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Extremadura en California. Fray Fernando Parrón, cofundador de la misión franciscana de San Diego de Alcalá (1769-1773)

José López Yepes[1]

Hasta la creación del obispado de Sonora (1777), el territorio de las Californias Alta y Baja formó parte de la circunscripción eclesiástica de Guadalajara. Luego de la calamitosa expulsión de los religiosos de la Compañía de Jesús, en 1767, los misioneros de los Colegios Apostólicos de Propaganda Fide, bajo la regla de los Hermanos Menores, procuraron paliar tan perniciosos efectos. Se da cuenta en este artículo de uno de tan esforzados evangelizadores.[2]

Las líneas  que siguen a continuación representan un modesto homenaje a fray Fernando Parrón, franciscano de Extremadura que estuvo presente en la expedición a la Nueva California a fínales del siglo xviii y la consiguiente fundación de la primera misión en aquellas lejanas tierras: la de San Diego de Alcalá, el 16 de julio de 1769.Pero no fue el único franciscano extremeño que misionó en California; también lo hicieron Fernando Martín (Robledillo, 1770), José Pedro Panto (Valverde del Fresno, 1778) y José Bernardo Sánchez (Robledillo, 1778).[3] Es muy notable la presencia de clérigos extremeños en la evangelización americana. De los 479 misioneros originarios de la región censados, la mayoría pertenecían a la orden franciscana, y cuatro de ellos eran naturales del mismo pueblo que Parrón, esto es Arroyo del Puerco (hoy de la Luz).[4] Los otros tres fueron Fernando Flores, destinado a Florida en 1722[5] y dos a Zacatecas en 1785: Jorge Zancada y el Hermano Alonso Blázquez.[6] Por lo demás, también en la misma localidad nacieron dos paisanos que alcanzaron la dignidad episcopal: Fernando Ramírez Sánchez, trinitario, obispo de Panamá en 1643 e Isidro Marín y Bullón, clérigo secular, obispo de León de Nicaragua, nacido en 1703.[7]

La bibliografía sobre la colonización y evangelización de California por los españoles es muy dilatada y desde distintos focos: los investigadores franciscanos y los investigadores estadounidenses, mexicanos y españoles han contribuido y están contribuyendo a la historia de California. Y ello desde las perspectivas de la historia política y militar, de la historia de la Iglesia y de la evolución de las poblaciones, de la economía y de la sociedad. Partimos de la consideración de que el núcleo de nuestro proyecto de investigación es el estudio del puerto, el presidio y la misión de San Diego.

En este ámbito nos interesa completar la información sobre los temas o personas más estudiados, de una parte y, de otra, estudiar otras cuestiones menos exploradas, como son el paisaje de San Diego desde la mirada de sus descubridores y colonizadores, que pusieron nombres a numerosos accidentes geográficos; los personajes principales y secundarios de las expediciones y los que levantaron y mantuvieron  la misión y el presidio, iniciativas que están en el origen de la hoy hermosa y floreciente ciudad de San Diego de California.  En suma, las aportaciones documentales de nuestro proyecto se cifran en elaborar o profundizar en los siguientes aspectos:

La preparación de  una antología de textos descriptivos de San Diego, específicamente del puerto, la misión y el presidio, juntamente con la cartografía del territorio.

La misión y aquellos franciscanos que sirvieron exclusivamente en la misión de San Diego desde 1769 hasta 1800.

El presidio y los militares vinculados a las expediciones y al presidio de  San Diego.

Las biografías de los marinos que sirvieron en las naves de la Santa Expedición y en expediciones posteriores, así como el estudio de los buques que las hicieron posibles.

Los preparativos de la expedición a San Diego y la  controversia sobre la actuación de José de Gálvez, Visitador General de Nueva España (1765-1771).

EL PUERTO, EL PRESIDIO Y LA MISIÓN DE SAN DIEGO. EL HALLAZGO DE UNA NUEVA TIERRA IMAGINADA DESDE EL MAR Y DESDE LA TIERRA

Es evidente que la Corona española, ya desde el siglo xvi, se plantea, a partir de las inquietudes de Hernán Cortés, la expansión hacia el norte de la Baja California, bien por favorecer el éxito del galeón de Manila, bien por evitar la expansión de otras potencias. La nueva tierra fue divisada y reflejada en numerosos diarios a modo de crónicas periodísticas que la describieron desde el mar y desde la tierra.  Diríamos que se trata del triunfo de la imaginación. Como escribe el historiador Elliott:

[…] el carácter de estos hombres y, sobre todo, el predominio de los hidalgos en la dirección de las expediciones, dejaron una huella particular en todo el proceso de la conquista. Traían consigo desde Castilla las ambiciones, los prejuicios, los hábitos y los valores que habían adquirido en su patria. En primer lugar, y ante todo, eran soldados profesionales, adiestrados para las dificultades y las guerras. Tenían también una mentalidad tremendamente legalista y extendían siempre documentos, incluso en los lugares y situaciones más inverosímiles, para determinar con exactitud los derechos y los deberes de cada miembro de la expedición. Poseían asimismo una capacidad infinita de asombro ante el extraño mundo que surgía antes sus ojos e interpretaban sus misterios tanto a partir de su caudal de imaginación como a partir de la su experiencia pasada.[8]

Pues bien, en ese extraño mundo colonizaron y evangelizaron el septentrión de una nueva tierra de nombre literario y mágico –California–, donde se fundieron con otras culturas.

La información en estos primeros momentos procede de los numerosos diarios que escribieron tanto los misioneros como los soldados vinculados a las expediciones.  Nos ha parecido interesante recordar las semblanzas que del puerto y territorio de San Diego hicieron algunos de nuestros protagonistas. Valgan los siguientes ejemplos.

1.1 La descripción de la expedición de Juan Rodríguez Cabrillo

El 28 de septiembre de 1542, el marino Juan Rodríguez  Cabrillo (1499?-1543), al mando de una flota compuesta de los navíos San Salvador, La Victoria y San Miguel, avistaba San Diego y a los indios habitantes, como dice el texto de su diario:

El jueves siguiente anduvieron obra de seis leguas por costa de nornoroeste y descubrieron un puerto cerrado y muy bueno, al que pusieron por nombre San Miguel…. Otro día por la mañana entraron adentro del puerto que es grande con el batel e trajeron dos muchachos los cuales no entendían nada por señas y diéronles sendas camisas…[9]

1.2. La descripción de la expedición de Sebastián Vizcaíno

Al mando de una flota compuesta por los navíos San Diego, Santo Tomás y Tres Reyes, el navegante español –a quien algunos autores vinculan con Extremadura–tocaba puerto el día 10 de noviembre de 1602 y daba el nombre definitivo al lugar:

Otro día domingo 10 del dicho mes /noviembre/ llegamos a un puerto, el mejor que debe haber en la Mar del Sur, porque además de estar guardado de todos los vientos y tener buen fondo, está en altura de 33 grados y medio, tiene agua y leña muy buena, mucho pescado de todas suertes de que tomamos mucho  con el chinchorro y anzuelos. Hay en la tierra mucha caza de conejos, liebres y venados y codornices muy grandes, patos reales y zorzales y otros muchos pájaros, y a 12 del mismo mes que fue día del glorioso San Diego saltó en tierra el general, almirante, religiosos, capitanes y alféreces y casi toda la gente. Hízose barraca, díjose misa, celebrose la fiesta del señor San Diego…[10]

1.3 Las descripciones de la Santa Expedición. El “famoso y deseado puerto de San Diego”

Fueron cuatro las expediciones que se dirigieron en el año de 1769 en busca de los puertos de San Diego y Monterrey como base de lanzamiento hacia la posesión de las tierras más al norte mediante la colaboración estrecha entre el ejército y las misiones franciscanas. La primera expedición marítima salió de La Paz con el paquebote San Carlos, al mando del piloto valenciano Vicente Vila, el 10 de enero de 1769, en compañía del teniente Fages, el ingeniero Costansó, el cirujano Prat  y el franciscano fray Fernando Parrón. Arribó a San Diego el 29 de abril tras múltiples vicisitudes. La segunda expedición marítima partió en el paquebote San Antonio, alias El Príncipe, del puerto de San Lucas el 15 de febrero, al mando del mallorquín Juan Pérez y con los frailes Juan González Vizcaíno y Francisco Gómez. Arribó a San Diego el 11 de abril. Otro barco, el San José, nunca llegó a puerto y desapareció en circunstancias desconocidas.

En cuanto a las expediciones terrestres, ambas partieron de la misión de Loreto. La primera, al mando del capitán Fernando Rivera, inicia su andadura el 26 de febrero y llega a San Diego el 14 de mayo. La acompañan fray Miguel de la Campa y fray Juan Crespí, autor de un diario que describe el territorio de San Diego del siguiente modo:

Día catorce de mayo domingo y día tan solemne como día del Pascua del Espíritu Santo. Sobre habernos llovido mucho y mojados todos esta noche como ya dije antecedentemente amaneció este día muy cerrado y así que acabó de amanecer  se volvió a cerrar en llovernos de recio… La jornada fue de algo más de seis horas y media, todo por tierra llana y bien empastada, en que andaríamos seis buenas leguas y llegamos con toda felicidad a ver nuestro tan deseado y famoso puerto de San Diego.[11]

También José de Cañizares, marino y miembro de esta expedición, cuenta su llegada a San Diego:

Día 14 de mayo: Pascua de Espíritu Santo. Nos amaneció lloviendo y, habiendo cesado el agua, salimos a las diez en demanda del puerto de San Diego. Habiendo caminado como una legua tuvimos el gusto de divisar los dos paquebotes:  San Carlos y El Príncipe, fondeados en el puerto. Seguimos en su demanda contra el gusto de los gentiles que nos hacían fuerza a que parásemos en su ranchería. Habiendo caminado seis leguas, llegamos al paraje donde estaban las embarcaciones a las que les hicimos saludo y nos correspondieron de los buques y de las barracas que estaban en tierra, a las que llegamos a las cinco de la tarde y tuvimos la noticia de que toda la expedición marítima estaba enferma del escorbuto. Paremos el real y l día siguiente, 15 de mayo,  fuimos con la noticia que teníamos de un río que se halla en este puerto a sus inmediaciones, lo que ejecutamos parando el real con atrincheramiento. Se dispuso fueran los enfermos de los barcos al paraje donde nos hallábamos alojados, lo que se hizo el día 17.[12]

La segunda expedición terrestre, al mando de Portolá y con fray Junípero, llegaba a San Diego el 1º de julio, habiéndose adelantado unas horas el comandante  y algunos soldados. Sobre ello escribe fray Junípero:

Día 1 de julio, sábado… Emprendimos  de buena mañana nuestra última jornada. Ya desde sus principios se ve el puerto que buscábamos  y ya nuestros conductores nos explicaban su entrada y términos de que se nos hizo mucho más llevadero de lo acostumbrado el trabajo del camino que es todo llano… Ofrece el camino en su última mitad varios rodeos para descabezar los muchos esteros que más o menos se internan desde la mar a la tierra… en cuyo fin  nos vimos en la orilla del paraje del puerto (no lejos de su boca) donde estaban dando fondo los dos paquebotes San Carlos y San Antonio. Del primero de los cuales nos salieron con la lancha a dar la bienvenida, aunque bien poco nos detuvimos, informados de que para llegar al real, donde estaba acampada la expedición de tierra y con ella los cuatro padres compañeros y aun casi todos los de los barcos, nos faltaba cerca de una legua. Seguimos, pues,  y en fin llegamos a dicho real que ya empezaban a llamar misión poco antes del medio día sobredicho. Así fue nuestra llegada con salud de todos, felicidad y contento al famoso y deseado Puerto de San Diego. Gracias a Dios.[13]

2. FRAY JUNÍPERO SERRA. LLEGADA A MÉXICO Y SU ACCIÓN EN LAS MISIONES DE SIERRA GORDA

Junípero Serra es indiscutiblemente el alma de la evangelización y aculturación de lo que es hoy la California estadounidense. Fallecido en la misión de San Carlos Borromeo (Monterrey), en 1784, fue biografiado por el también franciscano Francisco Palau, su paisano y estrecho colaborador, y además historiador  contemporáneo de los hechos relativos a las expediciones, colonización y evangelización de la Nueva California.

Obedeciendo a una evidente vocación misionera, el mallorquín Serra embarca con Palou para Málaga y Cádiz, donde llegan el 7 de mayo de 1749, y el 28 embarcan para Veracruz como miembros de una primera expedición de misioneros franciscanos. A mediados de octubre, el navío requiere aprovisionarse de agua en Puerto Rico, y por fin fondea en el puerto de Veracruz el 6 de diciembre. El 1º de enero de 1750 los encontramos ya en el Colegio Apostólico de Propaganda Fide de San Fernando, en la capital novohispana, un centro focalizador de la presencia franciscana.[14]

El Colegio Apostólico de San Fernando, dependiente de la Santa Sede y del Comisario franciscano de la Nueva España, era uno de varios en Nueva España: “Tomaban el  nombre de colegios o seminarios apostólicos porque su finalidad comprendía también la de formar de nueva cuenta a los franciscanos, no sólo a los noveles sino aun a los provectos, en orden a la labor apostólica de la perfecta y plena conversión de los nativos de la región”.[15] Las primeras profesiones en el Colegio tuvieron lugar el 19 de marzo de 1736, y en 1785 el colegio contaba con 96 misioneros y ocho misiones en la Alta California.[16]

En los años siguientes fray Junípero se ocupa de organizar cinco misiones en la Sierra Gorda, en territorio de los actuales estados de Querétaro, San Luis Potosí y Nuevo León, esencialmente en la misión de Santiago de Xalpan, donde realiza una gran labor procurando trabajos de gran utilidad para los indígenas:

Con el ejercicio de estos trabajos quedaron habilitados de varios oficios como de albañiles, carpinteros, herreros, pintores, doradores, etcétera. Y no olvidándose el fervoroso celo del R.P. Junípero de apartar del ocio a las mujeres, las empleaba en las correspondientes tareas de su sexo como hilar, tejer, hacer medias, calceta, coser, etcétera. También los instruyó a que fuesen a comerciar a Zimapan, Huasteca  y otros lugares, con las semillas que les sobraban, mecates y petates.[17]

Suspendida la nueva tarea encomendada en el presidio y  misión de San Sabá, en Texas, por el ataque sangriento de los comanches[18] permanece en el Colegio de San Fernando hasta que es nombrado presidente de las misiones de la Baja California abandonadas por los jesuitas con motivo de su expulsión en 1767.  Durante su estancia en dicho Colegio debió de conocer a Fernando Parrón que habría llegado a México e incorporado a la misma institución a finales de 1759 o principios de 1760 en compañía de Lorenzo Díaz, también destinado al Colegio de San Fernando, nacido en Llerena, de 34 años y también de la provincia franciscana de San Miguel.[19]

DATOS BIOGRÁFICOS DE FERNANDO PARRÓN. CARACTERÍSTICAS FÍSICAS Y DE CARÁCTER.

Los primeros datos biográficos del cacereño Fernando Parrón son los que aparecen en las obras que se citan en la bibliografía de este trabajo. En fechas recientes están los datos aportados por Geiger (1969) y Engelhardt (1920), recogidos en el más reciente Diccionario biográfico y bibliográfico de Andrés Martín (1993) y proceden, en su mayor parte, de Geiger (1969: 282 y 290), que  desconoce lugar y fecha de su muerte pero cita el año 1728 como fecha aproximada del nacimiento  de Parrón, enigma que ya queda aclarado. En efecto, fray Fernando Parrón Camberos nació en Arroyo el Puerco (hoy Arroyo de la Luz) el 26 de marzo de 1724 y fue bautizado el 6 de abril, según datos obtenidos de la consulta de los libros parroquiales de Nuestra Señora de la Asunción en Arroyo de la Luz (antes del Puerco), localizada unos veinte kilómetros de Cáceres y facilitados muy amablemente por su archivera, doña Carmen Fuentes Nogales:

En la Villa del Arroio el Puerco en seis días del mes de Abril de mil setezientos y veinte y quatro años, yo Don Francisco Pérez Flores, Cura propio de la Parrochial de esta dicha villa; Baptizé  solemnemente a Fernando, hijo de Alonso Parrón y de María la Camberas, su muger. Fue su padrino Pedro Giraldo. Todos vecinos de esta dicha villa. Advertile el parentesco espiritual. Naçió a veinte y seis de marzo de dicho año y lo firmé. Rúbrica: Francisco Pérez Flores.[20]

Arroyo el Puerco cambió su nombre por Arroyo de la Luz en el año 1937, en plena guerra civil española, recordando la advocación mariana de Nuestra Señora de la Luz.  Con una extensión de unos 128 kilómetros cuadrados, posee una población de más de 6000 habitantes. Una aproximación a la descripción de esta localidad cercana al momento en que nace y vive sus primeros años nuestro personaje está en las respuestas del interrogatorio del Catastro del marqués de la Ensenada, compilado en el año 1752. De ahí extraemos los siguientes datos:

Localidad de 1100 familias y 803 casas. Villa de señorío, perteneciente al conde de Benavente, residente en Madrid. Cultivos y ganadería: olivos, viñas, árboles frutales, trigo, centeno, garbanzos, ganado lanar, vacuno y de cerda, encinas, zumaque y alcornoques. Hay un hospital para pobres y peregrinos. Hay un maestro de primeras letras. Viven 12 clérigos incluido el párroco. Posee un convento de franciscanos descalzos con 10 sacerdotes, 5 coristas, 3 legos y 5 donados. Entre las personas con apellidos posiblemente relacionados con la familia de Fernando Parrón figuran los siguientes: Pedro Giraldo, poseedor de una tahona de zumaque; Pedro Camberos Santano, propietario de 16 colmenas y comerciante de pieles, y Fernando Parrón, propietario de 10 colmenas.[21]

Según Manzano, biógrafo de Parrón, éste entró en la provincia franciscana de San Miguel el 11 de junio de 1746, probablemente habiendo pasado por el convento de su pueblo.[22] El mismo autor asevera que el cacereño era predicador en el convento de Trujillo cuando decidió viajar a las Indias. “Se le describe –añade Manzano– como hombre delgado, piel oscura, complexión débil, de barba cerrada y de ojos y cabellos negros”.[23] Otro autor, ya citado, lo describe –con datos tomados de AGI. Contratación, 5.546– así: “30 años, cuerpo regular delgado, moreno pálido y poblado de barba, ojos y pelo negro”.[24] Otra descripción que nos facilita generosamente la doctora Adriana Álvarez, de la UNAM, dice lo que sigue, tomado de la misma fuentes documental:

Misión de diez y ocho religiosos de N. S. P. S. Francisco para el Colegio de San Fernando de Propaganda Fide de la Ciudad de México. Fernando Parrón, predicador y morador en el convento de N. P. S. Francisco de Truxillo de la Santa Provincia de San Miguel. [Contiene un formato impreso en el que únicamente aparecen manuscritos los datos individuales de cada fraile] fray Gaspar Gómez de la orden de N. S. P. S. Francisco, Misionero apostólico, Ex lector de Sagrada Teología, Ex guardián del Seminario de Propaganda Fide de San Fernando de México y Comisionado de su misión.  Al padre fray Fernando Parrón... [Es la licencia para que Parrón viaje]…de la Santa Provincia de San Miguel en la Extremadura, delgado de cuerpo, poblado de barba, y ésta algo rojo, pero negro, y de color algo trigueño.[25]

FRAY FERNANDO PARRÓN RUMBO A CALIFORNIA

Tras la expulsión de los jesuitas de Nueva España en 1767, el virrey encomendó al Colegio de San Fernando las misiones de California, que se habían quedado sin sus fundadores misioneros. Había que sustituir a dieciséis jesuitas. De México a San Blas hay una distancia de 200 leguas. El 12 de julio fue nombrado fray Junípero como presidente de las misiones, y salieron del colegio nueve padres, entre ellos Parrón, “hijo de la provincia de Extremadura”. El Padre Guardián del Colegio de San Fernando se despidió así de los  misioneros:

Vayan, padres y queridos hermanos, con la bendición de Dios y de N S P. S. Francisco a trabajar en aquella mística labor de la California que nos ha dado nuestro católico Monarca. Vayan, vayan con el consuelo de que llevan para su prelado al Padre Lector Junípero, a quien por esta patente nombro de presidente de todos VV.RR. y de aquellas misiones y no tengo que decir más sino que le obedezcan como a mí mismo y me encomienden a Dios.[26]

La marcha desde México se inició  el 14 de julio de 1767 y los misioneros llegaban a Tepic tras 39 días, con estancias previas  en Querétaro y Guadalajara. En esta ciudad entraron en contacto con el obispo, a la sazón Diego Rodríguez de Rivas:

En ésta supimos por el señor obispo de que no tenía clérigos para la California y que no estaba ninguna de las misiones en disposición de ser administrada por otros sacerdotes que los misioneros y que así lo había escrito ya al Excmo. Sr. Virrey.[27]

Los viajeros se hospedaron en Tepic en el hospicio franciscano de la Santa Cruz de Zacate, a la espera de que culminara la construcción de los paquebotes San Carlos y San Antonio en el puerto de San Blas, para los previstos traslados.[28]

El Padre Guardián mandó cuatro franciscanos más, hasta completar el  número requerido de dieciséis. Llegaron el 21 de agosto y permanecieron haciendo misión en los alrededores de San Blas y Tepic hasta el 12 de marzo, cuando llega el barco Concepción con los 16 jesuitas a los que deberán reemplazar. Por fin la expedición se puso en marcha el 13 de marzo, en el mismo barco.

El 1º de abril, Viernes Santo, fondearon en la rada de Loreto. Tres días de Pascua con misa cantada a Nuestra Señora y, según fray Juan Crespí:

en forma de comunidad fuimos derechos a ponernos a los pies de Nuestra Señora de Loreto a quien al poco rato pudimos cantar el Regina Coeli laetare y nos alegramos todos nosotros y todo el pueblo y Real Presidio, el señor gobernador y todos los demás señores y vecinos nos recibieron con todas demostraciones y contento.[29]

Fueron distribuidos los frailes en las antiguas misiones jesuitas y

para la misión y real presidio de Nuestra Señora de Loreto destinó al padre predicador fray Fernando Parrón, quedando en ella  ministro el reverendo  padre presidente y dicho padre fray Fernando de compañero.[30]

Esta información la corrobora Palou en otros lugares de sus Cartas:

Para esta misión y real presidio de Loreto, distante de San Xavier como ocho leguas y de San José Comondú como diez y ocho, determinó quedarse el padre presidente con el padre Fernando Parrón como compañero”.[31]

Entró a cargo de este colegio el día 1º de abril de 1768, siendo sus primeros misioneros el reverendo padre presidente fray Junípero Serra y su compañero fray Fernando Parrón, aunque solo corrieron con lo espiritual hasta que salieron para la expedición de Monterrey.[32]

La misión de Nuestra Señora de Loreto había sido fundada por la Compañía de Jesús el 25 de octubre de 1697 y quedó a cargo del Colegio de San Fernando en el día citado, dirigida por Junípero Serra y Fernando Parrón hasta su partida para la expedición de San Diego y Monterrey. Precisamente Palou, en carta enviada al Guardián Juan Andrés en 4 de noviembre de 1768 desde Loreto, decía que “el P. Parrón está en mi compañía”,[33] y en otra al mismo destinatario del 4 de mayo de 1769 –y ya habiendo partido Junípero y Parrón–, escribía:

Han administrado esta iglesia dos ministros que fueron el padre presidente y el padre Parrón, cuyo sínodo son 550 pesos y el de este año de uno solo hasta que lleguen otros padres, que son 275 pesos, podrá servir para hacer el avío para esta misión.[34]

Hay una descripción de la misión de Loreto en las obras  de Palou.[35]

El 6 de abril de 1768 comenzó el camino a las misiones asignadas, a la espera de que llegara el Visitador General José de Gálvez. Éste embarcó en San Blas el 24 de mayo y llega a Cerralbo el 6 de julio, y sentó sus reales en Santa Ana, a 100 leguas de Loreto,“trayendo no solo el encargo de visitar la península de California sino también Real Orden de despachar una expedición marítima a fin de poblar el puerto de Monterrey, o a lo menos el de San Diego”.[36]

FRAY FERNANDO PARRÓN Y LA EXPEDICIÓN MARÍTIMA DE LA PAZ A SAN DIEGO (1769)

Junípero Serra se ofrece a colaborar en la nueva aventura colonizadora y evangelizadora en el transcurso de la reunión que mantiene con el Visitador General y se decide que vayan cinco misioneros, tres en el paquebote que saldría en segundo lugar, uno en el primero, otro con el primer grupo de la expedición de tierra y otro, el propio Junípero, con Portolá, gobernador comandante de la expedición, con el segundo grupo.[37]

Efectivamente, el Virrey tenía decidido enviar gente a explorar la costa de la California norte, a fin de conocer las cualidades de la tierra, los habitantes, producciones, costumbres, etcétera, con el propósito también de evitar invasiones extranjeras.  Gálvez se ofreció a ejecutar esta labor. Se le ordenó preparase una expedición en este sentido. Lo más lejano de California que había sido descubierto estaba a la altura del río de Los Reyes, a 43 grados de latitud, y lo conquistado llegaba hasta los 30 grados y medio, en la misión de Santa María, cerca de la bahía de San Luis Gonzaga, en el mar de Cortés. A este respecto, Costansó, en su Diario redactado en 1770, ofrece un panorama general de la situación traducida en escasos medios, tan sólo dos paquebotes en construcción y otros dos de pequeño porte en ese momento. Añade que Gálvez hizo una junta en  San Blas el 16 de mayo de 1768 con el comandante, los oficiales y pilotos para preparar la expedición. El 24 embarcó para la bahía de Cerralbo, después de haber visitado el puerto de Mazatlán y las islas Isabela y Marías. “Mientras tanto se acopiaba todo lo necesario para tan dilatado y penoso viaje”.[38] Él mismo aportaba los detalles de las dos expediciones de tierra y la presencia destacada del P. Parrón:

Embarcose también para a la asistencia espiritual de todos, el muy reverendo padre fray Fernando Parrón, religioso del colegio de Propaganda Fide de San Fernando de México que había de quedarse en San Diego para fundar aquella misión.[39]

También es Palou quien da en su Cartas datos relativos a la marcha de la expedición marítima de la que Parrón formaba parte. Ya a finales de 1768 (por tanto sólo estuvo unos meses en la misión de Loreto) se encuentra listo para zarpar en el San Carlos desde La Paz. Precisamente el 28 de diciembre de dicho año Gálvez escribía a fray Junípero comunicándole que los dos paquebotes estaban en proceso de reparación y que sería el P. Parrón quien iría como capellán en el San Carlos.[40]

El padre Parrón se embarcó en Loreto el día de Santa Catalina de 1768 y a las veinte y cuatro horas ya estaba con el padre presidente en el puerto de La Paz que hay más de cien leguas y de dicho puerto ha de salir la expedición de mar para Monterrey.[41]

Salió el 9 de enero de este año el San Carlos del puerto de La Paz y en él se embarcó el padre fray Fernando Parrón y el día 15 de febrero salió del cabo de San Lucas el otro nombrado San Antonio y en él los padres fray  Francisco Gómez y fray Juan Vizcaino.[42]

5.1. Los preparativos de la expedición

Gálvez preparó concienzudamente las dos expediciones marítimas y las dos expediciones de tierra (descritas por Palou)[43] y, efectivamente,

Estas disposiciones de buen gobierno que para el reforme de esta península iba dando Su Ilustrísima no le impedían ni distraían del principal fin de su venida, que era la conquista del famoso puerto de Monterrey, disponiendo las expediciones de mar y tierra para conseguirlo y trabajando incesantemente en la composición de los dos paquebotes, San Carlos y San Antonio, el Príncipe, que vinieron a  esta península del puerto de San Blas; no paró hasta verlos carenados de nuevo, cargados y puestos en camino en busca de puerto de San Diego para ir después al de  Monterrey.[44]

El propio Gálvez, muy entusiasmado al parecer, pasaba revista al paquebote San Carlos y ayudaba a cargar los víveres traídos desde San Blas o los custodiados en los almacenes del puerto de La Paz, como narra Palou:

También por sí mismo ayudó este señor al V. Padre Junípero y Padre Parrón a encajonar los ornamentos, vasos sagrados y demás utensilios de iglesia y sacristía para las tres misiones que de pronto se habrían de fundar gloriándose en una carta que el referido señor al mismo tiempo me escribió en que me expresaba que era mejor sacristán que el Padre Junípero pues compuso los ornamentos y demás para la misión  (que llamaba suya) de San Buenaventura.[45]

[…]

Después de la misa de rogación que va referida, hizo el Sr. Visitador General a toda la gente una gran exhortación o plática para animarla; y todos enternecidos se embarcaron el día 9 de enero de 1769 en la citada capitana San Carlos, acompañándolos para su consuelo el P. Fr Fernando Parrón.[46]

También había preparado otro barco, el San José, venido de San Blas y fondeado en el cabo de San Lucas. El 16 de junio salió del puerto de Loreto para San Diego, “y no habiéndose vuelto a saber más de él, ni parecido fragmento alguno, se juzga padecería naufragio en alta mar”.[47]

Para la buena marcha de las expediciones, Gálvez redactó una serie de Instrucciones dirigidas a los capitanes de los barcos, al teniente Pedro Fages y al ingeniero Miguel Costansó, todas muy similares salvo algunos detalles relativos a la especificidad de los destinatarios. Las dirigidas a Vicente Vila, comandante del San Carlos, proceden de la Biblioteca Bancroft de Berkeley, California, y han sido publicadas por Sobrequés.[48] Fueron firmadas por Gálvez en el puerto de La Paz el 5 de enero de 1769. En el texto se da por sentado que el San Carlos podrá seguir, sin novedad, el viaje hacia Monterrey, tras fondear en el puerto de San Diego, con la siguiente finalidad. De ellas extraemos los datos esenciales: 

Debe considerar en primer lugar que esta expedición se emprende y dirige a establecer la religión católica entre una inmensa gentilidad sumergida en las oscuras tinieblas del paganismo, a extender la dominación del Rey Nuestro Señor y poner esta península a cubierto de las ambiciones tentativas de una nación extranjera y también debe tener muy presente que, interesándose el servicio de ambas majestades y el honor español en  el éxito feliz de una empresa que desde el año de 1606 la mandó poner en ejecución el señor Felipe iii.[49]

El viaje parecía muy factible ya que el navío “lleva respetos y refuerzos de víveres y de todas clases para más de un año, siendo un viaje de solas trescientas leguas hasta Monterrey y llegar a los 34 grados para el puerto de San Diego”.[50]

Debe cuidar con mucha vigilancia el comandante que la marinería observe la más exacta disciplina, que haga sus continuas guardias a bordo de día y especialmente de noche, y que no salga a tierra sin expresa orden y con sus armas de fusil, bayoneta y machetes que llevan para su defensa, poniéndose siempre de acuerdo para los desembarcos con el comandante de la tropa a quien toca disponerlos con las precauciones que sean debidas y que nunca puedan ser demasiadas en país no conocido y entre gentes no civilizadas. Por cuyos motivos y que el desarrollo de alguno de la tropa o de la tripulación no indisponga de los indio, malogrando su seducción, mando que se castigue con el más severo rigor a cualquiera de ellos que ofenda los habitantes del país sin expresa orden del oficial comandante o que haga a las indias cuya ofensa no olvidan jamás los naturales del norte de esta península.[51]

[…]

Y asimismo le prevengo que traiga a su vuelta de todos los frutos, efectos, pieles y género que se encontraren entre los indios de San Diego, Monterrey y las islas donde tocare a la vuelta, procurando adquirirlas a cambio de las mercerías y demás cosas que van con este fin.[52]

Con la misma fecha y lugar aparece el documento en que se detalla el cargamento del navío San Carlos, que guarda la Biblioteca Bancroft y que fue publicado también por Sobrequés,[53]donde se asientan el número y la naturaleza de los navegantes, los alimentos para ocho meses y las correspondientes raciones para cada pasajero. Según el documento, son 62 personas, de las cuales componen la llamada Mesa de la Cámara dos oficiales del ejército, el padre Parrón, el capitán y piloto del paquebote, el pilotín y el cirujano. A ellos se suman 25 soldados de la tropa (un sargento, un cabo y 23 soldados) y la tripulación: los oficiales de mar, marineros y dos pajes, más los oficios: un panadero, dos herreros, un cocinero y dos tortilleros. La relación de alimentos y otros efectos, entre los que figuran 1000 pesos en reales  “para una urgencia inopinada”, es la siguiente:

Cargamento del paquebote San Carlos en el puerto de La Paz, en 5 de enero de 1769: Carne seca: 187 arrobas, 6 libras. Pescado: 71 arrobas, 8 libras. Galleta común: 267 arrobas, 3 libras. Galleta blanca: 41 arrobas, 7 libras. Maíz: 160 ½ fanegas. Arroz: 37 arrobas, 20 libras. Garbanzos: 37 arrobas, 20 libras. Manteca: 20 arrobas. Vinagre: 7 tinajas. Sal: 8 fanegas. Panocha: 43 arrobas, 8 libras. Queso: 18 arrobas. Aguardiente: 5 tinajas. Higos: 6 tanates. Pasas: 3 tanates. Dátiles: 2 tanates. Azúcar: 5 arrobas. Chocolate: 11 arrobas. Jamones: 10. Aceite de comer: 6 botijas.  Aceite de pescado: 5 botijas. Canela: 1 libra. Pimienta: 1 libra. Chile: 12 arrobas. Ajos: 5 arrobas. Gallinas. Lenguas de vaca ahumada: 25. Reses vivas: 6. 10 tercios de harina con peso: 52 arrobas, 20 libras. Costales de afrecho: 15. Lentejas: 23 arrobas. Frijoles: 19 arrobas, 20 libras. Mil pesos en reales para una urgencia inopinada. Más 32 arrobas de panocha; las 20 para las dos misiones de San Diego y Monterrey, por mitad, y las 12 restantes para gratificar a los indios y rescatar con ellos. Un cajón de velas de sebo con 4 ½ arrobas. Carbón: 16 costales. Un peso de cruz y marco de 16 libras. Pabilo para la lantía. Puerto de La Paz, 5 de enero de 1769.[54]

Y como ya se mencionó, el San Carlos, nave capitana, se hace a la vela desde La Paz el día 9 de enero de 1769. Palou relata así el gran acontecimiento, citando de modo sobresaliente al P. Parrón:

Y concluida la misa, estando todos los que se habían de embarcar juntos, les hizo Su Ilma. un discreto y tierno parlamento, encargándoles el negocio en nombre de Dios y del Rey, y de su virrey en la Nueva España que los enviaba, que se dirigía a poner entre la gentilidad de San Diego y Monterrey el estandarte de la Santa Cruz, y que para facilitar y conseguir el deseado fin les encargaba la paz y unión entre todos y la obediencia y respeto a los mayores. Y, principalmente, al padre misionero fray Fernando Parrón, que iba para el consuelo de todos, que lo atendiesen, amasen y respetasen, y concluida esa tierna exhortación, se despidieron. Tomando dicho padre misionero la bendición del reverendo padre presidente que asistió e hizo la bendición del barco y banderas, se fue a bordo en compañía del señor comandante del mar don Vicente Vila, capitán de dicho paquebote San Carlos, insigne piloto; del señor teniente de los voluntarios don Pedro Fages con sus veinte y cinco soldados; de don Miguel Constanzó, alférez de ingenieros, como cosmógrafo para demarcar y pintar los puertos y tierras que fuesen descubriendo y en el puerto de Monterrey delinear el real presidio que se había de fundar; y de D. Pedro Prat, inteligente cirujano de los reales ejércitos de Su Majestad para lo que se ofreciese. Y se hizo a la vela el día 9 de enero saliendo de La Paz para el cabo de San Lucas de donde había de salir para tomar la navegación para el puerto de San Diego.[55]

5.2. La navegación

Vicente Vila, comandante de ambas expediciones por mar y capitán del San Carlos, recoge en su Diario las principales vicisitudes del viaje, tras el enorme retraso que se produjo durante la travesía y el mal estado de la mayor parte de sus hombres al llegar a San Diego. He aquí unos extractos:

Del lunes 9 de enero a medio día al martes 10 de 1769 años. A las 12 de la noche, con el viento de la tierra por el sur-sud-oeste muy flojo, zarpé el ancla y me hice a la vela con todo aparejo y lancha de proa, la marea contraria que escasamente permitía romper; a las once del día habiendo rodeado el viento a la mar por el noroeste di fondo en la mediana del canal por tres brazas de agua, lama y arena.[56]

[…]

Viernes 13 al sábado 14 de enero… A medio día observé 22 grados 58 minutos. Demarqué el cabo de San Lucas al sud-oeste, distancia de la costa una legua quedando en longitud de 266  grados 53 minutos… Del sábado 13 al domingo 15 de febrero… a las ocho de la noche pasé a besar la mano a Su Señoría Ilustrísima y a las nueve y media me restituí a mi bordo. Se pasó la noche en calma y a las siete y media de la mañana vino Su Señoría Ilustrísima a bordo con su comitiva y la tripulación de la Concepción; oyó misa y se despidió de todos.[57]

Del martes 14 al 15 de febrero el paquebote divisa la isla de Guadalupe. Del martes 7 al miércoles 8 de marzo divisa la isla de los Cerros. Aprovisionamiento de agua. Estorace, el segundo, y el teniente Pedro Fages la encuentran algo salobre. Durante varios días hacen las aguadas. Del martes 14 al miércoles 15 de marzo sigue la aguada con Constansó y Fages.

El 25 de abril el barco ha sobrepasado los 33 grados de latitud, por lo que se encuentra al norte de puerto de San Diego, a la altura del canal de Santa Bárbara y la isla de Santa Catalina. Entre el viernes 28 y el sábado 29 Vila divisa ya los islotes de los Coronados y a mediodía del 29 de abril de 1769 describe la llegada al puerto de San Diego:

Demarqué la isla de San Clemente al oeste, la isla de Santa Catalina al oeste-noroeste; el morro en la entrada del puerto de San Diego que es la extremidad meridional de la loma que cubre y abriga a este puerto al sur-este a distancia de 3 o 4 leguas; los farallones o islotes de Los  Coronados al este-sur-este a distancia de 9 leguas.[58]

5.3. El encuentro en el puerto de  San Diego con las restantes expediciones

Al día siguiente descubren al paquebote San Antonio fondeado en la punta de Guijarros y se empieza el inventario de males y daños que han sufrido ambas expediciones:

Y largamos nuestra bandera; él largó la suya y tiró un cañonazo para llamar su lancha que se encontraba en tierra… A las ocho de la noche vino la lancha del San Antonio con el segundo capitán y piloto don Miguel del Pino, que nos dio noticia de su viaje y arribó a este puerto que fue en once de abril con la mitad de su tripulación infestada del escorbuto, de la cual se les habían muerto dos hombres y no tenían para el trabajo más gente que los siete hombres que venían en la lancha, de los cuales algunos se sentían picados del mismo mal; el capitán don Juan Pérez se hallaba también con poca salud y solos los dos padres misioneros estaban buenos.[59]

En los días siguientes se realizaron maniobras de aproximación y de exploración a las playas cercanas hasta fondear el San Carlos junto al San Antonio: “A las cinco de la tarde del día 4 jueves fueron algunos soldados en la lancha con el reverendo padre fray Fernando Parrón, don Pedro Fages y don Jorge Estorace a dar sepultura en tierra al marinero difunto y al ponerse al sol se volvieron a bordo”.[60]

El domingo 7 de mayo de 1769, el P.  Parrón bajaba de nuevo a tierra con los oficiales a fin de ir preparando el alojamiento para los enfermos y facilitar su desembarco y el de los enseres, lo que se hizo el martes 9 de mayo:

Concluido el alojamiento y barracas se dio principio al desembarco de los enfermos, y a las cuatro de la tarde estaban todos en tierra, quedándome a bordo con el contramaestre que estaba bien enfermo, un marinero gallego y un pajecito picados también del mal. Yo no podía dar paso y el reverendo padre fray Fernando Parrón tampoco estaba con salud.[61]

Y todo ello lo corrobora otro cronista en una lúcida narración. Se trata del ingeniero Miguel Costansó, que planeó los primeros presidios de California; el mismo que formó parte de la expedición que partió de San Diego en 14 de julio de 1769 hacia Monterrey y regresó sin encontrar el famoso puerto. Al retornar a San Diego el 24 de enero de 1770, encuentra a los tres misioneros, Junípero Serra, fray Juan González Vizcaíno y a nuestro fray Fernando Parrón

en buen estado, convalecientes el primero y el último de la común enfermedad del escorbuto que todavía asfixia a diferentes soldados así de la tropa veterana que dejamos como de los del presidio e indios californios cristianos. Supimos de su boca cómo todos los que dejamos enfermos en sus lechos se los había llevado Dios a pocas semanas después de nuestra salida, pero que la diligencia del celo caritativo e incansable del cirujano Pedro Prat habían convalecido aquellos en quienes la enfermedad no se había radicado tanto durante el tiempo de la navegación.[62]

Y ya en el puerto de San Diego, narra Costansó que la primera diligencia fue buscar aguaje, explorar e terreno, conocer la vida y costumbres de los indígenas, etcétera, y no obstante, y a lo largo de los días

iba creciendo el número de los enfermos, al paso que morían los más agravados y aumentaba la fatiga de los pocos que quedaban en pie. Construyose en las inmediaciones de la playa del Este un corto recinto formado de un parapeto de tierra y fagina, que se guarneció con dos cañones; desembarcáronse algunas velas y toldos de los paquebotes con las que se hicieron dos tiendas capaces para hospital. Pusieron a su lado las suyas los dos oficiales, los padres misioneros y el cirujano, y hallándose todo en estado de recibir los enfermos, se trajeron de abordo en las lanchas y se acomodaron en las tiendas lo que mejor que se pudo… Mudáronse todos al nuevo real que se transfirió una legua más al norte a la derecha del río, sobre una loma de mediana altura, donde se pudo atender con más cuidado a los enfermos que el cirujano D. Pedro Prat no dejaba un instante y asistía con suma caridad.[63]

De modo similar cuenta fray Juan Crespí su encuentro con los miembros de las expediciones marítimas y como se dio cita la alegría del recibimiento con la tristeza por las penalidades pasadas:

En él (el puerto de San Diego) vimos dando fondo los dos paquebotes. El primero a quien di un muy estrecho abrazo fue el padre predicador fray Juan Vizcaíno, quien con el padre fray Francisco Gómez había venido embarcado con El Príncipe, y el padre fray Fernando Parrón con el San Carlos, a quienes todos abracé con el mismo amor llegando al real juntamente con los señores oficiales y soldados, y fue para todos día de gran regocijo y alboroto, aunque tuvimos el pesar de encontrar el real hecho un hospital con cuasi todos los soldados y marineros de San Carlos y El Príncipe acabándose del mal de escorbuto o Loanda, y nos contaron que del San Carlos ya contaban nueve muertos, dos echados en el mar y los enterrados en este puerto.[64]

Y  coincide la versión de fray Junípero Serra:

Yo gracias a Dios llegué antes de ayer, día de este mes (1º de julio) a este puerto de San Diego, verdaderamente bello y con razón famoso. Aquí alcancé  a cuantos había salido primero que yo, así por mar como por tierra, menos los muertos. Aquí están los compañeros Padres Crespi, Vizcaíno, Parrón, Gómez y yo, todos buenos gracias a Dios. Aquí están los dos barcos, y el San Carlos sin marineros, porque todos se han muerto del mal de Loanda y sólo le ha quedado uno y un cocinero.[65]

[…]

Y se quedaron con el fin de establecer aquella nueva Doctrina los reverendos padres fray Junípero Serra, fray Juan Vizcaíno y fray Fernando Parrón, aunque el primero, obligado a suspender su marcha por el cansancio y fatiga pasada, quedó esperando embarcación en que pasar a Monterrey, cuyo destino había elegido, y los reverendos padres fray Juan Crespí y fray Juan Gómez siguieron la expedición en su viaje.[66]

5.4. Las causas del retraso y circunstancias adversas en la travesía del paquebote San Carlos

El propio Costansó, al igual que más tarde Junípero Serra, analiza las causas del retraso sufrido por la expedición marítima protagonizada por la nave capitana al mando del comandante Vila. Fueron muchas las dificultades de navegación por la costa, pues fueron muy frecuentes los vientos contrarios a la dirección del viaje. Por ello el San Carlos tuvo que separarse a más de 200 leguas de la costa y, como se ha indicado, requirió hacer aguada en la isla de los Cerros. Al fin, como se dijo, arribó el 29 de abril al puerto de  San Diego,

pero su tripulación y la tropa de transporte, cuya fatiga, en tan dilatado y penoso viaje y en lo más crudo del invierno, no pudo menos que ser excesiva, llegaron en deplorable estado. El escorbuto inficionó a todos sin excepción, de suerte que al entrar en San Diego habían ya muerto dos hombres de dicha enfermedad, lo más de la gente de mar, y la mitad de la tropa se hallaban postrados en sus lechos; sólo cuatro marineros quedaban en pie y acudían ayudados de la tropa a marear y aferrar las velas y demás maniobras.[67]

De otra parte, fray Junípero atribuía el retraso del San Carlos a dos causas y ponía de relieve en el texto la gran dedicación mostrada por el P. Parrón durante el viaje:

Han sido la ocasión del atraso de San Carlos dos cosas. La primera, que por el mal barrilaje de donde inopinadamente hallaron que se salía el agua y de cuatro barriles no podían llenar uno, hubieron de repente de arribar a tierra a hacerla y la cogieron de mala parte y calidad, y por ella empezó a enfermar la gente. La segunda fue que por el error en que estaban todos, así Su Ilma. como los demás, de que este puerto estaba en altura de 33 a 34 grados de Polo, pues de los autores unos dicen lo uno y otro lo segundo, dio orden apretada al capitán Vila (y lo mismo al otro) que se enmarasen mar adentro hasta la altura de 34 grados y después recalasen en dicho puerto y como éste in rei veritate no está en más altura que la de 32 grados y 34 minutos según la observación que han hecho estos señores, por tanto pasaron mucho más allá de dicho puerto y cuando lo buscaron no lo hallaban; por eso se les hizo más larga la travesía y proseguían con el agua mala, vinieron a postrarse de manera que si no encuentran tan breve con el puerto, perecen todos, por lo que ya no podía echar la lancha al mar para hacer agua ni otra maniobra. El P. fray Fernando trabajó mucho con los enfermos y, aunque llegó flaco, no tuvo especial novedad y ya está bueno; pero ya que salió con bien no quiero que se vuelva a embarcar y se queda gustoso acá.[68]

Fray Fernando Parrón en la misión de San Diego de Alcalá (1769-1771)

Como hemos venido expresando, nuestro fray Fernando Parrón estaba predestinado a servir en la que iba a ser la primera misión franciscana en California, la de San Diego de Alcalá. En ella se aplicarían el régimen espiritual y las normas habituales de gobierno temporal, ya que las misiones contribuían al fortalecimiento de la política de la Corona en los nuevos territorios conquistados, régimen que ya había contratado fray Junípero durante los años en que se ocupó de las cinco misiones de Sierra Gorda.[69]

Ya a los pocos días de su llegada al puerto de San Diego, y dos días más tarde de la salida de la expedición terrestre rumbo a Monterrey, prepara fray Junípero todo lo relativo a la fundación de la misión:

Con esta fe y celo de la salvación de las almas levantó el V.P. Junípero el estandarte de la Santa Cruz, fijándola en el sitio que le pareció más propio para la formación del pueblo, y a la vista de aquel puerto. Quedaron de ministros nuestro V. Padre y fray Fernando Parrón; y con la poca gente que existía sana, en los ratos que no era preciso asistir a los enfermos, se fueron construyendo unas humildes barracas y habiéndose dedicado una para iglesia interina se procuraron atraer allí con dádivas y afectuosas expresiones a los gentiles que se dejaban ver… Siendo tan grande su aversión a nuestras comidas, no era menor el deseo con que ansiaban por la ropa, hasta pasar al hurto de cuantas cosas podían de esta clase; llegando a tanto extremo que ni en el barco estaban seguras sus velas.[70]

El 16 de julio de 1769 tenía lugar la solemne fundación  de la misión de San Diego de Alcalá, objeto de estudio de trabajos específicos[71] y numerosos informes y trabajos posteriores.[72] Sin embargo, un mes más tarde sufrió el establecimiento el primer ataque de los indios, preludio del que, con más fuerza, experimentaría en 1775, con la muerte del P. Luis Jaime y el incendio de la misión, los enseres y los libros parroquiales. En efecto, en los días festivos la misión quedaba prácticamente desguarnecida, pues el P. Parrón acudía al barco a celebrar misa acompañado de dos soldados de escolta. Antes del 15 de agosto, cuando se produjo el principal ataque de los indios, ya había habido conatos:

Todo esto observaron ellos atentamente, ignorando la fuerza de las armas de fuego y confiando en la multitud de gente que tenían y en sus flechas y macanas de madera en forma de sables que cortan como el acero y otras como porras y mazos, con que hacen mucho estrago, empezaron a robar sin temor alguno y viendo que no se les permitía, quisieron probar fortuna quitando la vida a todos los nuestros y quedando ellos con los expolios. Así lo intentaron hacer en los días 12 y 13 de agosto pero, habiendo hallado resistencia, hubieron de retirarse”.[73]

El 15 de agosto sólo había cuatro soldados en la misión, y quedaron heridos el P. Vizcaíno, un indio californio, un soldado de cuera y el herrero, pero murió José María, un mozo que atendía habitualmente a fray Junípero:

Cayó un gran número de gentiles, armados todos a guerra, y empezaron a robar cuanto encontraban, quitando a los pobres enfermos hasta las sábanas con que se cubrían. Gritó luego alarma el cabo y viendo los contrarios la acción de asirse los soldados las cueras y adargas (armas defensivas con que se burlan de las flechas) y que al mismo tiempo tomaban los fusiles, se apartaron empezando a disparar sus flechas…[74]

Superada esta circunstancia la vida en la misión avanzó con total entusiasmo y normalidad, tratando los misioneros de ganarse la voluntad de los nativos y proceder a las primeras conversiones. Fray Junípero, que permaneció en la misión al principio hasta su viaje a Monterrey, cuenta las primeras vicisitudes hasta el incendio de la misión el 5 de noviembre de 1775, lo que motivó la reconstrucción de los primeros libros parroquiales:

Perseveramos en nuestro ministerio hasta mediados de abril del siguiente año de 1770 y en los dichos nueve meses solo trabajamos procurando a ganar voluntades de los gentiles y darles la posible noticia del (ilegible) de nuestra venida a estas tierras  y omitiendo el peligro de nuestras vidas en una invasión que nos hicieron y otros trabajitos; solo digo que no hicimos en dicho tiempo bautizo alguno.  Los 15 de abril, Pascua de Resurrección, me embarqué en este puerto en busca del de (ilegible) para fundar a la misión y dejé en mi lugar al R.P. fray Francisco Gómez por el P fray Juan Vizcaíno que se había ido a México, y los dos dichos fray Fernando Parrón y el P. Gómez perseveraron un año entero en el que hicieron los primeros bautizos y dieron fe y principio a la cristiandad de esta tierra.[75]

Sin duda nuestros protagonistas reflejaban en su trabajo las virtudes que debían ejercer los misioneros franciscanos: la sencillez, la humildad y el buen ejemplo de vida, aplicados a una realidad geográfica y cultural que desconocían pero a la que llegaron con dos grandes deseos reformadores –como ha escrito Pereira–,

uno religioso y otro moral. Los misioneros buscaban la salvación de los indios y, en este sentido, su metodología evangelizadora se concretaba en la enseñanza de la fe cristiana, en la conversión y posterior bautizo de los nativos. A esta finalidad se sumaba el interés por que los indígenas aprendiesen un nuevo código ético basado en los principios morales castellanos, lo cual implicaba el cambio de actitud de aquellos frente al mundo y la adopción de nuevas  pautas sociales de comportamiento”.[76]

A mayor abundamiento, añadamos que los franciscanos aprovecharon su estancia evangelizadora en las Indias para perfeccionarse en su vocación.  Como escribe Morales,

Una relectura de las antiguas crónicas y otras fuentes del siglo xvi nos indica la forma en que se combinó el ideal reformista con las necesidades misioneras para adaptar algunos aspectos de la vida del franciscano como fraternidad, itinerancia, vida sencilla y pobre con el cuidado pastoral de los pueblos y la religiosidad popular.[77]

En el momento del incendio en 1775 aparecían 477 bautizados, entre adultos y párvulos, y fray Junípero se esmeró en reconstruir los libros parroquiales. De ellos existe una traducción al inglés por Griffin (1994) en el archivo histórico de la Misión. Véase, como ejemplo de la reconstrucción, el libro de bautismos:

El libro primitivo en que con la debida distinción y claridad las partidas de bautismos como se iban celebrando se asentaban desde el principio de la fundación de esta misión de San Diego en la hoja 1ª anotado, las que ascendían al número de cuatrocientos y setenta y siete bautizados entre adultos y párvulos. El día 5 de noviembre de 1775 fue quemado juntamente con los demás, la administración, los ornamentos, vasos sagrados, casas y utensilios de la misma misión y entre ellos los padrones y demás papeles de donde pudiera siquiera con alguna mejor forma restaurarse la pérdida…[78]

Transcribimos a continuación el asiento del primer bautizo en la misión,  cuya ceremonia debió de oficiar el P. Parrón:

1º En esta misión de San Diego de Alcalá, en la superior California, fue  primer bautizado por uno de dichos padres un párvulo de cerca tres años de edad con el plácito de sus padres gentiles, al presente ya cristianos, llamados Carlos y Práxedis, de esta ranchería de San Diego, y se le puso por nombre Francisco Antonio. Fue su padrino Juan Gorrión, indio californio de la misión de Santa Gertrudis, a quien se advirtió lo debido.[79]

Lo mismo hizo fray Junípero con los libros de matrimonios y de difuntos, tarea de reconstrucción a la que se sumó el P. Parrón:

Los nombres, pues, y partidas de entierros de todos los dichos estaban escritos de mi mano en el libro que se quemó y que por los que habían fenecido antes de mi llegada me suministró dicho P. Parrón un bien formalizado cuaderno en que los tenía anotados, y aunque me acuerdo de varios, es mucho mayor el número de los que no tengo con individuación presentes, y por tanto omito el copiarlos, contentándome con pedir a Dios N. S. que los nombre y todos ellos estén escritos en el cielo y sus almas por misericordiam Dei  requiescant in pace. Amén.[80]

De modo más concreto, el señor Tony Falcón, colaborador del Archivo Histórico de la Misión de San Diego, nos facilita esta importante noticia:

Observé que la nota/introducción del P. Serra que precede los primeros 16 Bautismos dice: Bautismos hechos por los P.P. fray Fernando Parrón y fray Francisco Gómez.dato que por error no menciona la traducción al inglés que estuve revisando. Sólo el nombre de Gómez aparece mencionado en los datos que describen los bautismos números 2, 3, 4, 8, 9, 13, y 14.  Las restantes 9 descripciones/entradas de bautismos (1, 5, 6, 7, 10, 11, 12, 15, y 16) no mencionan el nombre del padre que administró el sacramento, pero podríamos deducir que fueron hechos por Parrón.  La recreación de los 16 bautismos fue concluida y firmada por el P. Serra el 23 de septiembre de 1776.[81]

Por otra parte, las relaciones con los indios, tanto con los ya asimilados como con los que seguían habitando en sus poblados, han sido objeto de numerosos estudios en los que, en general, se recalca el interés en dotarles de buenos oficios según su sexo, al estilo de lo que llevó a cabo fray Junípero en sus experiencias misioneras anteriores. Como ha estudiado Rex Galindo, la actitud de los misioneros no era uniforme en el trato con los nativos y en la impartición de la doctrina. Se procuró de un lado enseñarla en las lenguas nativas y, de otro, que se avanzara en el uso de la lengua castellana. Sin embargo,

el tira y afloja por el control entre los misioneros y los neófitos fue continuo. Pese a la insistencia de los misioneros, los neófitos continuarían conservando algunas costumbres prehispánicas que han sobrevivido hasta nuestros días. A pesar de las críticas, muchas justificadas, otras no tanto, vertidas contra los misioneros por su trato del indio, fue en el periodo estadounidense, sobre todo durante la fiebre del oro, cuando se produjo la hecatombe del indio californio.[82]

La otra cuestión se cifraba en la relación con el poder temporal, esto es, con el comandante del presidio y su posible injerencia  en la vida interna de la misión. Es conocida la pugna que tuvieron los misioneros con la actuación del comandante Pedro Fages. A este respecto, Palou escribía al P. Guardián de San Fernando el 2 de octubre de 1771:

No es de menor cuidado lo que pasa en San Diego con el comandante de aquel departamento, llamado don Pedro Fages, teniente de los voluntarios, y al presente nombrado capitán. A él y al R.P. Presidente les ha ido el encargo de fundar las cinco nuevas misiones entre San Diego y el puerto de Nuestro Padre San Francisco. Lo mismo fue recibir el orden que venirse con algunos padres desde Monterrey a San Diego en el paquebote El Príncipe, como ya sabrá V.R. por el padre Gómez, y sin atender que las cosas necesarias para la fundación no estaban prevenidas y que no tenía soldados suficientes, ha puesto manos a la obra y me recelo no haya imposibilitado la empresa. Él se considera absoluto y que los padres hacen menos papel que el menor de los soldados, de modo que no pueden hablarle en lo más mínimo de las misiones, que a él le toca e incumbe todo y que los padres no deben hacer más que obedecer y decir misa y administrar, y que todo lo demás le toca a él como comandante; y si fuese teniente que entendiese de misiones y de indios podría disimular, pero como no  entiende nada y es de un genio inaguantable, estamos persuadidos a que se perderá la empresa. El padre Gómez le podría decir a V.R. quién es el dicho comandante.[83]

Nuevas dificultades tuvo que enfrentar la misión cuando se hallaba a la espera de socorros para su mantenimiento. El día 24 de enero de 1770 regresaba la expedición terrestre sin haber logrado encontrar el puerto de Monterrey, y el comandante Portolá decidió abandonar las instalaciones de San Diego si antes del 19 de marzo no llegara algún paquebote desde San Blas.  El 10 de febrero fray Junípero comunicaba a Palou su firme convicción de quedarse a toda costa:

Aquí quedamos los Padres fray Juan Crespí, fray Fernando Parrón y fray Francisco Gómez y yo por si viniesen los barcos y pudiésemos poner segunda misión. Si vemos se van acabando los víveres y la esperanza, me quedaré con sólo el P. Juan para aguantar hasta el último esfuerzo”.[84]

Afortunadamente, el mismo día 19 de marzo de 1770, festividad de San José, se avistó un barco que recaló en el puerto cuatro días después. Se trataba del San Antonio, que acudía en ayuda de  la expedición terrestre a Monterrey pero que retrocedió al conocer que aquélla había regresado a San Diego.

Consecuentemente, el 16 de abril del mismo año escribía fray Junípero:

Quedan de ministros los padres Parrón y Gómez, con soldados en sus trabajos, viendo que tal cual son los menos mal librados de lo que aquí estamos. Yo y el P. fray Juan vamos con el ánimo de dividirnos (así que venga escolta) uno para Monterrey y otro para San Buenaventura, como ochenta leguas de distancia, porque no se pierda la erección de aquella tercera misión de esta nueva California.[85]

El traslado de fray Fernando Parrón a la Baja California y su regreso a México

El 19 de octubre de 1771, Palou escribía al P. Verger,  guardián del Colegio de San Fernando:

Mi Padre Lector Junípero me ha escrito pidiéndome dos ministros que le faltan para completar su número que necesita, por habérsele ido el padre Gómez y haberme enviado por enfermo al padre Parrón, y aunque éste, por haber mejorado, ya sirve de ministro en la de San Xavier, pero llena el hueco que dejó el padre Escudero.[86]

De México salen 30 misioneros en octubre de 1770, se detienen en el hospicio de Tepic y embarcan en el San Antonio el 2 de enero de 1771. Llegan a San Diego el 12 de marzo “por haber padecido bastantes borrascas…hallando allí a los Padres ministros de aquella misión (que ya tenían bautizados algunos neófitos) accidentados todos de escorbuto”.[87]

El 12 de marzo de 1771 llegan diez religiosos a San Diego, de paso a Monterrey para fundar cinco nuevas misiones,

encontrando en aquella misión de ministros a los padres fray Fernando Parrón y fray Francisco Gómez, ambos heridos del penoso accidente del escorbuto…[88]concediendo la licencia al P. fray Francisco Gómez, para irse a curar al Colegio,  y al P. fray Fernando Parrón que estaba con el accidente de San Diego, la que también la tenía pedida de pasar a las antiguas misiones de la California para probar si mejoraba en ellas y poder proseguir en el ministerio.[89]

Así pues, Fernando Parrón abandonó San Diego, donde había trabajado poco más de dos años, en abril de 1771, y también salieron sus compañeros Juan González Vizcaíno y Francisco Gómez el 11 de febrero de 1770 y en marzo de 1771, según Geiger.[90] La razón de la marcha de Parrón fue su delicada salud desde que viajara en el navío San Carlos, como lo corroboran los testimonios de Palou. De la enfermedad de ambos misioneros, Parrón y Gómez, también se hacía eco el Guardián de San Fernando fray Rafael Verger en carta dirigida a fray Manuel de la Vega, Comisario General de Indias, el 28 de agosto de 1771.[91] Los dos fueron sustituidos por los padres Francisco Dumetz y Luis Jaime, éste martirizado en el ataque de los indígenas cuando asolaron la misión el  5 de noviembre de 1775.

El 7 de julio de 1771 salía de Monterrey el San Antonio y el 14 llegaba a San Diego. El P. Gómez embarca en dirección a San Blas. El P. Parrón se dirige con cinco soldados en octubre de 1771 hacia las antiguas misiones de la Baja California, tal y como había solicitado.[92] El viaje a pie hasta la misión de San Fernando de Velicatá, fundada por fray Junípero de camino a San Diego en mayo de 1769 y distante unos 400 kilómetros de Tijuana, fue ciertamente difícil. Según testimonio del P. Parrón recogido por el P. Verger, guardián del Colegio de San Fernando, sufrieron hostigamiento de los indios

en dos distintos parajes, que son la ensenada de Todos los Santos, distante como 93 leguas del dicho San Fernando, en la que los siguieron algunos días pegando fuego al camino, y en el sitio llamado San Telmo, distante de dicha frontera como 54 leguas. Y en este último sitio, a más de las flechas, se valieron también de las piedras.[93]

El P. Parrón fue trasladado a la misión de San Javier. Esta misión, distante ocho leguas del presidio de Loreto, fue fundada a principios de octubre de 1699 y regentada por los jesuitas hasta  enero de 1769. El 6 de abril fue recibido por los franciscanos de San Fernando. Cuando el P. Parrón se incorpora, vivían ahí poco más de doscientas personas y tuvo como compañero al P. Escudero.[94] Parrón trabajó en la misión poco más de un año y medio. Mejorado de salud, escribía el 20 de octubre de 1771 al P. Gómez, al Colegio de San Fernando, a su paso  por la misión de Velicatá.[95]

A finales de 1772 encontramos testimonios de la preparación de su viaje a México y consiguiente embarque en el puerto de Loreto el 1º de diciembre  de 1772 por sendas cartas enviadas por Palou al P. Verger, con fechas 29 de noviembre de 1772 y 17 de enero de 1773:

Para que algunos de los padres se pudiesen ir en la Lauretana, pues no dio más que ocho días de tiempo, como verá en las adjuntas, vinieron dos de las dos inmediatas misiones de San Xavier y San José, que son el padre fray Fernando Parrón y el padre fray Manuel  de Lago.[96]

[…]

Día primero de diciembre próximo pasado salió de esta rada de Loreto el paquebote la Lauretana y en ella se embarcaron los padres fray Fernando Parrón y fray Manuel de Lago.[97]

Aquí acaba la andadura de fray Fernando Parrón en las dos Californias. El resto de su biografía queda pendiente, tanto su labor en el Colegio de San Fernando como las circunstancias de su muerte, cuya fecha desconocemos hasta el momento. Sólo cabe añadir algunos datos: en 1779 era Maestro de novicios en el Colegio de San Fernando, en 1780 aparece como Consejero de la comunidad del Colegio[98] y en 1781 renunciaba al oficio de  Discreto.[99]

Itinerario cronológico[100]

1542, 28 de septiembre: Juan Rodríguez Cabrillo, navegante al servicio de la Corona española, avista el puerto de San Diego.

1602, 29 de abril: Sebastián Vizcaíno visita y da nombre al puerto de San Diego.

1697, 25 de octubre: fundación de la misión de Nuestra Señora de Loreto por los padres de la Compañía de Jesús.

1713, 24 de noviembre: Nace fray Junípero Serra.

1724, 26 de marzo: fray Fernando Parrón nace en Arroyo del Puerco (hoy de la Luz), provincia de Cáceres, en Extremadura; hijo de Alonso Parrón y de María La Camberas.

1724, 6 de abril: es bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de la localidad. Fue su padrino Pedro Giraldo.

1746, 11 de junio: ingresa en la orden franciscana, en la provincia de San Miguel de Extremadura.

1749, 28 de mayo: fray Junípero Serra embarca en Cádiz rumbo a Nueva España.

1749, 6 de diciembre: fray Junípero Serra llega a Veracruz.

1750, 1º de enero: fray Junípero Serra está en el Colegio de San Fernando de México.

1759, 5 de septiembre: fray Fernando Parrón embarca en el navío El Jasón, en Cádiz, rumbo a Nueva España, donde se incorporaría al Colegio de San Fernando.

1767, 25 de junio: los jesuitas son expulsados de Nueva España.

1767, 16 de julio: Parrón sale con el grupo de fray Junípero Serra rumbo a las misiones de California.

1767, 21 de agosto: llega a Tepic (Nueva Galicia).

1768, 12 de marzo: arriban 16 jesuitas expulsos en el navío Concepción a San Blas.

1768, 13 de marzo: la expedición de misioneros franciscanos se embarca rumbo a Loreto.

1768, 1º de abril: llegada a Loreto.

1768, 6 de abril: regenta la misión de Loreto.

1768, 16 de mayo: junta convocada por José de Gálvez, Visitador General de Nueva España, para organizar las expediciones a San Diego y Monterrey.

1768, 24 de Mayo: José de Gálvez embarca en San Blas rumbo a California.

1768, 6 de julio: José de Gálvez llega a la bahía de Cerralbo y se instala en el Real de Minas de Santa Ana.

1768, 25 de noviembre: fray Fernando Parrón embarca en Loreto rumbo al puerto de La Paz.

1769, 5 de enero: firma en La Paz de las Instrucciones dictadas al comandante Vila por el Visitador General, así como la relación de los pasajeros en el paquebote San Carlos.

1769,  9 de enero: Parrón es capellán del San Carlos, nave capitana que sale de La Paz  y llega al puerto de San Diego el 29 de abril.

1769, 15 de febrero: sale el paquebote San Antonio del cabo de San Lucas rumbo a San Diego y Monterrey.

1769, 11 de abril: arriba al puerto de San Diego el paquebote San Antonio, al mando de Juan Pérez.

1769, 29 de abril: llega al puerto de San Diego el paquebote San Carlos, donde viaja fray Fernando Parrón.

1769, 14 de mayo: llega a San Diego la primera expedición terrestre al mando del capitán Fernando Rivera y Moncada.

1769, 1º de julio: llega San Diego la segunda expedición terrestre, al mando del gobernador Portolá, en la que viaja fray Junípero Serra.

1769, 14 de julio: sale la expedición terrestre desde San Diego buscando el puerto de Monterrey.

1769, 16 de julio: fray Fernando Parrón es cofundador de la misión de San Diego, con fray Junípero Serra y fray Juan González Vizcaíno. Regentará la misión con fray Francisco Gómez.

1769, 15 de agosto: los indios atacan la misión de San Diego; provocan varios heridos y un muerto.

1770, 24 de enero: regresa la expedición terrestre que había salido de San Diego sin haber localizado el puerto de Monterrey.

1770, 19 de marzo: aparece el paquebote San Antonio frente al puerto de San Diego, lo que evita el abandono de la misión de San Diego.

1771, ¿julio?: el P. Parrón emprende el viaje hacia las misiones de Baja California, para incorporarse a la misión de San Francisco Javier.

1772, 1º de diciembre: el P. Parrón embarca en el puerto de Loreto en el navío La Lauretana, rumbo a México.

1775, 5 de noviembre: la misión de San Diego es atacada e incendiada por los indios.

1779: fray Fernando es Maestro de Novicios en el Colegio de San Fernando de México.

1780: Consejero de la comunidad del Colegio.

1781: Renuncia al cargo de Discreto en el Colegio de San Fernando.

1784, 28 de agosto: fallece fray Junípero Serra en la misión de San Carlos Borromeo, California.

Referencias bibliográficas

Fuentes

10.1.1. Fuentes manuscritas

Archivo Histórico de la Misión de San Diego (AHMSD)

Libro Primero en que se asientan las partidas de los Bautismos de esta nueva misión de San Diego perteneciente al Colegio Apostólico de Propaganda Fidei de misioneros del Orden de N. S.P.S.  San Francisco de San Fernando de México, fundada a expensas del Católico Monarca D. Carlos iii, rey de las Españas (que Dios prospere) subministrados de amplísima comisión del Excmo. Sr. D. Carlos Francisco de Croix, marqués de Croix, actual virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España. Por el Excmo. Sr. D. Joseph de Gálvez, del Consejo y Cámara de S. Maj. en el Real y Supremo Consejo de las Indias, Intendente del ejército y Visitador general de esta Nueva España, por los religiosos de dicho Apostólico Colegio y comenzada día diez y seis de julio del Triunfo de la Santa Cruz y de Ntra. Sra. María SSª. del Carmen, que fue domingo en el año del Señor de 1769. Siendo sus primeros ministros el R. P. fray Junípero Serra, presidente, y el padre predicador fray Fernando Parrón, predicador del expresado Colegio de San Fernando de México en consorcio con el P. fray Juan Vizcaíno destinado a otra fundación. Consta este libro (restaurador de otro que se quemó) de doscientas cuarenta y seis hojas… y para que conste lo firmé en 18 de septiembre de 1776. fray Junípero Serra.

Griffin, R. Clinton. Mission San Diego de Alcalá. Baptisms for the mission and vicinity 1769-1850. Compiled by (mecanoescrito).

FFAHMAHM. Fondo franciscano del Archivo histórico del Museo de Antropología e Historia de México

Vol. 122: Nº 3421. Noticias sobre las misiones de San Diego y Monterrey y sobre los misioneros enfermos PP. Parrón y Gómez, 26 de agosto de 1771, ff. 152-156.

Vol. 65.: Nº 1561 Carta del visitador José de Gálvez sobre los paquebotes que harán la expedición a California indicando que  fray Fernando Parrón irá en el San Carlos, La Paz, 28 de diciembre de 1768, ff. 212-213.

Fuentes impresas

Cano Sánchez, A., et al., Gaspar de Portolá,Crónicas del descubrimiento de la Alta California 1769, Barcelona, Universidad de Barcelona, 1984.

Colección de diarios y relaciones para la historia de los viajes y los descubrimientos, i, Madrid, Instituto Histórico de Marina, 1943; iv, Madrid, Instituto Histórico de Marina, 1944.

Costansó, Miguel, Diario histórico de los viajes de mar y tierra hechos al norte de California. Escrito por…. en 1770, en Noticias y documentos…, op. cit., pp. 77-123.

Diario del viaje de tierra hecho al norte de California, en A. Cano Sánchez et al., Gaspar de Portolá. Crónicas del descubrimiento…, op.  cit. , pp. 53-137.

Diario histórico de los viajes de mar y tierra hechos al norte de California, en  A. Cano Sánchez et al., Gaspar de Portolá. Crónicas del descubrimiento…, op. cit., pp. 25-50.

Crespi, fray Juan, Diario y descripción de los dilatados caminos…. Hacia el norte de aquella península desde la misión frontera de aquel rumbo llamada Santa María de los Ángeles hasta los famosos puertos de San Diego, Monterrey y San Francisco…descríbelo el Padre predicador fray Juan Crespi…, en F. Palou, Recopilación de noticias.., op. cit. i, 265-317.

Noticias y descubrimientos de las Californias, 1764-1795, Madrid, José Porrúa Turanzas, mcmlix.

Palou, Francisco, Junípero Serra y las misiones de California., ed. de José Luis Anta Félez, Madrid, Historia 16, 1988.

Recopilación de noticias de la Antigua y de la Nueva California (1767-1783), nueva ed. con notas de José Luis Soto Pérez; estudio introductorio de Lino Gómez Canedo, México, Porrúa, 1998, 2 tomos.

Cartas desde la península de California (1768-1773), transcripción y edición de José Luis Soto Pérez, México, Porrúa, 1994.

Serra, fray Junípero, Diario del viaje para los puertos de San Diego y Monterrey…desde mi misión y real presidio de Loreto en California…, en F. Palou, Recopilación de noticias…, op. cit., i, pp. 318-367.

Vila, Vicente, Diario de navegación del paquebote de S.M. nombrado el San Carlos, en A. Cano Sánchez et al., op. cit., pp. 219-254.

Bibliografía

 

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Amez Prieto, H., La provincia de S. Miguel de la Observancia Franciscana Extremeña, Cáceres, 1902.

Andrés Martín, Melquiades, Misioneros extremeños en Hispanoamérica y Filipinas. Diccionario biográfico y bibliográfico, presentación de Antonio Montero, Madrid, BAC, mcmcxiii.

Bernabéu Albert, Salvador, “Por tierra nada conocida”, el diario inédito de José de Cañizares a la Alta California (1769), tomo lx, 1, 2003, pp. 235-276.

Borges Morán, Pedro, Perfil sociológico de los misioneros extremeños en América, en Sebastián García (editor), op. cit., pp. 179-210.

Chauvet, fray Fidel de Jesús, La iglesia de San Fernando de México y su extinto colegio apostólico, México, Centro de Estudios Bernardino de Sahagún, 1980.

Elliot, John H., La España imperial, Madrid, Biblioteca Historia de España, 2006.

Engelhardt, Zephyrin. The Missions and Missionaries of California, vol. ii, Upper California, San Francisco, The  James H. Barry Company, 1912.

San Diego misión, San Francisco, The James H. Barry Company,  1920.

Frost, Elsa Cecilia, Franciscanos y mundo religioso en México, México, UNAM, 1993.

Fuentes Baquero, Ciriaco, Obispos arroyanos en América, en Sebastián García, op. cit., pp. 441-444.

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Macías Rodríguez, Claudia, Las misiones franciscanas del siglo xviii, Sincronía, invierno de 2008,en sincronia.cucsh.udg.mx/maciaswinter08.htm

Manzano, Isidoro. Parrón, Fernando, en Andrés Martín, op. cit., pp-259-260.

Marchena Fernández, Juan. De franciscanos, apaches y ministros ilustrados en los pasos perdidos del norte de Nueva España, en Actas del  iv Congreso, op. cit., pp. 513-559.

Morales, Francisco, “Franciscanos y mundo religioso en el México virreinal. Algunas consideraciones generales”, en Elsa Cecilia Frost, Franciscanos, op. cit., pp. 9-30.

Inventario del Fondo franciscano del Archivo Histórico del Museo de Antropología e Historia de México, INAH, México, 1978 y 2008, 2 tomos.

Mota Murillo, Rafael, Fuentes para la historia franciscano-americana, en Actas del iv Congreso, op. cit., pp. 2-80.

Pereira Iglesias, José Luis, La imagen de las Indias en el pensamiento eclesiástico indiano. Valoración historiográfica y perspectivas de futuro, en Sebastián García, op. cit., pp. 19-47.

Rex Galindo, David, Franciscanos e indios en la Alta California española, 1769-1821, Espacio, Tiempo y Forma, Serie iv, Historia Moderna, t. 20, 2007, pp. 157-170.

Serra, Junípero, Diario de fray Junípero Serra en su viaje de Loreto a San Diego, México, Provincia Franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán, 2002.

Sobrequés i Callicó, Jaume,Orígenes hispanos de California. De la expedición de Portolá a la independencia de México, Barcelona, Base, 2010.

Documentos anexos

1) FFMAM, vol. 68, ff. 212-214. Carta de José de Gálvez, Puerto de La Paz, 28 de diciembre de 1768, dirigida a fray Junípero Serra, indicándole la decisión de que fray Fernando Parrón embarque el 8 de enero de 1769 hacia San Diego.

Muy señor mío y de toda mi consideración: Concluida desde ayer la carena de firme del paquebot (sic) San Carlos, hoy trabajan ya en las demás obras que restan para que salga a la mar en el perfecto estado que deseo y se requiere para el importante viaje que va a emprender con la misma prisa y actividad que a esfuerzos de mi desvelo y continua agitación han empleado en la composición y reconocimiento de la quilla y ambos costados. La resolución que he tomado de que este barco salga del puerto y empiece el viaje sin dar conserva al Príncipe aun cuando éste llegase aquí antes de hacerse el San Carlos a la vela y de que el día 8 del próximo enero precisamente ha de levarse y dar principio a la navegación, ha puesto a todos en movimiento y a mí en mayor inquietud que a otro alguno, debiendo en este plazo arreglar y ordenar, y no a la ligera o, como dicen, a su? salir del día, todo lo correspondiente al total aviamiento y completo despecho de este bajel y a los objetos de su viaje. Y respecto de que V. Revma. estará cuidadoso de saber la novedad que pueda haber ocurrido en orden a la expedición marítima, le aviso de ésta, que no es pequeña, para su gobierno y para que se sirva disponer que el R. P. fray Fernando Barrón (sic), que ha de embarcarse en el San Carlos, baje a este puerto y se halle en él sin falta para el expresado día 8 fijado por mi u publicado a todos para hacerse a la mar en este paquebot que la misericordia de Dios lo conducirá al puerto de su destino, puesto que se ha declarado ya en favor de él, proporcionando sin escasez medios para vender las dificultades que a muchos se figuraron imposibles, de recorrer y componerlo tan bien como podría haberse hecho en un artillero bien abastecido.

Deseo que V. I. Revma. hubiese llegado con felicidad a esa Misión y que continúe con la misma en compañía de sus Hermanos a quienes me encomiendo con el propio y verdadero afecto que a V. I. Revma, pidiendo a Dios guarde su vida muchos años. Puerto de La Paz, 28 de diciembre de 1768. B.l.ms. de V. Revma. su más afecto servidor. Joseph de Galvez (rubricado).

2) FFMAM, vol. 122. “Informe 3º al mismo señor Bucareli sobre varios acaecimientos de las misiones nuevas y viejas de California pidiéndole prontas providencias”, dirigido al Virrey por el P. Verger, Guardián del Colegio de San Fernando. México, 22 de diciembre de 1771.

Sobre el viaje de fray Fernando Parrón a Baja California

Pasando ahora a las que se pretenden fundar entre el sobredicho puerto de San Diego y la última de la California antigua llamada San Fernando Velicatá, es preciso reproducir lo que en el Memorial antecedente dijimos a V. Excª. y es que los indios que se hallan en este intermedio no subsiste la afabilidad y docilidad de los que hay entre San Diego y Monterrey. Pues, a más de lo acaecido con el primer trozo de la expedición de tierra saliendo en forma de guerra y amenazándola por muchos días amén de las varias emboscadas que han armado después en que quedaron muertos  algunos de los gentiles, han venido de nuevo estos insultos en el mes de octubre de este año. Pues acometieron de guerra gran multitud de ellos a cinco soldados y al P. Pr. fray Fernando Parrón que en su compañía caminaba para San Fernando Velicatá en dos distintos parajes que son: la Ensenada de Todos los Santos, distante como 93 leguas del dicho San Fernando en la que los siguieron algunos días pegando fuego al camino, y en el sitio llamado San Telmo distante de dicha frontera como 54 leguas. Y en este último sitio, a más de las flechas, se valieron también de las piedras, sin embargo de que estos caminantes, para huir del peligro, anduvieron más de noche que de día. Lo mismo ejecutaron un día después en la misma Ensenada de Todos los Santos con tres soldados que también caminaban a la California de cuya refriega escaparon como Dios fue servido e hirieron a uno de los tres como V. Excª podrá ver en la carta del dicho P. Parrón que es la del número 4º. (ff. 60-60v).

 

3) (FFMAM, vol. 69, f. 28). Renuncia del P. Parrón al oficio de Discreto, 1781.



[1] Académico de la Universidad Complutense de Madrid, facilitó a este Boletín la última versión de su estudio, de fecha 16 de octubre del 2014. La Mtra. María Palomar Verea revisó el texto.

[2] El presente texto tiene su origen en la conmemoración del Tercer Centenario del nacimiento del beato fray Junípero Serra, español nacido en las islas Baleares en 1713 y fallecido en la misión de San Carlos de Monterrey, California, en 1784. Además, se relaciona con el estado de una investigación documental emprendida por un grupo de la Universidad Complutense de Madrid del que forma parte el autor del texto, cuya tarea es recopilar fuentes documentales buscadas en diversos archivos y bibliotecas de España, de México y de los Estados Unidos, para ahondar en el conocimiento histórico del puerto, presidio y misión de San Diego.

[3] Andrés Martín, 1993.

[4] Borges, 1990: 201.

[5] Ídem, 191.

[6] Ídem, 197.

[7] Fuentes Baquero, 1990: 441-444.

[8] Elliott, 2006, 62.

[9] Colección de diarios, i, 1943: 30.

[10] Colección de diarios, iv, 1944: 56.

[11] Palou, Recopilación.

[12] Bernabéu, 2003: 276.

[13] Serra, 2002: 101.

[14] Macías, 2008.

[15] Chauvet, 19890: 29.

[16] Ídem, 43.

[17] Palau, Junípero Serra, 75.

[18] Palou, op, cit., 80-81.

[19] Borges, 1990: 194.

[20] Archivo Diocesano de Cáceres. Parroquia de Arroyo el Puerco, Libro de bautizados, 9, 1724, f. 3v.

[21] Cf. pares.mcu.es.

[22] Amez Prieto, 1902; García, 2008.

[23] Manzano, 1993: 259.

[24] Borges, 1990: 194.

[25] Expediente sin foliar, 1759.

[26] Palou, Junípero Serra, 93.

[27] Id.

[28] Palou, Recopilación, 9-10.

[29] “Diario”, en Palou, Recopilación, 267

[30] Ibíd., 28

[31] Palou, Cartas, 71.

[32] Ibíd., 217.

[33] Ibíd., 5.

[34] Ibíd., 23.

[35] Palou, Recopilación, p. 138, y Cartas, 216-218.

[36] Palou, Junípero Serra, 94-95.

[37] Ibíd., 96

[38] Noticias y documentos, 87

[39] Ibíd., 91.

[40] Morales, 1978, I: 177.

[41] Palou, Cartas, 7-8

[42] Ibíd., 36

[43] Palou, Cartas, 79-80.

[44] Ídem.

[45] Palou, Junípero, 97.

[46] Ibíd. 98.

[47] Ibíd., 100.

[48] Sobrequés, 2010: 523-527.

[49] Ibíd., 524.

[50] Ídem.

[51] Ibíd., 525.

[52] Ibíd., 527.

[53] Ibíd., 577-52.

[54] Ibíd., 517-518.

[55] Palou, Recopilación, 231.

[56] Vila, Diario, 219.

[57] Ibíd., 220-221.

[58] Ibíd., 248.

[59] Ibíd., 249.

[60] Ibíd., 251.

[61] Ibíd., 253.

[62] Constansó, Diario, en Cano, Crónicas, 137.

[63] Costansó, Diario, en Noticias y documentos, 98-100.

[64] Crespí, Diario, en Palau, Recopilación, 315

[65] Palou, Junípero Serra, 111.

[66] Ibíd., 115.

[67] Vila, Diario, en Noticias y documentos, 9

[68] Palou, Junípero, 112.

[69] Palou, Junípero, 67-68.

[70] Ibíd., 117-118

[71] Engelhardt, 1912 y 1920.

[72] Mota, 1992 y Marchena, 1992.

[73] Ídem.

[74] Ibíd., 119.

[75] AHMSD, Libro primero de bautismos, f. 2.

[76] Pereira, 1990: 29.

[77] Morales, 1993: 15.

[78] AHMSD, Libro primero de bautismos, f. 1.

[79] Ibíd., f.2.

[80] AHMSD, Libro de entierros.

[81] Comunicación personal (correo electrónico del 20 de mayo de 2014).

[82] Galindo, 2007: 170.

[83] Palou, Cartas, 173

[84] Palou, Junípero, 126.

[85] Ibíd., 131.

[86] Palou, Cartas, 178.

[87] Palou, Junípero,145.

[88] Palou, Recopilación, 567-568.

[89] Palou, Cartas, 570

[90] Geiger, 1920: 324.

[91] Morales, 2008, II: 158.

[92] Palou, Junípero, 158.

[93] FFMAM, vol. 122, f. 60.

[94] Palou, Cartas, 213-216.

[95] Palou, Recopilación; nota de Soto, 571.

[96] Palou, Cartas, 319.

[97] Ibíd., 337.

[98] Andrés Martín, 1993.

[99] FFMAM, vol. 69, f. 28.

[100] En negritas las referencias a fray Fernando Parrón.

Felicidades a nuestros Sacerdotes Aguilar Díaz Carlos · Beltrán Delgadillo Salvador · Hernández Rodríguez Tarsicio · Rodríguez Vizcaya Modesto ·


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