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El ajuar escultórico de Victoriano Acuña

para la parroquia del Dulce Nombre de Jesús de Guadalajara

1ª parte

Eduardo Padilla Casillas[1]

 

La monografía que aquí comienza es un modelo de lo que se puede hacer

con la bitácora de una construcción tan relevante

como el que aquí se presenta, uno de los hitos constructivos

más notables de Guadalajara a mediados del siglo xix.[2]

 

 

Explicación necesaria

 

El templo parroquial del Dulce Nombre de Jesús, al poniente del centro de Guadalajara, en la confluencia de las calles de Garibaldi y Jesús, monumento religioso del genial arquitecto Manuel Gómez Ibarra (1810-1896), reemplazó otro que hizo sus veces pero por sus dimensiones no pasó de ser un recinto pequeño al que nadie dejó de llamar lo que antes fue, una capilla situada en la encrucijada noreste de las calles que luego se llamarán de Angulo y Moro (hoy avenida del Federalismo).

Si la sede original de la parroquia del Dulce Nombre de Jesús se granjeó entre la gente el uso del nombre Capilla de Jesús fue porque así se bautizó el barrio y hasta la fecha se persiste en denominar de ese modo también el templo.

Sus orígenes no pueden ser más populosos y periféricos, pues se trata de una comunidad que surgió de modo intempestivo, a finales de 1810, con el contingente no pequeño que arribó a Guadalajara en pos de los caudillos José Antonio Torres y Miguel Hidalgo y aquí echaron raíces, al grado que para su mejor atención pastoral el obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas decretó, el 1º de febrero de 1815, darle el rango de parroquia, la cuarta de la ciudad episcopal, desmembrando su territorio de la del Santuario de Guadalupe.

La obra material del templo definitivo se hizo entre 1844 y 60 y lo proyectó y dirigió, dijimos, el arquitecto Manuel Gómez Ibarra por conducto del arquitecto Felipe Silva hasta su muerte y después de él por el maestro mayor Teodoro Rentería, que le dio fin.

Fueron sus gestores infatigables los doce primeros años de tal andadura los esposos María de los Ángeles Paz y José Antonio Camacho (1779-1857). Éste, ya viudo, se ordenó presbítero ya anciano, en 1856, sin dejar la atención al proyecto los restantes pocos meses que todavía vivió.

En cuanto a la imaginería con la que se dotó el recinto al tiempo de su apertura, si bien ya otros autores han mencionado que la produjo en su taller el más afamado escultor residente por entonces en la capital de Jalisco,[3] nos faltaba constatarlo con documentos fehacientes, de todo lo cual dan fe los párrafos que siguen.

 

1.    Crónica de la construcción del templo parroquial del Dulce Nombre de Jesús. Primera etapa

 

La construcción del templo parroquial definitivo, el que aquí nos interesa, comenzó el 24 de febrero de 1844, con licencia de quien por esas fechas ceñía la mitra tapatía, don Diego Aranda y Carpinteiro.

Del arranque de las obras se conserva una crónica tan puntual que hasta sabemos cómo, a las tres de la tarde del día señalado, un grupo de gañanes, mozos del Colegio de San Diego, comenzó la limpieza del solar y la nivelación de su superficie, todo ante la supervisión de Miguel Flores, Antonio Díaz de León y de José Antonio Camacho, quien con el título de mayordomo-tesorero se echará a cuestas un proyecto desmesurado para su tiempo y circunstancias.[4]

Fue don Antonio Camacho un laico fiel y emprendedor que invertirá su hacienda en la construcción de este templo, en medio de una comunidad muy pobre y de tiempos políticos tan dramáticos como los que despojarán a México de más de la mitad de su territorio y tendrán como epílogo una guerra fratricida tan dolorosa como fue la de los Tres Años (1857-1860), particularmente en lo que a la proscripción social del catolicismo respecta. Nada de ello hubiera sido posible al señor Camacho sin la confianza absoluta que depositó en él su párroco, don José Leonardo Estrada.[5]

Sabemos con certeza plena que los planos de la obra los hizo, con el beneplácito del obispo Aranda y Carpinteiro, el arquitecto de planta en la diócesis tapatía, don Manuel Gómez Ibarra, de probidad legendaria. Por hacerlos cobró 60 pesos, anticipándole 30, cantidad a la que se añadieron los 3 pesos que costaron las licencias expedidas de la Curia diocesana luego de analizar la viabilidad del proyecto.

A partir del día ya señalado, las labores se siguieron sin interrupción, de modo que la ceremonia de bendición y colocación de la primera piedra pudo llevarse a cabo el 8 de agosto siguiente, y estuvo a cargo del párroco Estrada en conformidad con lo prescrito para esos casos por el Ritual Romano.[6]

Desde poco antes, el día 5, había sido nombrado maestro mayor de obras don Manuel Enríquez.[7] Desde el arranque de las obras se dispuso de una toma de agua propia, extraída de una noria. El 12 de agosto se incorporó al equipo un maestro albañil o “de cuchara”, Florencio Hernández,[8] cuya participación será decisiva, y a partir del día 16 el arquitecto Gómez Ibarra comenzó a “rayar” por la dirección de la obra 30 pesos al mes.[9]

El día 26 se incorporó el maestro Procopio Martínez,[10] quien abrió las zanjas para echar los cimientos,[11] al lado del maestro albañil Candelario López,[12] terminadas las cuales, a partir del 6 de enero del año siguiente de 1845 se dieron de alta los maestros canteros Teodoro Rentería[13] y Manuel Pérez,[14] que comenzaron a tallar los sillares del monumento, anticipándose a la conclusión de los cimientos que estarían terminados en el mes de abril, pudiéndose ya colocar los bloques de piedra del nivel de suelo donde habría de alzarse la puerta lateral oeste; también las esquinas, los escalones y una basa para la puerta del bautisterio.

El día 21 de dicho mes y año el maestro arquitecto Felipe Silva (apodado el Ratón),[15] sustituyó a Manuel Enríquez, y se asoció con J. Refugio Rentería (¿hermano de Teodoro?),[16] y el 28 de julio comenzaron a levantarse los muros y la hilada de piedras y sillares de pilastras, columnas, tableros, entrecalles y los peldaños del caracol de la escalera del campanario.[17]

Por la bitácora de la obra sabemos que de los operarios iniciales sólo se mantuvieron constantes hasta la culminación del proceso los hasta aquí mencionados maestros Felipe Silva, Florencio Hernández y los Rentería.

 

La puerta mayor

 

El 2 de junio de 1846, estando ya levantados hasta la mitad de los muros perimetrales de la puerta mayor,[18] Teodoro Rentería terminó de labrar su piedra clave. El 12 de octubre siguiente, ya casi concluida la puerta lateral, Rentería se ocupó en tallar los capiteles de esa portada.[19]

Hacia el 1° de marzo de 1847 la construcción avanzaba a buen ritmo, al grado que los canteros pudieron colocar las hiladas de piedra del entablamento superior.[20] El 24 de mayo cesó sus labores, temporalmente, Refugio Rentería,[21] y el 30 de agosto se reincorporó por un breve lapso Florencio Hernández.[22]

El 28 de febrero del año siguiente de 48 se ausentó Florencio, pero regresó Refugio. A Felipe Escareño lo reemplazó Antonio Arredondo el 1° de mayo del 48. En junio Teodoro terminó la ventana y las dovelas del arco del coro, de modo que la tarde del día 30 el presbítero J. Refugio Flores, acompañado del mayordomo Camacho y de los maestros albañiles de la construcción y los del Colegio de San Diego, estando presentes algunos vecinos, bendijo la piedra con la que se cerró el arco del coro.

 

Las bóvedas

 

Cumplido casi un mes, el 29 de julio, se fueron cerrando las bóvedas, labor a la que se dedicaron por completo los Rentería, de cuyas manos fueron saliendo las piedras de cerramiento, salmeres e impostas; también, se instalaron las cerchas de madera[23] que apuntalaron las piedras de lunetos, enjutas y claves de las bóvedas.[24]

A mediados de octubre se tallaban ya, con tan buena mano, las cornisas de una de las torres y las piedras claves que el 28 de octubre –siempre del 48– quedó concluida la cornisa del frontispicio exterior del imafronte.[25] Antes de un mes, el 25 de noviembre, el escultor Ramón Esparza comenzó a labrar la imagen del Divino Jesús de la fachada principal. Se le dieron ocho pesos de anticipo de los 25 que costó y se le liquidaron cuando la entregó, el 16 de diciembre.[26]

El 9 de enero de 1849, estando ya terminado el entablamento interior del lado poniente, Juan Aguilar entregó, a cambio de diez reales, un resplandor de hoja de lata que se puso como ornato a la escultura en piedra del Divino Jesús. Pintar el nicho de esa escultura costó poco más de cuatro pesos y ya con ello, el mediodía del 12 de enero, se pudo instalar, apenas bendecida por don Leonardo Estrada, con toda la solemnidad del caso, pues hasta música hubo y salva de pólvora donada por los mozos de la construcción.[27]

No mucho después, un accidente enlutó estas faenas.

 

En 20 de febrero de 49, a las once y media del día martes, se mató el Mtro. Arredondo en compañía de dos mozos, Antonio Fuentes y Benito Acosta, y en ese mismo día se había de haber acabado el encornisado, pero como se les cayó encima el pedazo que habían acabado de poner, no quedó concluido […][28]

 

El 5 de marzo José Ortega sustituyó al recién fallecido,[29] y el 27 siguiente comenzó el primer arco de las bóvedas del recinto y a la vuelta de un mes, el 26 de mayo, las ventanas del lado poniente de la nave.[30]

El 19 de julio se armó la cimbra del primer arco de la iglesia y se cerró el 4 de agosto, el 17 el segundo;[31] el 31 de octubre el tercero y el 16 de enero de 1850 los lunetos, de modo que pudieron comenzar los arcos del presbiterio,[32] el primero de los cuales, el triunfal, se entregó el 24 de enero, y se empezaron de inmediato los arcos del transepto. Se festejó este avance con un banquete de enchiladas adobadas y pulque, ofrecido por la madrina, doña Dominga Estrada.[33]

El 2 de febrero, día de la Presentación del Señor y con licencia del párroco Estrada por ser día festivo, los operarios terminaron los arcos del transepto, de modo que el 12 todos estuvieron listos, lo cual se festejó haciendo circular tepache y enchiladas y hasta se quemó un castillo de pólvora, todo a cuenta de los padrinos, el maestro Teodoro Rentería, la señora María de los Ángeles Paz de Camacho y los mozos de la obra.[34]

El 1º de abril se empezaron a instalar los andamios de la cimbra de la bóveda del presbiterio, invirtiéndose en ello un mes exacto; costeó, como padrino, un animado festejo el Señor Cura Estrada.[35]

Vinieron, poco después, otros duelos: la muerte, el 5 de agosto, del maestro José Ortega, al que suplió Abundio Escarriola,[36] y un mes exacto después, de cólera morbus, falleció nada menos que el arquitecto Felipe Silva, a quien sustituyeron de inmediato, por hallarse muy avanzada la segunda bóveda, los maestros Abundio y Ramón.[37]

Las labores del cimbrado no se interrumpieron, al grado que la última bóveda de la nave principal pudo cerrarse el 18 de enero de 1851 y el día 27 comenzó la construcción de la capilla que luego será dedicada a Nuestra Señora del Refugio.[38]

El 31 de enero se entregó el imafronte del templo y el día 22 de febrero se comenzaron a instalar las cerchas con las que habrían de cimbrarse las bóvedas del transepto,[39] con tal laboriosidad que el lado poniente concluyó al comenzar la tarde del 18 de marzo, esto es, la víspera de la solemnidad de Señor San José. El tramo opuesto de ese crucero concluyó el día 22 del mismo mes.[40] El 21 de abril se separó del equipo como maestro director Ramón Esparza, sin que quedara constancia de quién fue nombrado en su lugar, como sí la hay del segundo maestro de cuchara que se agregó por estos días, José María Ruiz.[41] El 14 de mayo falleció el párroco don José Leonardo Estrada.[42]

 

La cúpula

 

No bien se concluyeron las bóvedas comenzó a levantarse la cúpula, con tal celeridad que para el 15 de diciembre los Rentería ya labraban las piedras de las pechinas,[43] y el 9 de febrero del año siguiente los óculos del lucernario de la cúpula;[44] el 17 de mayo tallaban las piedras con hojas para el pie de la linternilla,[45] y concluyeron la cúspide el 29 de mayo de 1852.[46]

Entregada la estructura principal, comenzó a edificarse la capilla de Nuestra Señora del Refugio el 9 de agosto de ese año, con tan acelerado ritmo que el 20 de septiembre ya se tallaban las piedras de la arista y del anillo de su cúpula,[47] y se concluyó la linternilla de ésta el 13 de noviembre siguiente.

En algún día no determinado del mes de diciembre de 1852 se comenzó a labrar la cantería de los altares laterales. El 17 de enero de 1853 los Rentería avisaron que ya estaban listas las piedras de las columnas del altar mayor.[48] El maestro de cuchara Florencio Hernández dejó la obra a mediados de febrero de 1853. El 28 de marzo estaban labrando los elementos arquitectónicos pétreos de las repisas de los nichos de los altares laterales[49] y el 25 de junio los casetones del intradós de la cúpula principal.[50]

El 23 de enero de 1854 se entregaron el retablo de san Agustín y las partes talladas del nicho del altar dedicado a Nuestra Señora del Refugio. Los retablos laterales estaban concluidos el 4 de febrero siguiente.[51] A partir de esta fecha se terminaron los elementos accesorios del conjunto: el zócalo del atrio se comenzó el 8 de marzo.[52]

El 23 de junio, a las seis y media de la mañana, se hizo público el deceso de la madrina de la obra, doña María de los Ángeles Paz,[53] que dejó viudo al incansable promotor de este monumento, don José Antonio Camacho, circunstancia que le permitió, a pesar de su avanzada edad, aspirar al estado eclesiástico.

El 24 de junio de 1854 Teodoro Rentería fue nombrado director de la obra,[54] y alcanzó en las siguientes semanas el nombramiento de maestro arquitecto, cargo que desempeñó haciendo una revisión prolija de las partes del conjunto todavía en obra negra; en ello empleó todo un año. Pero al cumplirse, el 23 de junio de 1855, once años y cuatro meses de labores ininterrumpidas, y no obstante, como dijimos, las pésimas condiciones sociales, económicas y políticas del país, el templo estaba listo para servir al culto divino.[55]



[1] Licenciado en Conservación y Restauración de Bienes Muebles egresado de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente; es desde hace muchos años docente de ella y un investigador meticuloso de temas relativos al patrimonio eclesiástico de la Arquidiócesis de Guadalajara.  El presente trabajo forma parte de una investigación más amplia auspiciada por el Programa del Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (pecda) del área de difusión e investigación del patrimonio cultural de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco.

[2] Este Boletín agradece a su autor su inmediata disposición para publicar en sus páginas su estudio. Él, por su parte, agradece las atenciones del párroco del Dulce Nombre de Jesús, don José Vázquez Ruiz, y de la secretaria del despacho parroquial, Laura Luna, para esta investigación en el modélico archivo parroquial.

[3] En ese tema es irremplazable lo que en su tiempo aportó Fray Luis del Refugio de Palacio, ofm, autor de la obra Recopilación de noticias y datos que se relacionan con la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Zapopan y con su colegio y santuario. Guadalajara: Talleres de la Universidad de Guadalajara, 1942, p. 197.

[4] Archivo Histórico de la Parroquia del Dulce Nombre de Jesús, en adelante ahpdnj, Sección Disciplina, Serie Fábrica material/espiritual, libro 2, 1844-1854, ff. 1v-102v.

[5] Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (en lo sucesivo ahag), Sección Gobierno, Serie Parroquias urbanas, Dulce Nombre de Jesús, 1830-1892, exp. 21, caja 2. Carpeta: Sección gobierno, Parroquia de Jesús, 1830-1860, misiva de Juan Antonio Camacho al obispo Diego de Aranda, f. 1f.

[6] ahpdnj, Sección Disciplina, Serie Fábrica material/espiritual, libro 2, 1844-1854, f. 2f.

[7] Ibid., f. 2v

[8] Dejó de hacerlo el 30 de noviembre de 1846, y lo reemplazó el maestro albañil “de cuchara” José Rafael Escareño y como mozo suyo su hijo Margarito.

[9] ahpdnj, f. 3f

[10] Ibíd., f. 5f y 9v

[11] Ibíd., f. 10f

[12] Ibíd., f. 10v

[13] Ibíd., f. 17f

[14] Ibíd., f. 20v

[15] Ibíd., ff. 26-27 y 73v

[16] Ibíd., p. 25v

[17] Ibíd., p. 35f

[18] Ibíd., p. 57v

[19] Ibíd., p. 64v

[20] Ibíd., pp. 67v, 68v, 70, 72 y 73

[21] Ibíd., p. 78f

[22] Ibíd., p. 83v

[23] Ibíd., p. 102v

[24] Ibíd., pp. 107v, 109, 111v y 113v

[25] Ibíd., p. 114f-114v

[26] Ibíd., p. 116f, 118-118v, 119f

[27] Ibíd., p. 121v-122

[28] Ibíd., p. 125v

[29] Ibíd., p. 126v

[30] Ibíd., pp. 128f y 132v

[31] Ibíd., pp. 136v,137v, 138v

[32] Ibíd., pp. 146v y 152f

[33] Ibíd., p. 152v

[34] Ibíd., pp. 153v y 154f

[35] Ibíd., pp. 157f y 160v

[36] Ibíd., pp. 165v y 166f

[37] Ibíd., pp. 169v-170f y 171v

[38] Se refiere a la de estilo neogótico que sigue en pie en el camellón de la avenida del Federalismo Norte.

[39] Ibíd., p. 184f

[40] Ibíd., p. 188f

[41] Ibíd., p. 197f

[42] Ibíd., p. 190f

[43] Ibíd., p. 194v

[43] Ibíd., p. 199f

[43] Ibíd., p. 227f

[44] Ibíd., p. 234f

[45]Ibíd., p. 244f

[46]Ibíd., p. 246f

[47] Ibíd., p. 256v

[48] Ibíd., p. 269v

[49] Ibíd., p. 272f

[50] Ibíd., p. 275v

[51] Ibíd., ff. 306v-307

[52] Ibíd., p. 310v

[53] Ibíd., p. 322f

[54] Ibíd., p. 325-334v

[55] Ibíd., f. 334v

Felicidades a nuestros Sacerdotes González Rangel Alonso Yasmani · Gutiérrez Ruiz Ramón Bricio · Herrera Kavil José Concepción · Orozco García Javier · Rodríguez González Pedro ·


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