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CIRCULARES

CIRCULAR 4 /2015

Peregrinación diocesana a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
16 de abril del 2015

A toda la comunidad diocesana:
Que el amor de Dios Padre ilumine sus corazones.
Invito a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los fieles laicos, a la peregrinación diocesana a la Basílica del Tepeyac el próximo jueves 16 de abril, para implorar a Dios, mediante la inapreciable intercesión de Santa María de Guadalupe, Reina de México, que renueve nuestra identidad cristiana frente al reto de construir una sociedad más pacífica y equitativa. La oración, como fuerza de los cristianos, nos lleve a la solidaridad; recordemos que la paz es fruto de la justicia y de la verdad, y que conlleva la reconciliación entre todos.

Pido a los párrocos y rectores de templos que alienten a sus comunidades para asistir a esta romería con espíritu de fe. Invito también a los sacerdotes a presidir esta peregrinación, a organizar el transporte y a ofrecer a los peregrinos los servicios espirituales, sobre todo del sacramento de la reconciliación.

El programa de la peregrinación será el siguiente: a las 10 a.m. reunión en el atrio de la Basílica, por comunidades, y rezo del santo rosario. A las 11 a.m. recepción en la Basílica y Eucaristía. Los sacerdotes están invitados a concelebrar, llevando alba y estola. Al final de la misa se renovará la consagración de la arquidiócesis a Nuestra Señora de Guadalupe.

He encomendado animar los actos de esta peregrinación al señor cura don Manuel Eufrasio Retana (tel. 36602875 y cel. 3313123548). Como signo externo, se sugiere llevar uniforme o algún distintivo para mantenerse unidos y mejor organizarse.

Quiera Nuestro Señor Jesucristo que por esta piadosa peregrinación mariana nuestra Iglesia diocesana renueve su compromiso de fe.
Guadalajara, Jalisco, a 23 de febrero del 2015

+ José Francisco Card. Robles Ortega
Arzobispo de Guadalajara

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.
Secretario Canciller


CIRCULAR 5/ 2015

Recomendaciones pastorales para la Semana Santa

A todos los miembros de la comunidad diocesana:
Reciban un fraternal saludo en este tiempo que nos prepara para la Pascua.
Después de la Cuaresma, la Iglesia celebra los misterios que dan sentido a su vida y a su misión. En la Semana Santa hacemos memorial del amor del Padre, que no nos abandona en el pecado, y contemplamos con humildad la obediencia de Jesucristo, incluso hasta a la muerte, y su triunfo sobre ella por su gloriosa resurrección. A fin de que las celebraciones propias de Semana Santa nos renueven de manera eficaz, pongo a su consideración algunas recomendaciones pastorales para todas las comunidades de la Arquidiócesis de Guadalajara.

I. Conclusión de la cuaresma: celebración de la Semana Santa

La Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, en la carta circular Mysterium Paschale (MP), nos recuerda que en la Semana Santa la Iglesia “celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén” (n. 27).

a) Criterios generales para la celebración de los oficios de Semana Santa
Con el fin de que se celebre digna y noblemente estos días, hay que seguir las indicaciones que la Sede Apostólica nos proporciona:

• Tener un número suficiente de acólitos, lectores, cantores, convenientemente capacitados para que la celebración sea verdaderamente digna (ib. n. 41).

• Para que los fieles participen plena, consciente y activamente conviene instruirlos sobre la estructura y los significados de las celebraciones (ib.).

• Preparar adecuadamente los cantos para estas celebraciones, tomando en cuenta la participación de los fieles (ib. n. 42).

• No multiplicar innecesariamente el número de celebraciones, especialmente en el Triduo Pascual; conviene que los fieles se congreguen en las iglesias más importantes (ib. n. 43).

• La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de los templos, a partir del domingo V de Cuaresma, puede conservarse. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.

b) Domingo de Ramos en la pasión del Señor
“La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión” (ib. n. 28). El Papa Francisco invita a toda la Iglesia a celebrar en este día la XXX Jornada Mundial de la Juventud, cuyo lema es el siguiente: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8).
El año pasado reflexionamos sobre la bienaventuranza de los pobres de espíritu, situándola en el contexto más amplio del “Sermón de la montaña”, descubrimos el significado revolucionario de las Bienaventuranzas y el fuerte llamado de Jesús a lanzarnos decididamente a la aventura de la búsqueda de la verdadera felicidad. Esta jornada se efectuará en las parroquias y capellanías de la Arquidiócesis, preparándola con orden y entusiasmo, e invitando a todos los jóvenes a proclamar el triunfo de Cristo como Rey y Señor. Se profundizará y difundirá el mensaje del Santo Padre con una conveniente catequesis. Invito amablemente a los Grupos Juveniles a que participen en la celebración litúrgica de la misa del domingo de Ramos que organiza la Pastoral Juvenil Diocesana en el Santuario de los Mártires, a las 12:00 horas.
Por la tarde, se llevará a cabo la celebración que iniciará en el templo de Nuestra Señora de las Mercedes a las 17:30 horas, con la bendición de los ramos, y enseguida se emprenderá la procesión hacia la Catedral metropolitana, para aclamar a Jesús como el Mesías de Dios y culminar con la participación en la Eucaristía en la que se proclama solemnemente la Pasión del Señor.

c) Jueves Santo: misa Crismal.
“La Misa Crismal, en la cual el Obispo concelebra con su Presbiterio, consagra el santo crisma y bendice los demás óleos, es una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el único y mismo sacerdocio y ministerio de Cristo” (MP n. 35).
Invito a mis hermanos sacerdotes a participar en esta celebración Eucarística en la que se renuevan las promesas que hicimos el día de nuestra ordenación sacerdotal, en comunión con el obispo. Invito también a los religiosos y religiosas y a los fieles laicos representantes de las comunidades parroquiales con el fin de que participen en esta Misa Crismal, que se celebrará en la iglesia Catedral el Jueves Santo a las 10:00 horas. Los presbíteros se reunirán para revestirse en el patio del museo de Arte Sacro a las 9:30 y llevaran alba y estola.
El crisma y los santos óleos son enviados a las comunidades de la arquidiócesis, al finalizar la misa crismal, para que se utilicen en la celebración de los sacramentos. Se entregarán únicamente a los representantes que se identifiquen con carta sellada y firmada por el sacerdote responsable. Hay que cuidar que los recipientes sean dignos y seguros, bien aseados y apropiados para los santos óleos en tamaño y material, que se conserven en el templo en un lugar especial, limpio y adecuado para su conservación.

II. Triduo Pascual

“La Iglesia celebra cada año los grandes misterios de la redención de los hombres desde la misa vespertina del jueves en la Cena del Señor hasta las vísperas del domingo de Resurrección. Este periodo de tiempo se denomina justamente el Triduo del crucificado, sepultado y resucitado; se llama también Triduo pascual porque en su celebración se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir el tránsito del Señor de este mundo al Padre” (ib. n. 38). Las celebraciones litúrgicas del Triduo Pascual se han de realizar con gran solemnidad, con una preparación adecuada y con una consciente participación de los sacerdotes y fieles. Las acciones litúrgicas gozan de mayor dignidad e importancia con respecto a los actos piadosos, para que los horarios se adapten a este criterio y a las necesidades pastorales de los fieles. Los párrocos y rectores de templos deben insistir más en estos días en la participación de los fieles a través de los sacramentos como la Reconciliación y la Eucaristía, que en lo meramente devocional, para subrayar así el paso del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo.

a) Jueves Santo: misa vespertina de la Cena del Señor
“Con esta Misa, que se celebra en las horas de la tarde del Jueves Santo, la Iglesia comienza el sagrado Triduo Pascual, y se esfuerza vivamente por renovar aquella última Cena, mediante la cual el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, amó hasta el fin a los suyos que estaban en el mundo, ofreció su Cuerpo y su Sangre a Dios Padre bajo las especies del pan y de vino, se los dio a los Apóstoles para que lo comieran, y a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio les mandó que lo ofrecieran” (Ceremonial de los obispos n. 297).
Con esta celebración comienza el Triduo Pascual; en ella se conmemora la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, así como el mandato del Señor sobre la caridad fraterna, elementos que han de tomarse muy en cuenta en la Homilía (cf. Misal Romano). Dentro de la Misa, el Sacerdote que preside, hace el lavatorio de los pies no a mujeres, sino solamente “a algunos varones previamente designados, y significa el servicio y el amor de Cristo, que ha venido no para ser servido, sino para servir” (MP n. 51).
Al concluir la celebración se hace el traslado del Santísimo Sacramento al lugar de la Reserva, y les recuerdo que el Santísimo Sacramento se reserva en un sagrario y nunca debe hacerse exposición con custodia u ostensorio. El sagrario no tendrá forma de sepulcro, pues no se trata de representar “la sepultura del Señor”, sino de conservar la Eucaristía para la comunión del Viernes Santo (ib. n. 55).

b) Viernes Santo de la Pasión del Señor
“Este día, en que ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua, lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración se ha cumplido con plena eficacia: el Cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas” (Ceremonial de los obispos n. 312).

Celebraciones litúrgicas
En las primeras horas de la mañana se puede organizar la recitación comunitaria del Oficio de Lectura y Laudes. La celebración de la Pasión del Señor se tendrá después del mediodía. Por razones pastorales puede elegirse otra hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse con mayor facilidad; por ejemplo desde el mediodía hasta el atardecer (MP n. 63); no se han de omitir las lecturas y se ha de respetar la estructura de la Oración Universal sin introducir ninguna modificación (ib. nn. 66-67).

El ayuno pascual
El ayuno pascual de los dos primeros días del Triduo es importante, puesto que nos lleva al origen de las mismas celebraciones de preparación a la Pascua en las que la Iglesia ayuna “porque el Esposo le ha sido arrebatado”. Este día hay que observar el ayuno y la abstinencia y se recomienda que se guarde también el sábado santo, “a fin de que la Iglesia pueda llegar con espíritu ligero y abierto a la alegría del domingo de Resurrección” (ib. n. 39). De modo particular deseo recordar que la ausencia de alimento material está en función de nutrirse más abundantemente de la Palabra de Dios para disponer al ejercicio de la voluntad de Dios en nuestra vida nueva que deseamos realizar; para facilitar esta proyección teológica del ayuno, conviene que en nuestras comunidades se provea oportunamente de experiencias como la Lectio Divina para los fieles.

Ejercicios de piedad
Los ejercicios de piedad (Vía Crucis, Siete Palabras, visita a los siete templos, rosario de pésame, marcha de silencio, etcétera) se han de organizar siguiendo con fidelidad los principios y orientaciones del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia (DPPL) publicado por la Congregación para el Culto Divino y los Sacramentos el 17 de diciembre de 2001 (cf. nn. 138-156).
Se recomienda el Vía Crucis en un ambiente de austeridad, silencio y oración. Si se hace la representación de la Pasión de Cristo, se ha de fomentar en los actores y espectadores una fe activa y una auténtica piedad, explicando la diferencia que hay entre una “representación” y “la acción litúrgica” (ib. n. 144). También se recomienda hacer “el recuerdo de la Virgen de los Dolores” para acompañar a la Madre del Señor, “que se ha quedado sola y sumergida en un profundo dolor después de la muerte de su único Hijo” (ib. n. 145).

Colecta anual para los santos lugares
En este día, la Iglesia universal, desde la Edad Media, ha querido solidarizarse con los cristianos de Tierra Santa a causa de la crisis política y económica que afrontan, y de los sufrimientos a que están sometidos. La Congregación para las Iglesias Orientales ha insistido sobre la importancia de esta colecta. Pido a los párrocos y rectores de los templos que en la celebración litúrgica de ese día y en los actos piadosos se dé a conocer a los fieles la urgencia de esta ayuda para las comunidades católicas de Palestina y organicen esta colecta especial. Lo que se recabe se enviará a la caja del arzobispado.

c) Sábado Santo
El Sábado Santo, a temprana hora, es muy conveniente que se recite en las comunidades el Oficio de Lectura y Laudes.
También, para expresar el luto de toda la Iglesia por la muerte del Esposo, se recomienda organizar “La Hora de la Madre”, ya que la Virgen María, junto al sepulcro de su Hijo, “es imagen de la Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su Esposo en espera de celebrar su Resurrección” (DPPL n. 147).

d) Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
“Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en ella, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como la madre de todas las santas Vigilias. Durante la vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los Sacramentos de la Iniciación Cristiana. Toda la celebración de la Vigilia Pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes de la caída de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada estrictamente” (MP nn. 77-78).
Los señores párrocos y rectores de los templos han de celebrar esta Vigilia en sus cuatro partes, como se encuentra en los libros litúrgicos, y no se debe reducir a una misa vespertina de sábado. Elegirán la hora más oportuna, entrada ya la noche, teniendo en cuenta las necesidades pastorales de los fieles. Se debe procurar celebrar una sola Vigilia Pascual, evitar la multiplicidad de celebraciones y resaltar la importancia de una única Pascua.

III. Tiempo Pascual

“La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van del domingo de Resurrección al domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como el Gran Domingo” (ib. n. 100).
El tiempo de la cuaresma, que preparó debidamente a las comunidades, ha de culminar con la celebración del Tiempo Pascual como una gran fiesta prolongada. La Iglesia nos sugiere algunas iniciativas para este tiempo:

Celebrar los domingos de Pascua con especial solemnidad
Resaltar la Vigilia de Pentecostés con un momento intenso de oración y como el tiempo principal para conferir el sacramento del Orden.
Fomentar las vocaciones y orar por la santidad de los sacerdotes, sobre todo el IV domingo de Pascua, en que se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.
Bendecir las casas con motivo de las fiestas pascuales, de acuerdo con los textos que ofrece el bendicional, y aprovechar la ocasión para que el párroco haga la visita pastoral a cada familia.
Que Jesucristo Nuestro Señor, que padeció, murió y resucitó por nosotros, nos impulse a ser discípulos y misioneros, en la alegría pascual, en esta hora de la Nueva Evangelización.
Guadalajara, Jalisco, a 13 de marzo del 2015

+ José Francisco Card. Robles Ortega
Arzobispo de Guadalajara

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.
Secretario Canciller


CIRCULAR 6/2015

Colecta nacional: Universidad Pontificia de México, 3 de mayo de 2015
A toda la comunidad diocesana:
Les saludo, apreciables hermanos, deseando con fraternal afecto que el amor a Jesús nos impulse a difundir el Reino de Dios.
La Universidad Pontificia de México se considera continuadora de la Real y Pontificia Universidad de México, promovida por el primer obispo fray Juan de Zumárraga y fundada el 25 de enero de 1553. Es una de las principales obras del episcopado mexicano al servicio de la Iglesia, y es una obra de toda la Iglesia en México, ya que la participación de las diócesis, los institutos religiosos, las sociedades de vida apostólica y el laicado es cada vez mayor; todos ellos contribuyen con profesores y alumnado para fortalecer la formación permanente de los agentes de pastoral en la fidelidad al Evangelio, tomando en cuenta los valores de la persona en sus dimensiones personal, sociocultural y trascendente, y a través de la vivencia de la catolicidad como una forma de humanismo cristiano.
El Episcopado mexicano sostiene esta institución, patrimonio cultural de México, como un instrumento favorable para la formación académica en diálogo con la cultura. Por esta razón invito a los Señores Párrocos, Cuasi-Párrocos y Rectores de Templos a realizar la colecta en favor de la Universidad Pontificia de México el próximo domingo 3 de mayo del 2015. Encomendamos a Jesucristo el éxito de los trabajos apostólicos, de cultura e investigación de la Universidad Pontificia de México, para que tengan como objeto la Gloria de Dios, y como destinatarios a los agentes formados en la fe y en la sana doctrina.
Guadalajara, Jalisco, a 5 de marzo del 2015

+ José Francisco Card. Robles Ortega
Arzobispo de Guadalajara

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.
Secretario Canciller


CIRCULAR 7/2015

Falleció el señor presbítero don Mariano de Jesús Jiménez Gutiérrez

A toda la comunidad diocesana:
Reciban un saludo fraternal en Jesucristo resucitado. Les informo del fallecimiento de un hermano sacerdote, el presbítero Mariano de Jesús Jiménez Gutiérrez, que descanse en la paz de Dios.
El señor presbítero don Mariano de Jesús Jiménez Gutiérrez nació en San Miguel el Alto, Jalisco, el 17 de abril de 1923. Ingresó al Seminario de Guadalajara en el año de 1937 y recibió la ordenación sacerdotal el día 2 de abril de 1949, en Guadalajara. Desempeñó su ministerio sacerdotal como Vicario cooperador en la parroquia de Lagos, Jalisco, además de ser padre espiritual de los alumnos de preparatoria del Seminario auxiliar del mismo lugar, y capellán del Santuario de Guadalupe de Lagos. Ejerció su ministerio como párroco de Tequila y del Señor de la Misericordia y el Santuario de Guadalupe en la Perla Tapatía. Fue también decano por varios periodos en diferentes decanatos; adscrito al templo Expiatorio y asistente eclesiástico de las Trinitarias Hijas del Corazón Inmaculado de María. Por último, estuvo adscrito a la parroquia de la Resurrección de Cristo, en esta ciudad, donde falleció el 13 de enero del 2015. El padre Mariano de Jesús fue un hombre trabajador, responsable y preocupado siempre por la formación de los futuros sacerdotes. Se le recuerda como un buen compañero, prudente, dedicado al ministerio edificante y sensible a las necesidades de los demás, esforzado siempre por cumplir la voluntad de Dios aquí en la tierra.
Que Cristo resucitado reciba en la asamblea de los santos a nuestro hermano sacerdote don Mariano de Jesús Jiménez Gutiérrez y le otorgue el premio de los servidores fieles. Les ruego que ofrezcamos oraciones e intenciones en las Eucaristías en sufragio por nuestro hermano.
Guadalajara, Jalisco, a 20 de enero del 2015

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.
Secretario Canciller


CIRCULAR 8/2015

52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

A toda la comunidad diocesana:
Les saludo fraternalmente deseando que la paz de Cristo Resucitado los anime a responder con generosidad en la vocación a la cual Él nos ha llamado.
La vocación es el fruto y la expresión de la vitalidad y la madurez de cada comunidad eclesial. Por ello, es importante que pueda crearse un ambiente familiar y eclesial que ayude a todos a descubrir el proyecto de Dios en su vida. El clima de fe, de oración, de comunión en el amor, de madurez espiritual y de intensa vida sacramental convierte a la comunidad creyente en un terreno fecundo para el desarrollo de una espiritualidad vocacional. De aquí que la Iglesia sea llamada Madre de vocaciones, porque hace nacer en su seno, protege y sostiene las vocaciones que Nuestro Señor Jesucristo otorga para el bien del mundo.
Esto nos da certeza de que el Señor no nos deja, ni nos dejará sin vocaciones. Es importante dar un cuidado especial a la promoción vocacional, cultivando los ambientes en los que nacen las vocaciones a la vida cristiana, al sacerdocio y a la vida consagrada (cfr. Plan Nacional para la Renovación de la Pastoral Vocacional, 2.2.5.9).
Les pido que organicen en sus comunidades la 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sacerdotales y consagradas, a celebrarse, Dios mediante, el domingo 26 de abril de 2015, IV Domingo de Pascua. Pueden utilizar el subsidio que envía el Centro Diocesano de Pastoral Vocacional, que contiene reflexiones, temas y la Hora Santa vocacional.
Que Jesucristo Buen Pastor, por la valiosa intercesión de Santa María Virgen, conceda a nuestra Iglesia diocesana abundantes vocaciones en cantidad y en calidad de respuesta.
Guadalajara, Jalisco, a 17 de marzo del 2015

+ José Francisco Card. Robles Ortega
Arzobispo de Guadalajara

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.
Secretario Canciller

CIRCULAR 9/2015

Fallecimiento del señor presbítero don Juan Carlos Cabrera Becerra (1966-2015)

A los miembros de la comunidad diocesana:
Los saludo fraternalmente, deseando que la paz de Cristo Resucitado los anime en el ejercicio de la caridad activa. Hermanos, quiero notificarles que el señor presbítero don Juan Carlos Cabrera Becerra ha participado del triunfo de Cristo, como recuerda el Apóstol San Pablo: “Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro Salvador Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas” (Flp. 3, 20-21).
El Padre Juan Carlos Cabrera Becerra nació en el Salto, Jalisco, el 16 de mayo de 1966. Ingresó al Seminario de Guadalajara en el año de 1978 y recibió la Ordenación Sacerdotal el día 30 de mayo de 1993 en Guadalajara. Desempeñó su ministerio sacerdotal como vicario parroquial en las parroquias de San Francisco, Nochistlan, Zacatecas; Santa Teresita y Zalatitán, de esta ciudad, y fue párroco de las parroquias de Jesús de Nazaret, Santa María de Jesús Sacramentado, Santos Crispín y Crispiniano y Nuestra Señora del Rosario, de Jamay, Jalisco. Además de ser misionero por un corto tiempo en Amazonas, Perú. Falleció el 16 de marzo de 2015 en Guadalajara.
El padre Juan Carlos fue un hombre trabajador, servicial y de buen trato, con una sensibilidad grande para entender el aspecto misionero de la Iglesia, alegre y apostólico, siempre entregado a su ministerio. Vivió con fe su enfermedad. Que Cristo Resucitado reciba en la Asamblea de los Santos al señor presbítero don Juan Carlos Cabrera Becerra y le otorgue el premio de los servidores fieles, pues ha compartido ya la alegría del Amor eterno en Cristo Resucitado. Invito a todos los sacerdotes de la arquidiócesis a ofrecer la Sagrada Eucaristía en sufragio de nuestro hermano sacerdote.
Guadalajara, Jalisco, a 20 de marzo del 2015

Javier Magdaleno Cueva, Pbro.
Secretario Canciller


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