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La prensa católica en México, 1868-1926[1] (2ª parte)

 

Celia del Palacio Montiel[2]

 

Se retoma y concluye el muestrario de algunas de las publicaciones confesionales o de inspiración católica impresas en México durante el siglo xix y principios del xx

 

En lo que concierne a los congresos católicos, estos se llevaron a cabo entre 1903 y 1909. En 1903 se realizó el primero en Puebla, en 1904 fue en Morelia, en Guadalajara en 1906 y en Oaxaca en 1909. Además, se realizaron tres congresos agrícolas: en Tulancingo en 1904 y 1905 y en Zamora en 1906 y una Semana Agrícola social en León en 1908. Para los católicos organizados, este tipo de reuniones tenían la mayor importancia, a fin de compartir en ellos las experiencias y hacer nuevas propuestas de difusión de la doctrina social.[3]

Como ya se dijo, en 1903 se llevó a cabo el Primer Congreso Católico en Puebla.[4] Para el presente artículo, este congreso es de particular importancia, ya que en él se sentaron las bases de lo que debería ser el periodismo confesional. En ese congreso, “una comisión preparó un cuestionario para que sirviera de arranque a las resoluciones pertinentes.”[5] El cuestionario se dividía en dos partes: 16 preguntas sobre cuestiones técnicas y 13 preguntas sobre cuestiones prácticas. De este cuestionario, resultó una clasificación de las publicaciones confesionales: a) de criterio católico y fines profanos, b) las de fines exclusivamente religiosos, c) las de criterio católico y fines religiosos y profanos. Aunque finalmente, todas eran confesionales. Al final del congreso, se tenían los primeros estatutos sobre organización de la prensa católica firmados por los obispos de Oaxaca (Eugenio Gillow), Michoacán (Atenógenes Silva) y Puebla (Ramón Ibarra). Los acuerdos eran los siguientes: 1.-formar una empresa editorial católica subvencionada por el episcopado 2.-publicación de un diario cuyo costo era de un centavo 3.-subvención a una revista quincenal “científica y apologética”, 4.-nombramiento de un delegado de la empresa editorial en cada una de las diócesis, 5.-apoyo a otras empresas particulares como El Tiempo, La Voz de México y La Tribuna. Probablemente pensaban en El País como el diario de a centavo. “La intención de esto es muy clara: afirma Ceballos,[6] poder competir con la prensa liberal en todos los terrenos, aún en el económico”

El Segundo Congreso de 1904 celebrado en Morelia, vuelve a ocuparse de cuestiones de prensa, aunque no con la misma intensidad que el del año anterior. Uno de los reflejos de ese congreso es el cambio de nombre del periódico oficial de la mitra a Boletín Eclesiástico y Científico de Guadalajara, que sigue apareciendo hasta 1914 en 11 volúmenes. El cambio de nombre se debió al deseo de darle mayor realce a la publicación y buscar lectores. Su material se haya dividido en seis secciones: pontificia, conciliar, diocesana, científica, histórica y de información. Para aumentar el número de lectores, en la parte histórica aparecieron artículos sobre la historia del convento de capuchinas y de la historia de la iglesia en Guadalajara.

Sin embargo de mayor importancia es la aparición ese mismo año de El Regional de Guadalajara, primer diario católico de la ciudad. Este llegó a tener mayor circulación que ningún otro periódico hasta 1914, con la entrada de las tropas constitucionalistas a Guadalajara. Fundado por el presbítero. Luis G. Romo, con la colaboración económica del Lic. Trinidad Verea, Justo Fernández del Valle, Ramón Garibay, Julio Rose y Feliciano González cada uno de los cuales contribuyó con la cantidad de mil pesos, ese fue el capital con el que inició la empresa. Primero fue impreso en el Escuela de Artes y Oficios del Espíritu Santo, después adquirió una imprenta especial que con el tiempo fue ampliando con los mejores elementos modernos y más tarde logró tener edificio propio, construido conforme a la necesidad del objeto a que se destinó, en la esquina de la Alhóndiga y Juan Manuel (hoy el edificio de El Informador). La dirección del periódico se destinó primero al español Benito Muñoz (Khit), después el Ing. José Tomás Figueroa, Dr. Daniel Acosta, Eduardo J. Correa, Dr. José María Casillas, Lic. Indalecio Dávila, Guillermo Enríquez Simoní y Luis Gutiérrez Moreno.

Los colaboradores fueron muchos, entre ellos se contaron personas de reconocido prestigio. Algunos de ellos son Agustín de la Rosa, Miguel M. de la Mora, Gabino Chávez, Francisco Gutiérrez Alemán, Ignacio González y Hernández, José María Arreola, Severo Díaz, Tomás G. Guardado, Francisco J. Zavala, Federico E. Alatorre, Alberto G. Bianchi, Cesareo I. González, Cleofás B. Rodríguez, Miguel Palomar y Vizcarra, Silverio García, Ignacio Dávila Garibi, José G. Montes de Oca.

En 1912, después de una manifestación donde habló la famosa socialista Belén de Zárraga, los seguidores terminaron poniendo una bomba frente al edificio del periódico. A la entrada del ejército constitucionalista el periódico dejó de aparecer y su maquinaria sirvió para el periódico gobiernista México Nuevo.

Volveremos a hablar de este periódico en el siguiente apartado, ya que será uno de los pilares de la institucionalización del periodismo como arma del catolicismo social, dirigido por Eduardo J. Correa.

En 1906 se llevó a cabo el “Congreso tercero católico nacional y primero eucarístico”, del 19 al 29 de octubre. En él, las autoridades eclesiásticas se plantean la modernización de la prensa a fin de que pudiera competir con los periódicos anticatólicos. Esta modernización no se iba a llevar a cabo inmediatamente, pero ya la semilla estaba plantada y daría sus frutos hasta la siguiente etapa.

 

3. El periodismo como institución del catolicismo social

 

El año de 1909 marca un hito en cuanto a nuestro objeto de estudio se refiere. Es entonces cuando podemos marcar el inicio de lo que aquí llamaremos “La Nueva Prensa Católica”.

Esta prensa se distingue de la anterior sobre todo por su demarcación de su parentesco con la corriente conservadora del siglo xix, por la intervención de nuevos actores y nuevas tácticas. El catolicismo social iba a transformar la relación entre prensa y política de diversas maneras:

·        De la oposición lineal catolicismo vs. liberalismo, se evoluciona hacia un análisis más cuidadoso de las coyunturas políticas y hacia la crítica de ciertas posiciones muy concretas, adoptando en algunos casos una actitud de oposición al régimen de Díaz.

·        La prensa adquiere un lugar primordial en la lucha del catolicismo social a partir del Congreso Católico de 1903, como ya se ha señalado más arriba. De la inacción, se pasa a la creación de nuevos periódicos[7] y reactivación de los viejos órganos de prensa.[8]

·        También se empieza a hacer una reflexión en torno a temas fundamentales que iban a traer un cambio completo en los ritmos de trabajo y tecnología utilizada en las publicaciones.

·        Asimismo se emprende una revisión del rol que la prensa debe jugar: ésta se convierte en un instrumento fundamental del cambio social. Esto se llevará a cabo en los años siguientes a través de dos vertientes principales: de contenidos doctrinarios en periódicos técnicamente y formalmente modernos que fueran atractivos para un número mayor de lectores y de ataques virulentos a la prensa impía.

Los pioneros de este cambio en la prensa de la época serían Trinidad Sánchez Santos en la Ciudad de México, Antonio de P. Moreno en Villa de Guadalupe, Silvestre Terrazas en Chihuahua y Eduardo J. Correa, quien publicaría diversos periódicos en Aguascalientes, Guadalajara y México.[9]

En agosto de 1909, se lleva a cabo en Guadalajara el Tercer Congreso de Periodistas de la Prensa Asociada de los Estados, que podría considerarse el antecedente natural de la Asociación de la Buena Prensa, del Congreso de Periodistas Católicos y de la Prensa Católica Nacional. En esa reunión se conocieron los periodistas católicos, de modo que sirvió como principio para que éstos se agruparan más tarde[10]. Hubo en el Congreso representantes de periódicos independientes de la república, sobre todo los católicos y los moderados. Entre ellos estuvieron Rafael Martínez (Rip-Rip), Silvestre Terrazas, Luis Rosado Vega como representante de Carlos R. Menéndez, Aniceto Lomelí, Guillermo Aguirre y Fierro y Joaquín Silva como representante de la prensa jalisciense. El acuerdo más importante que se tomó fue solicitar al Presidente de la República el restablecimiento del artículo 7 de la constitución que preveía el castigo de los delitos de prensa por un tribunal especial, por ello, este congreso fue acusado de revolucionario por la prensa gobiernista.

            Ese mismo mes, el obispo de Guadalajara, José de Jesús Ortiz, “dando cumplimiento a las proposiciones acordadas por el episcopado mexicano sobre materia tan trascendental”, fundó el 2 de agosto en la arquidiócesis de Guadalajara la Asociación de la Buena Prensa, bajo el patrocinio de la Virgen de Guadalupe y el apóstol san Pablo, para nulificar la perniciosa influencia de los periódicos malos y publicaciones impías e inmorales y fomentar las publicaciones católicas.[11] Ya en febrero del mismo año, había expedido una carta pastoral que recordaba a los católicos las normas a que deberían sujetarse en la lectura de la prensa y prohibió la lectura de El Despertador y de El Sermón del Cura, publicación masona. El señor Ortiz enumeraba las clases de ayuda directa e indirecta que se podían prestar a un periódico impío: directamente colaborando en sus páginas, comprándolo o recomendándolo o alabando sus cualidades aunque fueran sólo las literarias; indirectamente: criticando a la prensa católica o rehusándose a sostenerla.[12]

La Asociación de la Buena Prensa creada por el señor Ortiz estaba formada por el chantre Luis Silva como presidente, el lectoral Faustino Rosales como vicepresidente, el presbítero José María Cornejo como secretario, el presbítero Antonio J. Correa como prosecretario y el presbítero Luis G. Romo como tesorero. Desafortunadamente los trastornos políticos que comenzaron a sucederse, no permitieron que fructificara el intento. [13]

Antes de finalizar el año de 1909, del 12 al 16 de diciembre, en la Villa de Guadalupe se realizó el Congreso de Periodistas Católicos. Estuvieron presentes los periodistas de todas partes del país, entre otros Eduardo J. Correa (ya como director de El regional), Victoriano Agüeros (de El Tiempo) y Silvestre Terrazas (de El Correo de Chihuahua), asistieron además Antonio Zúñiga, Trinidad Sánchez Santos, el padre Torrente y Rafael Ceniceros Villarreal. Los fines de la asociación eran entre otros, la difusión de la prensa católica, la propagación de las buenas lecturas y la realización de cruzadas moralizadoras contra las malas y dedicarían el 25% del sobrante de los ingresos anuales al fomento de las lecturas católicas.

Ya desde 1900 e incluso antes, los periodistas católicos habían tenido la intención de agruparse, el padre Antonio Sanz Cerrada en el periódico El País, daba como hecho la formación de una agrupación de periodistas para instaurar el “Reinado Social de Jesucristo”, a esta iniciativa se habían unido los siguientes periódicos: El País (México), El tiempo (México), La Voz de México (México), La Linterna de Diógenes (Guadalajara), El Guerrillero Mexicano (¿?), El amigo de la verdad (Puebla), La Voz de la Niñez, La Voz de la Verdad, El siglo que acaba (Orizaba), El Domingo y La Antorcha Sonorense (Hermosillo), así como La Voz de Aguascalientes y El Correo de Chihuahua.[14]

Ya formada la asociación, dos empresas se habían activado: la Compañía Editorial Católica en México, de Trinidad Sánchez Santos y la compañía editora chihuahuense, de Silvestre Terrazas, con un capital de cien mil pesos y de “carácter netamente católico”.[15]

Sin embargo no fue sino hasta 1909, a raíz del Congreso de Periodistas Católicos, que se formó la Prensa Católica Nacional, a la cual podemos considerar como el inicio del periodismo como institución del catolicismo social.

            Ese mismo año de 1909 tuvo lugar una fuerte oposición a la prensa impía que se manifestó de diversas maneras: a través de protestas civiles (encabezadas por las mujeres católicas) en contra de la “hoja inmunda” titulada La reina de los cielos y el Papa Pío x que circuló en la plaza de armas de Guadalajara; a través de Carta Pastoral del arzobispo de Guadalajara excomulgando a los lectores de la prensa impía, por ejemplo el periódico El Despertador; y finalmente, a través de la publicación de periódicos fuertemente combativos como fue La Chispa, semanario católico, satírico dirigido por Abelardo Medina con quien colaboró un grupo de seminaristas “dispuestos a combatir sin ningún género de misericordia los desmanes de la prensa antagonista”. Circuló hasta 1911. Por medio de sus artículos a veces satíricos y humorísticos y a veces muy serios, flageló sin piedad a La Gaceta de Guadalajara, El Despertador, Los Sucesos, El Kaskabel, El Pensamiento Libre, El Heraldo de Occidente, El Sermón del cura y otros.[16] “Dios, la patria, la Iglesia y la sociedad serán los objetivos sagrados que La Chispa defenderá con todas sus fuerzas”, declaraba en tono combativo: “La Chispa no dejará jamás en paz a los periódicos que ataquen la fe y las buenas costumbres”.  

A pesar del carácter aparentemente apolítico de esta publicación, habrá que ir más a fondo, como señala Elisa Cárdenas[17] atinadamente: La Chispa no ataca sin ton ni son a todos los periódicos liberales, como hubiera hecho un periódico católico tradicional, sino que dirige sus ataques puntualmente contra El Kaskabel, por un lado y La Gaceta de Guadalajara por otro. Este último es el mayor representante de la modernidad periodística de la época en Guadalajara.[18] Es también uno de los órganos más oficiosos del régimen vinculado a El Imparcial de la ciudad de México. La Chispa no ataca pues a los periódicos por su carácter laico (deja incólumes a grandes periódicos laicos como La Libertad, Jalisco Libre y El Correo de Jalisco), de este modo, La Chispa se autoexcluye del perfil del periódico católico tradicional y encabeza el periodismo católico de ruptura que tendrá lugar a partir de ese momento.

            El Regional es el otro periódico que habría de revelarse como de carácter novedoso ese año. Como ya se dijo más arriba, en 1909 asumió la dirección del periódico Eduardo J. Correa. A partir de este nombramiento, los cambios que sufrió el periódico fueron radicales.

El periódico se modernizó tanto desde el punto de vista de las técnicas utilizadas en su producción como en cuanto a los servicios ofrecidos al público. Se amplió el servicio telegráfico –una de las grandes novedades del periodismo de la época- y su precio se redujo a la mitad: un centavo en vez de dos por ejemplar. La voluntad de adquirir un público más y más grande es aquí explícita. En la práctica, a la llegada de Correa, el cambio de El Regional va más allá de todo lo que se había anunciado: los temas abordados se orientan cada vez más hacia la política. El elemento que nos da la medida de este cambio de orientación es la relación entre el periódico y el movimiento reyista.[19]

Antes de 1909, El Regional había sido tan oficioso del régimen como La Gaceta de Guadalajara, sin embargo con la llegada de Correa, el periódico poco a poco se fue convirtiendo en opositor político del porfirismo. Esta oposición es vista como sólo una manifestación del cambio de actitud frente a la política que empezó a tener la nueva prensa católica. No sólo comenzó a tener opiniones particulares respecto a los temas políticos de la época, sino que no tardó en incluir nuevos temas. En junio de 1909, incluyó por primera vez en su editorial, el tema de la acción social católica en relación con el papel de la prensa:

 

“Antes que nada, hacen falta periódicos, periódicos modernos, vigorosos e independientes, que no estén al servicio de intereses personales y que vayan por todas partes, que hagan desaparecer todas las clases sociales, que conmuevan los corazones, que impriman vigor a los cerebros y que fortifiquen las voluntades”... [20]

 

A partir de este comentario, podemos afirmar la voluntad que se evidencia en este periódico de competir con las publicaciones modernas. El prototipo de ellas era en Guadalajara, La Gaceta de Guadalajara, que ya para 1909, se había convertido en el periódico de mayor tiraje, con estrategias comerciales para su venta, al precio de un centavo, con servicio de telégrafo, repórters y fotografías, aspirando a llegar a todas las clases sociales.[21] Es por ello que El Regional pretende hacer lo mismo, con las mismas armas de la prensa “impía”.

En ese mismo editorial, el periódico reproduce las palabras de otra hoja católica, La esperanza, de San Juan de los Lagos, que incita a la acción y que reproducimos aquí por su importancia:

 

“La ley no es tan mala que impida la sociabilidad católica. Hay más garantías, más libertad, sobre todo bajo el régimen de tolerancia de lo que se dice o lo que se publica. Hay artículos en la Carta Fundamental de los cuales los católicos deberían aprovecharse para sus fines religiosos (...) ¿De dónde viene esa suerte de catolicismo oportunista en uso en nuestros días? De la falta de unión y de cohesión de los católicos. Es porque nosotros no vemos aquí nada parecido a las organizaciones alemanas, francesas e inglesas.” [22]

 

A partir de entonces, El Regional, como pionero de la nueva prensa confesional que comienza a desarrollarse, mostrará su apoyo a los movimientos a favor de la democracia, sin olvidar nunca su adhesión primera a la corriente del catolicismo social.

Ese mismo año de 1909, aparece en León el Boletín de la Semana Católico Social, como órgano de los operarios guadalupanos, al año siguiente, esta publicación se convertiría en Restauración Social, periódico publicado en Guadalajara. Los Operarios guadalupanos tomaron la decisión de que la publicación “de sociología católica” quedara en manos del Centro Regional de Jalisco, por lo que se cambió el nombre ya que el de “Boletín” quedaba estrecho. El nuevo nombre, “Restauración”, estaba fundamentado en el lema de Pío x Instaurare omnia in Christo y social porque precisamente era en ese terreno y no sólo en el religioso, en el que querían trabajar. “Los operarios guadalupanos habían menester de una publicación que con mayor intensidad los ponga en comunicación unos con otros, que les recuerde sus obligaciones, que despierten sus entusiasmos.”[23]

La publicación circuló el 15 de cada mes en cuadernos de 24 páginas en cuarto hasta 1914, bajo el cuidado de Librado Tovar, primero y luego de José Tomás Figueroa, quien figuró con el carácter de director y administrador. Su cuerpo de redacción lo formó un grupo escogido de especialistas en ciencias sociales: Juan Torres Septién, José Refugio Galindo, Enrique O. Aranda, Teódulo Torres, Salvador Artola, Enrique Robles Rocha, Simón Sánchez, José María García Muñoz, Miguel Palomar y Vizcarra (él escribió el prospecto), Severo Díaz, José Tomás Figueroa, los canónigos Miguel M. de la Mora y Martiniano Contreras, Francisco M. Ortiz, Manuel de la Peña, Trinidad Sánchez Santos, Homobono González y otros de diversas partes de la república. Era publicado en la tipografía de El Regional. Su lema, como el de los operarios católicos era Per crucem ad lucem así como el Instaurare omnia in Christo

Pretendía ser un medio que periódicamente viniera a renovar las resoluciones de las Semanas Sociales Católicas, “Hasta grabarlas de tal manera en el alma que lleguen a formar en el hombre una como segunda naturaleza, a fijarse en el espíritu con caracteres de fuego imborrables”.[24]

Su intención era “vulgarizar” los principios del catolicismo social entre toda clase de personas, arrollar “en su marcha triunfal al caduco liberalismo”, pronunciarse contra la masonería expresada en la Reforma, la cual además, había obligado a los sacerdotes a recluirse en la sacristía, cuando tendrían que salir al pueblo, “a la conquista del pueblo para llevarlo a Cristo”, fundando y organizando “grandes agrupaciones de proletarios”. Opinan que hay que salir a cristianizar, “aprendiendo las tácticas modernas y usando las mismas armas que nuestros adversarios”[25].

Opinan que en México la acción social no ha hecho grandes progresos por ser mayormente desconocida y tomando las palabras de Toniolo, define de este modo la Democracia Cristiana:“Es una organización tal de la sociedad, que en ella todas las fuerzas sociales, jurídicas y económicas en la plenitud de su desarrollo cooperen proporcionalmente al bien común redundando su acción, en último resultado, en ventaja particular de las clases inferiores.”[26]

¿Cómo pretenden hacer esto?A través de los documentos de la Santa Sede, Encíclicas contra el Socialismo, la masonería, sobre la condición de los obreros y sobre la democracia cristiana de León xiii y el Motu Propio de Pío x: “Emprenderemos el estudio de las obras principales sobre asuntos de acción social, traeremos a la consideración de nuestros lectores los numerosos y variadísimos ejemplos que nos ofrecen nuestros hermanos de Europa.”[27]

Para poder aplicar estos principios, se proponen conocer la verdadera situación del proletariado en México, conocer su estado, necesidades y vicios; pero también el estado del indio, que siempre había sido visto como un estorbo.

Quieren abrirse a todos los que hayan hecho estudios sobre esos temas y se proponen hacer encuestas como las que hizo Refugio Galindo con la cooperación de los señores Mora y Gillow en Oaxaca y León. Asimismo se proponen publicar estudios técnicos sobre asuntos agrícolas e industriales.

            Esta es por sus intenciones y sus contenidos, uno de los órganos más representativos del Catolicismo Social.

            Otra de las medidas tomadas por la iglesia en el año de 1910, fue la fundación de la “Liga del Sagrado Corazón contra los malos periódicos y las malas lecturas” a instancias de la revista El mensajero del Corazón de Jesús. Los miembros de la Liga debían hacer “una promesa personal al Sagrado Corazón de no leer ningún libro o periódico de cualquier manera contrario u hostil a la fe católica, a la moral o a las buenas costumbres.”[28] Sin embargo, la tarea fundamental de la agrupación fue atacar a El Imparcial “ el periódico que más perjuicio causa a la iglesia y a la religión.

Los acontecimientos más relevantes de los años 1911 y 1912 para el presente artículo fueron la fundación del Partido Católico en 1911, que tenía como lema “Trabajar por el reinado social de Jesucristo” y su triunfo en Jalisco y Zacatecas en  el año siguiente. Esto dio como resultado la formación de diversos órganos del partido en lugares como Morelia (El Partido Nacional, 1911 y El Heraldo de Morelia 1913-1914), México, (La Nación, 1912-1913) y Guadalajara (El Partido Católico, 1912).

El más importante de ellos fue La Nación en México, órgano del partido católico, dirigido por Eduardo J. Correa. Se trata de un diario de circulación internacional cuyo lema es “Dios, Patria y Libertad”. Sorprende la circulación del mismo, ya que pueden tomarse suscripciones en lugares como México y el resto de la república, Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, Europa y los países de la Unión Postal Universal. En México vale dos centavos, mientras que en el resto del mundo varía entre un peso y dos la suscripción.

Contiene noticias de todo género, tanto nacionales como internacionales, tiene también notas religiosas, una sección editorial, una sección financiera, un folletín, cuentos de actualidad, poesía, estado del tiempo, sociales y personales. También contiene secciones para las damas, para los agricultores, horarios de ferrocarril, santoral y página literaria los lunes. Como vemos, los contenidos son los de un periódico informativo de la época, que pretende interesar al mayor número de lectores.

En cuanto al formato, éste también es moderno. Cuenta con seis páginas a seis columnas con una fotografía en la primera plana. Los anunciantes son grandes casas comerciales como Ericsson, compañía de teléfonos, máquinas de escribir Oliver y la Compañía Mexicana de Gas Nacional, entre otras.

Se propone ser un periódico crítico de la realidad y cooperar con la causa del reino de Dios. Pretende tener una visión amplia de la labor informativa ya que abarca diversos temas de interés y abrirse a los sucesos de actualidad. No obstante su aparente objetividad, el periódico fue clausurado por Huerta en 1913, se encarcelaron los dirigentes y se confiscaron los bienes.

El Heraldo de Morelia, de 1912, órgano también del Partido Católico en Michoacán, es otro ejemplo de modernización periodística importante. Fue el primer periódico en el estado en contar con linotipo y servicio informativo telegráfico. Lamentablemente su edificio y maquinaria fueron confiscados por la revolución.

Otra publicación importante de la época es Pluma y Lápiz. Aparece de enero a septiembre de 1912 en Guadalajara, editada por Eduardo J. Correa y se presenta así:

 

Periódico genuinamente cristiano, que además de ser informativo, gráfico, oportuno y que satisface, proporcionando buena lectura para el esparcimiento del espíritu contra la campaña perversa que la inmoralidad está haciendo con el pretexto de arte (...) en la producción artística moderna, generalmente no se halla sino una malsana voluptuosidad que todo lo intenciona, que por donde quiera que va, va dejando la huella de su animalidad, lo mismo en la prosa que en el verso, que son himnos a la concupiscencia, que en el grabado indecente es una afrenta al pudor.[29]

 

Contra todo esto, pretende presentar literatura cristiana para “sanear las letras corrompidas”. Contiene colaboraciones de Eduardo J. Correa, Armando J. De Alba, Alfredo R. Placencia y Ramón López Velarde. Contiene versos satíricos relacionados con el movimiento revolucionario, contra Madero y el gobierno de México, contiene por ejemplo un corrido llamado “Tierna despedida de un yanki”, sobre los ataques que sufren las compañías extranjeras durante la revolución.

Otro suceso de especial relevancia para este trabajo es la designación en 1912 del señor  Orozco y Jiménez como arzobispo de Guadalajara. Él continuaría el año siguiente la pugna iniciada por el señor Ortiz con diversos periódicos de la entidad como La Gaceta de Guadalajara y otros. El arzobispo prohibió la lectura de esos órganos de prensa. A raíz de esta prohibición, los contenidos y formatos de esos periódicos se modificaron para hacer frente a los ataques. Los periódicos prohibidos por Orozco y Jiménez fueron: Pitágoras, El Kaskabel, La Gaceta de Guadalajara, Jalisco Nuevo, El Gato, El Malcriado, El Día, El Correo de Jalisco y El Amigo del Pueblo. Como se ve, esta prohibición tiene un alcance más amplio que la de su predecesor. Orozco y Jiménez dirigió una circular en torno a la prensa, expresándose como sigue: “Por el mismo derecho natural, están gravemente prohibidos aquellos periódicos cuya lectura daña las almas, porque pone en peligro la fe y las costumbres”[30]

De nuevo la pugna contra las publicaciones no católicas se vio fortalecida por la aparición de 15 nuevos periódicos tan sólo en el año de 1913, que circularon en diversos lugares del país: Morelia, Guadalajara, México, Puebla, Monterrey, Pachuca, Tampico y Villa de Guadalupe.

Entre ellas, una muy curiosa aparece en Guadalajara: El Amigo del Pueblo, cuyo responsable es Eduvigis Estrada y su administrador I.D. Arévalo. En su segunda época firma como director responsable el presbítero Salvador Morán. Evidencia un interés por los criterios de distribución más comerciales en su sistema de suscripciones que favorece la compra por cantidades mayores. [31]El periódico tiene un par de lemas muy sugerentes: “No dé cabida en su hogar a las revistas y periódicos inmorales” y “Proteja usted la prensa que defiende sus propios intereses”.

Es una revista de cuatro páginas, de dos columnas en formato pequeño. Los temas varían en cada número, aunque hay series con temas centrales como las verdades y los dogmas de la Iglesia, resúmenes de las encíclicas, notas católicas, acciones y festejos en diversas partes del mundo. Tiene un tono moralista, habla en tono crítico sobre el socialismo, las acciones y palabras de éste y pide a los mexicanos no unirse a sus filas y velar por la propagación del catolicismo. También contiene cartas pastorales del episcopado mexicano sobre la moralización de las costumbres.

Como se puede ver, se da un aparente retroceso en cuanto a la temática de los papeles católicos, que reiteran los ataques a los viejos monos de paja: el socialismo y el liberalismo. Sin embargo, la actitud de estos nuevos periódicos es más combativa y propositiva en el sentido de que se pide la ayuda al público para sostener a los papeles católicos. Asimismo, muchos de estos periódicos toman partido ya sea a favor o en contra del huertismo, lo que provoca que sean clausurados.

 

IV.-Etapa de menor influencia del catolicismo social.

 

A partir de 1914, se da un enfrentamiento de los católicos con los carrancistas, ya que estos confiscaron bienes, desterraron sacerdotes y monjas, emitieron leyes y decretos persecutorios y cometieron sacrilegios.

Este estado de continua defensa ante los ataques del gobierno y en 1917 ante la promulgación de los artículos 3, 5, 27, 30 y 130 ha conducido a afirmar que a partir de ese año y hasta 1919, hay una menor influencia del catolicismo social. Sin embargo podemos afirmar que se combatió la política anticatólica del gobierno a través de la prensa. El enorme número de publicaciones que vio la luz en esos años así lo prueban. Tan sólo en 1914 aparecieron 21 periódicos en lugares como Guadalajara, Mérida, Huejuapan del León, Querétaro, Zamora, Guanajuato, Colima, Aguascalientes, Pachuca, Tepic, Fresnillo y Oaxaca. Mientras que entre 1914 y 1918 circularon 30 nuevos órganos de prensa en diversas partes del país.

Entre los periódicos más representativos de la época aparece en 1917 La Palabra de Anacleto González Flores en Guadalajara, cuyo lema “por Dios y la Humanidad” pinta a la perfección sus tendencias. Este es un periódico político-religioso, antisocialista y anti masón cuyo estudio es especialmente interesante como antecedente al movimiento cristero. Ve al problema social en conjunto con el problema religioso, de tal modo que se lanza a estudiar los principios del socialismo y lo ataca por no aceptar la religión, así como a la masonería por cuestionar la situación de poder e influencia que tenía la Iglesia católica. Algunos títulos de sus artículos eran “Otros factores de la cuestión social”, “He ahí al enemigo”, “El protestantismo”.

El “enemigo” además de este último, era la masonería y el socialismo. Sobre todo, se criticaba a la masonería por cuestionar el poder de la jerarquía católica.

Consta de cuatro páginas en tres columnas y un estilo sencillo. Cuesta 3 centavos y la suscripción mensual vale 15 centavos. Es editado en la Tipografía de S. R. Velasco de Guadalajara. El primer número aparece el 10 de junio. Probablemente tenía una relación con los otros órganos de prensa contemporáneos que se expendían en Guadalajara como La Época, El Porvenir y El cruzado, ya que los folletos editados por el director podían conseguirse en las oficinas de cualquiera de los tres.

El periódico se yergue como enemigo del periódico El Gato, por no tener “ni un átomo de belleza literaria y ser absolutamente inmoral”. Entre sus colaboradores está el padre Alfredo R. Placencia.

También en Guadalajara ese año circula La Época, semanario católico publicado por Pedro Vázquez Cisneros. Consta de ocho páginas en gran formato, que se expenden a 8 centavos y la suscripción de doce números por un peso. Su contenido es variado, de información económica, deportiva. “Apolítico y moralizante” según se autodefine. Tiene también una página literaria donde se publica a una gran cantidad de autores locales, la mayor parte de ellos desconocidos. Participan también un número importante de sacerdotes con colaboraciones poéticas no necesariamente religiosas. Entre ellos se encuentra Maximino Pozos. También contiene algunas colaboraciones de Efraín González Luna. Contiene una gran cantidad de publicidad que va desde los colegios particulares, renta de edificios, hasta venta de calzado y pianos. Probablemente haya sido impreso en el taller de Loreto y Ancira. Traía mucha información sobre la guerra en Europa, por lo que seguramente contaba los servicios de una agencia informativa y que estaba a la altura de los otros periódicos de la época. En su presentación, afirma:

 

La Época se presenta en la arena de las luchas sociales defendiendo el pensamiento de Cristo, que es hoy, como ha sido siempre, la única y verdadera salvación de la humanidad. Conociendo la distinción profunda y radical que separa la acción política de la acción social y convencida de que en esta última se encierra la regeneración de la patria, por ello luchará con todo su empeño y con todo entusiasmo combatiendo la descristianización de nuestra sociedad que es el origen de todos los males.[32]

 

Otro periódico combativo de la época es La Lucha, que aparece en Guadalajara desde 1918 hasta el año siguiente.

Se trata de un semanario católico que sale los jueves y se define como un periódico de combate. Aparece el 14 de noviembre de 1918 y desaparece el 20 de marzo de 1919. El costo era de tres centavos y las suscripciones bimestrales de 25 centavos. El responsable de la publicación era Manuel G. Pérez. Es una publicación de cuatro páginas en tres columnas, con algunas presentaciones en colores. Estaba dirigida a los jaliscienses católicos en contra de los liberales y jacobinos de la región. La mayor parte del contenido de la revista es de rechazo a las ideas de los jacobinos y llamaban a los católicos a boicotear los negocios y personas de aquellos que estuvieran en la lista negra, es decir, los anunciantes de los periódicos como El Diario de Jalisco, El Radical, El Paladín y En farsa, pero sobre todo el primero, por ser considerada una publicación que atacaba la moral.

También publican artículos, notas y avisos de ocasión contra Carranza, Juárez y la liga de la masonería. Llaman al pueblo católico a suprimir todo tipo de lazos con personas afines a dichas ideas.

Los anuncios que aparecen en esta publicación y que se publicitan como lugares afines al espíritu católico son: “Abarrotera La Popular”, “Bordado Artístico con la señorita Andrea Cano y Garra”, “Música Fina con Roberto Beltrán y Puga” y “Telas La Ciudad de México”. Esta publicación se precia de haber hecho desaparecer al diario El Occidental.

Como un ejemplo más de publicación católica combativa aparecida en 1918, mencionaremos el diario político de combate Verbo Libre, que circula en Guadalajara a partir del 18 de mayo.

Cuesta cinco centavos, y la suscripción mensual 1.50. Se presenta en cinco columnas en formato grande. Sus oficinas están en el edificio de la tienda comercial “El Nuevo Mundo” y se publica en el Taller Gráfico de Verbo Libre. El director responsable es J.G. Estrada Torres, el jefe de redacción Francisco Rangel y el secretario de Redacción Carlos Combail. El periódico publicita sus contenidos de esta forma:“En cada número encontrará artículos viriles, señalando los errores de nuestros gobernantes”.Se lanza contra el gobierno del estado por la injusta incautación de los bienes a personas ajenas al clero, también se lanza contra el presidente Carranza y contra Wilson. Está en contra de los Estados Unidos y a favor del pueblo obrero. Incluso el 2 de agosto publica una carta abierta al presidente Carranza. El 14 de ese mes, su director y jefe de redacción son detenidos y encarcelados acusados de “ultrajes a las primeras autoridades de los Estados Unidos Mexicanos y excitativas a la rebelión”. A partir de entonces asume la dirección interina el señor José Cabrera Grajales y solicitan ayuda del pueblo, préstamos con recibo y reembolsables posteriormente. Sin embargo, a pesar de la detención de sus directores, afirman: “Seguiremos siendo el portavoz de vuestras justísimas protestas y ya sabéis que ni a nadie ni a nada provocamos, a nada ni a nadie le tememos”.

Este diario tiene una posible relación el periódico Redención, de la Ciudad de México. Se cuentan entre sus anunciantes ”La Mejor Harina”, “El Molino Germania”, “Autos de sitio Lux”, “Cacao de Tabasco”, “Jabón Lila” y Olivo de Torreón” y “Emulsión de Scott” entre otras.[33]

 

V.-Renovado vigor de la doctrina social.

 

Llegamos a la última etapa de nuestro estudio, aquella que los académicos han llamado de la “tregua y renovado vigor de la doctrina social”.[34]

Entre 1919 y 1925 existe un redoblado interés hacia los obreros y otros trabajadores. Orozco y Jiménez (ya de regreso del exilio) fundó en 1919 la Liga Protectora del Obrero, se llevó a cabo ese mismo año una Junta diocesana de Acción católica social y el Primer Congreso Católico Regional Obrero. Posteriormente se llevó a cabo el primer congreso nacional obrero en Guadalajara. En él nace la Confederación Nacional Católica del trabajo, cuyo punto doctrinal era “respeto a los principios fundamentales de la sociedad: religión, patria, familia, propiedad” y la unión de clases.[35] Esto tuvo su repercusión en los órganos de prensa, que también incluyeron entre los temas tratados aquellos que pudieran resultar de interés para los trabajadores. No sólo se reflejó este interés en los temas, sino en los nombres de las publicaciones e incluso los de los talleres de impresión.

Entre 1918 y 1926, se publicaron en diversos lugares del país, órganos de prensa dirigidos a los trabajadores, entre otros: Evolución Obrera en Matehuala (1918), El Obrero y El Obrero Mexicano en Guadalajara (1919), El Obrero Católico, también en Guadalajara (1921), El Cruzado, en la misma ciudad (1922) y El Luchador en Ciudad Guzmán (1924).

De ellos, uno de los más representativos de este interés es el periódico El Obrero, que circuló por primera vez en Guadalajara en junio de 1919 como semanario de acción social, luego vuelve a aparecer en 1923. El responsable de este periódico que aparece como órgano de la confederación de obreros católicos, era Nicolás Leaño, mientras que la editorial es la Obrera Católica S.C.L.

Contiene noticias locales, estatales, nacionales y mundiales, Se vende a 4 centavos el ejemplar y la suscripción de dos meses cuesta 30 centavos, seis meses 90 centavos y un año 1.80. Contenía una sección religiosa, en la que había lecturas de los evangelios o pequeñas historias sobre obreros católicos.

Sus anunciantes eran diversos talleres de la ciudad de Guadalajara, cuyos dueños eran católicos simpatizantes de la revista. [36] En cada número se le recuerda al lector: “No debe olvidar usted que este semanario está consagrado a moralizar a los obreros, ya sean agricultores, industriales, artesanos, etcétera. Y moralizar a los obreros es cristianizar a la gran mayoría de nuestra sociedad, base de nuestra paz social.”

Aunque se opone al socialismo, junto a él reivindica el mismo anhelo de lucha, pero no está de acuerdo en los principios sobre los que basa su sistema y los medios que emplea para conseguir su fin, trascendentalmente demoledores y esencialmente funestos. Su lema “por Dios y por el obrero” para el 13 de marzo de 1920 cambia a “Justicia y Caridad”; también cambia su director, quedando en ese lugar Anacleto González Flores.

Llama a celebrar el primer centenario de la consumación de la Independencia y pide la colaboración del pueblo, exaltando a don Agustín de Iturbide.

Contiene también literatura, una sección histórica, hace reivindicaciones de la lucha obrera. Se publican estatutos sobre salud, seguridad para los obreros y cuestiones sindicales y hasta recetas de cocina. La sección literaria contiene cuentos y poemas de contenidos social y católico dedicadas a los obreros o a veces escritas y firmadas por “un obrero”. Por ejemplo el poema “Dios lo quiere” donde se compara al obrero con David que lucha contra Goliat; “La prensa hedionda” o “Quiero pan, tengo hambre” de J. G. Cardona Vera, en que un obrero incitado por su esposa ingresa al “Centro de Obreros Católicos” ya que los patrones no son del todo injustos. Las fábulas o cuentos hacían ver la importancia del obrero en la estructura social y en ellas se instaba a los trabajadores a afiliarse a cooperativas, círculos de estudio, teatros morales y asociaciones sobre prevención de salud y seguros de vida. Aparecen también en esta publicación colaboraciones de Agustín López Arciniega y Alfredo R. Placencia.

Vuelve a publicarse en 1923 y sigue circulando hasta 1924, cuando aparece como “Órgano de la Confederación nacional Católica del Trabajo, dirigido en sus primeros números por Agustín Yáñez y posteriormente por José María Navarro. Esta publicación incluye material literario mucho más abundante que su predecesora. Cuenta con una larga lista de colaboradores, entre los que está el propio Yáñez. Tal vez lo más interesante de esa revista es que publicó tres novelas por entregas “para obreros”.

Guarda lazos con la orden de Caballeros de Colón y los socios de la congregación mariana en México y la ACJM.

En 1922 aparece también en Guadalajara, el semanario católico El Cruzado, “dedicado especialmente a las clases laborantes”. Los redactores eran el presbítero Antonio Figueroa y Agustín Yáñez, aunque en ocasiones los artículos estaban firmados como “Lic. Machete y Narciso”. La suscripción semestral es de cincuenta centavos, la anual de 1 peso y 2 centavos el ejemplar, aunque también adoptaron estrategias comerciales que favorecían la adquisición de cantidades mayores.[37] Sus anunciantes son artesanos de la localidad, así como autores de obras pías que se promocionan en las páginas de la revista. [38]

Este semanario está formado por cuatro páginas de cuatro columnas. Se escribe contra el liberalismo, el socialismo y critica a Benito Juárez por el hecho de que es llamado el “Benemérito de las Américas” cuando en realidad fue un traidor. También se critica a quienes se van al norte (E.U.) y vuelven, ya que “ese país nos pisotea” y llegan con ideas que no permiten formar una verdadera patria. También critican a los ricos que no saben hermanarse con los pobres.

Los editores llaman a los que se dicen católicos a formar a sus hijos en escuelas cristianas ya que sólo así formarán una generación de patriotas: “Los más grandes traidores a la patria siendo liberales, salieron de la escuela laica. Hay que dar muerte al laicismo si queremos que México se salve (...) el laicismo seguirá formando revolucionarios, bandidos y libertinos. Es tiempo de hablar claro”.

En sus páginas se puede leer la simpatía hacia Agustín de Iturbide. Se le presenta varias veces en palabras de Leopoldo Ruiz y Flores (arzobispo de Michoacán) como “el padre de la patria”.

Intenta agrupar a los obreros, pero sólo moralmente, apartarlos de las ideas liberales y seguir en las mismas circunstancias de miseria en la que viven. Los ricos pueden ayudar a los pobres mediante el acto de la caridad y es su obligación hacerlo.

Con este semanario católico de combate que circuló desde 1922 hasta 1926 terminamos este recuento de publicaciones destinadas a difundir la doctrina del catolicismo social, ya que los actores sociales entrarían a partir de 1926 en otro tipo de lucha que no se manifestó a través de la prensa, sino de las armas.

 



[1]Tomado de la obra Alejandro Garza Rangel, Jaime del Arenal Fenochio, Manuel Ceballos Ramírez, Catolicismo social en México: las instituciones, Academia de Investigación Humanística, México 2000.

[2]Doctora en Historia por la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel ii, especialista en historia de la prensa, el periodismo y la cultura impresa de los siglos xix y xx en México; un tiempo investigadora el Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la UdeG, hoy en día colabora en el Instituto de Investigaciones Histórico Sociales de la Universidad Veracruzana.

[3]Elisa Cárdenas, Le Laboratoire Démocratique: Le Mexique en Revolution 1908-1913.Publications de la Sorbonne, Paris 2001, 235.

[4]De hecho, algunos estudiosos consideran a este evento como el iniciador del Catolicismo Social en México. Cf. Ramírez y Garza, op. cit.

[5]ManuelCeballos Ramírez y Alejandro Garza Rangel,(coordinadores), “Las lecturas católicas: cincuenta años de literatura paralela, 1867-1917” en Historia de la Lectura en México, El Colegio de México, México 1988, 162.

[6]Ibíd., 163

[7] En cuanto a la creación de nuevos periódicos, se localizaron 36 de nueva aparición entre 1903 y 1909. El más importante de ellos es sin duda El regional, de 1904, que adquiriría mayor fuerza a partir de 1909. Tan sólo en el año de 1909, se localizaron 15 órganos de prensa y 74 entre 1909 y 1913.

[8] Se reactivan los viejos periódicos La Voz de México, La Linterna de Diógenes,  El Pueblo Católico y El Tiempo, sin embargo las reactivaciones más importantes fueron las de El País de Trinidad Sánchez Santos y la de El Correo de Chihuahua, que comenzó a llamarse “Diario Independiente de Información. El más antiguo y de mayor circulación en el estado”.

[9] Cárdenas, Le Laboratoire, 239

[10]Eduardo J Correa, El partido Católico y sus dirigentes, Fondo de Cultura Económica, México 1991, 15.

[11]Juan B. Iguíniz, El periodismo en Guadalajara, 1890-1915, Volumen 1, Universidad de Guadalajara, 1955, 318.

[12] Cárdenas, Le Laboratoire…, 240.

[13]Iguíniz, ídem.

[14]ManuelCeballos Ramírez y Alejandro Garza Rangel(coordinadores), El catolicismo Social. Un tercero en Discordia. RerumN ovarum, la cuestión social y la movilización de los católicos mexicanos 1891-1911, El Colegio de México, México 1991.

[15] Ídem.

[16] Iguíniz, El periodismo…

[17] Cárdenas, Le Laboratoire, 245.

[18]Celia del Palacio, La Gaceta de Guadalajara. De taller artesanal a periódico industrial. 1902-1914, Universidad de Guadalajara, México, 1994.

[19] Cárdenas, ibíd.

[20]El Regional”, cit. En Cárdenas, Le Laboratoire…, 248.

[21]Celia del Palacio, La Gaceta de Guadalajara.

[22] Ídem.

[23]Restauración Social, 1, 3.

[24]Restauración Social, 1, 2.

[25]Ibídem, 1, 5

[26]Ibídem

[27]Ibídem, 1, 6

[28]Ceballos y Garza, “Las lecturas católicas…”, 184.

[29]Pluma y Lápiz, 1,1.

[30]Iguíniz, El periodismo… Para un acercamiento de la disputa de Orozco y Jiménez contra la prensa tapatía en 1913, ver Celia del Palacio, La Gaceta de Guadalajara. De taller artesanal a periódico industrial. 1902-1914, Universidad de Guadalajara, México 1994.

[31]Ejemplares semanarios y precio al año: 25, 5 pesos; 50, 9 pesos, 100, 17 pesos; 500, 80 pesos y 1000, 150 pesos.

[32]La Época, 1,1

 

[33]Esto resulta relevante, ya que podemos ver cuánto interés había por parte de los lectores en el periódico y el tipo de intercambios comerciales que este tenía. El hecho de que incluya a anunciantes de productos extranjeros como “Emulsión de Scott” nos habla de un periódico con cierta modernidad, mientras que el hecho de que “El Molino Germania” que era una empresa local o los jabones “Lila y Olivo de Torreón”, productos regionales, se anunciaran en sus páginas, habla de un alcance menor a los grandes periódicos comerciales.

[34]Ceballos y Garza, “Las lecturas católicas: cincuenta años de literatura paralela, 1867-1917” en Historia de la Lectura en México, El Colegio de México, México 1988.

[35]Francisco Barbosa Guzmán La Caja rural católica de préstamos y ahorros en Jalisco, IMDOSOC, México 1996, 45.

[36] La latonería, marmolería y niquelados de Vicente González Loza; la sastrería de Faustino Rivera, una oficina de asuntos judiciales y administrativos, los Talleres industriales de Joaquín Mendoza, el Dr. José Luis Romo, el carpintero Manuel G. Castro, el Abogado Agustín navarro Flores y avisos de ocasión económicos.

[37] Tomando 100 ejemplares de cada edición, el ciento cuesta 1.25 y veinte ejemplares cuestan 30 centavos.

[38] “La Guadalupana”, fábrica de colchones, colchonetas y colchas, propiedad de Miguel A. Orozco. María del Refugio Figueroa, modista. “La Francia”, almacén de ropa. “Cantos a la Madre de Dios”, por Francisco Gollaz, prólogo de Luis Beltrán a 30 centavos cada uno. Faustino Rivera, sastre cortador, Miguel Romero, carpintero, José Guadalupe Reyes, sastre, Darío García, carpintero, ebanista, “Imprenta A Román”. Manuel G. Castro, carpintero, ebanista. Cesareo G. Robles e hijo, pintores y decoradores. “Sombrerería La Moda”, de Salvador J. Orozco. “La Cuestión religiosa en México” o “la vida de Benito Juárez”, por Regis Planchet a 3 y 2 pesos cada uno. Instituto San José. “Soledad” novela del presbítero Cantú Corro.

 

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