenitores Alonso Lozano y Catalina Ruiz.[15] Un par de declaraciones certifican que nació alrededor de 1531: en la primera, del 27 de septiembre de 1574 y consignada en el proceso inquisitorial de Juan de Amézquita y Alonso Pérez, frailes de la Orden Menor del Señor San Francisco, afirmó tener 43 años de edad;[16] en la segunda, del 24 de enero de 1581 y contenida en una información hecha a pedimento del canónigo Gaspar de Contreras, “dijo que es de edad de cincuenta años poco más o menos”.[17]

Verificada que fue su ordenación sacerdotal, durante un tiempo “fue capellán de la Audiencia Real que por Su Majestad reside en la ciudad de Sevilla, en los reinos de España”.[18] En cuanto a su arribo a la Nueva Galicia, las fuentes documentales novogalaicas son dispares. En una carta del 17 de octubre de 1582, los oidores comunicaron al rey Felipe ii que:

 

En este reino ha diez y siete o diez y ocho años [–es decir, desde 1564 ó 1565–] que reside un sacerdote que se llama Miguel Loçano y siempre ocupado en buenos partidos de españoles y de naturales, y a todos en todo este tiempo ha dado y da muy buena doctrina y ejemplo, acudiendo a las obligaciones de su ministerio con mucha suficiencia y cuidado; y por sus buenas partes y méritos ha sido estimado y aprobado de los perlados que ha habido en este Obispado. Descargará Vuestra Majestad muy bien con él su real conciencia mandándole presentar a una de las dignidades que en esta Santa Iglesia [Catedral] están vacas en remuneración de sus servicios, como lo escribió y suplica el Cabildo de ella.[19]

 

Según la probanza de 1571, tenía poco más de una década de haber llegado a la Nueva España.[20] En cambio, en el Obispado de la Nueva Galicia residía desde aproximadamente 1563.[21] Empero, su licencia de pasaje a Indias desembaraza concluyentemente esta cuestión. Como es bien sabido, esta autorización real era expedida por la Casa de la Contratación de Sevilla al momento de embarcar y después de haber acreditado el solicitante no ser de los prohibidos, esto es, hijo o nieto de quemados, converso, judío, moro, o juzgado y reconciliado por la inquisición, sino de origen cristiano viejo.[22] Habiendo manifestado ser natural de Vejer, población ubicada a ocho leguas de Medina Sidonia, el clérigo Miguel Lozano y su criado Antonio Sánchez Mantenido, originario de Vinaderos (Ávila) e hijo de Gaspar y Ana Rodríguez, fueron registrados el 27 de abril de 1566 para viajar a la Nueva España.[23] Así, tomando en cuenta que “la distancia entre Cádiz y Veracruz se cubría con unas medias que oscilaban entre los setenta y cinco y los ochenta y cinco días, con tiempos máximos que alcanzaban las ciento cincuenta y tres jornadas y unos mínimos que rondaban los cincuenta y nueve días de navegación”,[24] debieron pisar el Nuevo Mundo a mediados del año.

Mas, ¿por qué están tan desfasadas las temporalidades en las probanzas de 1571? En este caso, es notorio que el procurador Pedro Ramírez Barrera y Juan de la Peña, apoderados legales del clérigo, recargaron las fechas para denotar aún más ante el aparato administrativo de Felipe II, monarca tan poco propenso a conceder mercedes a sus vasallos de Ultramar, la condición de benemérito que se le atribuía en el Obispado y pudiera materializar su aspiración.[25] Inclusive su edad fue incrementada en media década, puesto que en el interrogatorio se pidió a los testigos que declararan si era “sacerdote de misa mucho tiempo ha y es hombre de edad de más de cuarenta y cinco años”.[26] De hecho, a esta instancia depusieron positivamente el mercader Francisco López, Melchor Ruiz, el regidor Hernando Martel, el minero Rodrigo de Carvajal y el notario Jerónimo de Lozada.[27] Únicamente difirieron Martín González y el regidor Pedro de Plasencia, afirmando aquél que “parece por su aspecto hombre de edad de más de treinta y cinco o cuarenta años”[28] y éste que “será de más de cuarenta”.[29] Esta práctica, por supuesto, fue común en todos los territorios americanos.

Con los datos a nuestra disposición es difícil precisar si dificultándosele la expedita adquisición de un beneficio eclesiástico en el Arzobispado de México, el padre Lozano haya pasado a la brevedad a la Nueva Galicia o, en cambio, en la capital del virreinato hubiera sido reclutado por el Obispo fray Pedro de Ayala. No embargante, por dos noticias, nos inclinamos a pensar que ocurrió esto último. Por una parte, en la información que a pedimento del reverendo Gaspar de Contreras se levantó en 1581, declaró “que conoce al dicho canónigo de más de trece años a esta parte”,[30] es decir, desde poco antes de 1568. Por otra, tras haberse ausentado más de un año de la Diócesis a raíz de la agria y escandalosa querella que mantuvo con los vecinos, religiosos agustinos, miembros del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral y oidores alcaldes mayores de la Real Audiencia, el prelado retornó a su sede episcopal en abril de 1567. De camino a ella, el 16 de marzo y desde Tlazazalca (Michoacán), informó a Su Majestad que para cubrir en parte la falta de eclesiásticos regulares y seculares que evangelizaran, administraran los Santos Sacramentos y se encargaran de vigilar el proceder cristiano de españoles, indios, negros y demás castas, “ahora llevo tres clérigos y espero más de México”.[31]

Puesto que existe un gran vacío documental para la época, es complejo precisar las fechas en que fue proveído de destinos eclesiásticos el padre Lozano antes que pasara a mejor vida el prelado. No obstante, mediante el cotejo de fuentes, es posible determinar la sucesión de sus cargos. A partir de 1564, fray Pedro de Ayala fue acusado afanosamente de no haber visitado el inmenso territorio diocesano a su cargo. Por ejemplo, en una misiva del 5 de febrero de 1566, los miembros del Cabildo Catedralicio remarcaron que:

 

Afirmamos con la fidelidad que debemos que esta iglesia y Obispado no son regidos con la solicitud debida que en esta nueva tierra se requiere por ser el dicho perlado tan amigo de pleitos que ha causado y movido sin fundamento ni causa justa, que ha sido causa de no haber visitado este Obispado después que a él vino ni entendido en la conversión de los naturales ni acudido a la parte y lugares donde en este reino andan convirtiéndolos, en que a Nuestro Señor y a Vuestra Majestad hubiera hecho mucho servicio, siendo esto lo que Vuestra Majestad tan santa y católicamente pretende.[32]

 

Esta rigurosa manifestación debe ser matizada porque tenemos plena constancia que en 1563, siendo vicario de las minas de Acuitlapilco, el presbítero Diego Álvarez fue nombrado juez visitador de la provincia de Compostela y procedió contra Leonor Arias, viuda del conquistador Pedro Ruiz de Haro, porque “con poco temor de Dios Nuestro Señor y en menosprecio de su benditísima madre la Virgen María, señora y abogada nuestra, había dicho, tratando de ciertos negocios con algunas personas, que ella estaba más limpia de los cuales negocios que la madre de Dios”.[33] Sin embargo, efectivamente la mayor parte de la Diócesis no había sido visitada por el prelado u otros sacerdotes que a su nombre valoraran el proceso de evangelización, corrigieran errores y determinaran lo necesario para el bienestar espiritual de la población. Así la cuestión, para subsanar este menoscabo, nombró varios jueces visitadores que se encargaran de recorrer el territorio, entre ellos al bachiller Gaspar de Mendiola, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de México, mismo que el 26 de febrero de 1568 se hallaba en las minas de Zacatecas cumpliendo con su peliaguda comisión,[34] y al padre Miguel Lozano específicamente para la ciudad de Compostela y su partido, en cuyo lapso tuvo además funciones vicariales.[35]

Habiendo finiquitado esta encomienda, en el transcurso del antedicho año o inicios del siguiente, fray Pedro de Ayala lo proveyó por cura y vicario del valle del Tlaltenango,[36] sustituyendo al padre Francisco de Barrios.[37] Este nombramiento le fue revalidado el 27 de septiembre de 1569 por el Cabildo Eclesiástico de Guadalajara, luego de fallecer el Obispo y comenzar este órgano a gobernar la Diócesis en sede vacante.[38] Sin embargo, a pesar de que “estaban tan contentos todos los vecinos del dicho valle, que enviaron a dar a esta Santa Iglesia [Catedral] cien pesos de su casa para la fábrica de esta Santa Iglesia porque lo dejasen otro año en el dicho partido y este testigo [Miguel González] fue el que escribió la carta con los demás vecinos”,[39] para el 20 de enero de 1570 ya había sido relevado por Lorenzo de Encinas, quien era “de tierra de Campos y de buena vida y costumbres”.[40]

No fue sino hasta el 27 de febrero que el Cabildo Catedralicio discutió su nueva adscripción. En vista de que era necesario llamar a la capital del reino a Francisco de Angulo para diligenciar ciertos negocios, luego de argumentar el arcediano Pedro Bernardo de Quirós y el tesorero Jorge Pérez que no era conveniente ni justa su remoción por ser un eclesiástico con largos años de servicio ministerial en el Obispado, se acordó despachar al reverendo Miguel Lozano a la ciudad de Compostela, bajo la expresa condición de que “ante todas cosas se obligue de estar y residir en la dicha vicaría tiempo y espacio de dos años so pena que a su costa se proveerá en la dicha vicaría un cura vicario que administre los Santos Sacramentos, y para ello dé fianzas legas, llanas y abonadas antes que salga de esta ciudad”.[41]

No obstante, como la mayor porción de vecinos estaba acostumbrada a la tónica personal del padre Angulo y éste sabía encauzar el respeto y la adhesión, el novísimo ministro espiritual fue recibido con recelo y negatividad. Esta contrariedad fue aumentando de tal manera a través de los meses, que el 20 de junio tuvo que ser dirimida su adscripción por el chantre Alonso de Miranda y los canónigos Francisco García de Urieta, Josepe Ramírez, Lorenzo López de Vergara y Pedro de Merlo:

 

unánimes acordaron y dijeron que convenía se diese orden en Compostela para que fuese proveída aquella iglesia de vicario cual conviene para el bien espiritual de las ánimas y bien de la paz.

Y el señor chantre acerca de esto dijo y fue su voto que con toda brevedad se enviase a llamar al padre Miguel Loçano, y que no convenía que estuviese en el dicho cargo de vicario; y que en el entretanto que se proveía otro, se mandase al clérigo que está en las minas supliese en la ciudad de Compostela en el inter que los señores del Cabildo proveían de cura y vicario.

El canónigo [García de] Urieta dijo que su voto y parecer era que ha sido informado de personas que lo saben y entienden que no conviene que el padre Loçano esté en el partido de Compostela porque de su estada allí se espera haber algún escándalo, y para evitar esto era y es su parecer que lo envíen a llamar con todo el amor que convenga y le provean en otra parte [en] que más aprovechado sea; y esto dio por su voto.

El señor canónigo Josepe Ramírez dijo que su voto era que por cuanto conviene al servicio de Dios que el dicho padre Loçano esté en otra parte donde haga más fruto, dijo que se enviase a llamar; y en lo demás se remite y conforma con el voto y parecer del señor chantre.

El señor canónigo [López de] Vergara dijo que su voto era que él había ido a la ciudad de Compostela por visitador, por comisión y mandado de los señores deán y Cabildo, y que halló por verdadero examen así de enemigos del padre Loçano como de amigos que aquella iglesia era la más bien servida por el dicho Loçano, que había sido cuanta que ellos la conocían; y que por descargo de su conciencia dice que lo que entendió es que la causa de estar la ciudad revuelta es el padre Angulo por no querer que esté allí otro vicario sino él; y que atento a que a los dichos señores les parece que conviene mudar al dicho vicario, que asimismo su parecer es que le llamen luego porque el mismo vicario le ha escrito que no quiere estar allí; y que en el entretanto no es cosa conveniente dejar aquella ciudad sin ministro que asista y que es lugar y parte donde conviene estar persona de gran reposo y ejemplo y ciencia, […] que así se busque y se provea luego.

El señor canónigo Pedro de Merlo dijo que su voto y parecer es que por lo que ha entendido del negocio que se ha tratado y antes de ahora, le parece cosa [in]conveniente que se provea cura y vicario en la ciudad de Compostela; pero que por el riesgo que pudiera haber de estar la ciudad sin cura y vicario, dijo que se provea del dicho cura y vicario.[42]

 

Vuelto que fue a Guadalajara, Lozano se mantuvo durante algún tiempo sin cargo. Empero, siendo enterados que se encontraba en busca de labores espirituales, los indios de Teocaltiche ocurrieron al Cabildo Catedralicio suplicando encarecidamente que fuera adscrito a su partido, prometiendo que le proporcionarían un salario mayor que a los eclesiásticos que en aquel territorio habían catequizado y administrado los sacramentos.[43] Desconocemos la fecha exacta en que recibió su nombramiento de cura y vicario. Lo cierto del caso es que se infiere por la probanza de 1571 que esto debió ocurrir en el transcurso del segundo semestre del año retropróximo pasado, habiendo sucedido al bachiller Juan Pérez, clérigo que procedió en contra del flamenco Juan de Arramoa en octubre de 1569 por palabras malsonantes.[44]

Ahora bien, ¿qué razón llevó a los indios a solicitar el proveimiento del padre Lozano si el eclesiástico oriundo de Aldeacipreste (Soria)[45] era hombre de buena vida y “lengua de los naturales”?[46] Ocurre que el benemérito andaluz, además de ser públicas y notorias su conducta moderada y virtudes intelectuales, mientras estuvo desempeñándose en el partido eclesiástico de Tlaltenango se dedicó con ahínco a reconstruir las iglesias y refundar los hospitales de indios que habían quedado completamente infuncionales tras la fallida evangelización franciscana y luengos años de administración diocesana deficiente.[47] Dicho de otra manera, aunque en la socorrida obra de fray Antonio Tello casi la totalidad de los hospitales de la Purísima Concepción establecidos por los franciscanos aparecen como instituciones de existencia continua,[48] la realidad es que la mayoría desaparecieron en las regiones de frontera y tuvieron que ser nuevamente puestos en funciones, así como sus respectivas cofradías, por activos miembros del clero secular durante los dos últimos años del régimen episcopal de fray Pedro de Ayala y sobre todo mientras el Cabildo Eclesiástico gobernó la Diócesis en sede vacante.

De suma importancia es el texto, pero también el contexto de producción. A grandes rasgos, cuando Tello redactó la Crónica miscelánea el conflicto entre el clero secular y el regular por la administración espiritual de algunas regiones de frontera, cuestión ya arrastrada desde los tiempos de la sede vacante y el gobierno episcopal de don Francisco Gómez de Mendiola, había adquirido tonos claroscuros. Así, tratando de allegar sólidos argumentos a la causa franciscana en contra de la secularización auspiciada a mediados del siglo xvii por el Obispo Juan Ruiz Colmenero, el procurador y cronista recurrió, tanto en la obra histórica como en la defensa jurídica, a la exaltación de la memoria antigua de su orden religiosa, a poner en claro que la reorganización social y evangelización de los indios del vasto territorio de la Nueva Galicia se debían fundamentalmente a la labor franciscana.[49] En ello radica el sesgo de perspectiva del padre de la historiografía novogalaica, porque en pos del enaltecimiento de los miembros de la Orden de Nuestro Señor San Francisco omitió o minimizó los logros del clero secular y magnificó sus deficiencias, y viceversa. En consecuencia, desde un enfoque crítico, es justo y necesario que su obra sea referida bajo un estricto contraste de fuentes documentales.

Del cúmulo de hospitales de indios de nuestra región de frontera, únicamente para dos casos tenemos pruebas tangenciales que nos inclinan a afirmar que su existencia fue continua desde su puesta en funcionamiento por los religiosos franciscanos. Por una parte, en 1628 los naturales de Mexticacán declararon orgullosos que “el primer hospital que se fundó en este beneficio [eclesiástico de Nochistlán] es y fue el del susodicho pueblo, y que en esta opinión lo han tenido y tienen los antiguos que en él ha habido”.[50] Por otra, el manuscrito en lengua mexicana de las Ordenanzas para aprovechar las cofradías a los que han de servir en el hospital (1552) que se resguarda en la Biblioteca del Museo Nacional de Antropología e Historia procede de Temacapulín, pueblo de indios tecuexes ubicado en la barranca del río Verde.[51] Estas escrupulosas instrucciones, elaboradas por fray Alonso de Molina, fueron aprovechadas en la generalidad de las instituciones hospitalarias de indios fundadas por los franciscanos, durante la segunda mitad del siglo xvi.[52]

En cuanto a la labor constructiva e institucional del reverendo Miguel Lozano en el partido eclesiástico de Teocaltiche, el 12 de mayo de 1571 declaró bajo juramento el alcalde mayor Hernando Martel que:

 

ha visto que el dicho Miguel Loçano ha usado bien su oficio de vicario, así en los domingos y días de fiesta declarando los Evangelios a los españoles que estaban presentes como a los naturales del dicho partido; y le ha visto que les ha dado a todos, así españoles como a indios, muy buen ejemplo y doctrina; y asimismo en todos los más pueblos de su partido ha hecho hospitales con mucha orden, donde ha hecho mucho bien y limosna porque en los dichos hospitales se recogen todos los pobres y enfermos de cada pueblo, de lo cual carecían hasta que fue el dicho Miguel Loçano proveído en el dicho partido, en lo cual ha hecho mucho servicio a Dios Nuestro Señor y bien a los naturales.[53]

 

Consta por el proceso inquisitorial de Juan de Morales que, entre otros, para mediados del antedicho año ya estaban en completo funcionamiento los hospitales de Jalostotitlán, Teocaltiche y Mitic.[54] Efectivamente, dentro de sus paredes se recogían los naturales para encontrar alivio a sus males, pero también algunos españoles que de camino a la capital del reino o los reales de minas septentrionales enfermaban y no hallaban acomodo entre los vecinos.[55] Fuera de ello, desde el punto y momento en que llegó a su nueva adscripción, se consagró a concluir la construcción de la iglesia de Teocaltiche, que se hallaba a medio hacer.[56]

Para cerrar este apartado, hablemos del primigenio partido eclesiástico de Nochistlán, erigido por el Cabildo Eclesiástico de la Catedral de Guadalajara, del cual tomó posesión el padre Francisco de Beas, su primer cura y vicario, la víspera del 28 de diciembre de 1569.[57] Huelga decir que esta novísima jurisdicción secular comprendía Tenayuca, Apulco, Toyahua, Nochistlán, Mexticacán, Acasico, Yahualica, Manalisco, Juchitlán, Huisquilco, Contla y Jala, pueblos que fueron segregados del territorio de visita del convento franciscano de Juchipila, cuyo guardián a la postre era fray Miguel de Bolonia. Pues bien, entre las primeras disposiciones del clérigo oriundo de la isla de La Palma (Canarias) estuvo la de poner en funcionamiento una institución hospitalaria en la cabecera. Parte de la declaración vertida el 26 de agosto de 1570 por Diego de Rivera, nos ofrece sucintamente los pormenores:

 

lo que sabe es que en este pueblo de Nochiztlán estaba hecha una casa arrimada a un lado de la iglesia, donde los niños aprendían a leer, y que el dicho Francisco de Beas dijo que fuese aquella casa hospital, y así se hizo [por]que se hicieron en ella dos o tres apartados de cañas de maíz embarradas; y que sabe que el dicho Francisco de Beas echó […] repartimiento de media anega de maíz y una gallina a cada natural, y que este testigo vio en la iglesia de Apulco algunas gallinas y maíz junto, y que le dijeron a este testigo que era del repartimiento que había echado para el dicho hospital.[58]

 

La implicación de este testimonio es cardinal, puesto que nos especifica que, tras incipientes fundaciones franciscanas fallidas y un largo periodo de deficiencia diocesana, no solamente carecieron de hospitales la mayor parte de los pueblos de frontera secularizados antes de la década de 1570, sino que inclusive estas instituciones no estuvieron en funciones en núcleos poblacionales de la talla de Nochistlán bajo la tutela de la Orden de Nuestro Señor San Francisco.



[1] Investigador con estudios en filosofía, historia, paleografía y hermenéutica, es autor de una veintena de libros, fonogramas y artículos, entre ellos Pueblo de mujeres enlutadas. Estudio prototípico de Al filo del Agua (conaculta, 2010), ¡No te arrugues cuero viejo…! La tambora ranchera de los Altos de Jalisco y el Sur de Zacatecas (inah, 2016) y Permanente y huido. Historia general del municipio de Mexticacán (Centro de Estudios Históricos de la Caxcana-Ediciones del Río Verde, 2020). Asimismo, coordinó el fonograma Aromas de pólvora quemada. Música y cantos de bandidos (inah, 2019).

[2]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 46, Expediente 13, f. 100r.

[3]Ibíd., f. 16r.

[4]agi, Guadalajara, 47, N. 9 (1bis), ff. 2v-3r, 4r-v, 6r, 7r y 8v.

[5]agi, Guadalajara, 46, N. 15, f. 10r.

[6]Ibíd., ff. 1r, 6r, 9r, 10v, 11v y 18r.

[7]agi, Guadalajara, 47, N. 9 (1bis), f. 4r.

[8]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 131, Expediente 1, ff. 5r-14v.

[9]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 21, Expediente 4, ff. 63r-65v.

[10]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 128, Expediente 2, ff. 13v-23r.

[11]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 113, Expediente 1, ff. 275v-279v.

[12]José de Jesús Martín Flores. Fray Miguel de Bolonia. El guardián de los indios. Guadalajara, H. Ayuntamiento de San Juan de los Lagos-Entre Amigos, Círculo Histórico Cultural-Centro Universitario de los Altos, 2006, pp. 105-107.

[13]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 71, Expediente 1, f. 15r.

[14]Jorge Palomino y Cañedo alega que el testamento dictado por el oidor Maldonado está contenido en una decena de “páginas que son una mancha total café oscuro completamente ilegibles” (Los protocolos de Rodrigo Hernández Cordero (1585-1591), escribano público de Guadalajara. Guadalajara, Banco Industrial de Jalisco, 1972, p. 1). Lo cierto es que, aunque se encuentran manchones, corrimientos de tintas y la caligrafía es de difícil lectura, la mayor parte del texto es comprensible. De hecho, este documento jurídico se elaboró el 23 de abril de 1586, fecha en que el padre Lozano ya había fallecido en El Teúl (aipj, protocolos, Libro de protocolos del escribano Rodrigo Hernández Cordero. Años 1583-1589, f. 9v). Dicho de otra manera, es completamente falso que su muerte hubiera ocurrido el 29 de junio del propio año.

[15]Ibíd., ff. 3r y 4r-5r.

[16]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 78, Expediente 3, f. 144r.

[17]agi, Guadalajara, 47, N. 29, f. 5r.

[18]agi, Guadalajara, 46, N. 15, f. 16r.

[19]agi, Guadalajara, 6, R. 6, N. 52, f. 2r.

[20]agi, Guadalajara, 46, N. 15, f. 1r.

[21]Ibíd., f. 5v.

[22]María Magdalena Martínez Almira. Musulmanes en Indias. Itinerarios y nuevos horizontes para una comunidad bajo sospecha. México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2018, pp. 117-118.

[23]Luis Romera Iruela y Ma. del Carmen Galbis Díez. Catálogo de pasajeros a Indias durante los siglos xvi, xvii y xviii, Volumen iv. Sevilla, Imprenta del Ministerio de Cultura-Archivo General de Indias, 1980, p. 566.

[24]Alfredo Moreno Cebrián. “La vida cotidiana en los viajes ultramarinos”, en España y el ultramar hispánico hasta la Ilustración: I Jornadas de historia marítima. Madrid, Instituto de Historia y Cultura Naval, 1989, p. 117.

[25]agi, Guadalajara, 47, N. 9 (1bis), f 1r; Palomino y Cañedo, op. cit., p. 163; José Francisco Román Gutiérrez. Sociedad y evangelización en Nueva Galicia durante el siglo xvi. Guadalajara, Instituto Nacional de Antropología e Historia-El Colegio de Jalisco-Universidad Autónoma de Zacatecas, 1993, p. 268.

[26]agi, Guadalajara, 46, N. 15, f. 5v.

[27]Ibíd., ff. 8v, 10r, 11r, 16r, 17v.

[28]Ibíd., f. 12v.

[29]Ibíd., f. 19r.

[30]agi, Guadalajara, 47, N. 29, f. 5r.

[31]agi, Guadalajara, 51, L. 1, N. 127, f. 1v.

[32]agi, Guadalajara, 51, L. 1, N. 128, f. 1v.

[33]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 45, Expediente 1, f. 30r.

[34]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 99, Expediente 1, f. 7r.

[35]agi, Guadalajara, 47, N. 9 (1bis), f. 8r; Palomino y Cañedo, op. cit., pp. 163-164.

[36]agi, Guadalajara, 46, N. 15, ff. 5v, 12v-13r, 16v, 17v y 19r.

[37]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 78, Expediente 3, ff. 33r y 34v.

[38]ahcecg, Libro de Cabildo. Años 1568-1583, f. 26v.

[39]agi, Guadalajara, 46, N. 15, f. 13r.

[40]“Informe al Rey por el cabildo eclesiástico de Guadalajara, acerca de las cosas de aquel Reino”, en Colección de documentos para la historia de México, Tomo II, de Joaquín García Icazbalceta. México, Edición de Autor, 1866, p. 495.

[41]ahcecg, Libro de Cabildo. Años 1568-1583, f. 40r.

[42]Ibíd., ff. 46v-47r.

[43]agn, Guadalajara, 46, N. 15, f. 8v.

[44]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 10, Expediente 10, ff. 1r-5v.

[45]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 112, Expediente 5, f. 51r.

[46]“Informe al Rey por el cabildo eclesiástico de Guadalajara, acerca de las cosas de aquel Reino”, en op. cit., p. 495.

[47]agn, Guadalajara, 47, N. 9 (1bis), f. 3r; Palomino y Cañedo, op. cit., p. 163.

[48]Antonio Tello. Libro segundo de la Crónica miscelánea, en que se trata de la conquista espiritual y temporal de la santa provincia de Xalisco en el Nuevo Reino de la Galicia y Nueva Vizcaya y descubrimiento del Nuevo México. Guadalajara, Imprenta de La República Literaria de Ciro I. de Guevara, 1891, pp. 524-527.

[49]José Carlos Badillo Vásquez. Fray Antonio Tello, artífice de la identidad franciscana en Colotlán, 1648-1654. Guadalajara, Centro Universitario de los Lagos-Centro Universitario del Norte-Universidad de Guadalajara, 2015, pp. 11-111.

[50]Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (en adelante, ahag), Sección Gobierno, Serie Parroquias, Nochistlán, Caja 1, Autos hechos sobre pedimento de los naturales del pueblo de Nochistlán, por mandado de Su Señoría Ilustrísima, por el licenciado Juan de Estrada, beneficiado del dicho pueblo, en razón de colocar el Santísimo Sacramento en Nochistlán. Año de 1628, ff. 7r-v.

[51]Carmen Venegas Ramírez. Régimen hospitalario para indios en la Nueva España. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1973, p. 115.

[52]Alonso de Molina. “OrdenanÇAS para aprouechar. las. cofradrias a los que. an de seruir en e.l ospital”, en Nahua confraternities in early colonial Mexico. The 1552 nahual ordinances of fray Alonso de Molina, OFM. Translator and editor Barry D. Sell. With contributions by Larissa Taylor and Asuncion Lavrin. Berkeley, Academy of American Franciscan History, 2002, pp. 82-141 y 163-183.

[53]agn, Guadalajara, 46, N. 15, ff. 11r-v.

[54]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 46, Expediente 13, ff. 31r, 58r, 75r, 76r, 79r, 83r y 93v-94v.

[55]agn, Guadalajara, 47, N. 9 (1bis), f. 3r; Palomino y Cañedo, op. cit., pp. 163-164.

[56]Ibíd., p. 164.

[57]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 68, Expediente 3, ff. 88r y 126r; Rafael Diego Fernández Sotelo. La primigenia Audiencia de la Nueva Galicia 1548-1572. Guadalajara, El Colegio de Michoacán-Instituto Cultural Ignacio Dávila Garibi-Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara, 1995, pp. 277-279.

[58]agn, Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 68, Expediente 3, ff. 40r-v.





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