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Una historia de fe: crónica de un corazón

Eduardo Padilla Casillas1

Esta colaboración, engastada en el aniversario 200 del nacimiento del segundo arzobispo de Guadalajara, don Pedro Loza y Pardavé, arroja luces en torno a la devoción que se tuvo a una fina talla en pedernal en forma de corazón, la cual dio pie, con el respaldo del aludido mitrado, a la construcción del santuario de ese nombre en la populosa barriada de San Juan de Dios, al oriente de la capital de Jalisco

1.    Antecedentes: el culto al Sagrado Corazón de Jesús

A lo largo de los siglos el Sagrado Corazón de Jesús ha estado presente dentro de la devoción cristiana; ésta se hizo más ferviente al difundirse las revelaciones privadas de la mística santa Margarita María Alacoque, datadas entre 1673 y 1675, según las cuales la voluntad divina pedía a la vidente comunicara su deseo de recibir culto público y solemne bajo el título al Sagrado Corazón. La Iglesia intervino con especial cautela y no oficializó este culto sino hasta el pontificado del Papa Clemente xviii, quien estableció la fiesta al Sagrado Corazón el 6 de febrero de 1729. Pasaron aun cien años antes de que Pío ix diera licencia, en 1856, para que se extendiera a la Iglesia universal. A partir de ahí, diversos decretos incrementaron la devoción, de modo que en 1875 el mismo Pío ix dispuso que todo el mundo fuera consagrado al Sagrado Corazón. Sin embargo, la consagración más solemne fue la hecha en 1899 por León xiii, que llamó a este acto el más grande de todo su pontificado. San Pío x dispuso que ese acto se renovara cada año. Finalmente, Pío xi determinó, en 1925, que tal cosa sucediera el último domingo del año litúrgico, en el marco de la solemnidad de Jesucristo Rey.

No poco de este auge se puede atribuir a la beatificación de Margarita María Alacoque en 1864; finalmente, Benedicto xv la canonizó en 1920.2 Hay, pues, todo un proceso ascendente en el que la devoción al Sagrado Corazón irá cobrando presencia, especialmente en el conflictivo siglo xix. Si tal cosa pasó en el mundo, la novel República Mexicana no debía ser la excepción, y menos la arquidiócesis de Guadalajara, donde desde 1795 comenzó a edificar en Mexticacán un santuario al Sagrado Corazón que pasa por ser el primero del continente americano.3

2.    El hallazgo portentoso del corazón de obsidiana

No es de extrañar, entonces, que este título cristológico tuviera ya un hondo arraigo en las tierras alteñas del estado de Jalisco, donde sucederán ciertos hechos sorprendentes que dieron origen a la construcción de la parroquia y basílica del Sagrado Corazón en Guadalajara. Se trata del extraordinario descubrimiento de una reliquia para cuya veneración se decidió construir ese recinto.

Las noticias precisas en torno al invención de un pedernal en forma de corazón no son exactas. Se reitera nada más que los hechos acaecieron en algún lugar cercano a la Villa de Nuestra Señora de la Encarnación de los Macías, hoy Encarnación de Díaz, en el estado de Jalisco, y que esto pasó a mediados del siglo xix. Al no existir documentación coetánea a los hechos, la tradición oral se ha consignado en diversos y breves textos que carecen de pormenores, los cuáles han de buscarse entre los descendientes de quienes recibieron como un don este suceso. Habiendo pasado más de un siglo y medio de ello, detalles relevantes se fueron perdiendo y la narración ha quedado con lagunas que difícilmente podrán subsanarse. Empero, es posible, compilando lo que se tiene, exponer con cierta ilación y coherencia lo acaecido.

Este artículo pretende, pues, unificar los datos provenientes de diversas versiones escritas y tradiciones orales para presentar de forma legible, hasta donde se pueda, la historia de una devoción.

Remontándonos a la segunda mitad del siglo xix, no necesitamos demostrar que la falta de tomas de agua orillaba a los moradores de las ciudades grandes, medianas y pequeñas a lavar en corrientes de agua viva sus ropas y aun a bañarse en las mismas, procurando el cauce de ríos, riachuelos y arroyos como de estanques y represas de agua sobre todo en tiempos de aguas.

En una fecha incierta de tal temporada, a mediados del siglo xix, la señora Ascensión Cornejo Díaz4 se daba un baño en un estanque natural,5 alimentado por un arroyo contiguo6 a la Villa de Nuestra Señora de la Encarnación.7 Nada sabemos del sitio exacto aludido; de ella, en cambio, tenemos datos precisos: que era oriunda de esa Villa, donde nació el 30 de julio de 1806; que contrajo nupcias con Pablo Romo de Vivar Villalobos,8 boticario que desarrolló una exitosa fórmula para curar el parásito intestinal conocido como solitaria, y que tuvieron dos hijos varones: José María y José Santos.9

Por lo que se sabe, el día del hallazgo doña Ascensión había acudido a ese sitio acompañada de otras personas de las cuáles se apartó para asearse en la rivera de un arroyo crecido por los escurrimientos del temporal. Encontrándose en un lugar pedregoso resbaló hasta el cauce de las aguas y no pudo evitar que la corriente le arrastrara ni pudieron hacer nada por ella quienes le acompañaban. Viéndose en grave riesgo de morir ahogada,10 invocó con inmensa fe al Sagrado Corazón de Jesús, del cual era muy devota,11 y habiendo conseguido asirse a un punto de apoyo que le ofrecieron unas rocas ancladas al lecho del torrente,12 logró incorporarse, salir del agua y recobrar el aliento. Al tiempo de hacerlo, su mano tocó una de las tantas piedras, advirtiendo al punto que su forma no era común.13 Pese a lo conflictivo del trance, tuvo arrestos para retener ese objeto14 y llevarlo consigo, máxime que habiendo pasado algunos minutos, sus acompañantes pudieron echarle la mano y auxiliarla del todo.

Apenas pudo, sintetizó a los presentes lo acaecido, incluyendo la invocación que hizo y la piedra que de forma tan curiosa llevaba consigo, misma que vieron los asombrados ojos de sus oyentes, que de mano en mano admiraron un pedernal tallado en la forma más perfecta de un corazón humano,15 del tamaño de un puño, de color obscuro, y en el que es posible incluso distinguir de forma detallada partes anatómicas tales como los ventrículos izquierdo y derecho, aurículas izquierda y derecha, venas cava y aorta y algunas protuberancias minerales en color amarillo blanquecino perfectamente parecidas a partes grasas de un órgano natural. Se trataba, pues, de una réplica en pedernal idéntica al órgano central del aparato circulatorio.

Sintetizando lo dicho, tenemos, pues, como punto de partida el accidente que puso en riesgo la vida de la señora Ascensión cuando intentaba bañarse en un arroyo en crecida; la invocación que hizo al Sagrado Corazón para que la librara del peligro y la piedra-corazón, vestigio material del lance, la cual quedó entre los descendientes de doña Ascensión como el gran tesoro de la familia, y así lo recibió su hijo primogénito, José María Romo de Vivar Cornejo.16 Otros detalles se han perdido: lugar y fechas exactas y testigos oculares del prodigio. Ahora bien. Este es el relato primordial armonizado. Lo que pase luego lo reconstruiremos con la tradición oral de la familia.

3.    El paradero de la reliquia del corazón de pedernal

 

José María, primogénito de los esposos Romo de Vivar Cornejo  pasó a residir a la ciudad de Guadalajara para cursar los estudios de farmacéutico y continuó el oficio de su padre. Contrajo matrimonio con Dolores Orozco con la cual no tuvo hijos. Al morir sus padres trajo consigo el corazón de pedernal al que veneró todo el tiempo como “reliquia”, disponiendo un recipiente especial para su resguardo.17

                                          

Urna que contuvo en el siglo XIX la reliquia del corazón de pedernal. Imagen del archivo del autor.

Tuvo José María una botica denominada La Cruz de Oro, situada al inicio de la calle de San Andrés,18 contigua al viejo nosocomio y convento de San Juan de Dios, y en aquel establecimiento que alcanzó notorio prestigio19 y muy buena clientela.20

Es fama que además de preparar remedios y dar consulta a los enfermos al tiempo de cobrar sus honorarios, siempre modestos, solicitaba a los pacientes un donativo voluntario para construir un templo donde pudiera venerarse su “reliquia”, y que tal labor de proselitismo le llevó a recaudar durante muchos años donativos recibidos para tal fin no sólo en Guadalajara sino también en otras comunidades de los Altos de Jalisco.21

            Por otro lado, su único hermano, José Santos Romo de Vivar, también de oficio boticario, se estableció en Tepatitlán. Allí contrajo matrimonio con Guadalupe Pedroza el 29 de mayo de 1861, de la que tuvo muchos hijos: Alberto, el primogénito, que murió al nacer; Emilia Guadalupe, Aureliano, José de Jesús, Josefina, Luis Felipe y Alberto, el menor,22 prole a la que dejó en la orfandad, pues murió de tifo cuando apenas tenía 36 años, luego de atender un regimiento de soldados federales infestado de este mal contagioso. Orillado por las circunstancias, José María asumió la crianza y educación de dos de sus sobrinos: Luis Felipe, de 8 años de edad, y Aureliano de 14, a los que trajo consigo a Guadalajara en el año de 1883.23

                                  

Libro que José María Romo de Vivar regaló a su sobrina Emilia, con una encendida dedicatoria que recuerdan su devoción al Sagrado Corazón. 1893. Archivo del autor.

La piedad de don José María y su deseo de construir un templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús llegó a oídos del segundo arzobispo de Guadalajara, don Pedro Loza y Pardavé de labios de él mismo, al que enteró cómo luego de muchos años de demandarlo tenía reunido un caudal nada desdeñable para destinarlo a la construcción de un templo con el propósito de dar a venerar su reliquia.24 En dicha entrevista, le manifestó que su deseo era que el recinto se edificara al poniente de la ciudad, a lo que el obispo opuso un reparó, diciéndole que sí le daba la licencia para la obra siempre y cuando cambiara al viento contrario su ubicación.25

Estando la controversia en este punto, ambos convinieron en dejar al azar la decisión, resolviéndolo mediante la cara o cruz de una moneda. Ganó el arzobispo, y así fue como el templo se situó al oriente de la ciudad, en un terreno amplio en la confluencia de la calle que entonces se llamaba De la Paz26 y la de Dionisio Rodríguez, donde además el arzobispo dispuso que se estableciera una escuela primaria y la rectoría.27

            La primera piedra se colocó en el año de 1886. Entre la concurrencia estuvo Herlinda Gómez y María Emilia Romo, sobrina de José María, quien atendía un colegio particular ubicado en la calle del Rastrillo,28 contraesquina del templo de Santa Teresa.29 Herlinda, a la sazón de 16 años, nos cuenta que la ceremonia fue muy concurrida y que entre el material de la construcción brincaba despreocupado Luis Felipe, el sobrino menor de los dos asistidos por José María.30 El testimonio, redactado muchos años después de los hechos, en 1953, es la mejor fuente para estos datos.

José María Romo vivió lo suficiente para ver concluida la obra, posible no sólo por el capital que con tanta abnegación recaudó, sino también por el apoyo de faenas del vecindario y aportaciones voluntarias, viendo colocado el corazón que fue de su madre en una devota escultura.31

Siguiendo con la familia, Luis Felipe, al igual que su abuelo, padre y tío, fue farmacéutico. Estudió en el Liceo de Varones y luego cursó la carrera de medicina. Abrió un despacho en el portal de san Juan de Dios número 15,32 donde instaló la botica que llevó el nombre de San Juan de Dios. Dejó la casa de su tío para casarse con Guadalupe Gutiérrez Cruz, ceremonia que tuvo lugar en la parroquia de San Francisco de Asís de Tepatitlán, el 8 de julio de 1902, y tuvo dos hijas, María Guadalupe, que nació en 1911, y Clotilde, en 1915.33

                           

Izquierda. Guadalupe Gutiérrez Cruz de Romo (1879-1988), ca. 1900. Archivo del autor. Imagen 4. Derecha. Luis Felipe Romo de Vivar y Pedroza (1875-1952), 1952. Archivo del autor.

En el marco de la persecución religiosa en México el templo del Sagrado Corazón de Jesús fue profanado por el Gobierno.34 Entre 1932 y 1942 se usó como cuartel. En este último año se reabrió al culto, pero nadie supo dar cuenta de la reliquia de pedernal.35

A principio de 1952, presintiendo la muerte, Luis Felipe Romo de Vivar y Pedroza emprendió una indagatoria en torno al paradero de la reliquia de su familia; queriendo complacerlo, su esposa e hijas se dieron a la tarea de preguntar aquí y allá al respecto,36 coincidiendo con el interés en ello que en ese momento tenía también el presbítero Efrén Figueroa Galván, por entonces capellán del Hospital del Sagrado Corazón, en el barrio de Analco, y amigo de los Romo de Vivar, deseoso de recuperar datos relacionados con el templo de aquel título y del célebre pedernal en forma de corazón, toda vez que las religiosas que atendían el nosocomio deseaban publicar en su revista un artículo relacionado con el caso.37 Providencialmente, el padre Figueroa, atento al reclamo de la familia y a su propio interés, descubrió de forma inesperada que una escultura del Sagrado Corazón de Jesús expuesta en el templo de Belén de Guadalajara estaba incrustado, precisamente, un corazón de pedernal. El templo lo administraba por entonces el presbítero Juan Bernal, fundador de un leprosario que lleva su nombre,38 quien refirió a la familia cómo al tiempo en el que fue incautado el templo del Sagrado Corazón, dos sobrinas de Dolores Orozco lograron rescatarlo y lo tuvieron en resguardo, a título personal, en su domicilio,39 hasta que una de ellas, de nombre Guadalupe, lo cedió al templo de Belén.

            De labios de Guadalupe Romo Gutiérrez supo el padre Bernal lo que le faltaba de conocer de la historia del corazón de pedernal. Las gestiones quedaron así. Empero, no mucho después, la R. M. Carmen Aldape, superiora de la comunidad de religiosas josefinas que auxiliaban a los enfermos del antiguo hospital de Belén, convertido en hospital civil, se comunicó con Guadalupe Romo, proponiéndole que con la anuencia del capellán, recogiera el corazón de pedernal mientras se remozaba la escultura del Sagrado Corazón. Así vino a sus manos la venerable pieza y teniéndola consigo la depositó en una cruz anclándola del hueco de la vena aorta para que se pudiera manipular sin necesidad de tocar la pieza, soporte que confeccionó la orfebre Margarita Peregrina.

                                                  

              

Guadalupe Romo Gutiérrez de Padilla (1911-2010), ca. 1945. Archivo del autor.

Aprovechando que el corazón estaba en manos de Guadalupe Romo, varias personas de calidad acudieron a verlo, entre ellos los médicos Juan Pablo Guzmán Alemán –quien era también pintor y literato-, Joaquín Moreno Villa, José Trinidad González Gutiérrez y Guillermo Santoscoy Gómez y el arquitecto Ernesto Ramírez Sotomayor, maravillándose todos por la similitud de la pieza con un corazón humano.40

Lo llamativo del caso mereció que el ameritado fotógrafo Carlos González Gutiérrez fuera requerido para hacer una toma del pedernal envuelto en un paño de seda. Las placas en blanco y negro no dan fe del aspecto cromático de la pieza, pero tomando en cuenta que la conformación material del sílex es una variedad criptocristalina del cuarzo y su color es gris, pardo, amarillento, negro o al menos café muy oscuro41 inferimos que tal es su color,  dato que corroboran en el presente los hermanos Guadalupe, Elia, Eduardo José y Fernando Padilla Romo, quienes pudieron observarlo detenidamente y lo recuerdan de color obscuro, con partes en blanco y matices amarillos.42

De esa placa fotográfica se hicieron reiteradas copias, distribuyéndolas entre la parentela y los allegados. Algunas han perdido la nitidez, en otras es más evidente la perfección y belleza del corazón de pedernal.

                                  

Fotografía del corazón de pedernal. Carlos González Gutiérrez, 1953. Archivo del autor.

En esta imagen se observan las aurículas y los ventrículos, las venas y una herida en el ventrículo derecho, de donde brotan gotas de vidrio que hacen alusión al agua que brota del costado de Cristo.

            Uno de los espectadores del corazón en este tiempo fue el párroco de San Miguel del Espíritu Santo, monseñor José Villaseñor Plancarte, encargado de la comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis, el cual propuso a Guadalupe Romo que expusiera personalmente el caso al arzobispo de Guadalajara, don José Garibi Rivera, con quien pudo reunirse en el hospital de la Santísima Trinidad la víspera de la salida a Roma del prelado. Con motivo de dicha entrevista, Guadalupe Romo solicitó a Herlinda Gómez o María Clara del Santísimo Sacramento, que tal fue su nombre de religión como franciscana terciaria de Nuestra Señora del Refugio, un relato de los hechos. Con ese documento se presentaron Guadalupe Romo y su hermana Clotilde con el Arzobispo de Guadalajara, quien leyó el texto donde se narra quién, cuándo y para qué había construido la iglesia del Sagrado Corazón de Guadalajara.43

            El arzobispo Garibi Rivera las ratificó como custodias del pedernal en tanto él regresaba de Roma y decidía su destino. Se notificó de los hechos al padre Bernal, que acató la decisión de su superior, el cual, no bien llegó de Roma, ordenó el traslado de la talla al templo del Sagrado Corazón de Jesús,44 a cuyo rector, don Enrique Luna, refirieron todo Guadalupe y su hermana Clotilde, así como doña Guadalupe Gutiérrez Cruz, viuda de Romo de Vivar. Fijaron una fecha para restituir la pieza al santuario, acordándose que tal cosa fuera el domingo anterior al día de Todos los Santos, por ser entonces la fiesta litúrgica de Cristo Rey.

El padre Luna organizó con la mayor solemnidad el acto de entrega. Eran los últimos días del mes de octubre de 1953. El santuario estaba abarrotado de fieles. Los niños del colegio llevaban en las manos ramos de flores blancas. La R.M. María Clara Gómez hizo una crónica del suceso. No mucho después, al año siguiente de 1954, el padre Luna reseñó los hechos en un artículo que él mismo publicó.

                        

Revista donde se relata la historia del pedernal en un pequeño artículo

del padre Enrique Luna. 1954. Archivo del autor.

El 21 de noviembre de 1960 fue erigida la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, siendo su primer párroco el aludido padre Luna, quien se dio a la tarea de remozar y ampliar el templo, hasta darle la forma monumental que ha llegado hasta nosotros. El corazón de pedernal quedó montado en una corona de espinas, que a su vez se fijó y sujetó a una escultura, según se aprecia en una estampa impresa en 1964.

                         

Estampa conmemorativa. 1964. Archivo del autor.

Ésta es la historia del milagroso Sagrado Corazón de pedernal del santuario a él dedicado en la ciudad de Guadalajara, objeto de extraordinaria rareza, que abre líneas nuevas de investigación para esclarecer el origen -sin cuestionar lo inexplicable de su hallazgo- de un objeto cuya veneración dio pie a la construcción de un santuario y de un culto que con los altibajos de la historia sigue vivo.

Agradecimientos: Guadalupe Elia, Eduardo y Fernando Padilla Romo.

Corrección de estilo: Ana Sofía Padilla Casillas y María Palomar Verea.

Bibliografía:

·       Anónimo, El devoto amante de Jesucristo (2ª ed.), México, Librería de Ch. Bouret, 1887.

·       Dávila Garibi, José Ignacio, Apuntes para la Historia de la Iglesia en Guadalajara, t. iv, vol. 1, Editorial Cvltura, México, 1966, pp. 121-134.

·       Enciclopedia Salvat, Diccionario, Barcelona, Salvat Editores, 1971 (t. 12).

·       Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Madrid, Espasa-Calpe, 1989 (t. 52).

·       Gómez, Herlinda (María Clara del Santísimo Sacramento, franciscana terciaria de Nuestra Señora del Refugio), copia de la carta testimonio original, sin título. San Andrés, ahora villa de Mariano Escobedo, julio 24 de 1953.

·       Luna, Enrique, “¿Sería milagro?”, en Efrén Figueroa Galván (ed.), Fuego del corazón, Guadalajara, 1954 (núm. 43), pp. 4-5.

------ Historia del templo, archivo de la parroquia del Sagrado Corazón, 1964.

------ Recuerdo de la consagración de la parroquia del Sagrado Corazón, (estampa) 1964.

·       Padilla Romo, María Guadalupe Elia, Historia de un corazón, carta testimonio, 27 de agosto de 1955.

·       Padilla Romo, María Guadalupe Elia, sin título, carta testimonio, 29 de noviembre de 2014.

·       Pedroza de Romo, Guadalupe, copia del diario personal de la autora, sin fecha.



1 Docente egresado de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente, el autor de este artículo, sobrino tataranieto de José María Romo de Vivar, custodio del corazón de pedernal, accedió a redactarlo para su publicación en este Boletín. La Mtra. María Palomar Verea revisó el texto.

2 Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Madrid, Espasa-Calpe, 1989, t. 52, pp. 1249-1250.

3 Cf. José Ignacio Dávila Garibi, Apuntes para la Historia de la Iglesia en Guadalajara, t. IV, vol. 1, Editorial Cvltura, México, 1966, pp. 121-134.

4 Herlinda Gómez (María Clara del Santísimo Sacramento Gómez, franciscana terciaria de Nuestra Señora del Refugio). Copia de la carta testimonio original, sin título. San Andrés (ahora villa de Mariano Escobedo) julio 24 de 1953. En este texto sólo se menciona a la señora Ascensión como  la madre de José María Romo.

5 Enrique Luna, Historia del templo, archivo de la parroquia del Sagrado Corazón, 1964.

6 María Guadalupe Elia Padilla Romo. Historia de un corazón. Carta testimonio, 27 de agosto de 1955.

7 Luna, op. cit., Padilla Romo, op. cit. y Gómez, op. cit.

8 María Guadalupe Elia Padilla Romo. Sin título, carta testimonio, 29 de noviembre de 2014.

9 Padilla Romo, ídem.

10 Enrique Luna. “¿Sería milagro?”, Efrén Figueroa Galván (ed.), Fuego del corazón, Guadalajara, 1954, (núm. 43), p. 4.

11 Luna,  op. cit.

12 Ídem.

13 Ídem.

14 Ídem.

15 Luna, Historia, op. cit.

16 Luna, ídem, y Padilla Romo, Historia, op. cit.

17 Luna, idem.

18 Hoy Álvaro Obregón.

19 Padilla Romo, carta, op. cit., Luna, Historia, op. cit. y Herlinda Gómez, Copia de la carta, op. cit.

20 Herlinda Gómez, ídem.

21 Padilla Romo, carta, op. cit.

22 Pedroza de Romo, Guadalupe, copia del diario personal de la autora, sin fecha. 

23 Padilla Romo, carta, op. cit.

24 Luna, Fuego, op. cit.

25 Luna, Historia, op. cit.

26 Hoy Abascal y Souza.

27 Padilla Romo, carta, op. cit.

28 Hoy de Donato Guerra.

29 Herlinda Gómez, Copia de la carta, op. cit.

30 Padilla Romo, ibíd.

31 Luna, Historia, op. cit.

32 Hoy Leona Vicario número 55

33 Padilla Romo, carta, op. cit.

34 Luna, Historia, op. cit.

35 Ídem.

36 Padilla Romo, carta, op. cit.

37 Padilla Romo, Historia,  op. cit.

38 Padilla Romo, carta, op. cit.

39 Padilla Romo, idem.

40 Idem.

41 Enciclopedia Salvat, Barcelona, Salvat Editores, 1971, t. 12,  p. 3050.

42 Sin embargo, en la pequeña revista Fuego del corazón se menciona que es rojo.

43 Padilla Romo, carta, op. cit.

44 Padilla Romo, Historia, op. cit., y Luna, Fuego, op. cit.



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