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El arquitecto Manuel Gómez Ibarra (1810-1896)

Juan Madrigal Calderón[1]

 

El centro de Guadalajara conserva importantes monumentos

que dan fe de los casi 500 años de su fundación:

templos, conventos, edificios civiles y casonas.

Desde las alturas destaca esa fisonomía y convive con las modernas edificaciones

que aun así no compiten con estos monumentos.

En ese panorama urbano se alzan las torres de la Catedral, la cúpula de la antigua Casa de Misericordia, hoy Instituto Cultural Cabañas,

la torre y cúpula del templo de San José, entre otros edificios.

De estos signos distintivos, levantados por la mitra tapatía en tiempos del obispo

Diego Aranda y Carpinteiro, su artífice fue el arquitecto Manuel Gómez Ibarra,

Figura clave para entender y conocer la fisonomía monumental de Guadalajara.

 

1.    El señor ingeniero-arquitecto don Manuel Gómez Ibarra

             

Este personaje tapatío nació en el año que comenzó la guerra de independencia y murió cuando don Porfirio Díaz ocupaba la silla presidencial. Es decir que nació en tiempos de cambios tanto políticos como de gustos y estilos: estaba de moda el neoclásico; ya antes de su nacimiento en la ciudad de Guadalajara había empezado la construcción de edificios neoclásicos, por ejemplo la Casa de Misericordia, el templo del Sagrario, el Palacio de Cañedo. Estas obras las construyó el arquitecto español avecindado en esta ciudad José Gutiérrez López, a quien el Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas trajo de la capital del país, y que también sería profesor.

En la jurisdicción, hoy municipio, de Chapala, en la hacienda de La Labor, el día 11 de febrero de 1810 nació el segundo hijo del joven matrimonio formado por Francisco Javier Gómez Mena y María Manuela Ibarra Valencia. El 17 de febrero fue bautizado en la iglesia Parroquial de San Francisco de Chapala, y fueron sus padrinos José María Foncerrada y María Micaela Gómez. Fray Francisco Padilla le impuso los nombres de Manuel José Francisco María Desiderio. Gómez Ibarra fue el segundo de seis hijos: Francisco, Manuel, José Ignacio (cuyos restos está en el panteón de Belén y aún se conserva la tumba y se reconoce), María Micaela Rafaela, Manuela Teresa y Guadalupe Trinidad.

Don Manuel Gómez Ibarra pasó sus primeros años en la hacienda de La Labor, en la cercanía de la ribera del lago. La familia se estableció luego en Guadalajara, de donde era originario el padre. Para 1814 tenemos registro de que ya eran vecinos de la ciudad. Era una familia de buena posición tanto económica como social. Don Francisco era sobrino carnal del Canónigo José María Gómez Villaseñor, Gobernador de la Mitra tapatía, Provisor del Obispado y primer Rector de la Real Universidad. José María Gómez Villaseñor fue quien recibió en diciembre de 1810 al Cura Hidalgo (de quien era pariente), con repique de campanas, en la Puerta del Perdón de la Catedral, junto a su Cabildo, pues el Obispo Cabañas se había marchado al puerto de San Blas huyendo de los insurgentes.

En 1817, cuando Gómez Ibarra tenía siete años, murió su padre. La familia gozó entonces de la tutela de don Diego Aranda y Carpinteiro, futuro Obispo de Guadalajara. Manuel comenzó su educación a los 10 años de edad, cuando ingreso al Seminario Conciliar (en el edificio del hoy el Museo Regional) donde curso por ocho años los cursos literarios y humanísticos.

A los 18 años ingresó al Instituto de Ciencias, que había fundado el primer gobernador del naciente estado de Jalisco, don Prisciliano Sánchez Padilla, quien no llegó a ver sus sus puertas abiertas debido a que falleció el 30 de diciembre de 1826, dos meses antes de la inauguración del Instituto de Ciencias. En dicho Instituto tomo clases de matemáticas con Pedro Lissante, dibujo con José María Uriarte y las artes y ciencias de la construcción con el ya mencionado maestro José Gutiérrez López, de quien se convirtió en discípulo cercano. A la muerte del maestro en 1835, Manuel Gómez Ibarra se encargaría de la conclusión de sus obras en la ciudad.

En 1836 tomó posesión como Obispo de la Diócesis tapatía don Diego Aranda y Carpinteiro. Fue consagrado en el altar mayor de la catedral por el Obispo de Sonora, Ángel Mariano Morales Jasso Morellón. Gómez Ibarra, quien tenía por entonces 26 años, se mantuvo siempre cercano al prelado. En 1839 se encontraba dirigiendo la obra del templo del Sagrario, y además fue nombrado síndico del Ayuntamiento de la ciudad.

Ese mismo año, el 8 de abril, casó en primeras nupcias, en el desaparecido templo de la Soledad, con Victoria Gallardo, que le dio cinco hijos (tres mujeres y dos varones gemelos) y de la que quedó viudo pronto, en 1845. Don Manuel contrajo segundas nupcias el 22 de febrero de 1845 con Catarina Pérez Contreras, con quien tuvo otros dos hijos y de la que también enviudó pronto, en 1848, al tiempo que el arquitecto dirigía la obras de la conclusión del sarcófago o mausoleo principal en el panteón de Santa Paula de Belén.

En 1849 Gómez Ibarra solicitó a la academia de Bellas Artes de la ciudad de México que se le mande examen para obtener el título de arquitecto.

Las obras encomendadas por Aranda terminaron cuando éste murió en Sayula el 23 de marzo de 1853; fue su sucesor don Pedro Espinoza y Dávalos, Obispo y después  Arzobispo. A Gómez Ibarra en los siguientes años no se le conoce obra de gran tamaño como las anteriores, pues estalló la guerra de Tres Años con las reformas del presidente Benito Juárez. Las crónicas de la época narran que Manuel Gómez Ibarra viajó por Europa entre los años de 1864 y 1866, con su hija Victoria, y a su regreso se instaló por un tiempo en la capital de país.

Nuevamente escribió a la academia de Bellas Artes solicitando su título de arquitecto y anexaba un certificado de testimonios que lo acreditaban como constructor de las torres de la catedral de Guadalajara, el templo de Sagrario y la casa del Obispado. Pero el título se perdió al ser enviado y no se le pudo conceder otro porque los archivos ya no existían.

Volvió después a Guadalajara, donde vivió en el primer cuadro del centro, en la jurisdicción del Sagrario Metropolitano, según documentos en el archivo de dicha parroquia.

Fundó dos Escuelas Politécnicas, una de ellas en San Pedro, de la que fue director (de esto queda registro la portada del Reglamento del Colegio Politécnico del año de 1887). El arquitecto Gómez Ibarra, con los años, fue perdiendo la vista.

El 9 de diciembre de 1877 enajenó todos sus bienes por una pensión pagadera por diez años, la cual se alargó luego hasta el año de 1896, año en que el ilustre tapatío murió el 2 de junio, a la edad de 86 años. Fue velado en el templo del Sagrario y al día siguiente recibió sepultura en el panteón de Santa Paula de Belén, en la fosa común, según se lee en su acta de defunción.

Resulta extraño que tan gran arquitecto ni siquiera fuese honrado con un monumento a su memoria, lo menos que los tapatíos de la época podrían haberle dedicado a alguien que nos dio tan bellas obras. Afortunadamente el Ayuntamiento de la ciudad otorgó una propiedad de tres por tres metros en Belén. En agosto de 1896 su hija Victoria escribió agradeciendo al Ayuntamiento la propiedad. Los dos libros de inhumaciones del panteón de Belén de 1896 mencionan la ubicación de la tumba.

Al morir Gómez Ibarra la ciudad ya no era la misma que la que conoció en su infancia: creció en altura, creció en extensión territorial, población y equipamientos urbanos. Gómez Ibarra nos dejó una Guadalajara con un estilo propio, la Guadalajara romántica del la segunda mitad del siglo xix.

Como señala el historiador Alberto Santoscoy,  entre las intervenciones de mayor relevancia de nuestro ilustre tapatío don Manuel Gómez Ibarra están la cúpula del Hospicio Cabañas, las icónicas torres de Catedral, el Panteón de Belén, el Palacio Episcopal (donde está en la actualidad el Ayuntamiento), el pórtico del templo de Nuestra Señora del Pilar, el altar mayor del Santuario de Guadalupe, las bóvedas del templo de San José de Analco, la reforma del templo de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, la admirable reparación hecha al pórtico de la iglesia de Santo Tomás, obras en el Santuario de Señor San José y en la capilla de la Preciosa Sangre en el Hospital Guadalupano.

Fuera de la ciudad son obras suyas la parroquia de Ocotlán, el pórtico de la parroquia de Tepic y el aljibe de uno de los conventos de Aguascalientes.

Poco se sabe de las casas particulares que construyó Gómez Ibarra en la ciudad; se conserva una que se le atribuye en las calles de Morelos y 8 de Julio, a un costado del colegio Luis Silva y del templo de Jesus María, y que se dice fue edificada para el gobernador de Jalisco general Ramón Corona. 

 

Documentos

 

·      Fe de Bautismo

 

[Al margen] Labor. Manuel José Francisco Mª Desiderio, español

[Al centro] En la Iglesia Parroquial de Chapala, a diez y siete de febrero de mil ochocientos diez, yo, el Reverendo Padre Fray Francisco Padilla, di licencia para que ahí se bautice solemnemente a Manuel José Francisco María Desiderio, español, de la hacienda la Labor, que nació el día once del corriente a las ocho de la noche, hijo legítimo de Don Francisco Xavier Gómez y Doña María Manuela Ibarra, nieto por línea paterna de Don Francisco Gómez y Doña María de Jesús Mena y por la materna de Don Vicente Ibarra y Doña Gertrudis Valencia; fueron padrinos Don José María Foncerrada y Doña María Micaela Gómez a quienes advertí su obligación y parentesco espiritual, y lo firmé

Doctor Fr. Francisco Padilla (rúbrica)

Antonio de Maruri (rúbrica)

 

·      Acta de defunción del Ingeniero Manuel Gómez Ibarra

 .

[al margen] El Señor Don Manuel Gómez Ibarra, Viudo

[Al centro] En la ciudad de Guadalajara, a los tres días del mes de junio del año de mil ochocientos noventa seis, se sepultó en el cementerio de Belén, fosa común, el cadáver del Señor Don Manuel Gómez Ibarra, quien murió de neumonía ayer a las doce del día, de edad de ochenta y seis años, siendo viudo de Doña Catarina Pérez Contreras, recibió todos los santos sacramentos, y fueron celebrados sus funerales solemnes en esta iglesia parroquial del Sagrario. Lo que firmo para constancia como Cura Rector

Luis R. Barbosa 

 

·      Carta del Ayuntamiento otorgando una propiedad en el panteón de Belén, al Arquitecto Manuel Gómez Ibarra

 

 El día 2 de junio último falleció en esta ciudad el ilustre y sabio Ingeniero Manuel Gómez Ibarra. Todos contemplamos sus obras, creaciones de su genio singular, de su fantasía artística, que concibiera tantas y tan sorprendentes bellezas de arquitectura.

Muchos, acaso la mayor parte, de los monumentos con que Guadalajara se enorgullece surgieron del privilegiado talento del Señor Gómez Ibarra, quien supo ligar armónicamente con los elementos propios de su genio las maravillas orientales y especialmente las de la patria de Miguel Ángel, donde empezaron a germinar las ideas artísticas que al tomar forma después han sido en nuestra ciudad el asombros de todos cuantos saben sentir y comprender las obras verdaderamente bellas y grandiosas.

No intento hacer el panegírico del ilustre artista que supo conquistar para su frente tantos laureles.

Las aspiraciones que inspiraron su alma no fueron las de la ambición personal, sino la de la noble y legítima de contribuir a la gigantesca obra del progreso, dentro de la esfera en la que le fue dado desarrollar sus luminosas concepciones.

Inigualables son los méritos del sabio jalisciense, del venerable decano que desde el sepulcro se impone a nuestra admiración y nuestro agradecimiento. Su memoria inmaculada y su nombre gloriosos son honra y orgullo para nosotros y lo serán para la posteridad.

La misión del arquitecto, como recientemente lo ha dicho uno de los biógrafos del señor Gómez Ibarra con referencia al Conde de la Cortina, es sobremanera grande y elevada, pues de sus dotes artísticas dependerá que la posteridad juzgue a la población donde ha erigido sus obras digna de alabanzas o desprecio. Por eso al juzgar los adelantos arquitectónicos de la ciudad, se recordará siempre al arquitecto que supo llevar a cabo obras tan importantes como las del Señor Gómez Ibarra y la sociedad debe estarle agradecida. Los restos del señor Gómez Ibarra deben conservarse a perpetuidad, procurando que no lleguen a confundirse con otros.

Por todo lo expuesto, y con la seguridad de los Señores Munícipes cuidarán con la mayor voluntad esta iniciativa, la cual será además aprobada por la sociedad jalisciense, la Comisión de Panteones hace la siguientes proposiciones: se concede la perpetuidad para los restos del ilustre arquitecto Don Manuel Gómez Ibarra, que se encuentran en la fosa no. 33, primera de la izquierda, línea sin número, un cuadrado de tres metros por cada lado, en el cual su deudos podrán levantar libremente el monumento que a bien tengan.

 

·      Respuesta de Victoria Gómez de Iriarte al Ayuntamiento 

 

Por la nota de esa Secretaría no 1 048 y fecha del 4 del corriente, quedo entendida de que ese Ayuntamiento tuvo a bien conceder a perpetuidad, para los restos del señor mi padre, Arquitecto Don Manuel Gómez Ibarra, un cuadrado de tres metros por cada lado en el Panteón de Belén.

En nombre de mis hermanos y mío suplico a usted haga presente a esa Corporación nuestra profunda gratitud por la honra que se ha dignado dispensar a la memoria de nuestro respetable padre.

Guadalajara, agosto 7 de 1896

Victoria Gómez de Iriarte



[1] Investigador tapatío (1994). Este Boletín agradece su buena disposición para publicar tan importantes datos.



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