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Del amor y otras adicciones

 

Femando C. Vevia Romero1

 

Texto leído por su autor en el marco de la presentación del libro

Del amor y otras adicciones, del presbítero Fernando Lugo Serrano

 

Es necesario hacer una presentación de los libros nuevos. No siempre debemos alimentarnos con textos de hace siglos, aunque sean muy reconocidos por su valor y nunca los dejaremos de lado. Pero ocurre con los grandes autores que la imagen y la proyección de esos clásicos cambian con el paso del tiempo. Cada momento histórico es propicio a una interpretación distinta, hecha posible por la sensibilidad del momento. Esto es lo que hace necesaria la aparición de libros nuevos que nos den la interpretación de nuestro tiempo, especialmente en temas tan amplios y decisivos como el amor humano.

Todo libro tiene que ver con el lenguaje, muy especialmente cada libro nuevo y su carga de temas que el lector espera con interés al tenerlo en sus manos. Especialmente un tema como el amor y el deseo, que tiene que abrirse paso entre la carga enorme de vulgaridad, imprecisión y codicia que arrastra dentro de sí la cultura de masas. Por otra parte esperamos ver en el libro nuevo la reacción ante la exigencia de un público noble, verdaderamente humano, que quiere ver más exactitud y claridad en el manejo del lenguaje, sin que llegue a ser una especie de deporte para escogidos de la alta academia.

Hay además otros aspectos que van más allá de la educación especializada sobre un tema. La re­flexión filosófica en la que fuimos formados los llamados adultos ha sido desmontada en muchos aspectos, lo que ha producido desconcierto y pesimismo: o si queremos decirlo de otro modo, la ética de la sociedad ha sido atacada hasta querer destruirla:

 

La mansión del humanismo clásico y el sueño de la razón que animaba a la sociedad nació dentro de una guerra civil, recuerdan aún los periódicos en que se comentaban los horrores de la segunda guerra mundial, la barbarie de los campos de concentración, incluso conociendo a personas directamente afectadas por todo ello. Las ideas de adelanto cultural, supremacía de la especie humana, de racionalidad inherente, mantenidas desde la antigua Grecia y todavía válidas en el historicismo utópico de Marx y en el autoritarismo estoico de Freud ( ... ) no pueden hoy sostenerse con mucha confianza.2 Necesitamos libros nuevos sobre todos los temas importantes. Hay que volver al hecho de que el lenguaje es el misterio que define al hombre3 con ese asombro radical propio del que medita muy bien antes de escribir. Los textos se sitúan en la historia y la sociedad, que a su vez son analizadas como textos que el escritor lee y en los que se inserta reescribiéndo­los.4

 

Los libros deben suscitar también el pensamiento. Podríamos decir, quizás que en una sociedad donde crece y se desarrolla el libertinaje de los sentimientos es más necesario todavía el pensar. A esto debe ayudar un buen libro nuevo.

El libro que presentamos hoy, Del amor y otras adicciones, del doctor Fernando Lugo, es un libro nuevo en el sentido que acabamos de explicar. Es una mirada detenida y profunda a nuestra época, a la sociedad en la que vivimos. Y esa mirada descubre la invasión del erotismo, del deseo, en sus formas a veces salvajes. Y traslada esa visión a los lectores, aunque muestre en varias ocasiones cosas desagradables. Como ocurre con los libros proféticos. Así, leemos en la Biblia que se le dice al sabio: “Debes reprender al que ha pecado. Si tú le reprendes y no te hace caso, él será castigado. Pero si no le reprendes tú serás también castigado”.

Esa función la ejerce el autor de este libro, Fernando Lugo, muchas veces empleando un lenguaje poético, otras citando la poesía de grandes poetas, desmenuzando las vivencias de esos poetas; otras veces describiendo los ambientes sórdidos. No sigue un sistema, con puntos principales y puntos subordinados. El texto es más bien un caudaloso río de aguas abundantes, que saltan llenas de vida.

Quiero insistir en este punto, porque es importante para recibir con mente abierta este libro. El concepto que se ha mantenido durante siglos es que ahí está el lenguaje, el idioma antes que el texto. Se consideraba el texto como un producto de las leyes del idioma, de las leyes lingüísticas. Durante mucho tiempo se pensó que esa era la única función del lenguaje. El punto de vista de esta función es que el trabajo del lenguaje es transmitirle al receptor exactamente el mensaje que hizo público el emisor. Ha sido un descubrimiento del siglo xx el advertir que, si tomamos al pie de la letra esa teoría, los lenguajes artificiales serían los más perfectos. Por ejemplo, la voz que nos dice en el teléfono que nadie está contestando nuestra llamada. Desde los años 30 del siglo pasado fue el gran lingüista Roman Jakobson quien llamó la atención sobre el hecho de que el lenguaje poético es la esfera en que mejor se manifiestan los aspectos más importantes del lenguaje, como hacía notar muy bien Yuri Lotman en su libro titulado La semiosfera.

 

Además de la función comunicativa el texto cumple también una función formado­ra de sentido, interviniendo en este caso no en calidad de embalaje pasivo de un sentido dado de antemano, sino como generador de sentidos.5

 

Así que sigue siendo verdad que la primera función del lenguaje es comunicar. Pero también existen otras funciones, en concreto la de generar sentidos. ¿Cómo sucede esto? Porque el texto entra en contacto con un auditorio. Para realizar una actividad generadora de sentido, el texto debe estar sumergido en La semiosfera. El cerebro de la persona que entra en contacto con el texto nuevo puede ser considerado como un texto complejo, el contacto entre el texto nuevo y el texto complejo, el cerebro de los receptores, conduce a cambios en la cadena de información. Es decir, no se trata de un texto en el vacío, sino un texto con contexto.

Me voy a permitir citar al libro del doctor Lugo. Dice allí:

 

Hombre que piensa y hace pensar, que siente y hace sentir, que viaja constante­mente con una maleta llena de sueños, patrañas o sortilegios. Cada día aprendemos algo de él, tal vez algún día nos dirá quién es...

 

Estimo que es un modo poético de expresar la función creadora del lenguaje.

De los temas que aparecen en el libro, posiblemente sea el pasaje titulado “Debate entre eros y ágape” el que más atraiga a los que quieran aclarar su estado de ánimo ante esas dos realidades que percibimos quizá dentro de nosotros mismos. Estimo que puede ser el tema que necesita conocer mejor el mundo moderno y que mejor justifica la necesidad de libros nuevos. En efecto, el mundo de la antigüedad griega fue el que creó ambas palabras, “eros” y “ágape”. Eros aparecía para designar el amor concupiscente, posesivo.

 

Puesto que la embriaguez de los sentidos no tiene límites ni medida, los trágicos griegos, por ejemplo Sófocles, advierten sobre lo demoniaco de eros, que, llevando hasta el éxtasis, hace olvidar la razón, la voluntad y la serenidad.

En el místico eros, el griego quiere alcanzar y trasponer su propia frontera humana, a fin de obtener la perfección.

 

Por otro lado, la etimología de la palabra ágape es oscura. Mientras que el verbo “agapao” es usado con frecuencia en la literatura desde Homero, aparece solamente en el griego tardío. En la edición de los Setenta, el verbo hebreo aheb se traduce preferentemente con “agapao”, se­ñalando las relaciones mutuas entre seres humanos y luego entre Dios y los hombres. Los Setenta mantuvieron lejos la tentación de la confusión místico-carnal con el “eros” y prefirieron el término “ágape”, que no tenía conexiones o sugerencias carnales. 6

Decíamos al principio que era necesaria la aparición de nuevos libros, y ésta es una de las razones para ello. Necesitamos saber qué significado tienen esas palabras importantes en el mundo contemporáneo. Nuestro autor ha hecho su elección: “eros” o el “deseo sin fin”... Amor o “la entrega absoluta”.

Hay una frase en el libro que me ha impactado mucho. Es: “Se ha oscurecido el mundo, alienta un fuego oscuro en las puertas del alma”. Es ésta una frase poética y acertadísima que podría orientar el inicio de la lectura. Podemos felicitarnos de la aparición de un “libro nuevo”.

 



1 Maestro Emérito de la Universidad de Guadalajara, licenciado en Filosofía por la Universidad de Comillas, licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, doctor en Filosofía por la Universidad de Comillas, después de cuatro años de posgrado en la Universidad de Deusto en las mismas disciplinas. Profesor, investigador, traductor, entre sus obras publicadas sobresalen Curso de introducción a la Semiótica, Estudios sobre la obra de Cervantes, La sociedad mexicana en teatro de Rodolfo Usigli, Un aspecto de sexualidad en las novelas de Cervantes, El discurso político religioso en América Latina.

2 Steiner, GEORGE Lenguaje y silencio, GEDISA, Barcelona, 1982. p. 15 ss.

3 Ibid. p.18

4 Kristeva, J.

5 Lotman, Yuri. La semiosfera, t. l, Frónesis, 1996, p. 87

6 L. Coenen, E. Beyreuther y H. Bietenhard, Diccionario teológico del Nuevo Testamento, vol. I, entrada: Amor.



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