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El beato mártir fray Pedro de San Elías, OCD, en México (1899-1911)

José de Jesús Orozco Mosqueda, OCD1

 

 

La Iglesia en Guadalajara debe a la providencial participación de un religioso carmelita en los albores del siglo xx, la restauración de la rama femenina, al borde de la extinción, en la capital de Jalisco, y el establecimiento de una nueva familia religiosa adherida a su regla, la Congregación de las Carmelitas del Sagrado Corazón, de todo lo cual dan cuenta los párrafos que siguen2

 

El Padre Pedro de San Elías nació en Barajuen-Aramayona, Álava (España), el 22 de febrero de 1867. Fueron sus padres Domingo Heriz y Clara Eguiluz. En su juventud trabajó en las minas de Somorrostro (en este distrito se encuentran dos grandes masas de mineral de hierro de Vizcaya). Después del servicio militar obligatorio, comenzó noviciado en Larrea el 13 de julio de 1889. Hizo su primera profesión en la orden el 18 de julio de 1890, y la profesión solemne o definitiva el 20 de julio de 1893. Hizo en Burgos sus estudios de filosofía y teología y después fue enviado al Desierto de Hoz de Anero, en Santander. Fue ordenado sacerdote en  Burgos el 18 de diciembre de1897.

 

1.    La Provincia de los Carmelitas en México

 

Antes de abordar la actividad en México del P. Pedro de San Elías es necesario dar algunas explicaciones. Para poder entender la presencia de los carmelitas españoles en el país tenemos que hacer mención del P. Rafael Checa, quien se hizo cargo de la provincia desde 1870, año en que murió el último superior elegido en capítulo, pues según las leyes anticlericales de Reforma de 1857 era imposible celebrarlo en México. El P. Checa se mantuvo en comunicación con el P. Juan de Santo Tomás Maldonado, de la Congregación de España, hasta que el Papa Pío IX unió en 1875 a las dos Congregaciones de Italia y España, que entonces estaban resurgiendo.

El Padre General, desde Roma, confirmó durante varios periodos la permanencia del provincialato sui generis del P. Checa, pidiéndoles cada trienio a los pocos carmelitas que quedaban que mandaran por escrito su voto a  Roma. Así se estuvo haciendo durante los periodos de los Generales Fray Lucas de San Juan de la Cruz, Fray Jerónimo de la Inmaculada (luego Cardenal Gotti), Fray Bernardino de Santa Teresa y Fray Reynaldo María de San Justo, y la mayor parte de los votantes insistía en la permanencia del P. Checa al frente de la orden en México.

En 1882 el P. Checa tuvo oportunidad de viajar a España con motivo de las fiestas centenarias de la Santa Madre. Entonces habló con los superiores que había en España (Castilla y Navarra) y prometieron apoyarlo enviando algunos religiosos que ayudaran a resurgir a la provincia de México. En ese primer momento se ve que no hubo respuesta decidida de parte de los españoles, y no fue hasta 1899, en la visita a México del Provincial de Castilla Fernando de Santa Teresa, cuando se llegó a un acuerdo que avaló la Curia General de Roma.

 

2.    Llegan los padres españoles a México

 

Los primeros en llegar a México fueron los Padres Justino de Santa Teresa (Eguileta),  Santiago Liberato del Santísimo Sacramento (Herriarte), Pedro de San Elías (Heriz), H. Buenaventura del Sagrado Corazón (Rezusta), P. Eladio de la Virgen (Morondo) y P. Camilo de Santa Teresa (Larrazabal). Los cuatro primeros llegaron a Veracruz el 8 de noviembre de 1899 y los últimos un mes después. Los primeros se habían embarcado el 19 de noviembre de 1899 en Santander; los dos últimos pertenecían a la provincia de Castilla. Tras un mes de permanecer en la ciudad de México, fueron destinados a Orizaba; en cambio, los primeros, de la provincia de Navarra, se quedaron en México, donde el P. Ruiseco, carmelita mexicano, les dejó la dirección del Carmen del centro de la ciudad, acompañados por dos mexicanos, Bernardo del Monte Carmelo y Joaquín de San Alberto.

Más tarde, el 23 de octubre de 1900, en una reunión que tuvieron en San Ángel, los carmelitas españoles y los mexicanos se pusieron de acuerdo en dos asuntos principales: aceptar todos como superior “de la semiprovincia” al P. Checa y encargar al P. Pedro de San Elías que abriera noviciado y comenzara la formación de jóvenes. El P. Pedro inmediatamente puso manos a la obra comprando la iglesia y medio convento de San Joaquín (que había pertenecido a la orden y que se perdió por la leyes de Reforma) a la Mitra de México en 2000 pesos; además gastó otros dos mil en algunas reparaciones que hizo y en excavar un pozo artesiano. Pero a pesar de esas obras el noviciado nunca comenzó bajo su dirección, pues en 1902 ayudaba a la restauración del convento de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Durango, que también había padecido las leyes de Reforma, y además fundó casa para los religiosos en la misma ciudad, con la autorización y el beneplácito del Obispo Santiago Subiría y Manzanera, para que pudieran atender a las monjas. El P. Checa no había sido consultado previamente sobre el asunto, sino que se le dieron las cosas ya decididas.

El P. Pedro, que era un gran emprendedor y veía tan amplio campo de acción en México, se apresuró a pedir a Navarra más religiosos, y el 12 de diciembre de 1901 llegaron a Veracruz los padres Basilio de San José (Delgado), Simón de Jesús (Urquiza) y Ciriaco del Espíritu Santo (Magunacelaya) y el H. Eugenio María de la Sagrada Familia (Villanueva). El mismo P. Pedro los fue a recibir a Veracruz. La llegada de estos religiosos no estaba prevista por el P. Checa, pues el P. Pedro no le había avisado nada al respecto, así que para aquél fue una nueva sorpresa. Luego, el 8 de junio de 1902 llegaron a México el P. Damián de Jesús María (Arrien) y el H. Guillermo de San Luis (Calleja), pues consideraba el padre Pedro que con la fundación de Durango se necesitaba mas personal.

 

3.    Visitador de México

 

Las cosas en México se complicaron sobremanera al enterarse el P. Checa por el mismo P. Pedro de San Elías de que éste había sido nombrado Visitador de las casas de México en agosto de 1902  por el Consejo General de Roma. Poco después, el 11 de septiembre, el mismo P. Checa recibió una carta del General exponiéndole el asunto. Desde entonces ya no tuvo paz, pues como explicó más tarde al Delegado Apostólico Serafini, consideraba que se estaba violando el Derecho canónico y el particular de los religiosos con ese nombramiento y sin haber hecho consulta previa.

La visita canónica no dio resultado; incluso, como dice el P. Pedro de San Elías, los mismos padres españoles no lo apoyaron, sino que algunos tomaron partido por el P. Checa. Ante tal fracaso, la Casa General reaccionó enviando al segundo Definidor General, el P. Gregorio de San José, francés, quien llegó a Veracruz el 8 de abril de 1903. Con esta   visita vinieron más quejas, ahora contra el nuevo Visitador, que según los mexicanos sólo había escuchado a los españoles y a los mexicanos ni siquiera los había ido a ver en sus casas, etc. Después de una reunión muy agitada tenida en San Ángel, el P. Gregorio de San José decretó la separación de españoles y mexicanos: a los primeros dio las casas de México (centro), Orizaba y Durango, y el resto para los mexicanos. El Visitador se regresó a Roma en julio de 1903, dejando las cosas sin pacificar y habiendo creado dos grupos completamente independientes entre sí.

 

4.    Los padres españoles en la cárcel

 

Si las cosas en México se iban poco a poco arreglando entre los carmelitas españoles y los mexicanos, a pesar de los roces, después de la salida del Visitador se complicaron sobremanera. Aparentemente los españoles habían quedado en posesión pacífica del Carmen del centro de México, de Durango, casa recién fundada por el P. Pedro, y del convento de Orizaba, por mandato del Visitador Gregorio de San José. Pero el 19 de agosto de 1903 la policía llevó presos a los padres Damián de Jesús María y Liberato del Santísimo Sacramento. El P. Pedro se libró, pues estaba en el convento de las Descalzas en el momento en que llegaron por ellos. Mientras llevaban a la cárcel a los dos padres, quedó al frente de la iglesia del Carmen del centro de México el Hermano Guillermo de San Luis; los Padres, después de pasar tres días en prisión y pagar una multa, salieron libres, pero el P. Pedro tuvo que entregar la iglesia al Arzobispado, lo cual hizo oficialmente el 27 de agosto, pues se creyó conveniente que no la atendieran ni los españoles ni los mexicanos, dado que era motivo de discordia entre ambos grupos.

Con este suceso ya no hubo posibilidad de entendimiento, pues lo españoles se quedaron en Durango y Orizaba y el P. Pedro comenzó a visitar gran parte de la nación con el fin de hacer algunas otras fundaciones. Mientras tanto, el 22 de febrero de 1904 los provinciales de Navarra y Castilla pidieron permiso al Definitorio General para que sus religiosos volvieran a sus respectivas provincias, pero Roma respondió que debían permanecer donde estaban, pues por el momento no era conveniente su retorno. Sin duda alguna el regreso se habría interpretado como un fracaso de la visita del P. Gregorio de San José, Definidor General, y además parecería poco seria la pretendida ayuda para restaurar a los Carmelitas en México. Sabemos que sí había de parte de Roma verdadero interés en cooperar a la restauración, pero todavía no se había encontrado el modo de hacerlo. Más tarde, el 8 de enero de 1912, resolvió el Definitorio General abrir noviciado en Querétaro, teniendo como Superior el P. Hilarión de San Juan Bautista (Amorrortu), y como  Maestro de Novicios el P. Bernardo de Santa María (Aguilar). El noviciado fracasó, pero ahora por otras causas externas: la revolución de 1910, que en 1914 se volvió anticlerical y comenzó a perseguir a todos los clérigos, pero también y principalmente a los religiosos.

 

5.    El P. Pedro recorre la República

 

El P. Pedro, tras entregar la iglesia del Carmen de la ciudad de México (1903), va  a Guadalajara, León y Guanajuato a buscar fundaciones (le ofrecen una iglesia en Irapuato). En 1905 visita de nuevo varias poblaciones de México, siempre con la ilusión de fundar. A mediados de ese año lo encontramos en Campeche, en el extremo sur de la nación, invitado por el Obispo para fundar una casa en su diócesis, y regresa de allá a fines de junio. Al año siguiente el Obispo ya está dando licencia formal para la fundación, pero no sabemos por qué no se llevó a cabo. Creemos que al P. Pedro le gustaba más el norte del país, como lo fue demostrando por otras fundaciones que hizo más tarde, y además porque, restaurada en 1908 la provincia de Cataluña, él tenía que reducirse a la región que para cada una de las provincias españolas había señalado el Definitorio General en 1906.

 

a.    La provincia de Aragón-Valencia presente en México

 

Desde agosto de 1902 habían llegado a México, por cuenta de la provincia de Aragón-Valencia, el P. Ludovico de los Sagrados Corazones (Tristany) y el H. Bernardo de los Sagrados Corazones (Aracil) y un sacerdote terciario llamado Elías María de Jesús. Ellos no habían entrado en el contrato hecho por el P. Checa con los provinciales de Navarra y Castilla, y por lo mismo comenzaron a procurar fundaciones en lugares donde la provincia de México no tenía casas. Esto también fue motivo de disgusto para el P. Checa, pues dice en una carta al Delegado Apostólico de 1904, que si el P. Ludovico “quería fundar en México, lo hiciera con la condición de recabar licencia in scriptis del Provincial, para que sus derechos fueran respetados”, pues Roma así lo había estipulado.

El P. Ludovico había aceptado primero una fundación en Sahuayo, Michoacán, que finalmente no hizo, y en cambio los religiosos se establecieron en una capilla que les donaron en Silao, Guanajuato. Para 1906, en la repartición de zonas que hizo el Definitorio General ya tuvieron en cuenta a la Provincia de Aragón y Valencia y acabaron designándoles prácticamente toda la República, aunque los padres de Cataluña se quedaron en Durango y Mazatlán, por lo pronto; en cambio, Castilla se redujo a las casas que tenían en Cuba y fundaciones en el Caribe. El 31 de agosto de 1903 el provincial de Aragón-Valencia pidió licencia de fundar en Aguascalientes; “que se aplace hasta nuevas informaciones”, respondió el Definitorio.

 

b.    Fundación en Mazatlán

 

En 1907 recibe el P. Pedro permiso para fundar casa en Mazatlán, Sinaloa, en la costa occidental. Allí los carmelitas atienden la pequeña iglesia de San José, que es parroquia. El Padre permanecerá ahí hasta 1911. En ese lugar lo encontramos firmando una carta enviada a Roma el 20 de diciembre de 1911, junto con los padres Justino de Santa Teresa (Eguileta), Gabriel de la Anunciación (Garay) y José Salvador de Jesús María (Civit), sin dejar de hacer viajes a Durango, donde estaba la primera casa que fundó. En 1906 había llegado a México el P. Lucas de san José (Tristany) y parece que su primer destino fue Durango, y luego será superior de Mazatlán en 1907. Pero en 1908, al constituirse la Provincia de Cataluña, fue nombrado primer Vicario provincial y dejó México definitivamente.

 

c.     Primer viaje a los Estados Unidos

 

El P. Pedro llegó a Tucson, Arizona, el 29 de octubre de 1911, enviado por el P. Vicario de Cataluña, Lucas de San José, a explorar el terreno para posibles fundaciones en los Estados Unidos; sabemos que ya había hecho un primer viaje en 1905, pero no qué lugares visitó entonces. En esta segunda ocasión lo apoyó el padre Virgilio Genevrive, de la diócesis de Arizona, a quien el P. Pedro conocía desde Mazatlán, pues lo habían albergado en la casa los carmelitas. No debemos olvidar que en ese momento ya había comenzado la Revolución en México, y seguramente los carmelitas de Cataluña estaban buscando un posible refugio en el país vecino. El Obispo Enrique Granjon de Arizona lo acepta, y lo envía un tiempo a Bisbee, pequeño pueblo en una región minera, para servir como párroco. Este lugar no le parecería extraño, puesto él ya conocía el ambiente de las minas por su experiencia de antes de ingresar en la orden. El Obispo les ofrece finalmente una fundación en el pequeño pueblo de Winkelman, Arizona, en 1912. Más tarde toman el poblado de Hayden. El P. Pedro hace venir también a su hermano Pascasio, que pertenecía a la provincia de Navarra y que había trabajado en la India como misionero durante 14 años. El 12 de enero de 1913 el provincial de Navarra autoriza el paso oficial del P. Pascasio a la provincia de Cataluña.

Con la partida del P. Pedro a los Estados Unidos y su nombramiento como párroco, tal parecería que se iba a establecer definitivamente allá, pero no fue así, pues lo veremos en el futuro hacer muchos viajes a México y seguir atendiendo, aunque a distancia, a varias instituciones que él había visto nacer y a los monasterios que había apoyado desde su llegada a México: los dos conventos de Carmelitas Descalzas de México, el de Durango, el de Guadalajara y las congregaciones de las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa (fundadas en 1903) y las Carmelitas del Sagrado Corazón (fundadas en 1904).

 

d.    Atención a las monjas de clausura

 

Desde que el P. Pedro llegó a México, una de sus primeras tareas fue atender espiritualmente a las monjas de clausura que había en la ciudad de México. Habían perdido, como todos los religiosos, sus antiguos conventos, pero ahora sin haber cambiado la ley; sin embargo, no eran directamente perseguidas y podían comenzar a restablecerse. Así sucedió con las Carmelitas de Santa Teresa la Antigua y el convento de Santa Teresa la Nueva. Vivían en pequeñas casas y se habían vuelto a reunir para hacer vida en comunidad, y hacia finales del siglo xix comenzaban a recibir vocaciones, porque el gobierno les daba una tregua. Por eso el P. Pedro tuvo ocasión de llevar a varias religiosas del primer convento citado y con una anciana, la Madre Magdalena del Niño Jesús, que aún quedaba, restaurar el convento de Durango el 1º de enero de 1902, gracias al interés y apoyo económico de doña Refugio Bracho, de esa ciudad.

El P. Pedro duró casi tres años en el Carmen del centro de México (1899-agosto de 1903), y desde allí atendió a los dos monasterios de las Descalzas. Más tarde lo seguirá haciendo, a pesar de vivir en Durango o Mazatlán. Incluso hará viajes de Estados Unidos a México y aprovechará esos viajes para seguir viendo por ellas. Tenemos noticia de que fue a México en 1915, en plena revolución, con motivo de la muerte, el 10 de diciembre, del P. Simón de Jesús (Urquiza). Regresa a Torreón al año siguiente, 1916, a buscar a los carmelitas que habían quedado allí cuando estalló en 1914 la revolución y cayó la ciudad en manos de los revolucionarios. Lo encontramos más tarde al menos en otras tres ocasiones: 1919, 1920 y 1924. Luego, en 1926 volverá la persecución religiosa, lo que le impedirá regresar a México como él hubiera deseado. El Padre estuvo hasta 1930 en los Estados Unidos y entonces tuvo que irse a España, pues lo nombraron maestro de novicios.

En esta época de la persecución apoya a las Carmelitas del convento de Santa Teresa de Guadalajara en su huida a los Estados Unidos, como lo indica en la carta del 31 de diciembre de 1927: les andaba buscando lugar en San Francisco, California, para que fundaran allí.

Cuando redacta su informe sobre México, dice de las Carmelitas Descalzas:

 

En cuanto a las madres Carmelitas, antes de la exclaustración de los religiosos, en México había dos comunidades en la capital, las antiguas y las nuevas; dos en Puebla, de Santa Teresa y de la Soledad; una en Orizaba, una en Morelia, una en Guadalajara y una en Durango. Sólo las de Guadalajara han podido conservar el convento, todas las demás han perdido sus conventos, pero ninguna ha perecido, todas subsisten y todas casi han mejorado, no en bienes temporales, sino en lo espiritual... Han sido admirables en su fervor, en su amor a la vida común y religiosa y en su fortaleza y constancia en tan grandes pruebas a que se las sometió; muchas veces dispersadas pero muchas veces reunidas; hoy ya están de una manera estable en lo que cabe según las circunstancias y no están solas, sino que han hecho varias fundaciones nuevas y todas están en regular observancia, pero algunas en tanta, que no omiten punto alguno de la ley sin observar. Viven en casas con oratorio interior, donde rezan el oficio canónico, etc., que no pueden rezar públicamente en la iglesia o en el coro de la iglesia, las que la han conservado, que son dos comunidades a lo más, pero en el oratorio cumplen con la ley.

 

e.    El apoyo a la fundación de las Carmelitas Misioneras de santa Teresa

 

Con las ya muchas veces citadas Leyes de Reforma de 1857, casi desapareció la vida religiosa en México. Todas las instituciones que se fundaron en México a lo largo de más de tres siglos y medio prácticamente se acabaron entonces. Cuando vinieron momentos de una cierta tranquilidad (durante el largo periodo de gobierno de Porfirio Díaz: 1876-1910), comenzaron a aparecer fundaciones de origen mexicano que pretendían restablecer la vida religiosa en México y subvenir a las necesidades de la Iglesia en el campo educativo y asistencial, pues el Estado no alcanzaba a cubrir esas necesidades. En 1872 se fundan las Josefinas del P. Vilaseca y la M. Cesárea Esparza, y luego las Terciarias Franciscanas de la Purísima Concepción (1874), las Hijas de María inmaculada de Guadalupe (1878), las Hermanas de los Pobres Siervas del Sagrado Corazón (1884), las Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres (1885), las Esclavas del Divino Pastor (1890) y muchas otras más.

También ese largo periodo de calma política dio oportunidad a muchas congregaciones extranjeras de establecerse o restaurar sus casas en México. Regresaron los Jesuitas y las Hermanas de la Caridad, únicas respetadas por las leyes de Reforma, pero expulsadas años más tarde; vinieron a fundar a México los Cordimarianos (1884), Salesianos (1892), los Hermanos Maristas (1899), los Padres Maristas (1897), la Hermandad de los Sacerdotes Operarios (1898), los Benedictinos (1901), los Lasallistas (1905), los Capuchinos (1907), los Redentoristas (1908) y la Congregación de los Sagrados Corazones (1909).

En ese ambiente de fundaciones y restauraciones nacieron las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa. El P. Pedro seguramente tuvo oportunidad de tratar en 1900 a la M. Manuela Muciño, una de las futuras fundadoras, cuando él estaba en el Carmen del centro de la ciudad y ella vivía cerca y acudía a misa a esa iglesia. Más tarde las seguiría ayudando y aconsejando hasta que llegaron a formar una congregación aparte en 1903, dejada la congregación de la Hijas del Calvario, a la que pertenecían. La congregación naciente tenía necesidad, como se usaba entonces, de pertenecer a una orden antigua, para poder ser aprobada por Roma. Cuando andaban en ésas, apareció providencialmente el P. Pedro y les sugirió que se adhirieran a la orden del Carmen, pues él tenía la experiencia de otras ya agregadas en España (las Carmelitas fundadas por el P. Palau) y también en Italia. Las religiosas estuvieron de acuerdo y el mismo señor Arzobispo de México, don Próspero María Alarcón, pidió consentimiento por escrito a todas las religiosas de la naciente congregación. El mismo P. Pedro hizo la petición a Roma antes del 15 de junio de 1905. La solicitud firmada por todas las religiosas y recomendada por el señor Arzobispo fue enviada al P. General de los Carmelitas Descalzos, Fray Reinaldo de San Justo, con fecha del 8 de julio de 1905.

Cuando se notificó a la M. Manuela la llegada del documento de agregación de parte de la orden, “la Madre escribió (...) al P. Pedro pidiéndole instrucciones para poner en práctica su agregación a la orden del Carmen”. El Padre le contesta desde Durango con fecha 13 de diciembre de 1905 diciéndole:

 

J.M.J. y T. sean con nuestra muy amada hija en Cristo, Sor Mª Manuela de la Cruz, C.T.D. (Carmelita Terciaria Descalza; más tarde Carmelitas Misioneras de Santa Teresa CMST). He recibido sus dos cartas, algo atrasadas. No le había yo enterado a nuestro Padre Martín (Reig, superior de los religiosos de Cataluña residentes en México) de las cosas de ustedes, atendiendo que bastantes cuidados tiene y no quería recargarle más. El consejo que les di yo fue en la inteligencia de que estaban bajo la inmediata autoridad del Señor Arzobispo, como religiosas enclaustradas, y que por tanto a él le pertenecía dar el hábito o designar quién lo había de dar; porque entonces no me acordaba qué decían las leyes o constituciones, que la Generala es la que debe dar el hábito o en su defecto aquella superiora que ella designe; según esto, tal vez tendrá que darlo la que ha venido de Huajuapam (Oaxaca), y en este caso sería conducente que Nuestro P. Martín o el Sr. Arzobispo o quien deba, la constituya superiora, a lo menos para ese acto. Enseñe esta carta a N. P. Martín, que estos días tal vez estará en México, le encontrará en casa del Señor Borges o en el templo de San Felipe de Jesús y si no ha ido a México, estará en Aguascalientes. Lo que nuestro Padre les dice, eso hagan.

 

f.      Acompañamiento de la congregación

 

El P. Pedro de san Elías no sólo colaboró con sus consejos para dar los primeros pasos una vez que fue fundada la congregación, sino que las siguió acompañando durante todos esos primeros años. Y ahora con más razón, pues perteneciendo ya a la orden del Carmen, no había otra persona más indicada para hacerlo que él, que siendo carmelita las podía ayudar en su proceso de formación y pasos que tenían que seguir dando. Así, les aconsejó que comenzaran a vivir basándose en las Constituciones de las Carmelitas de Barcelona (fundadas por el P. Palau), cosa que comenzaron a hacer desde 1910, pues los primeros años observaban las de otras religiosas fundadas en Huajuapan (Oaxaca, México) que llegaron a formar parte de esta nueva congregación.

El Padre durante un tiempo soñó en que estas carmelitas fundadas en México, llegaran a adherirse a las de Barcelona, que ya tenían años de experiencia en la vida religiosa y estaban perfectamente establecidas. Seguramente veía en ambas congregaciones parecidas aspiraciones de servicio al prójimo y todas cobijadas por un mismo carisma. La del P. Pedro no fue una simple sugerencia, sino que él mismo se puso en comunicación con la superiora general, la M. Patrocinio Castelis, que vivía en Gracia, Barcelona, para poder ayudar en los trámites. Esta comunicación duró tiempo y parecía que se lograría la asunción por parte de las Carmelitas del P. Palau .

El Señor Arzobispo de México, don José Mora y del Río, recibió carta de la General de las Carmelitas de Barcelona a principios del mes de diciembre de 1909. Al recibirla debe haber consultado al P. Vicario de Religiosas, don Rafael Favila Vargas, al P. Palacios, benedictino (que era quien primero había ayudado a las Hermanas), y a las mismas Madres. El resultado de sus consultas lo anotó al margen de esa carta, con fecha 11 de diciembre de 1909. “No nos parece conveniente la proyectada fusión ni aun para las mismas que la solicitan, pues creemos tendrían que arrepentirse”. No está firmada esta nota, pero lo más lógico es que sea del mismo Arzobispo Mora y del Río. No conocemos la carta de respuesta a las Madres de Barcelona, pero debió ser en sentido negativo. Y así, por de pronto se dio por concluido este proyecto. La Madre Teresa (Muciño) comunicó al P. Pedro inmediatamente la determinación de la Mitra, y éste le contestó con fecha de 13 de enero de 1910 a este propósito: “Muy amada Madre, he recibido su apreciable, o mejor las dos últimas. Siento que no se pueda llevar a cabo aquello que les propuse yo, porque de esta manera se hubiera levantado esa casa muy pronto a la altura conveniente...”

Otro pequeño grupo de religiosas que había quedado disperso en Durango y que estaban a cargo de un asilo conoció al P. Pedro y solicitó su ayuda, y él se ofreció a ayudar si se agregaba a las Carmelitas Terciarias Enclaustradas, nombre que entonces llevaban las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa (CMST). A éstas les sugirió que no aceptaran fundaciones muy pronto, hasta que estuvieran mejor formadas; que consiguieran el ceremonial de las Carmelitas Descalzas que él habían atendido durante años y que vivían en la calle llamada Cerrada de Santa Teresa, en la ciudad de México, mientras la Congregación tenía el propio.

Si el padre Pedro se preocupaba de las religiosas en general, con mayor razón lo siguió haciendo durante el resto de su vida por las afiliadas a su orden, como las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa. Así, lo encontramos viniendo de los Estados Unidos el 8 de septiembre de 1919 para dar el hábito en Durango a Magdalena de la Transverberación. Al año siguiente está en México presidiendo una ceremonia en la capilla de la Asunción de las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa en su casa general, en el barrio de Santa Julia, el 8 de septiembre de 1920. Probablemente en 1924 haya sido la última vez que las visitó en Santa Julia, pues en 1926 se desata la persecución religiosa.

Gracias a las cartas que siguió escribiendo a muchas de las Hermanas de las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa podemos darnos cuenta de sus desplazamientos no solo en México, sino también en los Estados Unidos, e ir siguiendo sus pasos de trabajador incansable. Sobre todo llama la atención la facilidad con que se desplazaba en ese entonces, cuando sólo existía el ferrocarril y ningún otro medio regular de transporte. Sólo por dar una idea, diremos que ir de Guadalajara a Los Ángeles significaba cuatro días con sus noches de viaje en tren. Y eso cuando no había contratiempos. El mismo Padre lo cuenta en algunas cartas. Los desplazamientos también debieron ser muy difíciles en los Estados Unidos, pues los pueblos donde los Carmelitas catalanes fueron a fundar, comandados sobre todo por el Padre Pedro, eran apenas pequeños caseríos de mineros en el inmenso estado de Arizona.

 

g.    El apoyo a las Carmelitas del Sagrado Corazón

 

El P. Pedro, que siempre se hacía presente con las Carmelitas de clausura, visitaba también a las de Guadalajara, y consta que estaba con ellas el 11 de abril de 1904, fecha en que estaba ahí haciendo una experiencia de vida religiosa doña Luisa de la Peña, luego fundadora de las Carmelitas del Sagrado Corazón. No es seguro que ella haya consultado entonces al P. Pedro de san Elías, pero es probable; sabemos que por lo menos lo conoció ahí, pues a partir de entonces lo comenzó a consultar. Lo que sí es seguro es que a partir de que se agregó la nueva congregación a la orden del Carmen (1921), la relación fue más intensa y continuó, como en el caso anterior, hasta la muerte del Padre en España en 1936.

La congregación nació en Atotonilco el Alto el 24 de diciembre de 1904, poco después de que doña Luisa de la Peña saliera de las Carmelitas de clausura, donde estuvo sólo seis meses. Sabemos que la M. Luisita, como se le llama ordinariamente, conoció al P. Pedro a principios de siglo XX, seguramente en el convento de Santa Teresa de   Guadalajara, donde acudía con cierta frecuencia, pues lo encontramos en 1902, 1903, 1904; algunas veces iba a impartir ejercicios espirituales o presidir tomas de hábito, y otras sólo a confesar, según refieren las crónicas del convento. Ya se dijo que en el último año mencionado también la M. Luisa se encontraba ahí. La relación con ella puede seguirse con cierto detalle: por ejemplo, en 1905 pasa unos días en Atotonilco, según indica el informe presentado al Arzobispado de Guadalajara por el señor Cura del pueblo, don Arcadio Medrano (31 diciembre 1905), o sea un año después de la fundación de la congregación, y también lo confirma el testimonio de la H. Luz de San Luis Gonzaga (Aceves), una de las primeras en ingresar a la congregación.

La relación con el Padre fue sumamente valiosa tanto para la fundadora, ahora Luisa Josefa del Santísimo Sacramento, como para muchas de las hermanas que trató y atendió espiritualmente. El Padre comenzó enviando a esta congregación naciente a varias jóvenes ya muy formadas que fueron luego pilares de la institución, pues como trataba y confesaba a tanta gente en todos los lugares donde estuvo, tanto en México como en los Estados Unidos, tenía ocasión de saber de su inclinación a la vida religiosa y así las iba destinando a varios institutos.

 

h.    Filiación a la orden del Carmen

 

Las primeras novicias que ingresaron a la Congregación, una vez que fue aceptada por la orden del Carmen (1921), recibieron el hábito de manos del P. Pedro de San Elías en Atotonilco el 26 de noviembre de 1922;  y fueron las hermanas Carmen de Jesús y Elena de la Cruz, vocaciones que él mismo había enviado a la congregación (testimonio de Margarita del S. Corazón Hernández y Carmen de Jesús). Sabemos que un poco después visitó la comunidad fundada desde 1924 en la población de San Francisco, Jalisco, y que fue cerrada en 1927 por la persecución, como testimonia la M. María de las Victorias Rodríguez.

Conservamos constancia de las cartas del P. Pedro, sobre todo de la época de la persecución (1926-1929) que la fundadora le escribía a los Estados Unidos, y muchas de las respuestas de éste. La M. Luisa Josefa tuvo que irse a los Estados Unidos para tratar de salvar a sus religiosas y allá se encontró con el apoyo y consuelo del P. Pedro; se conservan   cuando menos ocho cartas de 1928 y dos de 1929 que le escribió a la M. Luisa Josefa, donde, además de hablarle de la actividad que él desempeñaba en los Estados Unidos, la animaba y le iba sugiriendo lo que convenía hacer para que la congregación siguiera progresando a pesar de la persecución. Sólo unos datos que él da en algunas de esas cartas: escribe desde Superior, Arizona, el 14 de marzo de 1928; dice que tiene unos 400 niños en la doctrina y que no saben nada (del catecismo); comenta: “He venido porque hay mucha gente en este mineral y no tenemos Padre fijo”; le recomienda a Tomás Márquez, de Barcelona, que hace buenas esculturas de Santa Teresita, para que allá encarguen la que ellas necesitan, etc., etc.

No cabe duda que las relaciones se hicieron más intensas en los años en que la M. Luisita se encuentra desterrada en los Estados Unidos, pues no sólo se escriben con más frecuencia, sino que incluso él la busca en varias ocasiones y va a atender a las religiosas, también desterradas en los lugares donde trabajan o han fundado. Les da indicaciones para que otras personas les presten ayuda; les sugiere que se entrevisten con el P. General Guillermo de San Alberto, que está visitando los Estados Unidos en el verano de 1929; les consigue libros de la orden, para que estén al tanto del ritual y de la liturgia. Las incluye, como pertenecientes a la orden, en la epacta de la Provincia de Cataluña. Allí aparecen durante varios años, con la indicación que la congregación tiene casas en Los Ángeles y en Duarte, California.

Mencionemos algunos detalles para darnos cuenta de las atenciones que tenía el P. Pedro con las Carmelitas del Sagrado Corazón mientras estuvieron en los Estados Unidos huyendo de la persecución. Consta que visitó a las que vivían en Moraga, California, en septiembre de 1928 y estuvo ahí tres días. La comunidad se había fundado el 12 de septiembre de 1928 y la dejaron en agosto de 1930. Antes las había visitado en Long Beach, la primera población donde llegaron en los Estados Unidos (la casa la habitaban desde junio de 1927). En esa ocasión estuvo dos días atendiéndolas, según el testimonio de la H. María del  Refugio del Sagrado Corazón. Poco antes de abril de 1930 lo encontramos de nuevo confesando a las hermanas que estaban en el Colegio de Santa María, en Moraga, según consta en una carta de la Madre fundadora. Y en los primeros días de abril de ese mismo año las visita en el Paso, Texas, y les lleva una carta de recomendación para que se presenten a las autoridades eclesiásticas del lugar, a fin de fundar comunidad . Luego, en esa misma ocasión, las encuentra en Tucson, Arizona, y les consigue hospedaje con las Carmelitas Descalzas a las que él conocía y sin duda atendía también en su paso por esa ciudad.

En 1931, cuando el P. Pedro ya se encontraba en España, mandó a la fundadora para ese año las epactas de la orden que la provincia de Cataluña había editado, y ella procuraba distribuirlas en las casas de la congregación, sobre todo enviándolas a los Estados Unidos. Seguramente en abril de 1930 fue la última vez que el P. Pedro vio a la Madre fundadora, pues ella regresó ese año a los Estados Unidos mandada llamar por el señor Arzobispo de Guadalajara, don Francisco Orozco y Jiménez, también desterrado en Los Ángeles. La Madre había vuelto a México en octubre de 1929, pues en julio se habían “abierto los cultos”, es decir, el gobierno permitía otra vez las prácticas religiosas en las iglesias de la nación. La fundadora había ido por primera vez a los Estados Unidos en junio de 1928, y ahora, de nuevo allá, tuvo oportunidad de entrevistarse con Monseñor Orozco y Jiménez en marzo de 1930 y ver por última vez al P. Pedro. Probablemente las siguientes palabras de una carta suya se refieran a esa última entrevista: “Quedamos muy contentas con el riego a nuestras almas que por medio de N. P. Pedrito nos dio Ntro. Señor y sobre todo para mi pobrecita alma fue motivo de tranquilidad por el desahogo que tanto S.S. C.C. (Sus Caridades) como las hermanas de aquí tuvieron”.

Sabemos por las cartas de la M. Luisa que siguió escribiendo al P. Pedro luego que él regresó a España en 1931, pero no se conservan esas misivas, ni tampoco las que el Padre le estuvo enviando hasta su martirio, acaecido en Tarragona el 11 de noviembre de 1936 durante la guerra civil. La M. Luisa lo sigue citando y haciendo alusión a él en las cartas hasta una de enero de 1935. No hay alusiones a la muerte del P. Pedro en las últimas cartas fechadas que de ella se conservan, que son de diciembre de 1936 (a un mes del martirio del Padre); ella morirá el 11 de febrero del año siguiente.

 

Conclusión

 

La vida del P. Pedro de San Elías en México fue muy fructífera. Es cierto que alguno de sus primeros pasos, sobre todo cuando obedeciendo pretendió hacer Visita canónica, resultó fallido. No olvidemos que al llegar a México apenas tenía dos años de ordenado y sin duda todavía le faltaba experiencia de vida, y más para asunto tan delicado como era hacer Visita a unos frailes después de más de 30 años de permanecer aislados de la Orden a causa de la política anticatólica de los gobiernos de México. Parece que el P. Pedro no quiso transigir en nada para que esa Visita resultara, y el P. Checa tampoco supo dar un paso adelante y olvidarse que él había sido el superior de los frailes en México a lo largo de 30 años y que Roma –la Casa General de la orden– buscaba entablar una nueva relación con los religiosos, aunque no por el camino que antes había aceptado y que pasaba por el P. Checa. No encontraron punto de acuerdo.

            Para hacer un balance de los primeros años de la trayectoria del P. Pedro en México tenemos afortunadamente dos documentos muy importantes: un informe que él redactó en 1902, al término de la Visita que le encargaron de Roma, y otro del 24 de junio de 1904 destinado a la Curia General de los Carmelitas en Roma. Existe también la contraparte: una carta enviada por el P. Checa al Delegado Apostólico Monseñor Serafini redactada el 5 de julio de 1904. Cada uno se explica y expone las razones de su actuación en México. Y cada uno expone desde su propia perspectiva los motivos de la decadencia y los posibles caminos de solución. Esos dos documentos nos completan la visión sobre los Carmelitas en el México de entonces. También conservamos de ese tiempo cartas tanto del P. Pedro, el principal actor de los Padres españoles, como del P. Checa, enviadas a los superiores de Roma.

Sin duda alguna el servicio principal que el Padre Pedro prestó en México fue la atención espiritual a mucha gente, pero sobre todo a las religiosas tanto contemplativas como de vida activa. Era muy inquieto por naturaleza; fue el único carmelita que recorrió muchas veces la nación para buscar fundaciones o para atender sobre todo a las religiosas, y esos desplazamientos tenían un fin pastoral bien concreto. Ninguno de los cuarenta y tantos Carmelitas españoles que estuvieron en México a lo largo de los primeros 30 años del siglo XX hicieron tantos viajes como él. Ejerció su apostolado en las iglesias en que estuvo como se hacía entonces, con las prácticas piadosas en uso; en ese sentido parece que no innovó nada. También lo vemos durante unos doce12 años, tantos como los que pasó en México, atendiendo parroquias en el sur de los Estados Unidos, en lugares carentes de lo más elemental, pueblos mineros como eran los distintos lugares donde fundó comunidad y trabajó en Arizona. Pero seguir su trabajo y sus pasos allá es tema aparte, imposible de trazar en estas líneas. Para concluir, diremos que la vida del P. Pedro culminó con el martirio en 1936 en Tarragona, como otros dos padres españoles que, aunque habían estado en México, sobrevivieron a la revolución y la persecución religiosa de 1926.


 

Fuentes

     

·       Alejo de la Virgen  del Carmen, “Nuestros mártires” de la Provincia de San José de Cataluña, Lérida, Imp. Comercial, 1944.

·       De la Cruz Torres, OCD, Jaime, A zaga de su huella (recordando a la M. Luisa Josefa del Santísimo Sacramento), México, 1961.

·       Diego Sánchez, Manuel, Catálogo de los religiosos Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Elías de Castilla la Vieja (1889-1994), Roma, MHCT, 1996, (Subsidia selecta 3).

·       Font, Fr. Anastasio O.C.D.; Carmelites Among Miners. The Discalced Carmelite Fathers of California, Los Ángeles, Giebner, Robert C., Editor, 1991.

·       Lucas de San José, El padre Ludovico de los Sagrados Corazones Tristany, carmelita descalzo. Notas biográficas y algunos discursos, Barcelona, Editorial Litúrgica Española, 1935, 497 p.

·       Luisa Josefa del Santísimo Sacramento, Cartas y apuntes espirituales, México, Progreso, 1997.

·       Orozco Mosqueda, OCD, José de Jesús Documentos de la restauración de la provincia de Carmelitas de México (en preparación).

- México en los fondos del Archivo General O.C.D., II, Roma, 1998, (documento mimeografiado).}

- P. Bernardo de Santa María, OCD (Adolfo Aguilar León) (1863-1942). Cartas [en preparación

- (en colaboración con Tomás Sanchís, Dionisio, P. Eleuterio de María Santísima. José Ferrer Usó)  Cartas, Roma, 1998 (documento mimeografiado).

- (en colaboración con Tomás Sanchís, Dionisio) México en los fondos del Archivo General O.C.D. I, Roma, 1996 (documento mimeografiado).

·       Salas, Fortunato, Cuaderno de historia 1, Cartas de los carmelitas descalzos de la Provincia de Aragón-Valencia, residentes en México durante la revolución llamada “zapatista” y los comienzos de lo que hoy es la Provincia Carmelitana de Oklahoma, Valencia, 2000.

·       Silverio de Santa Teresa, Historia del Carmen Descalzo en España, Portugal y América, Burgos, Tipografía Burgaleza, T. XIV, 1937.

·       Tomás Sanchís, Dionisio, Catálogo de los religiosos Carmelitas Descalzos de la Provincia de Santa Teresa de Jesús de Aragón-Valencia (1895-1998), Roma, MHCT, 1999 (Subsidia Selecta 4).

·       Unzueta, Antonio e Izpura, Luis María, Catalogo de los religiosos Carmelitas descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra (1868-2000), Roma 2001, (Subsidia selecta 5).

·       Varios autores, Testimonios de las hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón acerca de N. Madre fundadora Ma. Luisa Josefa del Santísimo Sacramento (de la Peña), Guadalajara, 2003.

·       Vega Chagoya, José de Jesús, El padre Eleuterio Ferrer de María Santísima, Iniciador de la restauración del Carmelo en México, Apóstol del Bajío, Mártir de Cristo Rey, Burgos, Monte Carmelo, 1998.

·       Victoria Moreno, Dionisio, “La Provincia de San Alberto a principios del siglo XX” en Encuentro, Servicio informativo de la Provincia de San Alberto, O.C.D., México, 1978, p. 401 ss.

-        Las Carmelitas misioneras de santa Teresa. Historia documentada (1903-1977), México, 1978.

·       Zamora Félix, “Notas históricas sobre la Orden del Carmen en Durango”, en Encuentro, 1984, pp. 451-458.

-        El santo Desierto de Tenancingo: sus antecedentes, su historia, sus leyendas, México, s.p.i., 1985.

-        “Breves datos para la historia del Carmen (San Sebastián) de México” en Encuentro, 1984, p. 359 ss.

 

Otras fuentes:

·       Estado de la Semiprovincia de San Alberto en 1902, según el Visitador P. Fr. Pedro de San Elías (AHPCM 959); Archivo Gral. OCD, Roma, México, cartas.

·       Carta al Delegado Apostólico Mons. Serafíni, San Ángel, 5 de julio de 1904, en Rafael del Corazón de Jesús (Checa Solís), Cartas (en preparación).

·       “El monumento nazionale del Messico al Sacratissimo Cuore di Gesù”, en Il Carmelo e le sue missioni all’estero, Anno XXIV, n.5 pp. 111-119; n.6 , pp. 220-229

·       Boletín oficial de la Provincia de Navarra, enero 1940; marzo de 1953.

·       Archivo de la Curia General, Roma, Archivo Gral. OCD, Roma, Pluteo, Cataluña,



1 Fraile carmelita mexicano, de la Provincia de San Alberto. Cursó los estudios teológicos en el Colegio Máximo de Cristo Rey, tiene la licenciatura en Historia por la UNAM, la licenciatura en Historia eclesiástica por la Universidad Gregoriana de Roma y una maestría en Mística Teresiano-Sanjuanista, que cursó en Ávila, España. A la fecha es archivista de su Orden en México.

2 Se publicó originalmente en El Monte Carmelo. Revista de estudios carmelitanos, Vol. 113, No. 1 Burgos, ,2005,págs. 187-209.



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